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Historia 185958 — capítulo 4
Las letras en negritas, junto con las cursivas entre... Ah estas cosas, se me olvida su nombre... Ah, ¡asteriscos! Que encuentren más adelante, son de Rick. Las cursivas de adelante son fragmentos de los libros de las saga Percy Jackson y los dioses del Olimpo y la saga Loas Héroes del Olimpo adaptados por mí :3
Y lo demás, es mío, ya saben xD
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II
Hazel - De mal lenguaje y recuerdos cursis
Thalia debería estar acostumbrada a las situaciones raras. De cierta manera, lo estaba.
Aun así, no podía dejar de sorprenderse por la inmensidad del monte Olimpo. Es que, dioses, ¡¡era enorme!!
Ostras, y luego aparecerse en medio de la sala del trono apuntando a la cabeza de tu mejor amigo desaparecido no era muy buena idea. Bueno... En parte sí. Lo que no era buena idea era tener a la novia de tu mejor amigo/tu mejor amiga diciéndote que eso estaba mal, y que pudo salir lastimado y bla, bla, bla.
En primer lugar, ella no estaba apuntando la cabeza de Percy (nooooo...) ella estaba apuntando a un jabalí salvaje que estaba cazando con las chicas de la cacería, y esa luz rara apareció justo cuando estaba por lanzar la flecha y... Bueno, si no hubiese estado algo descolocada por la luz, seguramente Percy no hubiera vivido para contarlo. ¡Pero oigan! ¿Lo bueno es que Percy tenía buenos reflejos, no?
Bueno, total. Luego de gritarle un rato al Sesos de algas por preocuparla por haber desaparecido y por preocupar a Annabeth y por preocupar a medio mundo, le dio una palmada en la espalda que pretendía ser cariñosa, se presentó ante los dioses que la miraban un poco raro y le explicaron el rollo de la lectura y todo. Ya puestos en eso, también le dieron un sillón muy cómodo y le regalaron un bol de palomitas (NA: copos de maíz, rosetas o como les llamen xP)
La tercera invitada a la lectura por las parcas, Thalia Grace, había llegado. Vaya forma de hacerlo.
Así pues, Piper comenzó (de nuevo) la lectura del segundo capítulo, sonriéndole de lado a su cuñada.
Hazel II
Hazel bufó. Claro. El segundo capítulo también era de ella. ¿Y si todo el libro era desde su punto de vista? Se estremecía de solo pensarlo.
Frank vio los exagerados, pero increíblemente adorables pucheros de su novia y la abrazó por los hombros.
HAZEL NO SE HABÍA SENTIDO TAN FELIZ EN TODA SU VIDA. Bueno, excepto tal vez en la noche del banquete de la victoria en el campamento Júpiter, cuando ella había besado a Frank por primera vez...
La pareja se sonrojó.
-Qué lindo... -suspiró Afrodita
Frank pensó que aquella no era la primera vez que había besado a Hazel (lo recordaba muy bien) pero él no iba a ser quien la corrigiera.
-Creí que la primera vez que se besaron fue cuando derrotaron a Alcioneo -comentó Percy como si nada. Parecía que él no tenía reparos en revelarlo ni en hacer sonrojar a la pareja- ya saben, los dos regresaron muy sonrojados y cogidos de la mano. Yo suponía que se habrían dado un beso o así... ¡Ay!
Annabeth, fulminando a Percy con la mirada lo mandó callar. Percy se sobó el brazo que injustamente había sido pellizcado.
-No tienes que ser tan indiscreto, Sesos de algas -le masculló Annabeth al oído.
-Vale, pero eso me dolió.
-Tórtolos, ¿qué tanto susurran, pillos? -preguntó Leo con las cejas arqueadas. Percy y Annabeth se sonrojaron ligeramente.
-Ya sé, están acordándose de su primer beso, ¿no es así? -ellos se sonrojaron todavía más.
-Leo, querido, déjalos -sonrió Afrodita. Percy y Annabeth no podían creer su suerte- Al final del capítulo, tengo planeado algo que les hará recordar todos sus momentos juntos.
Sabían que su suerte no iba a durar.
...pero esto fue un cercano segundo lugar.
Tan pronto como llegó al suelo, corrió hacia Arión y le echó los brazos al cuello.
-¡Te eché de menos! -pegó la cara al cálido flanco del caballo, que olía a sal marina...
-¿Todos los hijos de Poseidón huelen a sal marina? -se interrumpió Piper.
-Supongo que si -Annabeth se encogió de hombros. Ambas miraron a Poseidón y luego a Percy.
Ambos se encogieron de hombros. Bueno, otro misterio del universo sin resolver.
...y manzanas- ¿Dónde has estado?
Arión relinchó. Hazel deseó poder hablar caballo como Percy hacía,
-¡Oh, créeme, tú NO quieres oír hablar a tu caballo! -negó Percy con la cabeza, haciendo ademanes con las manos- Yo, que vivo en los barrios bajos de Nueva York y me escandalizo con lo que dice.
-Ahora me entró la curiosidad -dijo Apolo- ¿Tan malo es? Digo, no puede ser realmente tan malo.¿Y un hijo de Poseidón (en su mayoría famosos por su mal lenguaje), aparte neoyorkino, escandalizado?
Ares escupió. Todos lo miraron y Artemisa gruñó algo sobre los hombres asquerosos.
-Nah, son unas nenazas. Seguramente sólo son un par de maldiciones y ya...
Percy, con un rostro indescifrable, se levantó de su lugar y fue al lado de Ares, lo jaló de su chaqueta y susurró en su oído. Los ojos de Ares se abrían cada vez más mientras el semidiós hablaba. Cuando terminó, Ares también tenía un rostro indescifrable.
-Mocoso, debería lavarte la boca -gruñó al fin- y no con jabón, sino con lava. Esas cosas están más allá de ser groserías.
-No son mis palabras, son del caballo.
Ambos se quedaron en silencio y se miraron. Ahora todos tenían verdadera curiosidad sobre lo que había dicho el caballo.
Poseidón y Démeter, también conocedores del lenguaje de su malhablado hijo, se quedaron con el rostro en blanco.
Todos se miraron entre ellos. En serio ¿tan malo era? ¿Tanto como para que Ares quisiera lavarle la boca? Se notaba que estaba escandalizado... ¿Tan malo era de verdad? No podían creerlo.
-Sesos de algas, déjate de suspenso y dinos. -le reprochó Annabeth, que odiaba no saber algo.
A pesar del tono amenazante de su novia, Percy negó con la cabeza.
-Hay cosas que es mejor no saber, listilla. Quisiera mantener tu inocencia intacta.
La hija de Atenea alzó una ceja con el rostro azorado. Percy le sonrió de lado, la besó en la mejilla y se sentó a su lado.
-Chica, hazle caso al mocoso -gruñó Ares- ese caballo es verdaderamente creativo con sus maneras de insultar. Me pregunto de dónde habrá sacado tal lenguaje.
-Ya sabes lo que dicen -Atenea se encogió de hombros- de tal palo tal astilla.
Poseidón y Démeter se quejaron.
Al final, decidieron dejarlo así. (Demonios. Otro misterio para el universo) y continuaron la lectura.
Pero ella tuvo una idea general. Arión parecía impaciente, como diciendo: "¡No hay tiempo para sentimentalismos,chica!¡Vamos!"
-¿Quieres que vaya contigo? -preguntó.
Arión asintió con la cabeza, trotando en el lugar. Sus ojos oscuros brillaban con urgencia.
Hazel todavía no podía creer que estuviera realmente allí. Podía correr por cualquier superficie, incluso el mar, pero había tenido miedo de que no los siguiera en las antiguas tierras.
-Puedes decir muchas cosas de Arión -suspiró Démeter- pero no que sea miedoso.
Hazel frunció el ceño.
-No estoy diciendo que sea miedoso. Sólo digo que es peligroso.
-Arión es muy imprudente. -gruñó el dios del mar- es capaz de cualquier cosa por sus amigos.
-Me preguntó a quién se parece -susurró Annabeth recargando la cabeza en el hombro de su novio. Él se rió nerviosamente rascando su nuca.
-Yo digo que ese caballo es genial -Leo sonrió- es muy guay.
-Estoy de acuerdo -Hazel asintió.
-A mí me dijo bebé chino canadiense -refunfuñó Frank- no lo superaré.
Hazel y Percy rieron, la primera tomando la mano de su novio.
-Pagaría por ver eso -susurró Leo.
-Pues yo no conozco al caballo -Thalia habló por primera vez en lo que iba de la lectura- la verdad me gustaría conocerlo.
-Es un buen tipo, supongo -Percy se encogió de hombros- si le quitas lo malhablado, pude que hasta sea agradable.
Hazel bufó.
-Arión es agradable.
-No lo has escuchado hablar.
-¡¡YA ESTÁ BIEN CON ESO!! -Zeus se levantó de su trono- ¡¡ME DA IGUAL CÓMO HABLE ESE CABALLO, CÁLLENSE Y CONTINUEMOS CON ESTA ESTÚPIDA LECTURA!!
Todos se quedaron en silencio.
-Pero qué carácter -le susurró Leo a Jason. Éste intentó no reírse.
El Mediterráneo era demasiado peligroso para los semidioses y sus aliados.
Él no hubiera venido a menos Hazel estuviera en extrema necesidad. Y parecía tan agitado... Cualquier cosa que pueda hacer asustadizo a un caballo valiente debería haber aterrorizado Hazel.
En cambio, se sentía eufo****́rica.
-Ya entiendo porque dicen que los semidioses tienen instintos suicidas -Hermes negó con la cabeza- en serio chicos, ustedes están locos.
Los semidioses ni siquiera intentaron negarlo. Si, estaban locos.
Estaba tan cansada de tener mareos y nauseas. A bordo del Argo II, se sentía tan útil como una caja de lastre. Estaba contenta de estar de vuelta en tierra firme, aunque fuera el territorio de Gaia. Estaba lista para montar.
-Ahora veo por qué le agrada a Arión -Démeter suspiró para sí. Su hijo no era muy sociable que digamos, (era más antisocial que Hades, por Dios) pero cuando tenía amigos, era más leal que nada. Le alegraba que aquella chica, Hazel, fuera su amiga.
-Hazel -llamo Nico desde la nave.- ¿Qué pasa?
-¡Está****bien!
Ella se agachó y convocó a una pepita de oro de la tierra. Ella estaba mejorando en el control de su poder. Piedras preciosas casi nunca aparecieran a su alrededor por accidente, y convocar el oro de la tierra fue fácil.
Hades sonrió en su mente y miró de reojo a su hija. Estaba muy orgulloso de ella, pero buscaría una oportunidad adecuada para decírselo. Él no quería ni necesitaba ser tan escandaloso como su hermano (cielos, el bebé Zeus tenía carácter, carajo)
Ella alimento a Arión con la pepita... Su comida favorita. Entonces ella sonrió a Leo y Nico, que estaban observando desde lo alto de la escalera a un centenar de pies más arriba.
-Arión quiere llevarme a alguna parte.
Los chicos cruzaron miradas nerviosas.
-Ah... -Leo señaló hacia el norte- por favor, dime que no te va a llevar ahí.
-Adivino, es un lugar horrible, decrépito, muy tétrico y probablemente letal para Hazel -Apolo alzó su mano como si estuviese en clase.
-Es 99.9999999% que estés en lo correcto -Annabeth asintió con la cabeza
Hazel había estado tan centrada en Arión, que no se había dado cuenta de la
perturbación. A una milla de distancia, en la cresta de la colina siguiente, una tormenta se había reunido sobre algunas viejas ruinas de piedra (tal vez los restos de un templo romano o una fortaleza). Una nube con forma de embudo serpenteaba hacia abajo, hacia la colina como undedo manchado de tinta negra.
Apolo chasqueó la lengua con satisfacción.
-Lo sabía.
Hazel notó un sabor a sangre en la boca. Miró a Arión.
-¿Quieres ir ahí?
Arión relinchó, como si dijera: "Uh, ¡Sí**!****"**
-No parece gustarle la idea.
-Yo creo que a nadie le gustaría la idea**.**
Bueno... Hazel había pedido ayuda. ¿Era esa la respuesta de su padre?
Todos miraron a Hades con la ceja alzada.
-Supongo que... ¿Si? -se encogió de hombros- es probable.
-Hermano, ella pidió ayuda, no más problemas -Poseidón le sonrió sarcásticamente a su hermano.
Hades enrojeció (en realidad, no se notó mucho, pero para el dios del mar, con joderlo un poco bastaba). Hades lo mandó callar.
Eso esperaba, pero sintió algo más que no se debía a Plutón trabajando en la tormenta, algo oscuro, potente, y no necesariamente agradable.
-¿Por qué nunca es agradable? -rezongó Leo.
Sin embargo, esta era su oportunidad de ayudar a sus amigos. Para guiar en lugar de seguir.
-Me gusta la actitud de esta chica -masculló Artemisa. Pensaba seriamente proponerle un lugar en la caza.
Apretó las correas de su espada de caballería de oro Imperial y se subió a la espalda
de Ario****́n.
-¡No me pasará nada! -gritó a Nico y a Leo- No se muevan y espérenme.
-¿Cuánto? -preguntó Nico- ¿Y si no vuelves?
-Cuánto optimismo -masculló Hestia.
-Me gusta ese chico -Ares sonrió- sin pelos en la lengua.
-No te preocupes, volveré -aseguró ella, confiando que así sería.
-La confianza es buena, en una medida razonable. Yo sé que la doncella lo conseguirá.
Artemisa le sonrió a Hazel, que le dio la sonrisa. Frank le pasó un brazo por lo hombros, temiendo que Hazel decidiera irse a la caza a ser una doncella inmortal.
Espoleó a Arión y atravesaron como un rayo los campos, dirigiéndose de cabeza al tornado.
Piper levantó la vista del libro.
-Bueno, este ha sido muy corto -Piper se estiró y alzó el libro- ¿quién quiere leer?
Más rápido de lo que tardas en decir "Sesos de algas" Afrodita ya estaba en el centro de la sala, llamando la atención de todos.
-Uh... ¿Usted quiere leer?
Piper no sabía muy cómo dirigirse a ella, pues ella no podía llamarla mamá, ya que aún no se sabía su identidad completa. ¿Debía tratarle de usted? ¿O tal vez estaba bien tutearla? En primer lugar, ¿cómo le hablas a un dios?
-No querida, no es por eso -Afrodita le sonrió amablemente, y apretó contra si lo que parecía una libreta color rosado- quisiera anunciar una pausa a la lectura.
Zeus sé quejó antes de que nadie pudiera decir nada.
-De eso no -se levantó y fulminó a Afrodita con la mirada- apenas llevamos dos capítulos. Dos. A este paso nunca terminaremos la lectura y nunca se van a ir -señaló a los mestizos con aire acusador- y nunca podré sentarme en mi trono y mandar.
-Es ese caso, mejor que nunca terminemos con la lectura -le susurró Thalia a Percy.
-Oh, Zeus, no te estoy pidiendo permiso -Arrofita levantó su libreta rosa- las Parcas ya me dijeron que sería buena idea y hasta me firmaron y todo -mostró la firma de las Parcas a un atónito Zeus- y... ¡Percy Jackson!
Percy parpadeó y se señaló a sí mismo, con las cejas arqueadas.
-Sí, tú -Afrodita le hizo un gesto para que se acercara.
Percy miró con desconfianza el lugar que señalaba la diosa, pero sabía que era mejor no oponerse. Fue al lado de la diosa del amor y esta le puso una mano en el hombro.
-Este chico -Afrodita palmeó la espalda de Percy- es uno de los favoritos de las Parcas, y viendo su relación con Annabeth -la diosa le guiñó un ojo a la chica- no podía dejarlo así como así. Investigué un poco...
-¿Cuándo lo ha hecho? -Zeus entrecerró los ojos.
- ... ¡Y me encontré con que ustedes tienen una historia de amor increíble! -Afrodita le sonrió al hijo de Poseidón, pero a Percy le pareció una sonrisa más bien psicópata.
-Todo lo que han pasado... Las cosas que han fortalecido su relación... ¡Y decidí que el mundo tiene que saberlo!
Percy, viendo por dónde iban los tiros, se separó dos pasos de Afrodita y fue retrocediendo con las manos alzadas.
-Disculpe, si no le importa... La relación es de Annabeth y mía, así que no creo que el mundo...
-¿Deba saberlo? -Afrodita alzó una ceja- ¡¡claro que tiene que saberlo!! Es más, ya tengo todo listo y sólo hace falta poner la proyección...
-Espera, Afrodita -Zeus levantó la mano- no veo porque nosotros debamos ver la "historia de amor" de dos críos que...
Afrodita lo cortó con un gesto.
-Si no quieres verla, tápate los ojos, Zeus. Ya tengo el permiso de las Parcas y sé que no quieres retarlas. Además, ya está todo puesto, así que sería un desperdicio no utilizarlo.
Afrodita dio dos palmadas y las luces se apagaron, dejando a la vista sólo una pantalla gigante y un proyector (lo que suponían era un proyector) con forma de círculo de colores brillantes que cambiaban como una bola de discoteca.
Annabeth y Percy se acercaron zumbando a la diosa.
-Oiga -Annabeth se plantó en frente de ella- con todo respeto, usted no tiene derecho a hurgar en nuestras vidas privadas ni nada de...
-Cariño, no seas tan amargada -Afrodita revisaba su lista rosa con una sonrisa- así recordarás todos sus momentos juntos. Es un gran ejercicio de pareja. ¡Corre video!
Antes de que Annabeth pudiera seguir protestando, la pantalla se iluminó y el video comenzó a correr.
C.O.V.A presenta
En asociación con Hefesto T.V.
Hecho gracias a la colaboración de Afrodita, diosa del amor.
M.I producciones.
-No sabía que el Olimpo tuviera tantas casas productoras. ¿Qué es M.I.?
-Shhhhh... Leo, guarda silencio que ya va a empezar.
-Reina de la belleza, controla tu lado Afrodita.
-¡Calla!
Se ve la casa grande, en el Campamento Mestizo, en una tarde normal de verano, parece ser.
Annabeth, de doce años, recargada en la balaustrada del porche de la casa, alterna la vista entre la enfermería y el juego que están teniendo dos hombres delante de ella.
El señor D se encuentra jugando póquer con Quirón retraído en su silla de ruedas, sentados en una mesa.
A lo lejos se acercan un sátiro y un semidiós que carga con una caja de zapatos, apretándola celosamente contra su costado, como si se tratara de un tesoro valioso. Parece que el sátiro le está dando un tour por el lugar, porque no deja de señalar y el semidiós lo sigue con atención.
Cuando se acercan más, se puede distinguir quiénes son. El sátiro es Grover, y aparenta unos doce o trece años. El semidiós es el mismísimo Percy Jackson.
-Vaya, Percy -comentó Leo en voz baja, mirando la película de reojo- de pequeño te parecías a mí. Igual de flacucho y enjuto.
Leo se salvó por poco de una colleja.
Grover señala a los tres presentes en la mesa y le susurra sus nombres al pequeño Percy.
Cuando termina, Quirón voltea y Percy lo llama "Señor Brunner". Percy es corregido y le presentan a Dionisio, que no le da una bienvenida muy agradable. Después de algunas palabras más, Quirón llama a Annabeth y la presenta a Percy.
Ambos se evalúan con la mirada, y Annabeth mira por un momento la caja de zapatos que Percy sostiene en las manos. Luego lo mira a los ojos de nuevo.
Cuando parece que va a decirle una bienvenida o así, le suelta en la cara:
-Cuando duermes, babeas.
Luego, la hija de Atenea sale corriendo, dejando a un confundido Percy plantado en el porche.
Las risas no se hicieron esperar.
Percy estaba más rojo que un tomate, evitando mirar directamente a Ananebeth. Esta sonreía con algo de ternura, recordando cómo lo alimentaba y si, le limpiaba los rastros de baba de la cara cuando él estaba inconsciente.
-Así que se conocieron de ese modo -susurró Hazel a Frank, Piper, Leo, Thalia y Jason- yo creí que había sido un poco más... No sé...
-¿Agradable? ¿Romántico? -Se burló Thalia- son Percy y Annabeth. No podía ser de otra manera.
-Supongo que no -masculló Piper- pero míralos... Nadie se imaginaría que esos dos chicos terminarían convirtiéndose en la pareja que son ahora.
Annabeth colgaba sus brazos del cuello de Percy, mientras esté la tenía sentada en su regazo, aún con la cara sonrojada. Parecía que Annabeth intentaba convencerlo de algo. Al parecer, lo estaba logrando.
-Supongo que ahora veremos cómo pasaron de eso -Thalia señaló la pantalla, que estaba en pausa- a eso -ella señaló a Percy y a Annabeth, que se besaban aún abrazados.
-¡Corre video! -gritó Afrodita.
Se ve un parque acuático, en apariencia abandonado con sólo tres chicos de doce años discutiendo. Los tres, son Percy, Grover y Annabeth, y están enfrente de un juego herrumbrado de "el túnel del amor"
El primero, Grover, habla, en apariencia avergonzado. Percy le responde algo, y Grover responde confiado.
-Claro. Pero ¿qué puede ir mal?
-No lo sé. Es un presentimiento. Annabeth, ven conmigo -Percy le hace una seña a una Annabeth indignada, que se cruza de brazos.
-¿Estás de broma?
-¿Y ahora qué pasa? -Percy luce confundido.
-¿Yo, contigo en... -la chica se sonroja furiosamente- en la "emocionante atracción del amor"? Me da vergüenza. ¿Y si me ve alguien?
La sala prorrumpió en carcajadas.
Annabeth, de un brillante color rojo, bajó un poco la mirada tapándose el sonrojo con el flequillo.
-Y pensar que les daba pena que los vieran juntos. ¡Y ahora se besan en una sala llena de personas sin siquiera sonrojarse!
Ambos se sonrojaron, mirándose de reojo.
-¿No es tierno? -susurró Afrodita con los ojos casi en forma de corazón.
-¿Quién te va a ver? -pregunta Percy, también con las mejillas coloreadas- Vale, lo haré yo- Refunfuña algo y comienza a bajar sólo por la piscina seca. Annabeth rueda los ojos a sus espaldas, y baja tras él, refunfuñando también.
Lo que ninguno de los dos ve es a Grover conteniendo risitas tapándose la boca con las manos.
-Grover ya se lo adivinaba -rió Thalia.
-¿Eso es durante su misión? -preguntó con ojo curiosos Hazel.
-Durante nuestra primera misión -le corrigió Annabeth- hemos tenido como... Cuatro o cinco. Eso es antes de que pasara algo, realmente. Ares nos mandó a ese parque acuático a recuperar un escudo suyo. Como a Grover no le gustan las cuevas y eso, yo tuve que ir con el Sesos de algas -codeó a Percy- resultó ser una emboscada. Unas arañas metálicas nos atacaron -se estremeció- por suerte resulta que Percy no tiene sólo algas en la cabeza. Luego de eso seguimos con nuestra búsqueda para recuperar el rayo maestro de Zeus.
-¡¿Se robaron mi rayo?! -Zeus apretó con celo el rayo contra su pecho. Annabeth torció el gesto.
-Ah... Sí, pero esa es una historia larga. Mejor para otra ocasión.
-¡¡Pero yo quiero saber quién se robó mi...!!
-¡Corre video! -interrumpió Afrodita antes de que Zeus decidiera ponerse paranoico*.*
En este video se ven varias personas en una sala lujosa. Por un lado está Annabeth (arreglada y vestida como una digna hija de Afrodita) a unos metros de una jaula de cobayas que no paran de chillar y removerse. Por otro está una mujer muy bella que le grita furiosa, con fuego azul en las manos y dos hechiceras más detrás de ella.
Le lanza a la hija de Atenea las llamaradas de fuego mágico, pero al aclararse Annabeth se ve intacta. Ella, con una cara de furia increíble, se impulsa hacia la hechicera con su cuchillo desenvainado. La derriba y la hechicera pregunta algo. Annabeth alza un bote de vitaminas de colores, y la hechicera estalla en insultos.
Annabeth arrastra a Cicre hasta la jaula de cobayas, arranca el techo de esta, destapa de un jalón las vitaminas y las vierte dentro de la jaula. La hechicera grita horrorizada y se aleja de Annabeth. Conforme las cobayas comen las vitaminas, se convierten en personas, Percy siendo el primero en transformarse, apareciendo sentado en su trasero mientras la jaula explota.
Media docena de cobayas se transforman en media docena de piratas sucios, confundidos y enojados. La hechicera y sus acompañantes gritan aterrorizadas y el que parece el líder se presenta como Barbanegra, y promete matar a Cicre por lo que le ha hecho, para después comerse una ensalada de apio. Los piratas persiguen a las hechiceras y dejan solos a los dos chicos. Annabeth envaina su cuchillo y mira a Percy.
-Gracias... -balbucea el chico- Lo siento mucho...
Parece que busca una buena excusa y baja un poco la cabeza, algo apenado. Ya no puede decir nada, porque Annabeth se acerca y lo abraza con fuerza. Antes de que Percy pueda reaccionar, ella se aparta con las mejillas ligeramente coloreadas.
-Me alegro de que no seas una cobaya.
-Yo también -Percy tiene el rostro completamente sonrojado.
Annabeth comienza a deshacer la elaborada trenza que tiene sobre el hombro, tapando con su cabello sus apenas coloreadas mejillas.
-Vamos, sesos de alga -dice- tenemos que largarnos mientras Cicre está distraída.
Percy asiente y ambos salen corriendo del cuarto.
-Awwwwwww... -arrullaron todos.
Percy y Annabeth tomándose de las manos, rojos como tomates se sonrieron tímidamente.
-En serio me alegra que no seas una cobaya.
-A mí me alegra que no te hayas decidido quedar con Cicre. No sé qué haría sin ti.
-Awwwww...
-Oigan, pero ¿dónde estaban? ¿Y quién es esa Cicre?
-Eh... Es nuestra segunda misión, para recuperar el vellocino de oro. Estamos en la isla de Cicre, ella me hechizó y Annabeth me salvó -Percy abrazó por los hombros a su novia.
-Oh, que monos... Corran el siguiente video...
Lo primero que se ve es un barco de gran tamaño, al parecer vacío en el mar, cerca de una isla, aunque de esta no se ve gran cosa por culpa de una espesa niebla gris. Se escucha un murmullo lejano sobre el barullo del agua chocando contra el casco del barco. El barco avanza a buena velocidad, y cuando la niebla se aclara un poco, se ve a un Percy de trece años navegando de espaldas al mástil con el ceño fruncido. Se oye un cuerpo cayendo contra el mar que está lleno de maderos y otras cosas que no se distinguen bien, pero Percy no parece reparar en el ruido. Segundos después aún con el ceño fruncido, Percy gira hacia el mástil, encontrándose con un montón de cuerdas rotas y un cuchillo. Abre los ojos con sorpresa y corre hacia la barandilla del barco, buscando entre las olas y las rocas afiladas. Se ve a Annabeth nadando frenéticamente hacia la isla, sorteando varios objetos y siendo alzada por las olas.
Percy, con el rostro preocupado la llama a gritos desgañitándose la garganta, pero ella o lo ignora, o no lo escucha.
Percy ordena al barco que se detenga y sin pensarlo dos veces se lanza de la borda. Usando sus poderes, Percy alcanza con rapidez a Annabeth, que está a punto de llegar a la playa. La niebla se despeja un poco y se ven unos seres horribles, parecidos a buitres gigantes con los rostros borrosos, como una televisión mal sintonizada.
Percy sujeta a Annabeth del tobillo y ambos se quedan paralizados un segundo, antes de que la chica comience a retorcerse, buscando liberarse del agarre con desesperación.
Él la jala, alejándola de los buitres y de la playa, pero ella lucha con furia. Los dos están a punto de chocar con una mina (si, había minas en el agua) cuando se sumergen repentinamente. La cámara los sigue hasta que se detienen y Annabeth lucha, esta vez por salir a respirar.
Una masa blanca se abalanza sobre ellos y se crea una burbuja gigante, que los cubre a ambos hasta debajo de los muslos. Annabeth tose para después estallar en sollozos, abrazándose a Percy, que le devuelve el abrazo algo indeciso. Ella recarga la cabeza en su hombro y él la abraza algo más fuerte. Los peces se reúnen a su alrededor, pero tan rápido como llegan se van, huyendo de la mirada fulminante del hijo de Poseidón. Luego, él vuelve su atención a la chica.
-Voy a hacer que volvamos al barco -le dice- todo saldrá bien, tú aguanta.
Ella asiente y se aprieta un poco más contra él.
-Gracias Percy -le susurra- muchas gracias por salvarme.
Toda la sala se quedó en silencio.
Annabeth, totalmente roja, se escondió detrás de su novio, que también estaba sonrojado y bajó la cabeza, avergonzado.
-Uh... ¿Qué fue eso? -preguntó al fin, Leo- ¿por qué iban los dos solos en un barco? ¿Y qué era ese zumbido de fondo que se oía? ¿Y por qué Annabeth saltó de la borda del barco? ¿Qué eran esas cosas de la playa? ¿Por qué Annabeth luchaba contra Percy? ¿Por qué, en el nombre de todos los santos, ella estaba llorando?
La pareja se paralizó, no sabino muy bien cómo responder, todos los miraron atentos.
-Bueno... -comenzó Percy- eso fue durante nuestra segunda búsqueda, ya saben, para recuperar el vellocino de oro y salvar a Grover... En el mar de los monstruos... Esa era la isla de las sirenas. Annabeth escuchó su canción y bueno... Err... Si, íbamos solos porque nos separamos de Tyson -la voz de Percy se quebró un poco- durante... Un tiempo. El zumbido de fondo era ¿la canción de las sirenas...? Y ella... Bueno, ella... Err... A mí no me afectó porque tenía los oídos taponados con cera.
Percy miró a Annabeth, viendo si ella deseaba agregar algo más. Ella sólo se recargó en el hombro de Percy justo como acababa de hacerlo en la proyección.
-Pero... Que mono, Percy -dijo sin poder evitarlo, Piper- lanzarte a buscarla sin pensarlo dos veces, arriesgando tu vida y recibiendo varios golpes para salvar la de ella... Es... Tan mono...
Como saliendo de una ensoñación, Piper parpadeó y se tapó la boca con ambas manos.
-¿Yo dije eso? -todos asintieron con la cabeza.
Leo palmeó su hombro.
-Lo siento reina de la belleza, tú lado Afrodita sale a la luz.
-No puedo evitar sentir que estamos invadiendo momentos muy íntimos -Susurró Hazel.
-Pero ¿qué dices? -Thalia palmeó su hombro- no todos los días puedes ver cómo la relación de tus mejores amigos va avanzando poco a poco. ¡Es una oportunidad de oro!
Hazel asintió, dándole la razón a la hija de Zeus.
-La verdad, yo preferiría que esto sólo quedará entre tú y yo -le susurró Percy a Annabeth en el oído. Esta asintió, dándole la razón.
-Bueno, ¡qué corra el siguiente video!
Dos personas se encuentran sentadas frente a frente en una lujosa limusina.
Ambos son fácilmente reconocibles. El joven semidiós, que aparenta aproximadamente catorce años es Percy, y por alguna razón sostiene un gran espejo en alto, con cara de lerdo. La segunda persona es Afrodita, y se está maquillando frente a Percy, diciendo algo sobre Artemisa.
-Pero ella estaba persiguiendo a un monstruo -protesta Percy un poco más despabilado- Un monstruo realmente terrible. ¡Tenemos que encontrarlo!
Afrodita se encuentra algún microscópico defecto en el rímel y se lo retoca, obligando a Percy a alzar el espejo.
-Siempre algún monstruo... Pero, mi querido Percy, ese es el motivo de los demás para participar en esta búsqueda. A mí me interesa más tu caso.
Percy enrojece súbitamente. Parece que le tiemblan los labios, y Afrodita prácticamente arranca la respuesta de ellos.
-Annabeth está metida en un aprieto.
Afrodita sonríe satisfecha.
-¡Exacto!
-Tengo que ayudarla -dice- he tenido unos sueños...
-¡Incluso has soñado con ella! ¡Qué monada!
Percy, en la sala de los tronos enrojeció a tope. Tragó saliva y evitó mirar a Annabeth.
-¿Soñabas conmigo, Sesos de alga?
Percy saltó de su asiento al oír la voz de la hija de Atenea, casi amenazante. Sonrió nerviosamente aún con las mejillas coloreadas.
-Je, je. Pues no es como tú crees, pues yo... Yo... Pues... Yo...
Annabeth abrazó súbitamente a su novio, que por un segundo se quedó petrificado. Luego ella se separó con la misma rapidez y el mismo todo rojo en sus mejillas
-Yo también soñaba contigo, idiota.
Percy ni siquiera reparó en la ofensa. La miró parpadeando. Dos, tres veces. Todos estaban pendientes de ellos, aunque se hacían los disimulados. Incluso Zeus (puede que no quisiera ver culebrones románticos, pero de menos era algo entretenido) Artemisa (tenía que asegurarse de que ese hijo de Poseidón se merecía a la damisela. Para ella, ningún hombre merecía a una dama. Además, la habían mencionado hace poco) y sobre todo, Poseidón y Atenea. Ellos dos, aún incrédulos por la relación de sus hijos, intercambiaban miradas recelosas. Atenea no decía nada, a causa del reciente discurso de su hija, que la dejó pensando un poco (bueno, un poco más de lo normal) ella necesitaba saber si aquella cría marina de verdad era merecedora de su hija. Poseidón solo tenía curiosidad sobre cómo habían terminado aquellos dos juntos. Hasta resultaba entretenido, y ya no tan irreal eso de que se amaban.
Desde el principio había onda ahí-pensó- supongo que no está mal, después de todo. Si es feliz...
-¡No! -exclama Percy con las mejillas algo más rojas- Es decir... No me refería a eso.
Afrodita chasquea la lengua. Le explica a Percy que ella es la causante de que se encuentre en esa búsqueda. También le dice que ella está de su lado. Le dice que se olvide de las cazadoras, de su búsqueda y bla, bla, bla (Artemisa se enfada mucho y está a punto de echarle bronca cuando Hestia la detiene)
-...Dejadla donde está, qué caramba. En cambio, una búsqueda por amor...
-Un momento -interrumpe Percy algo nervioso- yo no he dicho...
-Ay, querido. No hace falta que lo digas. Sabías que Annabeth estuvo a punto de unirse a las cazadoras, ¿no?
Percy se sonroja.
Artemisa miró a Annabeth con renovado interés. No había considerado a la chica para unirse a sus cazadoras ya que se veía muy unida a ese semidiós. Pero si ella lo había contemplado antes... Podía hacerlo ahora, ¿no? Además, se suponía que ella había recuperado la Atenea Parthenos. Ella debía ser especial
-No lo sabía seguro...
-¡Estaba a punto de tirar su vida por la borda! Y tú, querido, puedes salvarla de ese destino... ¡Qué romántico!
-Eh... -Percy balbucea nervioso.
-Ya puedes bajar el espejo -ordena ella- ya estoy bien.
Percy mira con algo de perplejidad el espejo, como si no se acordara de que lo sostenía, para luego bajarlo lentamente, con los brazos doloridos.
-Escucha, Percy -dice la diosa- las cazadoras son tus enemigas. Olvídate de ellas, de Artemisa y del monstruo. Eso no importa. Tú concéntrate en encontrar y salvar a Annabeth.
-¿Usted sabe dónde está?
-Perseus Jackson -Percy sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Nadie lo llamaba por su nombre completo. Nadie. Excepto cuando ella se enojaba de verdad. Entonces podía empezar a temer por su vida. Se volteó con lentitud temblando de miedo al ver la cara furiosa de su novia.
-¿S-si?
-Dime que no cometiste ninguna idiotez.
Percy se rascó con nerviosismo la cabeza.
-Eso depende, listilla. ¿De qué idiotez estamos hablando? Porque mira que he hecho bastantes.
Los ojos fulminantes de Annabeth lo taladraron. Ok, ya entendía. No estaba para bromas...
-Dime que no abandonaste la búsqueda y fuiste por mí, porque si no lo haces... -la mirada maléfica de la hija de Atenea se multiplicó- te mataré.
Percy sintió otro escalofrío y abrió los ojos como platos. Alzó las manos intentando apaciguar a su novia. Intentó pedir ayuda, pero todos negaron con la cabeza y le sonrieron. Traidores. Mira que dejarlo solo con ella...
-L-listilla cómo se no-nota que no me conoces b-bien -"Bien Percy, vas bien. Ahora sólo... ¡¡Deja de tartamudear como un estúpido!!"- ya sabes que yo... Yo no abandono a mis amigos y... ¡No estoy diciendo que seas menos importante! Solo estoy diciendo que no los dejaría sólo porque Afrodita me lo pida, porque... Yo... Yo quería ir por ti, porque eres muy importante para mí y yo estaba desesperado, y tenía miedo de no volverte a ver porque... Yo... Luke, ese tío, no sabes lo enojado que estaba, porque yo... Tenía miedo de que te fueras con las cazadoras, y me dejaras, porque yo... Tenía que decirte que... Yo... Tú... Thalia, ella me iba a matar si los dejaba, y le había prometido a Nico que cuidaría de Bianca, y Grover, él se hubiese chiflado con puras chicas y Zoë, ella igual me iba a matar, pero... Tenía tantas ganas de saber si estabas bien que... No sé qué hubiera hecho si... Dionisio. Él me advirtió que... Yo no iba a abandonarte, no quería hacerlo como Teseo a Ariadna, yo... Pensé, que los dioses y los héroes, y... El señor D está enamorado, ¿puedes creerlo? Se enamoró de una chica que mi hermano Teseo abandonó en una isla. Yo no quería ser como él. Yo quería ir por ti, porque sé que Luke te dejó en una isla, te abandonó. Te prometió que serían una familia, pero... No lo cumplió, y yo... Me entristecía no poder hacer nada, porque te... Yo te... No podía dejarte. Tenía que ir por ti, estaba tan desesperado que incluso consideré hacerle caso a Afrodita. No quería que te abandonaran. No quería ser Teseo. Porque yo hubiera ido hasta el fin del mundo a buscarte. Y Artemisa... Bessie... Ellas... Thalia, y Bianca, y Grover, y Zoë ellos... Me necesitaban y yo... Tenía que ir, porque... La profecía... Zoë... Tampoco quería ser como Hércules... Yo no quería abandonar a nadie, no dejar a nadie atrás, quería cuidarlos a todos, pero... Zoë y Bianca... Rompí mi promesa con Nico... No podía dejarte ir también, y si tú te hubieras ido con las cazadoras yo... No... Porque yo te amo. Claro que en ese entonces no lo sabía seguro, pero te amaba, lo suficiente como para que se me acelerara el corazón cada que te veía. Y... Estaba tan nervioso de que algo pudiera pasarte... Y cuando te encontré yo... Tenía ganas de correr a tu lado y... No te abandonaré, nunca lo haría, porque yo... ¿Sabes que Blackjack es alérgico a los árboles de limón? Dice que sus hojas le pican la nariz y...
Todos miraron consternados a Percy, que parecía ajeno a la realidad y seguía diciendo ideas inconexas. Annabeth miró con perplejidad a su novio, olvidando completamente su enfado anterior.
-Sesos de alga -tocó su brazo y él la miró confundido- está bien. No pasa nada, no me dejaste y yo tampoco te dejaré. No nos separaremos nunca, ¿lo recuerdas?
Percy asintió, temblorosamente. Ni siquiera sabía que era lo que acababa de decir, pero Annabeth estaba calmada, así que no podía ser malo, ¿no*?*
Afrodita tuerce el gesto.
-No, no. Los detalles te los dejo a ti. Hace una eternidad que no tenemos una buena historia de amor trágico.
-A ver. En primer lugar, yo nunca he hablado de amor. Y segundo, ¿a qué viene lo de "trágico"?
-El amor lo puede todo -asegura la diosa- mira a Helena y París. ¿Acaso permitieron que algo se interpusiera entre ellos?
-Pero ¿no provocaron la guerra de Troya y causaron la muerte de miles de personas?
-¡Pfff! Esa no es la cuestión. Tú sigue a tu corazón.
-Pero... Si no sé adónde va. Mi corazón, quiero decir.
-Awwwwww que lindo -Afrodita arrulló junto con Piper, atrayendo la atención de algunos. Piper enrojeció y fingió seguir viendo la película*.*
Percy se le queda viendo a la diosa como esperando una respuesta. Él mismo parece estar pensando en algo.
-No saberlo es parte de la diversión -dice ella- ¿Verdad que resulta exquisitamente doloroso cuando no sabes a quién amas ni quién te ama a ti? ¡Ah, criaturas! Están bonito que voy a echarme a llorar.
-No, no -ruega Percy- no lo haga.
-Y descuida -añade Afrodita con gesto pícaro- no permitiré que te resulte fácil ni aburrido. Te reservo algunas sorpresas maravillosas. Angustia. Dudas. Espera y verás...
*-*Así que fue usted -El hijo de Poseidón señaló acusadoramente a Afrodita- todas las cosas que pasé... todas las dudas raras y miedos absurdos... Todas las veces que pensé que no... -se aclaró la garganta- nuestro viaje por... Ese lugar... ¿Tuvo la culpa? ¿Nos hizo pasar todo eso SÓLO para divertirse? ¿Cómo si se tratara de una telenovela? ¿Algún juego macabro?
-Oh, no, no querido. Yo no soy así de cruel -Afrodita lo miró espantada- la mayoría de esas cosas fue obra del destino, y yo no tuve nada que ver. Debes tener una suerte pésima... Aunque debes admitir que todo eso ha sido hermoso.
A Percy comenzaba a hinchársele una vena en la sien. Estaba a punto de echarse sobre la diosa cuando recibió la mirada de advertencia de Annabeth. Aunque ella también tuviese ganas de echarle bronca a la diosa del amor (juraba que se moría por darle un par de cachetes en su lindo rostro) pero no era momento ni lugar. Refunfuñando Percy se volvió a sentar en su lugar.
-Está bien, gracias. No se moleste.
-¡Qué mono! ¡Ya me gustaría que todas mis hijas pudieran romperle el corazón a un chico como tú! -los ojos de Afrodita se humedecen.
-Mi corazón está bien, gracias no es su asunto- Percy refunfuñó en su asiento con los brazos cruzados. Nadie lo escuchó, aparentemente.
Mientras, Annabeth también farfullaba por su lado.
-Como si yo fuera a dejar que eso pasara, si como no.
-Ahora será mejor que te vayas. Y ándate con cuidado en el territorio de mi marido, Percy. No te lleves nada. Es muy quisquilloso con sus baratijas y su chatarra.
-¿Cómo? -pregunta el semidiós con las cejas alzadas- ¿Se refiere a Hefesto?
Afrodita ya no responde, porque una mano grande y fuerte coge a Percy del hombro y lo saca bruscamente de la limosina. La pantalla se pausa sola.
-¿Quisquilloso? -Hefesto se cruzó de brazos mirando a Afeodita, que se encogió un poco y sonrió inocentemente- ¿baratijas? ¿Chatarra?
-Oh, querido, tú sabes que no...
Hefesto volteó la cabeza, indignado. Leo lo imitó, volteándose al igual que su padre.
-Ahí van otra vez con sus dramas -le susurró Hades a Poseidón y Hermes- no sé si se cansarán de esto.
-Pues yo no -Apolo se acerca a la piña de dioses- es muy entretenido ver a Afrodita sintiéndose culpable.
-Eso no lo niego, amigo -Hermes choca los cinco con Apolo.
-Querido, hay que poner el siguiente video... No, no quise ofenderte, yo sólo... Bien, ya sé que no son baratijas y eso pero... Querido, estamos haciendo una escena... ¡Corran el siguiente video!
-¿Confiar en un héroe? -dice Zeus.
Los doce dioses Olímpicos, Percy, Annabeth, Grover y Thalia se encuentran en la sala de los tronos, al parecer en una asamblea de solsticio de invierno, porque incluso Hades está ahí. Artemisa de halla en el centro, su forma de niña y mirada desafiante. Está enfrente de los semidioses y el sátiro, como si estuviese defendiéndolos.
-Annabeth tiene razón -dice ella- y ese es el motivo de que deba otorgarle mi recompensa a uno de ellos. Mi leal compañera Zoë Belladona se ha incorporado a las estrellas. Necesito una nueva lugarteniente. Y tengo intención de elegirla ahora. Pero antes, padre Zeus, debo hablarte en privado.
Zeus le hace una seña y ella se acerca. Repentinamente, Percy pone una cara de pánico total. Voltea con la cara descompuesta a Annabeth, tocando su brazo con nerviosismo.
-Annabeth -le susurra- no lo hagas.
Ella frunce el entrecejo, sin entender.
-¿El qué?
-Escucha, he de decirte una cosa -Percy balbucea, con la cara roja como un tomate, retorciendo sus dedos y mirando el piso. Parece atragantarse con sus propias palabras- No podría soportarlo si... No quiero que tú...
-Percy -dice ella- pareces a punto de marearte.
-¡¡ANNABETH!! -fue el grito general.
Annabeth enrojeció, al igual que Percy. Ambos miraron el suelo apenados.
-¡¿Por qué interrumpiste?! ¡¡Estaba a punto de declararse!! ¡¡Estaba a punto de declarase!! ¡¡Dioses Annabeth!! ¡¡Hubiera sido como lo de hace rato!! ¡Te hubiera dicho que te amaba y puede que hubiera habido un beso! ¡¡ANNABETH!! -Piper lloriqueaba en su asiento con las manos en el rostro. Puede que fuera consiente, puede que no, pero ella estaba dejando salir su lado Afrodita.
-Si Annabeth -añadió Thalia pensativa- hasta yo sabía que iba a ser una declaración. ¿Qué tenías en la cabeza al interrumpirlo?
Annabeth enrojeció todavía más. La verdad, ella no sabe qué es lo que le hizo interrumpirlo. A ella también le había entrado el pánico. Si Percy se hubiera declarado enfrente de los dioses, posiblemente su madre lo hubiera matado. Y Afrodita los hubiese casado.
A parte, ella todavía tenía a Luke en la cabeza, en ese entonces. Aunque, claro, no podía obviar que Percy sonrojado era completamente adorable... Y que su corazón había comenzado a saltar en su pecho cuando Percy empezó a decir esas palabras... Y que se sentía como si estuviese flotando...
Percy apenas si asiente. Balbucea más, como si sus labios se negaran a dejar salir más palabras. Parece a punto de desmayarse.
Mientras tanto, Artemisa vuele al centro de la sala.
-Voy a nombrar a una nueva lugarteniente. -anuncia- si ella accede.
El murmullo de la sala aumenta.
-No -murmura Percy con la mirada suplicante clavada en Artemisa.
-Thalia, hija de Zeus -Artemisa le tiende una mano- ¿te unirás a la cacería?
El silencio de la sala duró exactamente un segundo, antes de que todos estallaran a voces.
-¡Dioses, creí que sí se lo iba a pedir a Annabeth!
-Así que te convertiste en cazadora así...
-Una hermosa declaración arruinada...
-¿Has visto la cara de Percy? ¡Fue súper graciosa!
-¡¿¡¿QUÉ ES HIJA DE ZEUS?!?! ¡¡¡MALDITO, LUEGO NO DIGAS QUE NOSOTROS SOMOS LOS QUE ROMPEN LOS JURAMENTOS!!!
-Bueno, ya, calma hermanos...
-¡¡¡CALMA NUESTRAS POLAINAS!!!!!
-Vamos, dejen el drama para después, que la peli sigue corriendo.
-Sí, Hestia, lo sentimos.
-Eh, Zhang. Pásame el bol de las palomitas ¿sí?
-Ay, alguien está pisando mi pie.
-¿De quién es esta cara?
-¡¡Y luego yo le dije, hey, no te metas con mi unicornio, y él...!!
-Leo, que no me dejas escuchar, escandaloso. Shhhhhhh.
-Vale, vale. Tranquila, reina de la belleza.
Hay silencio en la sala de los tronos del futuro. Percy mira incrédulo sin dar crédito a sus oídos por lo que acaba de oír. Una pequeña, minúscula sonrisa de alivio cruza por su rostro. Annabeth toma las manos de su amiga sonriendo.
-Si -responde la hija de Zeus con firmeza.
La pantalla se empieza a por el negra y el video se pausa.
-Bueno, creo que ya puedo presentarme bien -Thalia se levantó de su sitio, sacudiendo las migas de botana de sus pantalones plateados- Mi nombre es Thalia Grace, hija de Zeus. Cazadora de Artemisa.
-¿No Grace también es nombre de él? -Atenea señaló a Jason, que sonrió con nerviosismo y se encogió de hombros- entonces ustedes dos son...
Mientras Atenea llegaba a la conclusión de que los dos chicos eran hermanos, ambos hijos del rey de los dioses, Zeus rehuía de la mirada de su esposa, que parecía querer saltar sobre él y hacerle cosas no muy buenas (y no de la manera pervertida).
Hades y Poseidón se reían con desdén. Ya sabían que Zeus no iba a ser fiel a su propio juramento.
-Bueno, bueno. ¡Corran el siguiente video!
La pantalla se ilumina de nuevo y se ve un taller de cerebritos. (En realidad, es la cabaña de Atenea) con Annabeth en el fondo estudiando mapas con el ceño fruncido. Segundos después llega Percy y se para en la puerta un momento inspeccionando la cabaña hasta dar con Annnabeth. Al ver que ella parece muy concentrada, llama. Ella se voltea sobresaltada.
Hablan sobre mapas y una búsqueda al laberinto de Dédalo. Percy luce algo contrariado, y Annabeth entre esperanzada y deprimida.
-Estoy preocupada, Percy -dice ella- Quizá no tendría que haberte pedido que vinieras. Y tampoco a Tyson y Gover.
-¡Eh!, ¡somos tus amigos! No nos lo perderíamos por nada en mundo.
-Pero... -Annabeth se interrumpe bruscamente.
-¿Qué ocurre? -pregunta él, acercándose inconscientemente- ¿Es la profecía?
-Seguro que todo irá bien -susurra con un hilo de voz.
-¿Cuál es el último verso?
Entonces ella hace algo que los sorprende a todos en la sala. Annabeth pestañea para limpiarse las lágrimas de los ojos y extiende los brazos hacia Percy. Éste, con el rostro completamente sonrojado se acerca sin dudar y la abraza todos soltaron un awwwwwww
Parece que el rostro de Percy va a explotar de lo rojo que lo tiene.
-Eh... ¡Que todo está bien!
Percy le da unas torpes palmadas en la espalda, y ella se acurruca un poco más.
-Tal vez Quirón tenga razón -mustia ella- estoy quebrantando las leyes. Pero no sé qué hacer. Los necesito a los tres. Me da la impresión de que eso es lo correcto.
-Entonces no te preocupes -acierta a decir Percy entre balbuceos- Nos hemos enfrentado a muchos problemas otras veces y lo hemos superado.
-Esto es diferente. No quiero que os pase nada... A ninguno de vosotros.
-Algo me dice que "no quiero que os pase nada a ninguno de vosotros" es más bien un "no quiero que te pase nada a ti" -le susurró Thalia a Piper y Jason.
Ambos asintieron de acuerdo.
Se oye un carraspeo a espaldas de ambos.
Ambos se voltean, aún abrazados para encontrarse con un hermano de Annabeth, Malcom, rojo como una grana parado en el pórtico frente a ellos.
-Esto... Perdón -balbucea- Las prácticas del tiro al arco empiezan ahora, Annabeth. Quirón me ha pedido que viniese a buscarte.
Percy se separa de la rubia, como si de repente quemara. Los tres tienen el rostro completamente rojo.
-Noooooooooo... Un perfecto momento Percabeth arruinado.... -sollozó Afrodita desde su trono, sonándose escandalosamente la nariz con un pañuelo.
-Esto... ¿Percabeth? -Percy, Annabeth, y todos los demás la miraron confundidos. De imprevisto, pareció que la diosa del amor se recuperó de su pequeño berrinche.
-¡Si, claro! ¡Percy + Annabeth = Percabeth! ¿A qué suena lindo?
Todos la miraron desconfiados. En especial cierta parejita protagonista.
-Yo creo que suena algo raro -se quejó Percy.
-No termina de convencerme -masculló Annabeth.
-¡¿Lo ven?! ¡El nombre perfecto! -Afrodita siguió con sus delirios amorosos.
-Pipes, dime que no terminarás así -le susurró Leo al oído.
Ella lo golpeó como toda respuesta, aunque debía admitir que el nombre para la pareja le había gustado demasiado.
-Estábamos buscando unos mapas -masculla Percy como un estúpido.
Malcom lo mira.
-Vale
Toda la sala estalló en risitas mientras Percy los miraba a todos azorado
-Creo que esa es la afirmación más estúpida que le he oído decir, y vamos que le oído decir varias -Thalia le masculló en tono burlón a los romanos y a Piper*.*
-Dile a Quirón que voy enseguida -le indica Annabeth.
Malcom sale de la cabaña pitando. Ella se restriega los ojos.
-Ti sigue con lo tuyo, Percy. Será mejor que yo me prepare para la práctica de tiro.
Percy asiente, aunque luce confundido. Se le queda mirando fijamente a Annabeth, como si intentara descifrarla. Luego mira la puerta anhelante, como si quisiera huir. Después, la pantalla se apaga.
-Aish, chicos, ¿cuántas veces estuvieron a punto de declararse y fueron interrumpidos? -Thalia preguntó con los brazos cruzados.
-Seguramente no más que Akane y Ranma -afirmó Leo, totalmente convencido. Todos lo miraron raro.
-¿Quiénes se supone que son esos? -preguntó Frank.
-¡Eh! ¿Acaso nunca vieron la serie Ranma 1/2? -Leo miró a todos en la sala, pero todos negaron. Él se cruzó de brazos- amargados, no tuvieron infancia. ¿Ni siquiera vieron Inuyasha?
Todo el mundo negó de nuevo.
-¿Leo, de dónde sacas nombres tan raros? Mejor dicho, ¿de dónde sacas series tan raras? -preguntó Jason.
-Es anime, chispitas. Anime. No espero que me comprendas. Tú viviste toda tu infancia con tipos súper estrictos y amargados.
-El único anime que yo conozco es Dragón ball -Frank se encogió de hombros- Igual, sólo vi uno o dos capítulos.
Leo se llevó una mano al corazón
-¿Sólo... Uno o dos capítulos...? -miró a Frank acusatoriamente- eso no es de dios Zhang. ¡Tú eres chino! ¡Deberías saber de estas cosas!
-¡Hasta donde yo sé, los animes son de Japón, no de China!
-¡Es casi lo mismo!
-No sabía que Leo era friki -le susurró Piper a los chicos del Argo.
-Ni yo -corearon todos.
-Bueno chicos, será mejor que ¡corran el siguiente video! -gritó Afrodita al tiempo que Leo le explicaba a Frank cosas sobre anime que no entendía ni quería entender*.*
Percy y Annnabeth se encuentran en una cueva, o al menos eso parece, prácticamente a oscuras. Se encuentran agachados detrás de una roca, ambos muy pegados hablando seriamente. A juzgar por su aspecto, llevan varios días de misión. (Ósea, sin bañarse, ropa sucia y hasta rasgada, cosas así)
-Hemos de salir... -empieza a decir Annabeth, pero es interrumpida por la estruendosa entrada de una decena o más de telekhines furiosos. Tropiezan unos con otros, pero no parecen haber visto a Percy o a Annabeth aún.
-Ponte otra vez la gorra -le urge Percy a la chica- ¡Y lárgate!
-¿Cómo? ¡No! ¡No voy a dejarte aquí!
-Tengo un plan. Yo los distraeré. Tú puedes usar la araña metálica. Quizá vuelva a conducirte hasta Hefesto. Has de contarle lo que ocurre.
-Pero ¡te matarán!
-Todo saldrá bien, además no tenemos opción.
Annabeth mira furiosa al hijo de Poseidón que no parece que vaya a cambiar de opinión. Parece que va agolparlo, y todos se esperan eso, cuando la mirada furiosa de Annabeth cambia casi irreconociblemete. Miedo. Mucho, mucho miedo.
Entonces besa a Percy.
-Ve con cuidado sesos de alga.
Ella se pone la gorra de invisibilidad (aun así se alcanza a ver su furioso sonrojo), dejando a Percy estupefacto y con las mejillas coloreadas.
En la sala, las chicas fangirleaban. Algunas (Afrodita y Piper, para ser precisos) gritaban y se abrazaban. Casi parecía que sus ojos tenían chiribitas.
Otras algo más calmadas (Hazel, Thalia, sorpresivamente Démeter y con una ligera sonrisa, Artemisa) daban palmaditas a Annabeth y la felicitaban por dar el primer paso.
Los chicos, en cambio, molestaban a Percy, que como era de esperar estaba rojo como una grana. Bueno, Annabeth también lo estaba.
En eso estaban (los Reyes de los dioses parecían oscilar entre estar entretenidos y aburridos. Poseidón los miraba con creciente interés y Atenea le daba vueltas al asunto en su cabeza. Los demás dioses y semidioses del género masculino molestaban a Percy, excepto Ares y Hades que los veía con recelo) cuando Percy repentinamente se paró y avanzó a grandes zancadas hacia Annabeth, con una mirada decidida. A ella, que las chicas la habían apartado un poco de Percy, le sorprendió un poco la resolución en los ojos de su novio. Tragó salva mientras él se plantaba enfrente de ella.
Luego, sin más, la besó.
Ella se quedó estática de la sorpresa un segundo, para luego enrollar los brazos en el cuello de Percy. No entendía a qué venía aquel beso, pero sinceramente no se quejaba. Cuando los silbidos y las aclaraciones de garganta empezaron a ser molestas, de mala gana se separaron.
-¿A qué vino eso, sesos de algas? -preguntó Annabeth entre susurros, con las mejillas rojas por los comentarios sugerentes de sus amigos.
-Aquella vez no pude devolverte el beso listilla -le guiñó un ojo- lo estoy haciendo ahora.
Las chicas soltaron awwws (bueno, también Hermes y Apolo, pero no le digan a nadie) y todos fueron a sentarse de nuevo a su lugar.
-¡Corre video!
-Debo hacerlo, de otro modo no tendré oportunidad.
Percy, Nico y un guerrero fortachón con cara antipática se encuentran al lado de un río de basura.
Al menos esa es la primera impresión que tiene la mayoría de la sala hasta que se fijan bien. El cielo es negruzco con tintes ligeramente grises, lo que dificulta un poco la visión y lo hace tétrico.
El río de basura que se encuentra al lado de los tres personajes es en realidad (la mayoría llega a la conclusión con un escalofrío) el río Estigio.
Después notan, con un sobresalto, lo que al principio creyeron un muro negro es un perro del infierno. Aunque la mayoría (los que no conocen a la Señorita O' Lary) temen que el perro ataque en cualquier momento, éste sólo mira con atención a las dos personas y el fantasma que hablan ahí.
Hades reconoce el sitio en el acto. Él Inframundo. Su hogar.
Aquiles (el fantasma, cuyo nombre da a conocer Ares al reconocerlo. La mayoría de los dioses suma dos más dos y mira con horror a Percy) baja la cabeza.
-Los dioses sean testigos de que lo intenté. Héroe, si debes hacer esto, concéntrate en tu punto mortal. Imagina un punto de tu cuerpo que permanecerá vulnerable. Este es el punto donde tu alma anclará tu cuerpo al mundo. Será tu gran debilidad, pero también tu única esperanza. Ningún hombre debe ser completamente invulnerable. Pierde de vista lo que te mantiene mortal, y el río Estigio té convertirá en cenizas. Cesarás de existir
-Wow, wow, wow, paren el carro. -Leo hizo una señal de alto con las manos. El video se pausó solo- ¿es que acaso...? Oí las leyendas y todo pero no... Cuando te conocí tú no... ¿O sí? ¿Aún lo tienes? Porque... Pero... Yo te vi sangrar y... Viejo, tienes que explicármelo.
Leo miraba a Percy con aprehensión. Éste se removía algo incómodo, parte por no saber cómo explicar todo, parte por recordar la visión que lo mantuvo anclado a este mundo.
-Aham, bueno... Sí, si me metí al río Estigio y me volví invulnerable y todo. -los dioses y los semidioses lo miran como si lo estuvieran mirando por primera vez- ¿ya saben la historia de Cronos y Luke y eso, no?
-Jo, chico, espera -Hermes señaló a Percy- ¿qué es todo eso de Cronos? ¿Y quién es Luke? Nosotros no nos sabemos la historia.
Los dioses asintieron en acuerdo con Hermes.
Percy suspiró y comenzó a contar sus aventuras, con Annabeth y Thalia explicando detalles que se le olvidaban. Explicó quién era Luke y como Cronos estaba a punto de revivir en ese entonces. Explicó que Luke (con mucho pesar, le dio a Hermes la mala noticia de que era su hijo) se había preparado para ser el cuerpo de Cronos bañándose en el Estigio, así que él también debía hacerlo para derrotarlo.
También explicó que en ese entonces estaban al borde de la guerra. Esa sería su última oportunidad para bañarse en el Estigio.
Los dioses miraron con sorpresa a Percy. No podían creer que aquel chico fuera tan valiente o tan estúpido. Aunque empezaban a declinar por la opción de valiente.
Se creó un silencio incómodo, para que luego Afrodita se aclara la garganta y pusiera de nuevo play al video
-¿No creo que vayas a decirme cuál es el punto mortal de Luke?
Aquiles frunce el ceño.
-Prepárate, niño insensato. Ya sea que sobrevivas o no, has sellado tu destino.
Luego el fantasma desaparece. Nico mira el lugar donde antes estaba, para después mirar a Percy con inquietud.
-Percy -le llama- quizá él tiene razón.
-Esta fue tu idea -le responde con algo de acidez.
-Lo sé, pero ahora que estamos aquí...
-Solo espera en la orilla. Si algo me pasa... Bueno, tal vez Hades cumpla su deseo y te conviertas en el chico de la profecía después de todo.
Nico lo mira con desagrado, pero su semblante cambia y después hay un poco de culpabilidad en él.
Percy cierra los ojos, al parecer concentrándose. Luego los abre con decisión y se acerca a grandes zancadas al río. Todos contienen el aliento. Annabeth sacude un poco a Percy por ser tan estúpido e imprudente, pero rápidamente lo deja, prendada del video.
Luego, la perspectiva cambia. Ya no se ve a Percy, si no que se ve como si estuvieran dentro de él. También se escucha su voz, como si estuviera pensando
"Imagínate saltar a una fosa de ácido. Ahora multiplica ese dolor cincuenta veces. Ni siquiera así llegarás a comprender la sensación de nadar en el Estigio."
Todos miraron con algo de lástima a Percy torciendo el gesto, sin querer imaginarse el dolor que debió sentir. Annabeth se debatía entre regañarlo y abrazarlo con todas sus fuerzas.
"Había pensado meterme despacio y con el aire valeroso de un auténtico héroe. Pero, en cuanto el agua me tocó las piernas, se me aflojaron todos los músculos y caí de bruces en la corriente.
Me sumergí por completo. Por primera vez en mi vida, sentí que no podía respirar bajo el agua. Por fin comprendí el pánico que provocaba ahogarse. Me ardía cada nervio del cuerpo. Estaba disolviéndome en aquel líquido. Vi algunos rostros -Rachel, Grover, Tyson, mi madre-, pero se desvanecían de inmediato.
<>
<< ¡Ten cuidado, hermano!>>, me suplicaba Tyson.
<< ¡Enchiladas!>>, gritaba Grover. No entendí a qué venía eso, y la verdad no me ayudaba mucho."
-Increíble -murmuró Atenea- tu alma está buscando algo de su lado mortal a lo que aferrarse. Parece que una persona... Seguramente ellas son las personas más importantes para ti... Siempre quise saber cómo funcionaba esto del río Estigio... Hum...
Ella medio se dirigía a Percy medio hablaba consigo misma. En otras circunstancias, a Annabeth le ocurriría lo mismo, pero estaba demasiado ocupada aferrándose a Percy para comprobar que seguía ahí como para ponerse a reflexionar sobre eso. Todos los demás miraban a Percy y a la pantalla, como si quisieran cerciorarse de que él no desaparecía gradualmente como decía en el video.
"Estaba perdiendo la partida. El dolor era excesivo. Mis manos y mis pies se disolvían en el agua; sentía que se me desgarraba el alma del cuerpo; ya no recordaba quién era. El dolor que me había causado la guadaña de Cronos no había sido nada comparado con ello"
-No -medio sollozó Annabeth.
Hades miró con horror al chico. Recordaba cuando en los tiempos antiguos había luchado contra su padre y fue herido por su guadaña. Si en aquel entonces, aun siendo un dios inmortal creyó que moriría, no quería saber la clase de dolor que se experimentaba en el Estigio. Miró con renovado respeto al chico.
"<<El cordón -dijo una voz conocida- ¡No olvides tu cuerda salvavidas, bobo!>>"
-¿Esa es...?
La sala miró a Percy conmocionada.
-¿Annabeth...?
"Bruscamente noté una sacudida al final de mi espalda. La corriente tiraba de mí, pero ya no me arrastraba como antes. Imaginé que que la cuerda me mantenía amarrado a la orilla.
<<Aguanta, sesos de alga -Era la voz de Annabeth, ahora mucho más clara- No te vas a librar de mí tan fácilmente>>
La cuerda se tensó.
Ahora veía por encima de mi cabeza a Annabeth, aguardando descalza en el amarradero del lago de las canoas. Me había caído de la canoa. Era eso. Ella me tendía la mano para sacarme del agua y parecía contener la risa. Llevaba la camiseta naranja del campamento y unos vaqueros. Tenía el pelo recogido bajo su gorra de los Yankees, cosa extraña porque eso debería haberla vuelto invisible.
<<Eres tan idiota a veces... -sonrió- Ven. Toma mi mano.>>
Los recuerdos fluyeron a mi memoria, ahora más vívidos y llenos de colorido. Dejé de disolverme. Mi nombre era Percy Jackson. Saqué un brazo y me aferré a la mano de Annabeth."
Todos miraron a Percy. Piper y Afrodita casi lo veían con los ojos en forma de corazón.
-Eso quiere decir que... -comenzó Hazel, viendo a la pareja- ¿Annabeth es la razón de Percy para permanecer anclado al mundo?
Percy enrojeció y maldijo entre dientes. ¿Cómo es que habían conseguido sus pensamientos? ¿Algún hechizo raro? Ah, maldición. En serio hubiera querido que eso no saliera en los videos. Eso era algo que ni siquiera había terminado de decirle a Annabeth. Había preferido guardar para sí la vergonzosa y cursi verdad. No es que no confiara en ella o que no quisiera que ella supiera que la amaba, sino que… Se sentía algo torpe cada que intentaba decírselo. Terminaba diciendo algo estúpido. Ya luego pensó que no estaba mal si ella no lo sabía. Después de todo, ella sabía que él la amaba, no había necesidad de... Pero, pffffff, ya que. Todos sus amigos sabían. Los dioses del Olimpo sabían. Peor aún, Afrodita lo sabía. Si la Moiras también lo sabían...
-Así que... -Percy sintió un escalofrío correrle la espalda. Tragó saliva y cerró los ojos- ¿Soy tu razón de estar en el mundo mortal, sesos de alga?
Annabeth lo odiaba, era eso. Lo odiaba de verdad. ¿Cómo se le ocurría preguntar algo así en una sala llena de personas?
Sus pensamientos se desviaron cuando sintió unos labios suaves hacer presión en su mejilla. Enrojeció todavía más, si eso era posible.
-Tú también eres la mía, tonto.
Su corazón redobló el ritmo y tragó saliva. No sabía que Annabeth estaba igual o peor. Los demás intentaban no interrumpir sin mucho éxito. Se oían risitas y algunos silbidos quedos por aquí y por allá. La pareja, ni en cuenta. Ambos estaban muy ocupados sintiendo olas y olas de emoción como para prestar atención a las demás personas. En ese momento, sólo existían ellos.
Afrodita y Piper estaban que se derretían. Thalia explicaba mientras algunas cosas que no quedaron claras de los videos.
Para cuando los tórtolos regresaron a tierra, el video ya había empezado a correr de nuevo. A ninguno les importó.
Mientras los demás terminaron de ver el video, ellos se besaron discretamente. Imaginaron que estaban solos, como antes, en la cabaña de Percy.
La mayoría no se enteró, pero los que sí lo hicieron, sonrieron con ternura. A aquellos dos se les notaba el aura de amor y felicidad a leguas. Se podría decir que quizá estaban destinados. Sólo las parcas lo sabían...
-¡Corre siguiente video*!*
Percy se encuentra sentado solo en su mesa del comedor, mirando el horizonte hacia la playa. El comedor está vacío, pero se ve a Annabeth en una esquina, con un pastel (algo así parece) en las manos mirando a Percy. Suspira, un tanto temblorosa y luego se dirige con paso decidido a él.
-Hey -ella se desliza al lado de Percy- Feliz cumpleaños.
Él la mira con el ceño fruncido.
-¿Qué?
-Es 18 de agosto -dice Annabeth tragándose una sonrisa- Tu cumpleaños, ¿verdad?
Percy abre los ojos impresionado. Lo piensa un poco, para llegar a la conclusión de que Annabeth tiene razón. Le sonríe de lado, y se acomoda para mirar el pastel que la hija de Atenea colocó en la mesa.
-Pide un deseo -dice ella.
-¿Lo horneaste tu misma? -pregunta Percy con algo de escepticismo.
-Tyson ayudó -admite.
-Eso explica porque se ve como un ladrillo de chocolate -bromea- con cemento azul extra.
Ella se ríe, pero parece una risa algo nerviosa. Percy se lo piensa un segundo antes de apagar la vela, y mira de reojo a Annabeth. Cortan el pastel y lo comen con los dedos, sentados muy juntos viendo el océano.
-Salvaste al mundo -murmura Annabeth.
-Salvamos al mundo -la corrige.
-Y Rachel es la nueva Oráculo, lo que significa que no tendrá citas con nadie.
-No suenas decepcionada -nota él con una sonrisa de lado.
-Oh, no me importa -se encoge de hombros, pero se ve demasiado robótico como para pasar por despreocupado. Toda la sala la mira con las cejas alzadas.
-Uh-Huh...
Ella levanta una ceja.
-¿Tienes algo que decirme, sesos de alga?
-Probablemente me patees el trasero.
-Sabes que te patearé el trasero.
-Annabeth, que... Romántica. -se burló Leo.
-¿Eso de cuándo es? -pregunta Hazel.
-Cuando terminó la guerra. Después de vencer a Luke/Cronos -dice Percy, mirando de reojo a Annabeth.
-Cinco dracmas a que uno de los dos se declara -le apostó en voz baja Leo a Thalia.
-Nah, yo digo que los interrumpen. Cinco dracmas. -Thalia tomó la mano que le ofrecía Leo, cerrando el trato.
Percy se limpia el pastel de las manos, algo nervioso.
-Cuando estaba en el Río Estigio, volviéndome invulnerable y eso... Nico dijo que debía concentrarme en una cosa que me mantuviera anclado al mundo, que me hiciera querer permanecer mortal...
Annabeth le sonrió al horizonte.
-¿Si?
-Luego, en el Olimpo -dice- cuando ellos querían hacerme un dios y eso, me quedé pensando...
-Oh, lo querías entonces.
-¡¡ANNABETH!! -gritó Piper- ¡¡No puedo creerlo!! Si vuelves a interrumpir, te haré bailar el chachachá enfrente de toda la sala.
La mirada mortífera de Piper asustó a Annabeth, tanto que ella no pudo replicar que eso ya había pasado. Aun así, la hija de Atenea no dudó por un segundo que Piper lo haría.
-Bueno, quizás un poco. Pero no lo hice, porque pensé... No quería que las cosas fueran iguales por toda la eternidad, porque siempre pueden mejorar. Y estaba pensando... -Percy parpadeó un par de veces y tragó saliva, como si le estuviera costando horrores continuar.
-¿En alguien en particular? -la voz de Annabeth suena suave. Piper la fulmina, pero no dice nada.
Percy voltea y se da cuenta de que ella intenta no sonreír.
-Te ríes de mí. -se queja, con las mejillas algo rosadas.
-¡No es cierto!
-No estás haciendo esto nada fácil.
Ella entonces se ríe a carcajada limpia. Sus mejillas están igual de rojas que las de Percy cuando le rodea el cuello con los brazos.
-Yo nunca, nunca, voy a hacerte las cosas fáciles, sesos de alga. Acostúmbrate.
Entonces ella lo besa. Casi parece que ambos se derriten.
-¡Ja! -grita Leo- ¡Me debes cinco dracmas!
Thalia chasquea la lengua.
-Eso no cuenta como declaración. Técnicamente ninguno de los dos dijo "te quiero" o algo así...
-Grace, estamos hablando de ellos. Y vamos, ¿un beso no es acaso lo equivalente a un "te amo" o así?
Thalia bufa, pero no dice nada.
Cuando el beso parece ponerse interesante, una voz gruñe desde detrás de ellos
-¡Vaya, ya era hora!
El pabellón se llena de campistas, antorchas y sonrisas malvadas. Percy y Annabeth se ponen completamente rojos. Clarisse, que parece dirigir la operación, ordena a los demás que carguen a la pareja sobre sus hombros.
-¡Oh, vamos! ¿Qué no hay privacidad? -pregunta Percy, mientras toma la mano de Annabeth por encima del gentío. Todos lo ignoran.
-¡Los tórtolos necesitan refrescarse! -dice Clarisse con regocijo.
-¡Al lago de las canoas! -grita Connor Stoll.
Toda la sala llevó una palma a su cara golpeándose.
-Llevar. Al hijo de Poseidón. A un lugar donde hay agua. -Apolo casi se daba de golpes contra su trono en la cabeza- no puedo creer lo inteligentes que son. Tienen suerte si salen vivos de ahí.
-¡Hey, tú también me debes cinco dracmas! -Thalia señaló a Leo- acaban de interrumpirlos. Paga, niño.
-No, hermosa. TÚ me debes cinco dracmas A MI.
Casi parecía que fueran a pelearse a puñetazo limpio, pero Annabeth intercedió y acordaron cancelar la apuesta, ya que ambos habían ganado. Leo y Thalia se miraron con los ojos entrecerrados.
Los campistas llevan a la pareja sobre hombros gritando y riendo. Percy y Annabeth también ríen, completamente rojos, hasta las orejas, aún con las manos unidas.
Cuando los avientan al lago, la cámara los sigue. Una enorme burbuja se crea debajo del agua, con los dos tórtolos en ella besándose como si no hubiera un mañana.
Arriba, los campistas se llamaban estúpidos los unos a los otros, al caer en cuanta de su error. Quince minutos después, ellos se rinden y van a dormir. Percy y Annabeth no salen hasta mucho después.
Piper, Afrodita y Hazel fangirleaban. Percy y Annabeth estaban rojos como tomates. Los demás, o sonreían con ternura, o sonreían como pervertidos, o miraban la situación analíticamente o fingían que no les importaba. Todo un show.
-¡¡DIOSES, ESO FUE TAN HERMOSO!! ¡Creo que moriré!
-Piper, creo que deberías calmarte...
-¡CIELOS, ESO FUE HERMOSO! ¡Mi corazón!
-Y ella decía que no quería ser como las chifladas de su cabaña...
-¡Cállate!
-¡Hey! No hay que ser tan agresivos, Pipes. Tendré que conseguirme un brazo nuevo si sigues así.
Como respuesta, Leo recibió otro golpe en el brazo.
-¡Corre video!
Tres chicos se encuentran en la pasarela de un acantilado. Los tres son fácilmente reconocibles como Piper, Leo y Jason. Los tres observan cómo un carruaje tirado por pegasos se acerca desde el cielo hacia ellos. Antes de aterrizar, uno de sus pasajeros salta a tierra. Annabeth.
-¿Dónde está? -pregunta con rudeza.
-¿Dónde está quién? -dice Jason.
Ella le frunce el ceño como si la respuesta que dio no fuera la correcta y pensara la mejor manera de matarle.
Luego voltea a ver a Leo y pregunta sobre Hedge. Ellos le explican una historia algo rara (ok, muy rara) sobre espíritus de la tormenta y secuestro de cabras ninja. Durante la historia, el otro chico que estaba en el carruaje se acerca.
Al terminar, Annabeth tuerce el gesto con desagrado.
-¡No, no, no! Ella me dijo que estaría aquí. Ella me dijo que si venía aquí, iba a encontrar la respuesta.
El chico que venía en el carruaje, que por algún motivo tiene tatuado un arcoíris en el bícep, señala a Jason y le dice que sólo tiene un zapato. También dice que él es la respuesta.
Ella discute un poco, pero luego mira al cielo y le grita acusaciones.
La pasarela se agita, como si fuera a romperse. El tipo (Butch, parece ser) le advierte y le dice que deben irse. Ella mira resentida a Jason, como si él acabara de matar a un cachorrito abandonado a sangre fría.
-Vamos a resolver esto más tarde.
Y ella camina hecha una furia de nuevo hacia el carruaje. Piper niega con la cabeza.
-¿Cuál es su problema? ¿Qué está pasando?
-Algo serio -adivinó Leo.
-Tenemos que salir de aquí -dice Butch- se los explicaré en el camino.
-Yo no voy a ninguna parte con ella -Jason señala a Annabeth- parece que me quiere matar.
-Ahora que sé todo lo que pasó, creo que es lindo que Annabeth se preocupara de esa manera con Percy -comenta Piper, pensativa.
-¡¿Lindo?! ¡Ella me veía como si estuviera calculando cuánto tiempo le llevaría cortarme en rodajas! ¡No es sano!
-No te preocupes hermano, no es personal. Ella mira así a todo el mundo.
-¿Qué dijiste, Percy?
-Na-nada*...*
Butch vacila.
-Annabeth está bien. No seas duro con ella. Ella tuvo una visión diciéndole que debía venir aquí, para buscar un tipo con un zapato. Se supone que sería la respuesta a su problema.
-¿Qué problema? -pregunta Piper.
-Ella ha estado en busca de uno de nuestros campistas, que ha estado desaparecido tres días -dice Butch- va a volverse loca de la preocupación. Ella esperaba que estuviera aquí.
-¿Quién? -solicita Jason.
-Su novio. Un tipo llamado Percy Jackson.
Hermes mira a Percy.
-Woa, alto ahí viejo. ¿Desapareciste?
-Uh… Si...
-¿Y te encontraron?
-Sip.
-¿Dónde estabas?
-Ni idea.
Hermes parpadeó.
-Creo que vas a tener que explicarme eso.
Percy cuenta todo el rollo de la desaparición y el intercambio de campamentos y la idea de Hera para luchar contra Gea, y bla bla bla. Al final, todos miran incrédulos a Hera por su loca idea. Unir a los dos campamentos. Una locura, solamente una locura.
-Uhm... Bueno, corre... Corre video...
Tres chicos corren por su vida. Bueno, tres chicos y una anciana, pero como la anciana no está corriendo, no cuenta. Corren directo a un río poco caudaloso, con dos gorronas persiguiéndolos. Dos de los chicos llevan armadura, reluciente como si fuera nueva. El otro chico no luce tan espectacular. Y carga con la anciana.
Su camiseta andrajosa, su cabello revuelto y su cara llena de tierra, arañazos y algunas marcas rojas, como golpes, hace que su aspecto suene mal, pero en realidad él se ve muy... Sexy. Y todos saben quién es. Percy Jackson. El chico desaparecido.
Al otro lado del río suena una campana. Un campamento, o una fortaleza romana, o ambas cosas se yerguen orgullosas. Campistas/soldados salen de las torres, pero están demasiado lejos como para llegar a tiempo para ayudar a los tres chicos.
Cuando llegan al río, uno de los chicos (el más grande) se separa del grupo de tres. Percy, la anciana y la chica van a cruzar el río, pero Percy vacila.
-El pequeño Tiber -dice la anciana con simpatía- fluye con el poder original del Tiber, el río imperial. Esta es tu última oportunidad para retirarte, niño. La marca de Aquiles es una bendición griega. No puedes llevarla si quieres pisar territorio romano. El Tíber la borrará.
Percy medio asiente, como si estuviese demasiado cansado como para entender todo. Aun así, responde.
-Si cruzo, ¿no tendré la piel de acero nunca más?
La anciana sonrió algo macabramente.
-¿Entonces qué? ¿Seguridad o un futuro de dolor y posibilidades?
Percy parece pensárselo.
Detrás de él, las gorronas chillan. Delante, los romanos gritan y Hazel lo llama,
-Annabeth -murmura Percy. Luego, sin más, se lanza al agua.
-¡¡SESOS DE ALGA!! ¡¿CÓMO PUDISTE HACER UNA IDIOTEZ ASÍ?!
Percy abrió los ojos desmesuradamente. Las personas alrededor de ellos se alejaron. Annabeth emitía un aura demoníaca. Percy tragó saliva.
-¡La maldición de Aquiles te proporcionaba invulnerabilidad! ¡Nada ni nadie podía herirte mientras la tuvieras! Además, ¡con lo que te costó obtenerla! ¿Sólo la dejaste así como así?
-Annabeth, si no me la hubiera quitado no te habría vuelto a ver en mi vida -dijo él con seriedad- haría cualquier cosa porque eso no pasara.
Ella se quedó sin palabras. Acto seguido, se recuperó.
-¡Pero estarías a salvo! Eso... Eso es lo más importante -su voz se quebró un poco.
-Listilla -Percy se acercó a ella- estar a salvo, tener una vida tranquila, no es nada si no estás a mi lado. Preferiría correr un campo de minas contigo a vivir una vida completa y anodina sin ti.
Los arrullos se escucharon por todas partes. La pareja, recordando que no estaba sola, se volvió a separar un poco, sonrojados.
-Ah, no nos hagan caso, por favor continúen -pidió Piper, con los ojos hechos chiribitas.
Ambos carraspearon y miraron a los lados, incómodos y sonrojados. Piper suspiró. La magia del momento se había esfumado.
-Ah... Corre siguiente video... Ah... Qué pena...
Hay multitud de personas. Campistas, campistas y más campistas se reúnen para ver a la comitiva de los griegos llegar. Él Argo II (informa Leo con orgullo a los que lo miran curiosos) está anclado en el cielo, creando una sombra gigante. Cuatro semidioses acaban de bajar de él.
Piper, Leo, Jason y Annabeth se abren paso entre los romanos, con la hija de Atenea al frente.
Los romanos murmuran mientras les abren paso hacia Reyna, la pretora. Ella tiene una mirada sería y los labios apretados. Reyna y Annabeth se miran a los ojos por unos segundos. Luego, Percy, ataviado con una toga, se abre paso entre la multitud y llega al lado de Reyna. Annabeth cambia la dirección de su mirada. Ambos se miran, conteniendo el aliento. Luego, la perspectiva cambia, esta vez del punto de vista de Annabeth.
**"**Annabeth estaba tan patidifusa que no se podía mover. Se sintió como si se acercara un poco más a él todas las moléculas de su cuerpo entrarían en combustión. Había estado enamorada en secreto de él desde que tenía doce años"
-¡Lo sabía! -Thalia se levantó de su lugar señalando a Annabeth- ¡Sabía que estabas enamorada de él! ¡Actuabas raro cuando estabas con Percy! ¡Nadie llama idiota a otra persona tantas veces si no le gusta!
Annabeth estaba roja como un jitomate. Parecía a punto de levantarse e ir a golpear a Thalia cuando una mano la tomó del brazo. Aspiró aire con fuerza al reconocer quién la sujetaba. Después de un rápido vistazo cerró los ojos y maldijo a Percy interiormente.
-Así que... ¿Desde los doce sabías que yo era sexy?
-¡Nadie dijo que fueras sexy, idiota!
-Pero te gustaba.
-¡No es verdad!
-Claro que sí, ahí acabas de decir que estabas enamorada de mí en secreto desde los doce.
-Yo... Yo... ¡Fue sólo la emoción del momento!
Sintió un repentino jalón y calló sentada en las piernas de Percy. Se puso todavía más roja de lo que estaba. Hizo amagos de golpearlo, pero él detuvo su puño con la mano derecha y acercó su rostro al suyo.
Ella sintió que se atragantaba y contuvo el aliento.
-No te preocupes, yo también estaba enamorado de ti, listilla. -murmuró con las mejillas algo rosadas.
Ella tragó saliva y lo miró con los ojos entrecerrados.
-I-Idiota.
Tomó el rostro de Percy y lo besó.
Cuando parecía que Piper y Afrodita iban iba a desmayarse de la emoción, Annabeth se separó de él y juntó sus frentes. Percy le sonrió de lado y algo de derritió dentro de la caja torácica de Annabeth.
-Awwwwwwww... -que monos- suspiró Hazel. Frank la miró con horror. No quería que su novia también se convirtiera en una loca fangirl.
"El último verano se lo había confesado. Habían sido una pareja feliz durante cuatro meses, y entonces él desapareció.
Durante la separación, algo le sucedió a los sentimientos de Annabeth. Habían crecido dolorosamente, como si se hubiera visto forzada a mantenerse con vida con algún tipo de medicamento doloroso. No estaba segura de qué era más espantoso: vivir con esa terrible ausencia o estar con él de nuevo"
-Dioses -murmuró Percy.
Se sentía muy culpable. Sabía que probablemente no era su culpa y eso, pero no podía evitarlo. Él era culpable de que Annabeth hubiera sufrido de esa manera. Después de todo, él era el que se había ido.
-No seas bobo, no es tu culpa.
Percy parpadeó y miró a Annabeth, que seguía sentada en su regazo. Ella seguía mirando el video con las mejillas rojas. ¿Acaso le había leído la mente?
-Es que pones esa cara de culpabilidad que... Bueno, no es tu culpa, Percy.
Percy sonrió y besó a su novia en la cabeza. Luego la abrazó un poco más fuerte.
-Por eso no nos separaremos nunca ¿cierto, listilla?
"La pretor Reyna se enderezó. Con una aparente desgana, se giró hacia Jason.
-Jason Grace, mi antiguo... colega -pronunció la palabra colega como si fuese algo peligroso- te doy la bienvenida a tu hogar. Y a estos, tus amigos...
Annabeth no quiso hacerlo, pero se adelantó. Percy corrió hacia ella al mismo tiempo. La multitud se tensó. Algunos pusieron sus manos sobre espadas que no estaban allí.
Percy puso sus brazos a su alrededor. Se besaron, y por un momento nada importó. Un asteroide pudo haber destruido el planeta y haber barrido toda la vida de la tierra y a Annabeth no le habría importado.
Percy olía a aire del océano. Sus labios estaban salados. Sesos de alga... Pensó aturdida. Percy se apartó y estudió su cara."
-Eso fue muy... Romántico -admitió Leo, mientras las chicas fangirleaban y Annabeth intentaba calmarlas con las mejillas de color caresí- eso no lo vi. Estaba distraído. Solo vi la llave de yudo.
-¿Llave de... Yudo? -preguntó Atenea con las cejas alzadas.
-Sí, mira, ahora va.
Atenea se enfadó por ser tuteada, pero prestó atención al video.
"-Dioses, creí que nunca...
Annabeth agarró su muñeca y le lanzó por encima de su hombro. Le azotó contra el pavimento de piedra. Los romanos gritaron. Algunos se adelantaron, pero Reyna gritó:
-¡ESPERAD, RETROCEDED!
Annabeth puso su rodilla sobre el pecho de Percy. Puso su brazo contra su garganta. No le importó lo que los romanos pensaran. Una sensación de furia de extendió por su pecho, un tumor de preocupación y amargura que había estado dentro de ella desde el otoño pasado.
-Si me vuelves a dejar -dijo, con sus ojos llenos de lágrimas- Juro por todos los dioses que...
Percy rió. De repente, el tumor de emociones de odio se derritió en el interior de Annabeth. "
-Vaya, Percy. Solo tú te ríes cuando ella está a punto de matarte. -Leo giró la cabeza hacia él y lo miró con incredulidad- creo que tú realmente amas el peligro.
Percy se rió.
-No, bueno, un poco. La verdad, yo ya me suponía que ella haría algo así. Digo, es Annabeth ¿cierto?
-Aun así... Pienso que estás loco -Leo y Percy rieron juntos.
-¡Pero es muy lindo! -Parecía que Arodita echaba flores por los cuatro costados- que sólo él, con su risa, pueda tranquilizar las emociones de Annabeth ¡Es taaaaaan... Hermoso!
Annabeth se sonrojó.
-Por favor, no haga que suene como una película romántica.
-Es que es una película romántica.
Annabeth enterró la cara entre las manos.
"-Me considero advertido -dijo Percy- Yo también te he echado de menos.
Annabeth se levantó y le ayudó a ponerse en pie. Quería volver a besarle de nuevo, pero se contuvo. Jason se aclaró la garganta.
-Así que... Sí... Es genial estar de vuelta."
La pantalla se pausa sola.
-Estaba muy incómodo -admitió Jason- no esperaba que fueras a lanzarte contra él, besarlo y hacerle una llave de yudo.
Annabeth enrojeció.
-Así es como ella dice que me extraña -Percy se encogió de hombros- ¿no es adorable?
Sintió un golpe en el brazo.
-Más te vale que eso no haya sido sarcasmo, Jackson.
Percy se carcajeó por la cara graciosa de enojo que tenía Annabeth.
-Oh, por supuesto que no lo es -Percy acercó su rostro al de Annabeth- eres completamente adorable. -murmuró con voz seductora, medio en broma, medio en serio.
Annabeth chilló y lo apartó con la cara completamente roja. Los demás rieron.
-Creo que Percy es el único que puede decir eso y no morir apuñalado. Ese tipo no es normal. Incluso para estándares de semidiós.
Todos asintieron.
-¡Corre video!
Es de noche.
El video se encuentra dentro de un camarote de barco, al parecer.
Un chico, dormido, murmura cosas sobre unos gigantes y un festival del lago de los cisnes.
La puerta se abre y una sombra entra en la habitación. Se acerca a la cama, sigilosa. Un rayo de luz de luna se cuela por una ventana, dejando ver la identidad de las dos personas. Percy Jackson, el chico dormido y Annabeth Chase, la sombra que acaba de colarse.
-Vaya, vaya -dice Leo con un falso acento italiano demasiado marcado, acariciando a un gato imaginario entre sus piernas- así que la señorita Chase-yo-nunca-rompo-las-reglas se ha saltado una para ver a su novio... Vaya vaya, siempre creí que había sido Percy el que había ido a buscarte...
Atenea estaba que lanzaba rayos por los ojos. ¿Y su hija decía que ese niño de Poseidón no la estaba corrompiendo? ¡Pero si...! ¡Pero si...! Bueno, en realidad su hija era la que había ido a buscar a la cría marina, así que... ¡No, la culpa la tenía Poseidón! ¡Si! Por... Porque... ¡Porque sí!
Y así, Poseidón fue víctima de las miradas matadoras de Atenea.
Annabeth miraba a todos los que la veían desafiante, aunque con las mejillas rojas. Después de darle tremendo golpe a Leo (hasta se sentía un poco culpable) los chicos únicamente los veían de lejos, sonriendo como el gato de Alicia en el país de las Maravillas.
Ella se había bajado del regazo de Percy, balbuceando y haciendo pucheros. Se dio cuenta de que no era muy decente que digamos, así que lo dejó.
Frank y Hazel los miraban tan escandalizados que hasta era cómico. Los sentía por los chicos, pero temía haberlos traumado. De nuevo.
Annabeth se acerca a la litera y murmura el nombre de Percy. Este se revuelve y murmura el de ella. Sonríe y lo intenta de nuevo, sacudiéndolo del hombro.
Esta vez, él se despierta (algo así) y mira confundido/embelesado a Annabeth por unos segundos. Cuando se da cuenta de que ella realmente está ahí, abre un poco más los ojos para diversión de Annabeth.
-¿Q-qué está pasando? -pregunta Percy- ¿ya llegamos?
-No -responde ella en voz baja- Estamos en mitad de la noche.
Eso parece espabilar un poco a Percy. Abre bien los ojos, ahora totalmente despierto y le mira con algo de asombro.
-¿Quieres decir que...? -Percy traga saliva- ¿te colaste en mi camarote?
Annabeth gira los ojos.
-Percy, cumplirás diecisiete en dos meses. No puedes estar seriamente preocupado por meterte en problemas con el entrenador Hedge.
-Uh... Annabeth quiere llevar a Percy por el camino del mal... -Leo, al parecer recuperado del golpe, alzó y bajó las cejas sugestivamente.
Un golpe de un zapato volador salido de la nada lo hizo callar.
-Uh, ¿has visto su bate de béisbol?
Ella lo ignoró.
-Además, sesos de alga, pensé que podríamos dar un paseo. No hemos tenido tiempo para estar a solas. Quiero enseñarte algo... Mi lugar favorito del barco.
En la sala, casi se podía oír el pulso acelerado de Percy.
-Así que... Percy... Pensando cosas pervertidas, ¿ah? -parecía que Leo no se cansaba. Eso iba a afectar seriamente su salud.
Un chorro de agua helada, seguido de uno de agua casi hirviendo salidos de la nada impactaron a Leo casi al mismo tiempo. Este se quejó, pero al ver la mirada fulminante de cierto hijo de Poseidón decidió estarse tranquilo. Ese tipo daba miedo. Miedo del bueno.
-Puedo, ya sabes, ¿lavarme los dientes primero?
-Más te vale -dice Annabeth- porque yo no te voy a besar hasta que lo hagas. Y cepilla tu cabello, ya que estás en eso.
Parece que Leo va a decir algo, pero dos miradas mortíferas lo detienen.
Percy y Annabeth salen del camarote minutos después y caminan escaleras abajo. Pasan una sala de máquinas que parece bastante peligrosa, esquivando cables y máquinas zumbando. Percy pregunta si es seguro. Annabeth dice que no lo sabe muy bien, pero que sólo ha estado una vez a punto de estallar. La sonrisa de Percy se vuelve algo nerviosa al preguntarle si es una broma. Ella no responde. Siguen caminando hasta que llegan a una especie de establo. Es parecido al del campamento Mestizo, muy amplio y con caballerizas lo suficientemente grandes como para un elefante. El suelo parece ser de cristal.
Percy pregunta acerca de ello mientras Annabeth extiende una manta y lo invita a sentarse a su lado.
Ella explica que los establos pueden abrirse por debajo para facilitar la entrada de los pegasos. Percy pregunta qué pasaría si se abriera en ese momento. Ella le responde que probablemente caerían hacia sus muertes. Percy murmura que eso es genial.
Annabeth se ríe.
-¿Sabes por qué me gusta estar aquí? No se trata sólo de la vista. ¿Qué te recuerda este lugar?
Percy mira a su alrededor. Inspecciona todo y parece que llega a una conclusión.
-Ese camión del zoológico -decide- el que nos llevó a las Vegas.
Annabeth sonríe satisfecha, haciendo saber que está en lo correcto.
-Eso fue hace mucho tiempo -dice Percy- estábamos en mal estado, luchando por todo el país para recuperar el estúpido rayo, atrapados en un camión con un montón de animales maltratados ¿cómo se puede sentir nostalgia por eso?
-¿Alguna de sus misiones?
-Sip. La primera.
-Vaya, su vida apesta.
-No tienes que recordárnoslo
-Porque, sesos de alga, esa fue la primera vez que realmente hablamos, tú y yo. Yo te hablé de mi familia y... -ella saca su collar de cuentas de su camisa. Además de las cuentas, tiene un anillo universitario y un colgante de coral rojo que todos están seguros proviene de Percy. Piper y Afrodita, junto con Hazel, arrullan- y, me recuerda el tiempo en que nos conocimos el uno al otro. Teníamos doce, Percy. ¿Puedes creerlo?
-No -admite- así que... ¿Supiste que yo te gustaba desde ese momento?
Ella sonríe burlonamente.
-Yo te odiaba al principio. Me molestabas. Entonces te toleré por unos años. Entonces...
-Ah, vamos Annie, ¿a quién quieres engañar? -dijo, para sorpresa de algunos, Piper, que tenía las cejas graciosamente alzadas- todos sabemos la verdad. Lo amabas desde los doce.
-¡Piper!
-Está bien, está bien.
Ella se inclina y lo besa. Un beso largo, tanto que llega a ser incómodo para algunos. Está tan lleno de amor y cariño que Ares tiene ganas de vomitar arcoíris y parece que Piper y Afrodita van a desmayarse de la emoción.
Ellos se separan.
-Te extrañé, Percy.
La perspectiva cambia.
"Percy quería decirle lo mismo, pero no le parecía que el comentario hiciera justicia. Mientras había estado en el lado romano, lo único que lo había mantenido con vida había sido pensar en Annabeth. <> no expresaba eso.
-Hey, chicos, díganles que dejen de mirarme así -dijo Percy escondido detrás de Frank (era la espalda más grande) mientras temblaba de miedo.
Las chicas, TODAS las chicas lo estaban mirando... Raro. No, no era raro, era... ¿Psicópatamete? No, era algo más, era como si... Ah, como si Percy fuese una hamburguesa y las chicas estuvieran realmente hambrientas.
Incluso Artemisa no lo miraba como si fuese escoria. Incluso Atenea no lo miraba como si estuviera analizando la mejor manera de asesinarlo. Incluso Hera lo estaba mirando (y ella había estado fingiendo retocarse las uñas por, no sé, toda la lectura).
Y Annabeth. Oh, bueno, Percy no sabía cómo interpretar su mirada. Era... ¿Tristeza... Emoción... Ternura...? ¿Enojo? Era... ¿Amor?
Frank también estaba amedrentado por las miradas que Percy recibía. Y eso que no lo estaban mirando a él.
Pero bueno, por algo Percy era el héroe del Olimpo, invencible, valiente y demás, ¿no? Él podía con todas esas chicas locas.
Jason lo miraba con algo de resentimiento. Piper prácticamente babeaba. Él no estaba seguro si era demasiada influencia de Afrodita (debía ser eso) porque desconocía a su novia.
-Oye Percy, deberías dejar de pensar cosas como esas. Nos haces quedar como si fuéramos unos novios horribles y sin corazón. -le susurró Frank a el chico en su espalda.
Jason asintió.
-Lo siento, no puedo evitarlo. La genialidad me viene de nacimiento.
Frank y Jason lo miraron indignados. Las chicas, ajenas a esto, seguían mirando a Percy con aires de psicópatas. (Unas más que otras).
-Bueno, bueno. Que a Percy se le ilumine a veces esa sesera llena de algas y diga cosas lindas está bien. Chicas, no hay que perder la cabeza. -Thalia (parecía la única inmune a las palabras de Percy) tomó palomitas relajadamente del bol que tenía al lado- cálmense. No es para tanto.
Piper, Afrodita y Annabeth parecían a punto de protestar, pero lo dejaron. En realidad, Thalia no era tan inmune, pero era la mejor disimulando su repentino ataque de ternura.
Annabeth se acercó con decisión a donde Percy. Incluso Frank tuvo que apartarse ante la mirada intimidatoria que tenía Annabeth en el rostro.
Percy temblaba, pero intentó disimularlo. Ella lo tomó del cuello de la camisa, sonrojada.
-Sesos de algas, si sigues diciendo cosas como esas... -su mirada se suavizó un poco- todas las chicas se enamorarán de ti. Y tú eres solo mío.
Ella lo besó, un beso posesivo y celoso, como pocos habían tenido. Percy se levantó para tomarla en brazos. Annabeth sintió que su cerebro se desconectaba del mundo.
Incluso sin necesidad de decirlo con palabras, Percy también le estaba diciendo que ella era de él al poner sus brazos alrededor de ella. Al morder su labio con suavidad. Al acariciar su cabello. Al besarla con sentimiento, diciéndole más de lo que podía expresar con palabras.
Porque ambos eran uno solo. Eran un equipo, y tanto ella era parte de Percy como Percy de ella. Porque ambos eran su mutua razón de seguir luchando. Porque ambos se protegían. Porque a ambos los había destrozado un poco estar separados. Porque se amaban.
Se separaron jadeantes y afiebrados. Se sonrieron.
La ola de silbidos y fangirleos los avergonzó un poco, pero no le dieron mucha importancia. Se sentaron juntos y disfrutaron la sensación de estar junto a la persona más importante de su vida.
Recordó lo que había pasado poco antes, esa misma noche, cuando Piper había expulsado al eidolon de su mente. Percy no había sido consciente de su presencia hasta que ella había usado su embrujahabla. Después de que el espíritu abandonara su cuerpo, se había sentido como si le hubieran sacado un clavo ardiendo de la frente. No se había dado cuenta del dolor que había sufrido hasta que el eidolon se había marchado. Entonces sus pensamientos se habían aclarado. Su alma había vuelto a instalarse cómodamente en su cuerpo.
Estar allí sentado con Annabeth le hizo sentirse de la misma forma. Los últimos meses podrían haber sido uno de sus extraños sueños. Los sucesos que se habían producido en el campamento Júpiter parecían confusos e irreales, como la pelea contra Jason, cuando los dos habían sido poseídos por los eidolon.
Sin embargo, no se arrepentía del tiempo que había pasado en el campamento Júpiter. Su estancia le había abierto los ojos en muchos aspectos.
-Annabeth -dijo con timidez- en la nueva Roma, los semidioses pueden vivir toda la vida en paz.
La expresión de ella se volvió recelosa.
-Reyna me lo había explicado. Pero tu sitio está en el Campamento Mestizo, Percy. Es otra vida…
-Lo sé -dijo Percy- pero mientras estuve allí, vi a muchos semidioses viviendo sin miedo: chicos que iban a la universidad, parejas que se casaban formado familias… En el Campamento Mestizo no hay nada parecido. No paraba de pensar en ti y en mí… tal vez algún día, cuando la guerra contra los gigantes termine..."
-Ow... Percy, eso es muy dulce... -Suspiró Hazel.
-¿Te das cuenta de lo que hiciste, Percy? -chilló Piper emocionada- ¡Prácticamente acabas de pedirle matrimonio! ¡Eso es tan her-mo-so! ¡Se casarán y tendrán muchos hijos y vivirán felices para siempre!
-Wow, wow, wow -Annabeth alzó las manos con las mejillas rojas- ¿quién ha hablado de casarse? ¿Y de tener hijos? Yo no...
-¡Oh, vamos Annabeth! ¿Acaso imaginas tu futuro con alguien que no sea Percy? ¡Claro que no! ¡Es casi seguro que se casan y tienen hijos! Es más, yo digo que tienen cinco o seis.
-Nah, yo digo que siete u ocho.
-Mmhh... Yo pienso que como cinco.
-Creo que seis o siete.
-De cuatro a seis.
-No, de diez para arriba.
Todos metieron baza. Incluso algunos dioses.
Percy y Annabeth, callados, sentados y sonrojados prefirieron no decir ni pío. No es que les desagradara la idea de pasar el resto de sus vidas juntos y formar una familia. No, ellos amaban la idea. El problema es que las apuestas no bajaban de cinco. Alguno dijo por ahí que serían quince. ¡Quince!
Annabeth no se imaginaba teniendo tantos hijos. Aunque, una parte pervertida de su cerebro, comenzaba a imaginar cómo sería hacerlos...
-¿Y tú, qué opinas, Percy?
Percy se sobresaltó. Parpadeó y se señaló a sí mismo, para luego aclarase la garganta.
-Hum... N-no lo sé... E-es decir, somos muy jóvenes y... -Percy estaba rojísimo- pero... Creo que... Con cinco o seis... -terminó bajito, pero aun así todos lo escucharon.
Annabeth abrió desmesuradamente los ojos mirando a Percy, sintiendo un calor agradable bajar por su estómago. ¿¡Cinco o seis?! ¡¿Acaso estaba loco?! Pero... Sin embargo... Ella no podía dejar de imaginárselo.
Niños pequeños, con los ojos verdes y el suave y ondulado cabello negro... O rubios, con ojos grises tormentosos... O mejor aún, rubios de cabello ondulado con ojos verde mar...
Miró de reojo a Percy, que, con pensamientos similares, también la miraba a ella.
Los demás divertidos, pusieron de nuevo atención al video.
"Era difícil saberlo en la luz dorada, pero le pareció que Annabeth se sonrojó
-Oh -dijo.
Percy tenía miedo de que le había dicho demasiado. Tal vez él la había asustado con sus grandes sueños del futuro. Ella por lo general, era la que tenía los planes. Percy se maldijo en silencio.
Mientras más conocía a Annabeth, el sentía que entendía menos de ella. Incluso después de que habían estado saliendo por varios meses, su relación siempre se había sentido siempre nueva y delicada, como una escultura de cristal. Estaba atemorizado de hacer algo mal y romperla.
-Lo siento -dijo- yo solo... Yo tenía que pensar en eso para seguir adelante. Para darme esperanza. Olvida lo que he mencionado...
-¡No! -gritó- no, Percy. Dioses, eso es tan dulce. Es solo que... Pudimos haber quemado el Puente. Si no podemos arreglar las cosas con los romanos, bueno, los dos conjuntos de semidioses nunca se han llevado muy bien. Es por eso que los dioses nos mantienen separados. No sé si alguna vez pudiéramos estar allí.
Percy no quería discutir, pero no quería dejar de lado la esperanza. Sentía que era importante, no sólo para Annabeth y para él, sino para todos los demás semidioses. Tenía que ser posible permanecer en dos mundos diferentes a la vez. Después de todo, eso es lo que significaba ser semidiós, no pertenecías al mundo mortal o al monte Olimpo, pero tratas de hacer paz con ambos lados de tu naturaleza."
-Vaya, Percy, eso fue algo... Profundo -admitió Leo- pero creo que tienes razón.
-Además, querido -dijo Afrodita- no perder la esperanza nunca es malo. Estoy casi segura de que tú y Annabeth alcanzarán su final feliz.
La pareja sonrió.
-Eso esperamos
La perspectiva cambia.
Annabeth y Percy comienzan a hablar de nuevo, pero esta vez sobre la guerra y los sueños preocupantes de Percy.
Hablan sobre Nico, que parece estar encerrado, preso de los gigantes (a Hades casi le da un paro cardíaco) y que tiene pocos días de vida.
Deciden que Nico tiene hasta las Calendas de Julio (Annabeth le explica a Percy lo que es una calenda) y debaten sobre decirle a Hazel. Quedan de acuerdo en que esperarán hasta el día siguiente para no preocuparla con la noticia en plena noche.
También hablan sobre otra parte preocupante del sueño de Percy. Una estatua y una enemiga que hasta a los gigantes asusta. Annabeth le pregunta a Percy sobre su padre, para después contarle sobre la conversación que tuvo ella con su madre sobre decepcionarla. Percy casi parece indignado con el comentario, como si se lo hubieran dicho a él.
Repentinamente, Annabeth sonríe.
-Una velada romántica ¿no? Que no haya más cosas malas hasta mañana. -ella besa de nuevo a Percy- vamos a resolverlo todo. Te tengo de vuelta. Eso es lo que importa.
-Correcto -dice Percy- No hablar más sobre la ira de Gaia, Nico rehén retenido, el fin del mundo, los gigantes...
-Cállate, sesos de alga -le ordena, mirándolo un poco acusadoramente- sólo abrázame por un momento.
Percy, sonriendo, se acerca y la abraza, acariciando su cabello. Poco a poco, ambos van cerrando los ojos. Sin darse cuanta se acuestan acurrucados y caen dormidos.
El video se pausa.
-Awww... -arrullaron las chicas.
-Ah... -suspiró Leo- creí que había pasado algo interesante, ya saben... Con lo alterado que llegó Frank al día siguiente creí que los había encontrado desnudo...
-¡¡CÁLLATE, VALDEZ!! -gritó Annabeth a todo pulmón antes de que Leo terminara su frase- ¡¡CÁLLATE SI NO QUIERES MORIR!!
Una mirada de luego-te-asesino por parte del hijo de Poseidón y la amenaza de Annabeth hicieron a Leo cerrar su boca. No era TAN suicida como para enfrentarse a aquellos dos él solo.
Artemisa dejó salir el aire que había estado conteniendo. Ella estaba casi segura de que iba a haber una escena poco apta para menores, y ella estaba lista para echarse obre el chico apenas este le tocará un cabello la doncella.
Se sorprendió mucho al ver que no era el caso. No solo el chico no propuso nada indecente, si no que había dicho algo my tierno (ella iba a matar a quien dijera que ella había pensado eso) para ser un hombre.
Revaluó al chico. Era guapo, sí. Y no parecía pervertido. Tal vez... Aquel chico no era como los demás...
-¡Video corre!
Todos miraron a Afrodita.
-¿Qué? Decir las mismas palabras aburre un poco.
-Percy -dice Annabeth- no puedes cargar con el peso de toda la búsqueda. Es imposible. Es por eso que hay siete de nosotros. Y tendrás que dejarme buscar la Atenea Partenos por mi cuenta.
Percy y Annabeth se encuentran sentados en la mesa de un café por la mañana. Parecen una pareja normal disfrutando del paisaje (el río Tiber corre lento y de color caramelo a su izquierda, que junto con el cielo azul es un bonito paisaje) con problemas no más allá de esperar su pedido. Sin embargo, la expresión seria de Annabeth, y la preocupada y cabizbaja de Percy dice lo contrario.
-Te extrañé -confiesa Percy- durante meses. Una gran parte de nuestra vida se la llevaron. Si te perdiera de nuevo...
-Oh, espera, ¿eso es antes de que Annabeth partiera a su búsqueda? -interrumpió el video, Piper.
La pareja asintió seriamente.
Piper en sabía que eso era serio, pero no podía evitar emocionarse. Después de todo, parar tanto tiempo con su madre empezaba a afectarle. Y esos dos eran su OTP. Pero ella siempre había querido saber cuáles habían sido las palabras de despedida de Percy y Annabeth. ¿Percy habría querido convencer a Annebeth de quedarse y no ir a la búsqueda? En el barco había dado un poco esa impresión. ¿Había ocurrido ALGO que hiciera que luego Percy decidiera aventarse con ella al Tátaro? ¿Alguna promesa? ¿Alguna declaración?
Oh, Piper se MORÍA de ganas por saber. Y no era muy buena ocultándolo*.*
El camarero llega, interrumpiendo su conversación. Deja sus almuerzos con amabilidad, pero parece una amabilidad un poco resignada.
-Es una hermosa vista -dice- disfruten, por favor.
Después de eso, ellos comen en silencio. Percy le hace una pequeña mueca a su pizza, como si le desagradara un poco.
-Vas a tener que confiar en mí -dice Annabeth. Casi parece que le habla a su Sandwich- tienes que confiar en que volveré.
Percy traga un bocado.
-Yo creo en ti. Ese no es el problema. Pero ¿volver de dónde?
El sonido de una vespa los interrumpe. Ambos miraron a lo largo de la orilla del río, donde una moto azul celeste se acerca hacia ellos. El conductor, un hombre fornido y vestido como si estuviesen en los cincuentas va acompañado de una mujer joven que está junto a él en la moto, tomándolo de la cintura.
La pareja cincuentera se destine junto a la mesa de Percy y Annabeth. Los dos bajan y se quitan los cascos.
-Vaya, hola -dice el hombre.
Es apuesto, al estilo padre-en-televisión-de-los-50. Su voz es grave y ronca. Podría tener unos treinta y tantos años. Va vestido a la antigua usanza, con el pantalón un poco más arriba de lo normal.
-Hemos tenido una mañana de lo más hermosa -dice la mujer al bajar de la moto.
Ella casi parece una ninfa, con una cintura de lo más estrecha. También va vestida a la antigua, con una falda hasta los tobillos, un cinturón de cuero ancho y una blusa blanca. Es mona, con una sonrisa traviesa brillante y ojos oscuros.
A Annabeth se le cae el sándwich de las manos.
-¡Oh dioses! ¿Cómo... Cómo...?
Percy voltea a mirarla. Se toca la barbilla, pensativo y luego mira a la pareja cincuentera.
-Ustedes se ven familiares -decide él. Lo piensa un poco más y señala al hombre- ¿es usted ese tipo de Mad Men?
-¡Percy! -Grita Annabeth horrorizada.
-¿Qué? -protesta- yo no miro mucha televisión.
-Yo conozco al tipo de Mad Men -dijo Piper recargando la mano en su mejilla- es un buen tipo. Pero no veo porqué estaría en Roma. Según me dijo no le gusta la pizza.
-Oh, si no le gusta la pizza en Estados Unidos, odiaría la pizza en Roma. -dijo Percy- yo, que amo la pizza no la terminé porque sabía rara.
-¿Tú, Percy Jackson, que te comes ocho rebanadas en menos de cinco minutos y no pudiste terminar una? -exclamó Leo con las cejas alzadas- la pizza de Roma debe apestar. Apestar en serio.
Percy se encogió de hombros.
-Sí, pobres romanos. La mejor comida de todas y no pueden comerla.
Annabeth riñe a Percy, para después decirle que son Gregory Peck y Audrey Hepburn, (nadie sabe exactamente quiénes son esos) pero la señora, sentándose a su lado en la mesa la corrige diciéndole que en realidad son Rea Silvia, madre de Rómulo y Remo y Tiberino, dios del río Tiber.
Percy pregunta si siempre se ven como estrellas de cine estadounidense. Tiberino dice que no está seguro, que últimamente la influencia de Roma con el mundo no es mucha.
Cambian de tema, y Percy pregunta si están ahí para ayudar. Tiberino responde que sí, y pide a Annabeth su carta de presentación y el mapa. Ella se los entrega con la mirada algo embobada, mustiando que sí. Ella está tan atenta del Dios que la mirada de Percy se vuelve celosa, y se acerca posesivamente a ella.
Annabeth enrojeció en la sala. Percy torció un poco el gesto.
Ella había estado tan centrada en el dios del río que no se había dado cuenta de los celos de Percy. Ahora se le hacían algo adorables. Pero también le hicieron sentirse algo culpable.
-Percy... -mustió ella. Él la miró con el rostro ladeado.
-¿Huh?
Annabeth tomó su rostro y lo besó. Después de un segundo se separó, con una sonrisa ladeada al ver el rostro confundido de Percy.
-Lo siento, sesos de alga. No sabía que eras tan celoso.
Percy enrojeció.
-Ya sabes, si tu novia va a subir a una moto con un actor de cine y ella lo encuentra atractivo, es mi deber como novio sentir celos.
Ella se aleja de él indignada.
-¡Yo no lo encontraba atractivo!
-Oh... ¿Enserio? -Percy le lanzó una mirada significativa. Annabeth enrojece.
-C-como sea -bufa, roja y cruzada de brazos- De todas formas, no es como si Gregory Peck estuviera mejor que Percy -susurró ella para sí. Annabeth no esperaba que Percy escuchara, pero como las Parcas la odiaban, él escuchó.
-Lo sé -susurró él en su oído con aire juguetón. Annabeth casi salta de sus huesos de la sorpresa. Sintiéndose descubierta y avergonzada, volteó el rostro para que Percy no viera su sonrojo- no te preocupes, yo ya sabía que tú piensas que yo soy sexy.
-Tonto -le bufó, sonrojada y con la lengua de fuera. Percy le devolvió el gesto- ¡yo no dije eso! ¡Eres un bobo, sesos de algas!
-Así me quieres.
-Awwwww... -arrulló Piper- una conversación así, ¿mucho pedir?
Jason se removió incómodo, mientras recibía miradas de comprensión y lástima.
Annabeth pregunta si Tiberino siempre ha ayudado a otros semidioses a partir en busca de la marca de Atenea. Rea Silvia, riendo, explica que el dios del río Tiber salvó a sus hijos, Rómulo y Remo llevándolos con Lupa, y que también la salvó a ella convirtiéndola en su esposa cuando quisieron matarla. Según ella, todo un sueño.
-Gracias querida -sonríe Tberino irónico- y si, Annabeth Chase, he ayudado a muchos de tus hermanos... Para al menos empezar su viaje con seguridad. Una pena, todos ellos murieron dolorosamente luego. Pues bien, los documentos parecen pertinentes. Hay que ponerse en marcha. ¡La marca de Atenea espera!
La mirada de ambos semidioses se descompone un poco. Percy sujeta la mano de Annabeth con fuerza.
-Tierino, déjeme ir con ella. Sólo un poco más lejos.
-Me temo que eso no es posible, semidiós -dijo Atenea seriamente- ir en búsqueda de la marca es algo que se debe hacer en solitario desde el principio. De por sí ya es inusual que hayas llegado hasta ahí con ella.
Percy intentó tragarse sus comentarios. De verdad lo hizo. Hasta se mordió la lengua. Pero no podía evitar estar un poco resentido (un poco mucho) con Atenea. Después de todo, era la culpa de esa diosa que Ananbeth hubiese partido a esa horrible búsqueda.
-Lo siento -se forzó a no ponerse a pegar gritos- pero yo no dejaré nunca sola a Annabeth. Así que vállase acostumbrando. Además, ella no tendría que ir sola si usted no hubiera sufrido un arranque de "doble personalidad", obligándola a hacer esa estúpida búsqueda. Esa estatua no vale la vida de Annabeth. No lo hará nunca. Como tampoco vale la vida de ninguno de todos los hijos de Atenea que han muerto buscándola.
Percy miró con ferocidad a Atenea, y la diosa le devolvió la mirada con indignación y furia contenida.
Los que estaban cerca de ellos se alejan, con nerviosismo. Semidiós y diosa echan chispas por los ojos. Ambos tenían los puños apretados y crujían sus dientes.
Cuando realmente parecía que uno de los dos iba a levantaste y tomar las armas, Annabeth intercedió. Le asustaba que Percy saliera herido, o que Atenea hiciera era algo que nunca le perdonaría.(Como matar a Percy, por ejemplo)
-Percy... E-eso no ha sido... Será mejor que...
-Perseo Jackson -la interrumpió la diosa de la sabiduría, con la voz y la expresión fría- estoy consciente de que lo mejor hubiera sido no sacrificar a mis hijos. No creas que salgo indemne de todo este asunto. También quiero a mis hijos. Pero mi honor y mi orgullo me fueron arrebatados, los romanos me quitaron mi personalidad, mi esencia. No puedo sólo permitir que eso ocurra. Deben vengarme.
-No -la voz de Percy también sonó fría. A todos les recorrió un escalofrío cuando vieron el rostro del joven semidiós, amenazante, pero también fríamente calculador- no tiene sentido seguir haciendo crecer un odio que no llegará a ningún lado. Pase lo que pase, usted siempre va a culpar a los romanos. Perdió su honor. Culpa de los romanos. Su estatua desaparecida ha sido robada. Sus hijos mueren buscándola. Culpa de de los romanos. La enemistad de todos estos siglos, que crea guerras y masacres. Culpa de los romanos. ¿Realmente cree usted que todo es culpa de ellos? ¿Qué todos son iguales? Le recuerdo, diosa de la sabiduría, que el resentimiento y el odio sólo se logra si ambas partes lo quieren. Usted pudo haber arreglado las cosas. Cuando fue convertida en Minerva, puede que le hubieran quitado parte de usted, pero seguía siendo una diosa. Muchos de los dioses griegos desaparecieron cuando llegaron los romanos. Annabeth siempre me dice que Atenea no sólo se trata de guerra y estrategias. También son artes, el tejido, la arquitectura. Y ella está orgullosa de eso. Yo estoy orgulloso de eso. Parece que usted no. Usted niega ser artes, usted niega ser de utilidad. Usted no... ¿No está orgullosa de lo que es y lo que representa? Incluso si la hubieran convertido en una diosa sólo de guerra, usted se quejaría de que no es solo eso, también son las artes.
¿Acaso sus hijos tienen la culpa de eso? ¿El deber o la necesidad de vengarla? Además, ¿vengar qué? ¿Qué los romanos le quitaron su honor? El honor se gana a base de acciones, Atenea. Una estatua no representa honor. Además, usted seguiría siendo Atenea, diosa de las artes útiles, la sabiduría y la estrategia en batalla. Sus hijos saben eso, saben lo que representa y por eso quieren ayudarla. ¿Pero... Es necesario que ellos sacrifiquen sus vidas? ¿Qué los deshonre si no quieren hacerlo? Porque sus muertes sólo avivan su fuego, su resentimiento, y usted sigue culpando a los romanos.
Hacer la misión en solitario, haciendo que ellos se encierren y no confíen en nadie también los hace odiar a los romanos, por tener que emprender la búsqueda, por tener que seguir la marca de Atenea.
Yo también soy romano. ¿Annabeth me hubiera odiado? ¿A pesar de estar junto a ella todos estos años? ¿Hubiera comenzado a dudar de mí? ¿Por su culpa?
Mi negación a dejarla no es porque yo me vaya a quedar solo. Es porque ella vaya a hacerlo. Encerrarse en sí misma, ser orgullosa y no confiar en nadie. Si algo he aprendido es que a la familia no se le deja atrás. No se le abandona. Yo quiero que ella sepa que estoy con ella. Que no la dejare, que la apoyaré, que no la dejaré sola. Que la amo.
Sus hijos caminan solos por su culpa. Si de verdad los quiere, ¿no sería mejor que caminen acompañados? ¿Apoyados?
Dígame, Atenea, diosa de la sabiduría, ¿todo es rencor lo vale?
Percy soltó un suspiro algo tembloroso. La expresión de Atenea era una hoja en blanco. La de Annabeth también. Todos estaban tensos.
Poco a poco Atenea y Percy relajaron sus músculos. Se miraron a los ojos. Hubo una especie de conversación silenciosa entre ellos. Ananbeth esperaba su reacción con los labios apretados.
De repente, Percy sonrió y se giró hacia ella.
-Listilla, demasiado tiempo contigo. Eso fue demasiado profundo. -pasó un brazo sobre los hombros de una asombrada Annabeth- ¿por qué no continuamos con el video?
Todos lo demás lo miraron perplejo. Asienten. Lentamente.
Se relajan y Afrodita pone de nuevo play, no sin antes inspeccionar a Atenea lentamente. Parece en shock.
Rea Silvia se carcajea suavemente.
-Pero no puedes, muchacho tonto. Debes regresar a tu nave y reunirte con tus otros amigos ¡Enfrentar a los gigantes! Como aparece en el cuchillo de tu amiga Piper. Annabeth tiene un camino diferente. Ella debe caminar sola.
Atenea bajó la mirada, reflexionando.
Odiaba admitirlo, incluso para sí misma, pero puede que ese chico Jackson (sólo había una pequeña posibilidad) tuviera razón. Sus palabras aún la golpeaban. Los hijos de Atenea caminan solos. Debían hacerlo. Pero… ¿Ellos realmente debían?
Suspiró. Tal vez sus hijos caminaban solos porque… Ella los hacía caminar solos porque… Porque… Ella caminaba sola.
Alzó la mirada, sorprendida por su pequeña revelación.
Frunció el ceño. ¿Tenía acaso algún trauma psicológico? Bueno, difícil no tenerlo con la familia que ella tenía. Ahora tenía que averiguar a qué se debía. Buff… Podrían ser un montón de razones.
Miró a su hija. ¿La habría traumado su búsqueda de la marca? Mordió su labio. Era probable que sí. También observó al chico. Aun la abrazaba, como si ella fuera a esfumarse de sus brazos en cualquier momento. El chico ni siquiera parecía darse cuenta. Atenea se preguntó si tener lejos a Annabeth, temiendo que muriera, lo habría afectado al punto del trauma. Después de todo… ¿No se suponía que su hija era la razón de estar anclar al mundo de ese chico?
Pero… Atenea intuía que era otra cosa. Tal vez no lejos, pero sí en constante peligro…
Ahogó una exclamación. ¡Claro! Ellos habían estado en el Tártaro. El chico había perdido la memoria y había sido apartado de ella. Habían vivido un montón de situaciones peligrosas juntos.
Atenea descubrió el miedo del chico. Perder a sus seres queridos. Perder a Annabeth.
Por mucho que odiara admitirlo… Aquel chico, Percy Jackson, se quedaría al lado de su hija, pasara lo que pasara.
Suspiró, mientras seguía viendo el video. ¿Por qué la Parcas habrían aceptado la petición de Afrodirta? ¿Sería para… Que Atenea aceptara eso? Posiblemente. Y Atenea sabía que ahora lo aceptaba, lo permitía. Las Parcas habían cumplido uno de sus cometidos.
-De hecho -afirma Tiberino- Annabeth debe enfrentarse al guardián del santuario por sí misma. Es la única manera. Y Percy Jackson, tiene menos tiempo para rescatar a su amigo en el frasco. Debes darte prisa.
Parece como si a Percy acabaran de darle un golpe en el estómago y le hubiesen sacado todo el aire.
-Pero...
-Está bien, Percy -Annabeth aprieta su mano- tengo que hacer esto.
Percy parece a punto de protestar airadamente, pero la mirada de ella lo detiene. Tienen una especie de silenciosa discusión que no todos llegan a comprender. Ambos le suplican al otro. Ambos le exigen al otro. Y al final, ambos parecen algo desesperanzados.
-Tienes razón -Percy fuerza notoriamente las palabras fuera de su boca- ten cuidado.
Se miran como si se estuvieran despidiendo de una parte de sí mismos. Rea Silvia, casi ignorante de esto, suelta una risita, como si el comentario fuese de lo más tonto.
-¿Cuidado? ¡Claro que sí! Bueno, así debe ser. Vamos, Annabeth, querida. Te mostraremos donde inicia tu camino. Después, estarás sola.
-No es muy alentadora -susurró con algo de congoja, Apolo- si vas a empezar una misión de la que nadie ha salido con vida, apartándote posiblemente para siempre del amor de tu vida, de menos podría ser algo más... Suave.
-De acuerdo contigo, hermano -le susurró en respuesta Hermes.
Annabeth abraza a Percy y lo besa. Busca algo más que decir, vacilando. Se muerde el labio, se echa la mochila al hombro y los dos intercambian una última mirada. Percy le está pidiendo que tenga cuidado. Annabeth le dice adiós.
Ella sube a la parte de atrás de la moto.
Mientras está arranca, Percy cierra sus manos en puños sobre el mantel de la mesa. Casi parece que va a salir corriendo tras la vespa, pero frunce el ceño y se queda usualmente quieto. Gruñe algo.
Se queda mirando el rastro de la moto hasta mucho después de que Gregory Peck, Audrey Hepburn y Annabeth hayan desaparecido por el horizonte.
-Lo odié como no tienes idea -dijo Percy al aire, pero dirigiéndose al Annabeth- hubiese preferido hacer cualquier otra cosa a verte partir sentado en esa silla. -él apretó los dientes- cualquier otra cosa...
Ella lo besó.
-Estamos juntos -le susurró- estamos bien.
Percy le sonrió y la besó de vuelta. Awwwwws de Piper y Afrodita corearon la sala.
-Bueno, me parece que este es el último. ¡Corre video! -chilló Afrodita entusiasmada.
Una caverna se derrumba.
Al principio no se ve muy bien que rayos pasa. Un barco volador entra a la caverna. Hay una lluvia de carros. Hay una estatua gigante, también.
Ya. Lo normal.
Lo que es raro es el juguete de trampas chinas más grande del mundo. Está hecho de un raro hilo blanco, casi brilloso. Se retuerce, como si estuviese vivo. Unas cosas largas y negras sobresalen de un lado.
Atenea reconoce el hilo. Reconoce la estatua. Palidece. Annabeth reconoce la cueva, y a sí misma. Palidece. Los tripulantes del Argo II reconocen su barco. Palidecen. Bueno... Excepto Percy. Él se puso de un tono más bien grisáceo/verdoso, pero... Sigamos.
Al pie de la estatua gigante yace Annabeth, con la mirada asustada, sucia, el cabello revuelto y una rara mezcla de papel de burbujas, tablas y de ese hilo brillante en el tobillo.
La luz del sol inunda la caverna. En la barandilla del barco, la cara preocupada de Percy se asoma del borde tal vez un poco más de lo que es seguro. Grita el nombre de Annabeth. Ella le responde con un lastimoso quejido, mientras se levanta con algo de dificultad. Mira la brillante sonrisa de Percy y se relaja un poco.
Luego mira hacia atrás.
Un carro azul acaba de caer, llevándose consigo las esposas chinas y un grito atemorizante provenido de este, hacia un hoyo, grande, negro, siniestro y sin fondo. Annabeth mira en shock por donde las esposas chinas acaban de caer, acercándose al borde. Sus ojos no tienen brillo. Casi parecen muertos. No como como cuando vieron a Percy.
El Argo II se detiene a unos cuarenta pies del suelo. Percy prácticamente se salta la escalera (recibe varias miradas reprobatorias y preocupadas por eso) y corre a toda velocidad hacia Annabeth, que sigue mirando el vacío peligrosamente cerca del borde.
Toma sus manos, la gira suavemente lejos del abismo y la envuelve en sus brazos, quizá algo posesivamente. Annabeth parece estar bien con eso. Se aferra a Percy y rompe a llorar sobre su pecho a lágrima viva.
-Está bien -le susurra Percy- estamos juntos.
Ella se abraza más fuerte a él, y apenas si asiente, sollozando. Percy le da suaves y cariñosas palmaditas en la cabeza, pero ella no se da cuenta.
Los demás llegan junto a ellos. Nico, Piper, Hazel, Leo, Frank y Jason miran con preocupación a Annabeth y Piper se acerca más.
-Tu pierna -dice, arrodillada a su lado, examinando el papel de burbujas, telarañas y tablas- oh, Annabeth, ¿qué paso?
Ella suspira y comienza a explicar. Cuenta todo lo que pasó, su misión para encontrar la Marca de Atenea desde que dejó a Percy. Todos la miran con la expresión holgada de asombro (en la sala y en el video)
Los semidioses la felicitan, aún asombrados para después mirar la estatua. Deciden que deben llevarla con ellos a Grecia, y discuten un poco sobre donde la pondrán (es que la estatua es enorme).
Luego, Annabeth pregunta sobre lo que les pasó a ellos. Cuentan sobre cómo rescataron a Nico, Percy y Jason lucharon contra los gigantes en el coliseo y demás. Los dioses en la sala los miran con asombro. La mirada de Nico luce sombría cuando Percy explica la siguiente fase de su misión. La Casa de Hades.
La cámara parece enfriarse, porque los mestizos sufren un escalofrío. Para cerrar las puertas de la muerte debe ser por dos lados. El lado más accesible es Epiro. El otro es el Tártaro.
El hoyo por donde el carro cayó luce más siniestro, y los dioses se dan cuenta de que es una entrada directa hacia ese lugar. Apolo tiene un horrible presentimiento, y siente que ya sabe qué es lo que va a pasar. Y no le agrada.
La cámara cruje. La Atenea Partenos se inclina. Annabeth del video y Atenea se ponen casi verdes. Los chicos corren a asegurar la estatua y subirla al barco.
Frank se convierte en un águila y lleva a Leo hasta la nave. Jason coge a Piper de la cintura y se la lleva volando.
-Ok, tiempo fuera -Démeter hace un gesto con las manos- Tú -señala a Frank- Eras un águila. Y tú -señala a Json- Volaste. ¿O alucino?
Leo quería hacerle una broma, diciendo que sí, alucinaba, pero Jason habló antes de que pudiera hacerlo.
-Ehm… No, señora Démeter. De verdad pasó. -Jason miró a los otros semidioses buscando apoyo, pero todos voltearon la cabeza. Ah, traidores…- Yo soy Jason Grace, hijo de Júpiter, y por eso puedo volar.
Segundos de silencio. Luego, gritos asesinos.
-¡¡DOS HIJOS!! ¡¡DOS!! ¡¡¡Y CON LA MISMA MORTAL!!! ¡¡ZEUS, NO TE LO PERDONARÉ!!
Hera parecía indecisa sobre quién matar primero. A Jason o a Zeus. Parecía que a Zeus. Thalia se acercó protectoramente a Jason mirando a Hera con el ceño fruncido. Todos los semidioses se acercaron también.
Zeus pedía ayuda con los ojos, pero los dioses hacían como que la virgen les hablaba. Poseidón murmuraba con Hdes.
-Se lo tiene bien merecido.
-Cuando él no sólo rompería el juramento, también lo haría dos veces…
-Bueno, pero yo quiero saber por qué se convirtió en águila -interrumpió Démeter el cuchicheo.
Frank suspiró.
-Ah… Bueno, soy Frank Zhang, hijo de… -suspiró- Marte.
Ares miró con incredulidad a Frank. ¿Él? ¿Su hijo? Bueno, era grande y parecía intimidatorio… Fuerte, también, pero era tan… Calmado… Y amoroso con esa chica… ¿Realmente era su hijo? Además, ¿no se había transformado en un animal? Tal vez ese chico tenía sangre de Pilos, la maldición del Argonauta.
Lo miró analíticamente, como miraba a sus enemigos... Si... Puede que ese chico no fuera tan malo...
La cueva tiembla de nuevo. Todos tienen un mal presentimiento.
Hazel les dice que deben subir por escalera, que el suelo no durará mucho más. La tierra cruje. Percy abraza a Annabeth, mirando el borde del hoyo con preocupación.
Los demás aseguran la estatua, lanzando cuerdas, volando y gritando órdenes.
Cuando Nico llega a la escalera, Annabeth tropieza repentinamente. Jadea de dolor y Percy la mira preocupado.
-¿Qué pasa?
Ella intenta llegar a la escalera, pero es jalada hacia atrás. Se estampa contra el suelo con un golpe sordo.
-Su tobillo -grita Hazel desde la escalera- ¡Córtalo! ¡Córtalo!
La duda y la confusión se refleja en los rostros de ambos. ¿Cortar su... Tobillo? Los dioses miran algo raro a Hazel. Entonces Annabeth es jalada bruscamente hacia la fosa. Percy se abalanza hacia delante, y el impulso lo arrastra a él también.
La tela que está alrededor de él tobillo de Annabeth la está jalando. Todos se dan cuenta horrorizados.
Hazel grita e intenta desenredar su espada de la red de la escalera. Nico corre torpemente tras ellos. Annabeth gime de dolor cuando sus piernas tocan el borde y la mitad de su cuerpo cae. Los gritos de auxilio se pierden en el griterío general. Percy intenta llegar a su espada, pero no puede hacerlo sin soltar a Annabeth. Incluso si alguien los escuchara, es demasiado tarde. Ambos caen dentro.
El cuerpo de Annabeth golpea contra una de las paredes. Cierra los ojos, posiblemente desmayada. Percy, que aún agarra su brazo, logra apoderarse de un repisa en el foso a unos quince metros de la superficie. Sus dedos sangran. Es increíble que pueda sostener el cuerpo de los dos. Pero no durará mucho tiempo.
Annabeth abre los ojos. El pozo se estremece. Una voz susurrante y siniestra dice algo, pero nadie la escucha salvo Annabeth y la gente en la sala.
"No hay escape. Voy al Tártaro, y tú vendrás conmigo"
Nico se inclina en el borde con la cara descompuesta. Alarga la mano, pero es inútil. Está demasiado lejos.
Hazel grita desesperada, pero nadie la escucha en el estruendo general. La sala está en tensión y nadie se atreve a decir una palabra. Se escuchan unos sollozos. Apolo mira con horror el video. Era exactamente igual a la visión que había tenido antes de comenzar la lectura. Ellos dos iban a caer al Tártaro.
-Percy, déjame ir -gruñe Annabeth con voz ronca, jadeando por el dolor- no puedes tirar de mi hacia arriba.
Percy tiene el rostro pálido por el esfuerzo. Se nota en sus ojos que sabe que es inútil.
-Nunca -mira hacia arriba, directo a los ojos de Nico- ¡el otro lado, Nico! Nos vemos allí, ¿entiendes?
Nico abre los ojos desmesuradamente, con pánico y preocupación.
-Pero...
-¡Guíalos allá! -grita él- ¡Prométemelo!
-Y-yo lo haré.
-No van a...
-¡No pueden...!
-Ellos...
-Caerán.
"Sacrificios -susurra deleitada la misma voz siniestra- hermosos sacrificios para despertar a la diosa"
Percy mira a Annabeth de nuevo. Tiene los ojos cristalizados, por el esfuerzo o por lágrimas de dolor. La sangre de sus dedos llega a sus brazos y cae en su cara. Annabeth lo mira como si fuese lo más hermoso que ha visto, también con los ojos cristalizados.
-Nos vamos a quedar juntos -promete Percy- no te separarás de mí. Nunca más.
Annabeth lo comprende. Una lágrima cae sin que se de cuenta, confundiéndose en su cabello y la suciedad de su rostro.
-Siempre y cuando estemos juntos. -susurra ella.
Aún se oyen los gritos de Hazel y Nico. Aún se ve la luz del sol. Pero son esperanzas inútiles. Los dos lo saben.
Él suelta el borde. Todos jadean. Y Percy Jackson y Annabeth Chase se pierden en la obscuridad.
Sólo se escuchan algunos sollozos ahogados.
Posidón y Atenea, los rostros más descompuestos, miran a sus hijos, sin aliento. Ellos ya sabían que Percy y Annabeth caían, pero verlo no era menos impactante. Incluso los semidioses estaban un poco shockeados, reviviendo el momento en sus cabezas.
Los dioses mostraban distintas fases de asombro. Zeus, Hera y Dionisio intentaban no mostrar demasiado su asombro e incredulidad, así que se fingían indiferentes (no, no lo lograban. Sobre todo Dionisio). Hades, con una calculadora y preocupaba mirada inspeccionaba a los dos semidioses desde lejos. ¿Ambos habían salido? ¿Con vida? ¿Cómo, en el nombre de todo lo santo lo habían logrado? Hades estaba… impactado. Y admirado. Y con una explosión nivel dios en la cabeza.
Démeter, Apolo, Hermes, Hefesto y Artemisa estaban muy shockeados. Ninguno esperaba que sucediera de esa manera. Hasta cierto punto, casi habían olvidado que aquellos dos chicos habían salido del Tártaro. (Bueno, Apolo no lo había olvidado, pero seguía siendo conmocionante y algo traumático) Intercalaban miradas de lástima y miradas de asombro.
Ares veía con renovado respeto al chico de Poseidón y evaluó a la hija de Atenea. Ambos parecían guerreros, y tenían un aura de lucha poderosa. Aun así… ¿Eran lo suficientemente fuertes para sobrevivir al Tártaro? Ares quería ver eso. De repente, leer ese libro estúpido no parecía tan aburrido.
Afrodita no sabía si reír o llorar. Parecía que hacía las dos cosas al mismo tiempo.
No es que ella fuera insensible ¡Dioses, no! Pero… ella amaba, realmente AMABA las historias de amor trágico. Ella VIVÍA para eso. Después de todo, la antigua Grecia no estuvo plagada de historias de amor trágico por nada.
Obviamente, estaba… ah, bueno, ok, lo confesaba, estaba… SÚPER FELIZ. Ya, lo había dicho (o pensado, lo que sea). La historia de esos dos era TAN HERMOSA. Y además… ¿acaso no habían sobrevivido? ¿Por qué tanta cara larga?
Otra parte de ella (su parte sensible, empática, cariñosa y acogedora) se lamentaba por su suerte. ¿Habían vivido tantas cosas, superado tantos obstáculos para que al final terminaran cayendo al abismo (literalmente)? ¿Quién rayos era así de cruel? Ni ella misma podría ser tan retorcida. No de ESA forma.
No se decidía sobre estar feliz o triste. Por un lado, una jugosa historia de amor, que prometía fangirleos, lágrimas, y mucho amor… ¿A quién engañaba? ¡Claro que se quedaba con la historia de amor! VIVIRÍA PARA VER A ESOS DOS JUNTOS PASARA LO QUE PASARA. Se lo prometió a sí misma. Bendijo a esos chicos. Y se puso a fangirlear.
Hestia miraba el fuego seriamente. MUY seriamente. Sólo no podía procesarlo.
Sabía que los dos caían al Tártaro. Sabía que habían sobrevivido. Pero eso no lo había hecho menos… sobrecogedor. Ella NUNCA en su vida inmortal había estado en el Tártaro. No andaba para esas andas. Ella era una diosa pacífica. No peleas. No misiones imposibles. No vida loca. Hestia estaba bien con eso. Acogía y cuidaba semidioses porque sentía que ellos necesitaban más tranquilidad en su complicada vida. Pero… ¿ESO? ¡ESO ERA PASARSE! Es que… ¡¿EL TÁRTARO?! ¡¿CÓMO PODÍA SER POSIBLE?! ¡ERA TAN INJUSTO QUE… QUE…!
Hestia no hacía esto casi nunca, pero decidió que esta era una buena ocasión. Bendijo a esos dos chicos. No es que su bendición fuera gran cosa. No había rayos láser ni poderes súper increíbles. Pero aseguraba un final feliz. Aseguraba la felicidad de volver a un hogar en donde se podían sentir seguros. Incluso si no era mucho, se los deseó con todas sus fuerzas. (Que los dioses tinen mucha fuerza, para que sepan).
No se notó ningún cambio. Al menos no visible. Hestia sabía que nadie aparte de ellos podría saberlo. Y rezó en silencio.
Percy y Annabeth. Ellos no sabían bien que hacer. ¿Hacían como si nada? ¿Reían? ¿Lloraban?
El Tártaro no había sido lindo. Cargarían con el trauma de ese lugar durante toda su vida. Tendrían pesadillas todas las noches. Sufrirían. Pero sabían que el otro siempre estaría a su lado. Para reír o llorar. Para cuidarse las espaldas. Habían aprendido eso en el Tártaro.
No lo consideraban una buena experiencia (PARA NADA) pero habían aprendido varias cosas sobre lo que realmente importaba en ese lugar. Cosas como la amistad o el amor o estar apartados por cosas estúpidas. Cosas como saber que nunca estarían solos.
(Aun así, preferirían no haber pisado nunca ese sitio.)
Se tomaron de las manos, se miraron y asintieron. Leer ese libro no sería fácil. Pero lo harían juntos. Siempre estarían juntos.
El rato de silencio y meditación, aunque halla parecido mucho, no fue demasiado. Todos levantaron la vista, se encendió la luz y el proyector y el libro apareció donde este estaba.
Algunos tragaron saliva, otros miraron con inquietud el libro, algunos con interés mal disimulado y otros sólo lo miraron, apretando más fuerte la mano del otro.
-Después de este largo paréntesis -tronó Zeus luego de mirar a Afrodita con molestia- es hora de seguir con ese estúpido libro. ¿Quién lo toma?
Al ver que nadie decía nada, ella decidió arriesgarse.
-Huh… yo lo haré. Ya quiero saber que pasa luego.
Démeter se adelantó y tomó el libro. Carraspeó y buscó la página donde se habían quedado. Todos parecían más atentos que antes a la lectura. Todos querían saber.
-Eh… Hazel III.
Y así, continuó la lectura de La Casa de Hades.
Les debo mis libros de Percy Jackson ;-;
Inhalación profunda
Estuve a un pelo de rana calva de escribir una disculpa de diez hojas sobre lo mucho que lo siento, y sobre lo que me pasó y sobre otros asuntos que estoy segura ustedes dirían: "¡¿Y ESO A MÍ QUÉ?!"
Así que trataré ser breve.
¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡LO SIENTOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!!!!!!!!!
Son libres de odiarme si lo desean. Pueden empezar una caza de Pamelas y lincharme por tardar tanto. ¿Pueden? -Suspiro- Sí, si pueden
CINCO JODIDOS MESES. CINCO JODIDOS MESES. ¡¡¡¡¡CINCO JODIDOS MESES!!!!! (Por si no quedó claro)
Espero que no se halla sentido tan largo para ustedes como se sintió para mí. EN SERIO lo espero.
Intenté disculparme escribiendo un súper-mega-ultra-largo capítulo. Esto sería como… el equivalente de dos o tres capítulos "normales". 22 733 palabras, 52 hojas de Word, de pura historia. Es el capítulo más largo que he escrito en mi vida. (Y el más difícil de escribir) Así que DE MENOS debe llevarte haber leído… una hora todo eso. (Si no, realmente lees rápido, mi amigo. O tienes poderes de súper visión o qué sé yo)
Bien. No me pondré a hablar de eso, que si no, no termino. Me voy por las ramas.
Ok. Cosa número dos.
Si no se cansaron de mí y me odian y no han aventado el computador al otro lado de la sala gritando: ¡¡MALDITA SEAS!!... Les escribí unas disculpas.
No son gran cosa. Tres páginas de Percabeth concentrado con algo de dramatismo y dos cucharadas de azúcar. Lo normal.
Llevo dos, pero seguiré subiendo conforme me vaya disculpado con ustedes. Sólo son viñetas, pero creo que una buena disculpa por no escribir, es seguir escribiendo. Así, los hartaré de palabras y dominaré el mundo MUAJAJAJAJAJA… (okno)
Ya. En serio. Lo siento. No creo que nunca termine de disculparme. LO SIENTO.
Yo sé que a ustedes no les basta, pero ñe˜
Cosa tres.
Creo que fui algo OoC. (Ósea que me salí de la personalidad de los personajes) Las partes que leía de nuevo para corregir y eso, a veces me sabían raro, como: "No, eso no es algo que Annabeth diría. No, creo que Percy no haría eso. Leo no es tan así. Jason dijo algo que no tiene nada que ver con él. Piper no se volvería loca de esa manera. Hazel no dramatiza tanto. Afrodita no es tan loca. ¿O sí?"
Chicos, discúlpenme. No soy Rick. Oh, ¿A penas te das cuenta? -Zapato volador- ah, continúaAsí que no puedo escribirlo PERFECTO. Pero apreciaría mucho si me dijeran donde puedo mejorar, y donde soy demasiado… eh… no sé. ¡Valoro mucho su opinión! Esto es para escribir cada vez mejor, y que tanto ustedes como yo lo disfrutemos más :3
Cosa cuatro.
Creo que a veces se me iba la mano con lo romántico. Espero no haber hecho vomitar arcoíris a nadie.
Intenté aliviarlo con algo de humor, pero me temo que no soy experta en eso. No soy Rick para andarles sacando carcajadas cada dos por tres, pero lo intenté con ganas (¿)
Y ya. Creo que es… ¡Oh, no, aún no!
Me gustaría dedicar este capítulo a todas esas personas que han comentado esta historia. Es increíble para mí que con solo tres capítulos ya tenga 48 comentarios. Son increíbles. Abrazos muy fuertes y besos muy babosos para todos ustedes. ¿Qué no quieres? ¡Claro que sí! Ven acá que tía Pame te apapachará mucho (¿)
Saludos especiales para AofM, que también acaba de volver después de una larga ausencia. ¡¡¡TE EXTRAÑÉ MUCHO!!!
También un saludo especial para mi queridísima Rach. Es tu idea, guapa. Espero de todo corazón que te haya gustado de menos un poquito. Ya no puse el momento de la plática de Annabeth con Afrodita, pero te prometo que lo mencionaré luego. No me mates, sabes que te amo (¿)
También un saludo para María69. Tus comentarios siempre me hacen sonreír. Eres la mejor beso especial
Ahora sí, ya. (Y yo que quería ser breve xD) Es todo. Subiré la próxima disculpa en máximo una hora, así que espérenla.
LO SIENTO!!!!!!!!!!!!!!!
Nos leemos!!!!!
Responderé los comentarios que me faltan enseguida. ¡No crean que me había olvidado de ustedes! Aun así, lo siento mucho :/
¡No se preocupen, nunca dejaré un comentario sin responder, aunque tarde años!
¡¡BESOS!!