Tituladas 17.2% · 34,225 de 199,415 descubiertas
Rescatado 94.6% · 90,464 de 95,612 páginas identificadas · 89,859/90,219 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 186470 · de

Historia 186470 — capítulo 1

El coche de mi padre se había estropeado la semana pasada. No arrancaba y tuvimos que llamar a una grúa para que lo llevase a un taller. Desde entonces, papá había tenido que ir en autobús a todas partes. Esta misma mañana, el mecánico del taller le ha llamado para decirle que podía ir a recogerlo. Y mi padre, más feliz que unas castañuelas, iba en un autobús para recuperar su preciado BMW. Y yo con él. Si por mí fuera, ahora estaría dando vueltas por el parque con John y Derek, pero mi padre había insistido argumentando que debía pasar más tiempo con él. Hace un año que se ha echado novia, una mujer de 32 años, cuatro menos que él, y está muy pesado repitiendo que deberíamos pasar más tiempo juntos. Yo siempre le respondo que nos vemos todos los días, pero él no deja de insistir e insistir.  Y ahora, íbamos en un autobús, camino del taller. Mi padre sentado en el asiento del pasillo y yo en el de la ventana, con la cabeza apoyada en el cristal. Mi padre tamborileó nerviosamente con los dedos sobre su muslo.  —Esta noche va a venir a cenar Sasha. —Musitó tímidamente, antes de suspirar— Lo siento. Quizá te moleste que la invite todas las semanas. —No me molesta. —Respondí sin mirarle— Es una buena mujer. —Edwin, si no te parece bien o te sabe mal, puedes decírmelo. Me separé del cristal y le miré. —De verdad, no me molesta que tu novia venga a cenar casi todas las noches. No te preocupes, tú tranquilo, ¿vale? Y era cierto, no me molestaba —al principio sí, un poco—. Incluso me gustaba que andase con su novia por todas partes y a todas horas. Mi padre tenía 36 años, y había tenido un amor de verano del que nací yo. Desde entonces, no volvió a ver a mi madre y se hizo cargo de mí él solo.  —Ed. . .  —No seas tan pesado, —me quejé— pareces el abuelo. Me dio un puñetazo en el hombro, sonriendo. —Gracias por llamarme viejo. Me reí con él. La señora del asiento de al lado nos miró, supongo que creyó que éramos hermanos. Mi padre y yo nos parecemos mucho, ambos con el pelo castaño y liso, con la misma nariz aguileña y con la misma anatomía esbelta. Lo único que no coincide es la barba de varios días que lleva él y nuestros ojos, los suyos son azules y los míos de un verde oscuro con motas castañas. El autobús se detuvo en nuestra parada y seguí a mi padre hasta la calle. A esas horas de la tarde estaba muy transitada. La gente había terminado su jornada laboral y se dirigía a casa o enviaba mensajes con el móvil, quedando en algún lugar para tomar algo. Caminé junto a mi padre, entre la marabunda de gente. Llegamos hasta un pequeño parque a base de empujones. Allí había un grupo de adolescente sentados en un banco, bromeando y riendo mientras bebía refrescos. En el otro lado, una señora regordeta paseaba un chihuahua diminuto por la hierba. Mi padre me dio un codazo, señaló al animal con disimulo y me dijo que parecía una rata extragrande. No pude evitar reírme.  Caminamos por el sendero de adoquines del parque, bordeado por césped verde. Ya casi habíamos llegado al final, cuando unos ladridos resonaron a nuestra izquierda. El chihuahua, alias rata XL, corría hacia nosotros. Nos alcanzó y se lanzó sobre mis piernas. Tuve el impulso de quitármelo de encima con una patada, pero me contuve a tiempo. Agité la pierna para que se apartara, pero el perro mordió la tela vaquera de mi pantalón y tiró de ella repetidas veces. No tenía mucha fuerza, así que solo movía la tela. Su regordeta dueña se acercó a nosotros. —Disculpa jovencito, Sonie solo quiere jugar. —El chihuahua ladró sin soltarme— Parece que le gustas.  Miré al perro, haciendo esfuerzos inútiles por moverme, y luego a la señora, sin saber qué hacer. La rata XL ladró de un modo estridente. —Oh, —arrulló la mujer con dulzura— pues claro que puedes jugar con él, Sonie. A delante. Miré a mi padre con una mueca en la cara. Él, como el hombre maduro y comprensivo que era, se estaba riendo de mí. El tirón del perro cobró fuerza, y luego más. Miré hacia abajo confuso, y me quedé sin aire al ver al animal. El chihuahua ladraba y tiraba de mi pantalón, creciendo cada vez más. Estaba confuso, quizás debía de estar delirando o algo. Me liberé en cuanto el animal me arrancó la tela de la pernera y sus pequeñas patitas se transformaron en pezuñas de cabra, su cola se alargó llena de escamas y su cabeza se transformó en la de un león, con la enredada melena cubierta de sangre seca. Caminé hacia atrás y choqué con mi padre. En el cuello de esa bestia había un colgante que rezaba: <QUIMERA - RABIOSO - ALIENTO DE FUEGO - VENENOSO - SI LO ENCUENTRA, POR FAVOR, LLAME A TÁRTARO - EXT. 954.> Sentí la mano de mi padre aferrándose a mi brazo y tirar de mí. La bestia rugió y lanzó una ráfaga de fuego por la boca. Por suerte, nos lanzamos al suelo justo a tiempo. Me arrastré sobre los adoquines tratando de huir, pero la cola de serpiente golpeó el suelo frente a mis narices. Algunos adoquines salieron volando en varias direcciones. —¿Pero a dónde vas, semidiós? —Siseó la dueña de aquella criatura— Mi hijo Quimera quiere jugar contigo.  No tenía ni idea de qué clase de insulto era semidiós, pero no pude preocuparme mucho por eso. El animal rugió en aprobación y se encaró hacia mí. Me levanté como pude y retrocedí tambaleándome. La criatura me siguió despacio, como un gato acechando a una bola de lana. Movió la larga cola y barrió a mi padre con un golpe. Mis piernas chocaron contra un banco, la bestia rugió y se lanzó sobre mí. Me hice a un lado justo a tiempo, evitando la embestida por los pelos. La bestia gruñó sobre el banco, que ahora estaba a la altura del suelo por el sobrepeso. Su cola golpeó el suelo con furia. Los sádicos ojos de lo que antes había sido un inofensivo perro se clavaron en los míos. En ese preciso instante supe que estaba muerto. La bestia abrió la boca para soltar una nueva ráfaga de llamaradas, pero levantó la cabeza con violencia y el fuego atravesó el aire hacia el cielo. La bestia se sacudió con violencia y, pude ver a un chaval encaramado a su lomo, incando los pies a ambos lados del cuello del bicho y tirando de la enredada melena, como si fuese un cowboy domando a un potro salvaje. Aunque estaba aturdido, me agaché unos segundos antes de que la cola de serpiente atravesase el aire, donde unos segundos atrás estaba mi cabeza, y barrió varios árboles. La criatura gritó y se sacudió para tirar al jinete. Daba saltos violentos, pero el chico seguía encaramado y bien sujeto, dando gritos de júbilo al más puro estilo del oeste. —¡Suelta a mi hijo! —Ordenó la señora con un grave grito lleno de indignación. Entre sus afilados diente pasó una lengua bífida. Su piel se estaba transformando en escamas verdosas. La criatura con cabeza de león se sacudió con toda la fuerza de la que fue capaz. Y el chico perdió el agarre, por lo que salió volando hasta caer rodando sobre el césped. El chaval se puso de pie y levantó las manos hacia la bestia. Unas multitud de vides crecieron alrededor de las patas cabrunas del animal, enroscándose en ellas y dejándolo anclado en el sitio. La bestia rugió, pero las vides le enroscaron la boca a modo de bozal. —¡Hijo! —Gritó la señora reptil. El chico que se había montado en la espalda de aquella bestia levantó la mano hacia la dueña de aquella cosa,provocando que se enroscaran más vides a su alrededor. Un segundo después, pasó corriendo por mi lado, me agarró el brazo y tiró de él, obligándome a correr tras él. 

¡Buenaaas!

A ver, quisiera decir que comencé a escribir este fic a finales del curso pasado, porque estaba hasta las narices y necesitaba un camino de escape, aunque sólo tengo cuatro capítulos y un montón de anotaciones y garabatos sobre personajes OC e ideas a realizarse.

No podía soportar que este proyecto se quedase inconcluso en el ordenador, y como ahora vuelvo a necesitar una vía de escape, creo que es buen momento para publicarlo y desarrollarlo.

Espero que os guste y, si no es mucho pedir para esta humilde ficker, que dejéis algún que otro comentario. Siempre serán bienvenidos, y resultararán alentadores.