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Song of the north. — capítulo 11

Llevábamos varias horas navegando por el río. No sabía muy bien a donde estábamos yendo, pero a decir verdad, tampoco pregunté. Me limitaba a mirar el paisaje en silencio. Seguía algo cansada y me dolía la herida del hombro, pero ya poco podía hacer. Aguantar.

Navegábamos lindando con el bosque, el cual parecía algo intranquilo, y eso no nos tranquilizaba demasiado. Los pájaros parecían bastante nerviosos y ya habían pasado varias bandadas espantadas de entre la espesura de los árboles del bosque. Algo les tenía asustados, y a nosotros también.

Estaba empezando a oscurecer, pero por suerte habíamos llegado ya a una de las orillas del río, donde pudimos para y amarrar las balsas.

Decidimos pasar la noche ahí, ya que seguir por el río cuando no veíamos bien las orillas de este, teniendo en cuenta que había algo esperándonos sin duda, era demasiado peligroso.

Merry y Pippin se durmieron los primeros y Gimli no tardó mucho más. Legolas, Aragorn y Boromir conversaban sentados cerca de las balsas. Sam y Frodo estaban sentados cerca de donde dormía el resto, pegados a la pequeña hoguera que nos mantenía algo calientes, y yo estaba sentada cerca de ellos.

-Debería comer algo señor Frodo- le dijo Sam a su amigo.

-No Sam, no tengo hambre- respondió desganado.

-No ha comido nada en todo el día, ni tampoco ha pegado ojo, no crea que no me he dado cuenta.

-Estoy bien...

-No es verdad- respondí mirándole.

Él me miró y agachó la cabeza.

-Estamos aquí para ayudarle- dijo Sam- Yo...yo le prometí a Gandalf que lo haría.

Frodo alzó la vista para mirar a su amigo.

-Intenta dormir Sam- dijo finalmente.

Él suspiró y después me miró. Yo negué con la cabeza como diciéndole que sería mejor que lo dejara estar por hoy. Asintió y después se fue junto a Merry y Pippin para acostarse.

Yo miré a Frodo unos segundos en silencio y después me levanté y me fui a sentarme junto a la orilla del río.

-Deberías estar dormida.

Alcé la vista levemente. Legolas.

-Debería hacer muchas cosas, pero raramente suelo obedecer- dije volviendo la vista al río.

Se sentó a mi lado.

-Aún nos queda otro tramo del río. Lo recorreremos mañana.

Asentí.

-¿Te encuentras bien?

-Si...es solo que...me preocupa Frodo. Es...demasiado frágil ahora mismo.

-La pérdida de Gandalf nos afectó a todos, sobretodo a él. Y eso, juntado con el peso del anillo, no tiene que ser nada fácil.

-Ya...

Nos quedamos en silencio unos segundos.

-¿Qué tal tu hombro?

-Bien, a penas me duele. Haldir me cosió bien.

No parecía demasiado cómodo hablando del tema de que hubieran disparado y yo no dijera nada. 

-Eh- dije dándole un toquecito en el brazo- No es la primera vez que me da una flecha, y tampoco será la última. No te preocupes tanto.

-Está bien... Pero si que será la última- dijo antes de levantarse.

Sonreí levemente y me puse en pie.

-Ve a dormir un rato, mañana nos espera un largo viaje.

Asentí.

Me fui cerca de la hoguera y me tumbé.

Me quedé un par de segundos mirando el cielo y después cerré los ojos.

Volvimos a las balsas con la primera luz del día. Yo sinceramente, no tenía ni idea de hacia donde estábamos yendo, ni por donde, porque nunca había salido del norte y todo eso era nuevo para mí, así que tendría que conformarme con fiarme de la orientación de Aragorn, que era el que iba primero.

Tras varias horas de incesante mareo en las balsas, llegamos a la orilla que al parecer era nuestro final del viajecito por el río. Menos mal, porque yo estaba empezando a encontrarme francamente mal con tanto balanceo en la maldita balsa.

Salí de la balsa y me alejé del río a paso torpes.

-¿Estás bien?- preguntó Aragorn acercándose a mí.

-Si, si, no soy muy partidaria de los viajes por el agua- dije riendo levemente.

Rió conmigo.

-Bien, este es el plan- dijo Aragorn mientras el resto amarraba las balsas a un tronco que había cerca de la orilla- Cruzaremos el río al anochecer, esconderemos los botes y seguiremos a pie. Abordaremos Mordor por el norte.

-Oh si, muy fácil- dijo Gimli con sorna- Basta con encontrar el modo de atravesar Emyn Muil, un infranqueable laberinto de rocas afiladas como cuchillas. Y después de eso, ¡el camino es aún mejor! Una apestada ciénaga cuyo final la vista no logra alcanzar.

-Si, esa es nuestra ruta- respondió Aragorn.

No pude evitar que se me escapara una risita.

-Te aconsejo que descanses y recuperes fuerzas señor enano- dijo Aragorn yendo a amarrar la última balsa.

-¡Qué recupere...!- dijo Gimli molesto.

-Tranquilo Gimli- dije riendo yendo hacia él- Estaremos bien.

Reí levemente y después fui a ayudar con las balsas.

Legolas y Aragorn estaban hablando. Parecían algo preocupados, así que me quedé detrás de uno de los árboles para tratar de escuchar algo sin que me vieran.

-Hay que partir ya- dijo Legolas nervioso.

-No, los orcos custodian la orilla este. Esperaremos al cobijo de la noche- respondió Aragorn.

-No es la orilla este lo que me preocupa- apostilló el elfo- Se avecina algo, puedo sentirlo.

Genial, no solo teníamos la intención de sitiar Mordor siendo nueve personas, si no que además, estábamos bajo amenaza de los orcos y de vete a saber que más cosas que había por aquel maldito bosque. La cosa no podía mejorar más.

Volví con el resto antes de que me vieran. Gimli seguía refunfuñando mientras Merry, Sam y Pippin recogían algo de leña para encender una hoguera.

Miré a mi alrededor unos segundos.

-¿Dónde está Frodo?- pregunté.

Vi entonces el escudo de Boromir apoyado en uno de los árboles y me temí lo peor.

Me escabullí del resto a través del bosque. No creo que pudieran encontrarme bosque a través. Yo sabía rastrear y ellos no, daría con Boromir y Frodo antes de que ellos dieran conmigo.

Siguiendo las huellas y los rastros de arena y hojas movidas por las pisadas, llegué hasta un pequeño claro del bosque donde había una cabeza de una estatua derruida, y al lado de esta estaban Boromir y Frodo, el cual parecía asustado del hijo del mariscal.

-¿¡Por qué te alejas!? ¡Yo no robo a nadie!- gritó Boromir enfadado.

-¡Eh!- dije mientras corría hacia ellos.

Me coloqué en medio de ambos para que Boromir no pudiera llegar hasta el mediano.

-Este no eres tú- dijo Frodo asustado.

-¿Qué estás haciendo tú aquí?- dijo Boromir mirándome enfadado.

-Impedir que hagas algo de lo que luego te arrepentirás.

-¿Crees que sería capaz de hacerle daño? Que yo sepa sois vosotros los norteños los que tenéis mala reputación- dijo con superioridad.

Suspiré.

Me alteraban demasiado esa clase de estereotipos hacia mi pueblo, pero ahora no era el momento.

-Boromir, vuelve con el resto y olvidaremos lo que ha pasado- dije finalmente.

Clavó la vista en Frodo obviando mi comentario por completo.

-Si el anillo cae en malas manos, estaremos todos perdidos. Dámelo a mí y usaré su poder para acabar con nuestros enemigos de Mordor. 

Frodo se volvió dándole la espalda.

-¡Necio!- gritó Boromir enfadado dando varios pasos hacia delante.

Pero yo estaba en medio, así que no le dejé pasar.

-Boromir, basta.

-Apártate Licari.

-No.

-Está bien- dijo mientras retrocedía un par de pasos.

Pero no iba a rendirse tan fácilmente. Para nada.

Aprovechó para darme un golpe en el hombro herido para quitarme de en medio.

Yo caí al suelo de rodillas con la mano en el hombro a causa del dolor.

-¡Radhia!- gritó el mediano asustado.

-¡Frodo, corre!