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Song of the north. — capítulo 13

Le miré unos segundos antes de que volviera a levantarse para tratar de seguir luchando. Pero no pudo avanzar ni si quiera un par de pasos hasta que la tercera flecha le impactara en el pecho de nuevo.

Yo no sabía que hacer. No tenía ni un ápice de fuerza más en todo el cuerpo, pero tenía que sacar de allí a los medianos y ponerlos a salvo. Aunque tampoco quería dejar a Boromir allí.

Noté como una lágrima me rodaba por la mejilla y me la aparté rápidamente antes de darme la vuelta para volver a intentar poner a Merry y Pippin a salvo.

Pero el tiempo que habíamos pasado allí había propiciado la llegada de más orcos, los cuales nos tenían totalmente rodeados.

Uno de ellos se echó sobre mí, y yo a penas tenía fuerza para sostener la espada, y mucho menos para detener todos los golpes que provenían de un mostrenco enorme que me doblaba en peso y altura.

Me golpeó en la cara con el puño y eso me hizo caer al suelo.

¿Iba a detenerse ahí? Por supuesto que no.

Me agarró del pelo y me lanzó contra uno de los árboles cercanos haciendo que mi espalda chocara con el tronco de este, y una vez en el suelo, me propinó un par de par de patadas repartidas por el estómago y las costillas.

No, no iba a moverme del suelo. Eso había quedado más que claro.

Pero entonces Merry y Pippin se lanzaron sobre el orco tratando de ayudarme, aunque al hacerlo, les cogieron a ambos y comenzaron a llevárselos.

Yo traté de ponerme en pie con todas mis fuerzas, pero me fue totalmente imposible.

Una vez que tuvieron a los medianos en su poder, dejaron de prestarnos atención a mí y a Boromir que yacía en el suelo aún agonizante.

Los orcos emprendieron la marcha alejándose del lugar; todos excepto el arquero que había disparado contra Boromir, que ahora se acercaba hasta él, espada en mano, para terminar el trabajo.

Alzó la espada por encima de su cabeza dispuesto a rematar a Boromir de una vez por todas, cuando Aragorn se abalanzó sobre él.

Yo aproveché para arrastrarme junto al hijo del senescal con la esperanza de poder hacer algo para ayudarle. Aunque en el fondo sabía que poco iba a ser capaz de hacer.

-Boromir, eh, mírame.

-¿Es...estás bien...?- dijo con un hilo de voz.

Asentí a pesar de que se me había abierto la herida del hombro, y de que gracias a ello llevaba desangrándome lentamente cerca de una hora, y de que sin duda tendría varias costillas rozando el límite que separa la magulladura de la rotura.

-¿Dónde...dónde están los medianos?

Agaché la cabeza levemente.

-Se los han llevado...

Le escuché suspirar débilmente.

-Pero te prometo que los encontraré. Aunque me cueste la vida- dije al mismo tiempo que un par de lágrimas rodaban por mis mejillas.

Él sonrió levemente.

-Sé que lo harás. Eres más fuerte que cualquiera de nosotros.

Agaché la cabeza.

Legolas y Gimli llegaron junto a nosotros y me levantaron del suelo. Fue en ese momento cuando pude ver que Aragorn había acabado con orco que disparó a Boromir.

Me llevaron junto a uno de los árboles cercanos y me ayudaron a sentarme.

Aragorn se arrodilló al lado de Boromir, pero estaba lejos de ellos como para oír lo que decían.

Sé que Legolas me estaba hablando, pero no podía oír absolutamente nada de lo que me decía. Solo podía mirar a Boromir y ver como cada vez le costaba más respirar. Hasta que cerró los ojos y su respiración cesó por completo.

-¡Radhia!

Volví de mi ensimismamiento y clavé los ojos en el elfo que estaba arrodillado a mi lado.

-¿Estás bien? ¿Estás herida?

Negué con la cabeza.

-¿Y esa sangre?

-Los puntos han cedido- dije con la vista perdida en ninguna parte.

Me ayudó a ponerme en pie a la vez que Gimli rompía un trozo de su capa y le pasaba la tela a Legolas.

El elfo me vendó el hombro para que la herida dejara de sangrar.

-Es culpa mía...- dije sin apartar la vista del cuerpo de Boromir.

-Radhia...- dijo Aragorn acercándose a mí.

-Es la verdad...- respondí mientras se me escapaban un par de lágrimas de los ojos- La flecha iba para mí. Él me apartó... ¡Yo debería ser la que yace muerta en el suelo y no él!- dije rompiendo a llorar.

Legolas me abrazó y yo terminé de derrumbarme en sus brazos.

Nunca debía abandonar Kattegat, no era lo suficientemente fuerte para soportar esto.

-Todos cuidamos de todos Radhia. Esto no es culpa tuya.

Llevamos el cuerpo de Boromir de vuelta hasta la orilla, donde habíamos amarrado las balsas, y lo colocamos en una junto a su espada y su escudo para después echarlo al río.

Nos quedamos mirando la balsa hasta que esta llegó al final de río, y desapareció entre la bruma de la catarata.

La cosa no podía ir a mejor.

Boromir había caído, Merry y Pippin habían sido secuestrados por una orda de orcos al servicio de Saruman y Frodo y Sam habían decidido partir solos hacia Mordor.

-Aún podemos alcanzar a Frodo si nos damos prisa- apostilló Gimli rompiendo el silencio que se había cernido sobre nosotros.

Aragorn nos miró en silencio durante unos segundos.

-No piensas seguirle- respondí al fijarme en la mirada del montaraz.

-Frodo y su destino ya no son asunto nuestro- dijo con gran pesar.

-Entonces todo ha sido en vano- respondió Gimli con desanimo- La compañía a fracasado.

Agaché la cabeza.

No sé si la compañía habría fracasado o no, pero yo desde luego si. No solo no había sido capaz de proteger a los medianos, si no que Boromir había muerto recibiendo una flecha que debió ser para mí. Era culpa mía. Mía y solo mía. 

-La compañía no fracasará si nosotros seguimos juntos- dijo Aragorn finalmente.

Le miré.

-No abandonaremos a Merry y a Pippin al tormento y a la muerte. No mientras nos queden fuerzas.

Nos miramos entre todos. No hizo falta decir nada, nuestras miradas lo decían todo. Gastaríamos hasta nuestro último aliento en rescatar a los hobbits. Yo al menos lo haría. Por ellos, y por Boromir. Se lo debía.

-Dejad todo lo que no sea indispensable- dijo Aragorn recogiendo su espada del suelo- Vamos a cazar orcos.