Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Song of the north. · de

Song of the north. — capítulo 12

Traté de ponerme en pie lo más rápido que pude, aunque no fue lo suficientemente rápido como para impedir que Boromir se hubiera echado ya encima de Frodo.

Estaban forcejeando en el suelo, cuando Frodo desapareció al ponerse el anillo, y yo aproveché la confusión de Boromir para acercarme, tirar de su capa y retenerle contra un árbol, espada en mano.

Boromir trató de levantarse, pero antes de que pudiera si quiera amagar, le di una patada en el pecho para que volviera a sentarse, lo cual hizo que se golpeara ligeramente la cabeza.

Pero el golpearse parece ser que le hizo recobrar la lucidez.

-¿Radhia? ¿Qué te ha pasado en el hombro?- dijo al ver que me había vuelto a sangrar.

Se puso en pie y yo retrocedí un par de pasos.

-¿Dónde...dónde esta Frodo?

Dio un par de pasos al frente y parece que empezó a recordar.

-Dios mío...¿qué he hecho...?

-No...no eras tú- dije aún no muy convencida de que no fuera a volver a golpearme.

Me miró el hombro.

-¿Te lo he hecho yo?

Aparté la vista.

-Dios mío...lo siento Radhia, lo siento mucho.

-No te preocupes- dije a la vez que bajaba la espada- tenemos que encontrar a Frodo, es nuestra prioridad ahora.

Él asintió.

Empecé a mirar a mi al rededor para ver si encontraba algo que me hiciera saber por donde había ido. Alguna huella, algún hueco en las hojas del bosque, pero no vi nada.

-Radhia.

Alcé la vista.

-Creo que tendremos que posponer lo de buscar a Frodo.

-Ti...tienes razón...

Había unos doce orcos que estaban parados en frente de nosotros.

-¿Qué tal tu hombro?

-Perfectamente- dije cogiendo la otra espada de la funda de la espalda.

-¿Seis y seis?

-Que empiece la fiesta.

Los orcos se abalanzaron sobre nosotros con la misma fuerza con la que una ola rompe en la playa.

Teníamos todas las de perder y morir allí, pero conseguimos sacar fuerzas de flaqueza y conseguir acabar con todos y cada uno de los orcos. Aunque no sé cuanto tiempo más aguantaría mi hombro.

Entonces oímos gritar a Merry y Pippin.

-¿Segundo asalto?- dijo Boromir recobrando el aliento.

Cogí aire.

-Podría estar así todo el día- respondí con la respiración entrecortada.

-Pues a por ello.

Empezamos a correr en dirección a los gritos de los medianos, y enseguida vimos que estaban tan asustados porque había varios orcos tras ellos.

Los medianos estaban a punto de recibir un espadazo por parte de uno de los orcos cuando yo les empujé para apartarles de la trayectoria y Boromir paraba el golpe para que no me cortaran por la mitad.

-Nunca me había alegrado tanto de ver a alguien- dijo Merry sonriéndome.

-Ya nos lo agradeceréis si salimos vivos de esta- dije mientras nos poníamos en pie. 

Uno de los orcos se abalanzó sobre mí con un hacha en la mano, pero conseguí bloquear el golpe con la ayuda de las dos espadas, y mientras sujetaba el hacha con una, le hundía la otra en el pecho.

Noté una punzada en el hombro y las piernas me fallaron momentáneamente.

-Son demasiados, y yo no sé cuanto más podré aguantar- dijo recobrando el aliento.

-Hay que perderlos- dijo Boromir agarrándome del brazo mientras tiraba de mí para empezar a correr.

Llevaba un cuerno colgado del cuello, el cual hizo sonar para que el resto pudiera encontrarnos.

Corrimos varios metros tratando de perder a algunos de los orcos, pero el sonido del cuerno había alertado de nuestra posición a muchos más.

Uno de ellos trató de alcanzar a los medianos, pero conseguí cortarle el paso y hundirle una de las espadas en el estómago.

Notaba como la sangre caliente me corría desde la herida del hombro y se deslizaba por todo mi brazo hasta la palma de mi mano.

La cosa no podía mejorar más.

Otra oleada de orcos se cernió sobre nosotros.

No sabía cuanto tiempo más íbamos a poder aguantar. Los medianos a penas sabían pelear, aunque eso no les impedía intentarlo con toda la fiereza que cabía en sus cuerpos. Yo tenía las fuerzas mermadas a causa de la maldita herida del hombro, y Boromir estaba exhausto también.

Como el resto de la compañía no nos encontrara pronto, no quedaría nada de nosotros que encontrar. 

Tratamos de hacerle frente a la nueva oleada enemiga como buenamente pudimos, y fuimos capaces de vencer a varios de ellos, aunque para entonces ya no quedaba ni un ápice de fuerza en todo nuestro cuerpo.

Me dejé caer contra uno de los árboles para recobrar el aliento unos segundos, pero ese momento lo aprovechó uno de los orcos para tratar de hundirme la espada en la cabeza.

Suerte que me agaché, haciendo que la espada de este se quedara pillada en el tronco del árbol. Eso me dio tiempo a atravesarle la garganta con la espada. 

-No puedo más...-dije mirando a Boromir sin aire a penas. 

-Venga Radhia, aguanta un poco. 

Cogí aire y volví a abalanzarme sobre otros dos orcos que venían hacia nosotros.

El primero cayó rápido, ya que le rebané el cuello nada más acercarse. El otro fue un poco más complicado. Era bastante corpulento, y todos los golpes que él me asestaba y que yo tenía que detener con la espada eran un dolor increíble para mi hombro.

Al cabo de un forcejeo intenso, conseguí terminar con él.

En ese momento Boromir corrió hacia mí y me empujó lanzándome a varios metros de la posición que estaba ocupando.

Y claro, con tan mala suerte que caí sobre el hombro izquierdo, porque ¿dónde está la gracia si no? Como si no estuviera ya bastante hecha polvo...

Me quedé varios segundos en el suelo hasta que volví a ser capaz de ponerme en pie lentamente.

Y fue entonces cuando lo vi. Vi la razón por la que Boromir me había empujado.

Uno de los orcos había lanzado una flecha que debió ser para mí, pero que en su lugar, le había dado a Boromir en el pecho al apartarme a mí de la trayectoria. 

-No...

Traté de correr hasta él, pero uno de los orcos me cortó el paso empujándome contra uno de los árboles.

Me di con la espalda en el árbol, pero me dio tiempo a alzar mi espada y ensartar en esta al orco que se había abalanzado sobre mí.

Pero durante esos segundos que había perdido, Boromir había recibido un segundo flechazo en el estómago. 

Este cayó de rodillas al suelo y yo corrí hasta él.

-Boromir, mírame venga- dije mientras me arrodillaba a su lado.

Me miró unos segundos en silencio, y después clavó los ojos en mi herida del hombro, ya que la sangre había conseguido ya empapar parte de mi ropa.

-Vete Radhia, coge a los medianos y vete.

-No voy a dejarte aquí- dije notando como los ojos empezaban a llenarse de lágrimas.

Me sonrió. 

-Sálvate tú, y sálvalos a ellos.