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Hermione Black — capítulo 14

El lunes después de clases y antes de empezar su jornada laboral se fue a ver a John Lupin a su despacho.

El hombre lo miro con sorpresa, desde que lo había contratado nunca le había ido a ver.

−Buenas tardes Severus, ¿Qué tal tus clases?

−Muy bien señor, aunque pociones no es defensa contra las artes oscuras, está bastante bien.

John le sonrió. −A mí también me gustaba mucho defensa y aun me gusta lo malo es que para estudiarlas tienes que ser auror y yo no me veía como tal, ¿todo bien en el trabajo?

−Sí señor, he venido porque el sábado Regulus le dijo al señor Black que me vendiera una de sus casas, y yo no tengo 400.000 galeones.

−Poca gente lo tiene.

−Sí y me dijo que le enseñara mis cuadernos de pociones, que usted me las compraría por un buen precio, por eso estoy aquí, para enseñarselos.

Al escuchar eso, el hombre se intereso, siempre buscaba nuevas pociones que ayudara a la gente. −Enséñame tus cuadernos.

−Sí señor. −Y le dio dos cuadernos. −Tengo más, pero de momento solo le he traído estos dos, uno es mío y otro de mi madre.

−¿Cómo se llamaba tu madre?

−Eileen Prince.

−He escuchado hablar un poco de ella, fue una gran pocionista que si hubiera seguido haciéndolas habría revolucionado el mercado de las pociones, primero mirare el libro de tu madre, me interesa bastante. −Y se puso a mirarlo.

John estaba mirando el cuaderno cuando tocaron a la puerta.

−Adelante. −Dijo sin levantar la vista del cuaderno.

La puerta se abrió y entro Orion.

−Hola John.

−Orión no te esperaba, ¿has venido a buscar a Jane?

−Sí, no me gusta que vaya sola estando ya de seis meses. −Y miro a Severus. −Buenas tardes.

−Buenas tardes señor.

−Orión gracias por decirle a Severus que trajera sus cuadernos, acabo de empezar a ver un cuaderno de su madre y ya estoy encantado. −Y dejando el cuaderno miro al chico. −Quiero comprarte las pociones, ¿Qué te parecen 1000 galeones por cada una? Luego según lo que me den por ellas en los diferentes mercados te añadiré una cantidad, puede que por poción te pueda dar hasta 3000 galeones o más.

−Me parece bien. −Y miro a Orión. −Señor Black al final sí que me quedare la casa, pero se la pagare a plazos como me dijo.

−Sin problemas. −Y miro a John. −Sirius me dijo que Severus es el mejor pocionista de su edad y ya sabes como es mi hijo que no acostumbra a hablar tan bien de las personas con las que no se lleva bien. −Y miro a Severus. −Sin ofender.

−No se preocupe señor, a mí tampoco me cae bien su hijo.

Al escuchar eso John se rio y miro a Orión. −Por eso me gusta el chico, porque no le importa que tú seas quien eres, el rey del mundo que Severus es sincero. −Y miro a Severus. −Déjame los cuadernos, en un mes espero tener ya unas cuantas pociones y darte tu primer pago.

−No tengo prisa, señor se que usted recibe inversiones y que se dan buenos beneficios, ¿puedo invertir?

−Puedes hacerlo, ¿quieres invertir?

−Sí señor. −Y saco un bolso. −No es mucho, pero lo quiero hacer, son 200 galeones.

John cogiendo el bolso lo abrió y tras contarlo, le hizo un recibo y tras sellarlo se lo dio. −Es un recibo para que sepas lo que me has dado en seis meses o si quieres mas en un año podrás venir a buscar los beneficios, y no te preocupes por los 200 galeones puedes conseguir bastante dinero.

−Gracias señor, ya me voy tengo que trabajar. −Y guardándose su recibo se despidió y se fue.

Cuando los adultos se quedaron solos Orión miro a John. −¿Sus pociones son muy buenas?

−Increíbles, nunca he visto de tan bien hechas, creo que ese chico llegara muy lejos en el mundo de las pociones, lo malo es que le gustan las defensas.

Orión se rió al escuchar la voz que su amigo puso de pena.− Todos preferimos las defensas, cuida a Severus, Regulus me dijo que quiso hacerse mortifago pero que él lo convenció para que al final no lo hiciera.

−Lo tendré vigilado.

−Gracias, ahora me voy, tengo que ir a buscar a Jane, no la quiero hacer esperar, nos vemos.

−Sí. −Y viendo como su amigo se iba, volvió al cuaderno de Eileen para seguir mirándolo.

El tiempo fue pasando y pronto estaban ya en verano, a Jane ya le quedaba poco para dar a luz, así que se pasaba muchas horas descansando y Andrómeda había conseguido quedarse embarazada gracias a las pociones de la fábrica Lupin.

Ese día Charlus llegaba a su casa después de un largo día trabajando en el ministerio, al entrar vio todas las luces apagadas, cosa extraña porque a esa hora Dorea tenía que estar esperándolo, cogiendo la varita comprobó toda la casa y no encontró rastro de su mujer hasta que llego a la habitación de matrimonio, donde la encontró durmiendo.

−Dorea. −El hombre encendiendo las luces se acerco a la cama e intento despertarla pero por más que la movía, no se despertaba, así que tocándole la cara vio que estaba ardiendo de fiebre, esa misma le había dicho que no se encontraba muy bien, pero le había asegurado de que no era nada grave, que descansaría un rato, pero por lo que podía ver ahora estaba peor, asustado como nunca lo había estado la cogió en brazos y la llevo a san mungo y allí un sanador se hizo cargo de la paciente.

Un par de horas después, la familia estaba esperando noticias de Dorea, nada más dejar a su mujer con el sanador había llamado a los primos de su mujer y a su hijo.

Cuando el sanador llego supieron que no había buenas noticias.

−¿Cómo se encuentra mi madre? −Le pregunto James.

−Lo siento, la señora Potter tiene la viruela de dragón.

Al escuchar eso, muchos se desmoronaron, pues esa enfermedad era en muchos casos terminal y aunque se tomara la medicación no había ninguna esperanza en que se curara.

−¿Qué pociones puede tomar para recuperarse? −Le pregunto Charlus.

−En Inglaterra no hay ningún tratamiento, hace muchos años que no hay ningún enfermo así que no hay nada.

Charlus al escuchar que no había tratamiento para su mujer, se enfureció y agarro al medi mago por el cuello de su bata. −Mi mujer está enferma haga su trabajo y cúrela.

−Señor Potter, no puedo hacer nada si no tenemos la poción adecuada, aunque le de mil pociones no le harán ningún efecto.

−Maldito incompetente, púdrase en el infierno. −Y miro a su familia. −¿Qué hacemos?

Orión le puso la mano en el hombro. −Tranquilo amigo, no dejare que tu mujer muera. −Y miro a su hijo. −Ves a buscar a John, espero que su poción experimental para la viruela haga efecto.

−Ahora voy. −Y se desapareció.

−Señor Potter. −El medi mago le llamo. −Siento decirle esto, pero su mujer no se puede quedar en san mungo, la viruela del dragón es muy contagiosa y no tenemos ningún ala preparada para ese tipo de enfermedad.

James que no soportaba escuchar cómo estaban despreciando a su madre, le pego un puñetazo al sanador. −Está hablando de mi madre, maldito imbécil, ella no es ningún mueble es mi madre una persona que tiene los mismos derechos que tu y yo a ser tratada.

−James déjalo. −Le dijo Charlus. −Si uno es incompetente aunque le pegues mil puñetazos no servirá de nada, me llevo a tu madre a casa, dile a John que lo esperamos allí.

−Sí. −Y furioso con todos ahora mismo se desapareció para cumplir el encargo de su padre.

Cuando Charlus hubo acostado a su mujer de nuevo en su cama y la tapo bien, por fin llego John con Alistar. −Siento haberos hecho esperar, pero teníamos que coger muchas cosas. −Y miro a su ayudante. −Ocúpate tú.

−Sí. −Y abriendo una bolsa empezó a sacar varios potes que fue colocando encima de la mesa.

−¿John se salvara? −Le pregunto el auror que tenía cogido a su mujer de la mano.

−Sinceramente no lo sé, pero no descansaremos hasta que Dorea este de nuevo en pie, hemos estado trabajando en una poción experimental proveniente de Brasil donde el año pasado murieron tantos enfermos y en otra de nuestra propia cosecha.

−Si se toma esas pociones, ¿cuántas probabilidades tiene de salvarse?

−30%, sé que es demasiado poco, pero es lo único que tenemos.

−Ya he terminado de preparar el preparado. −Les dijo Alistar y le dio un vaso. −Señor Potter déselo a su mujer, es una brebaje con las dos pociones, la que trajimos de Brasil y la nuestra.

−Sí. −Y con cuidado cogió la cabeza de su mujer y acerco el vaso a los labios para que se la tomara.

Casi media hora después el vaso estaba vacío había costado bastante que se lo tomara pero lo había hecho.

−¿Algo más?

−Sí. −Y le dio otro vaso. −Esto es para la fiebre y para que sus pulmones puedan respirar con normalidad, la viruela ataca directamente a los pulmones y hace que fallen.

−Gracias. −Y cogiendo de nuevo el vaso se lo dio a su mujer.

−Ahora que descanse, no podemos hacer nada mas, mañana volveré a venir y le daremos de nuevo el preparado, se lo iremos dando hasta que despierte del todo.

−Gracias. −Le dijo Charlus.

−No me las de aun, es demasiado pronto. −Y miro a John. −Jefe nos vemos mañana.

−Ves a descansar, los próximos días serán difíciles.

−Sí. −Y dándole las buenas noches se fue.

En la planta principal James no podía quedarse quieto, su madre se podía morir esos pensamientos le llenaban de terror.

−Alistar. −Remus llamo al trabajador de su abuelo. −¿Cómo está Dorea?

−Tiene que descansar y tomarse un preparado, pero hasta que no pasen los días no sabremos si le sirve de algo. −Y miro a James. −¿Tu eres su hijo?

−Sí.

−Solo te pido paciencia, es lo único que te puedo decir ahora mismo, mañana por la mañana volveré y le daré de nuevo el preparado, buenas noches. −Y se fue.

−Nosotros nos vamos. −Les dijo Orión. −Mañana por la mañana antes de irme al ministerio me pasare para saber cómo sigue. −Y miro a James. −James esto no se quedara así, no voy a permitir el trato que le han dado a tu madre, buenas noches. −Y se fue.

Un rato después Orión se metía en la cama y vio que Jane estaba muy preocupada. −Cariño no podemos hacer nada, preocuparte no te hada nada bien.

−Lo sé. −Y lo miro. −Primero la clínica de fertilidad de Meda y ahora la enfermedad de Dorea, si los medi magos os tratan así a los que tenéis tanto, ¿Qué pasara con los demás? La gente que se pasea por el callejón diagon, pensando que el ministro inglés cuida de ellos. −Y se puso a llorar. −No quiero vivir en un lugar donde nos tratan tan mal, ¿Qué futuro le espera a nuestra hija si no puede contar con las pociones necesarias para poder curarse de enfermedades peligrosas?

−Lo sé, Jane, yo también me preocupo. −Y la abrazo. −Por eso mañana preparare una junta de urgencia, es hora de que mi poder sirva para algo, ahora descansa, mañana será un día difícil.

−No sé si podre dormir.

−Lo sé, pero inténtalo. −Y ayudándola a acostarse la tapo bien, y tras apagar las luces se acostó a su lado.