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¿Qué paso en esos 19 años? Parte II — capítulo 17

-Con Alexander hemos trabajado en un proyecto, de ser aceptado por todos, Audrey Weasley se lo entregará al Ministro- Harry hizo llegar, con un movimiento de varita, una carpeta con el proyecto a cada uno de los presentes. Había unos cuantos aurores de alto rango, los aurors funcionaban como las tribus, la vejez y la experiencia eran consideradas un honor, especialmente aquellos que habían luchado contra los mortífagos.

-Harry, sabemos que si tu le das algo a Kingsley lo sellará sin siquiera leerlo- se quejó París, Alexander soltó una risita, Harry los miró seriamente, la misma mirada desafiante y dura que usaba siempre que traía su uniforme puesto.

-La burocracia esta por algo, yo podré ser el jefe de la oficina de aurores pero somos un departamento entero y los proyectos siempre fueron elegidos de esta forma. Democráticamente y sin privilegios.

Los aurores más ancianos, los que  cumplían los roles de consejeros, inspectores y educadores, lo miraron con respeto y satisfacción. No cualquier hombre sería respetuoso del poder que se le confería.

-El proyecto es una reforma educacional a la Academia, muchos de nosotros creemos que no es hasta la primera misión que un auror tiene su prueba real, dado que en las misiones y enfrentamientos podrían perderse vidas, planteamos la posibilidad de hacer prácticas.

-¿Prácticas?- Evenwood alzó las cejas gruesas interesado, dándole un aspecto más blanquecino a su cicatriz. Harry tenía cierto aprecio por ese hombre que le había dado su primer clase, por lo que asintió con la cabeza con una pequeña sonrisa.

-La gente esta algo susceptible desde lo de Voldemort- si bien todos mantuvieron compostura, Harry notó como muchos se tensaron ante el nombre- y tienden a atacar rápidamente sin contemplaciones o seguridades. Pensamos que sería bueno poner aurores en las calles.

-¿Aurors? ¿En las calles?- Harry asintió.

-Practicantes, estarán ahí para parar los ataques, revisar a la gente sospechosa y para que las personas sientan un Ministerio más presente, es hora de que noten que la corrupción se fue con Fudge, Umbridge y Xaxley. Por favor, frente a ustedes esta el proyecto completo, firmen aquellos que estén de acuerdo, en la última hoja podrán poner correcciones o sugerencias.

Llevaba unos diez minutos de pie en silencio, mientras los hombres hojeaban minuciosamente cada palabra, como siempre se hacía con las nuevas leyes y reformas, cuando la puerta sonó y se abrió, dando paso a su pequeña mujercita.

-Señor Potter siento mucho que ella entrara- la secretaria entró por detrás de Ginny con la mirada filosa y el pelo rubio pulcro contrastando con la llamita que hizo una mueca- le dije que nadie tenía permiso de interrumpir.

-Soy su mujer, siempre tengo permiso de interrumpirlo- arrugó la nariz como si fuese una niña, traía el cabello suelto y salvaje, como más le gustaba a ambos, unos pantaloncillos y una camiseta de las Arpías amarrada, marcando su deliciosa cintura. Harry era, y lo admitía, un marido demasiado enamorado de esas curvas. -Lamento interrumpir, cariño.

Estaba acostumbrado a que Ginny entrara sin golpear ni preguntar, de la misma manera que él se había aparecido siempre en cualquier juego, entrevista o entrenamiento sin avisar ni pedir permiso. Uno de los pequeños placeres de su tiempo en la oficina era no saber en qué momento ese torbellino iba a aparecer por la puerta.

Suavizó su expresión cuando ella se acercó. Era la única persona que hacía que el Sr. Potter sonriera con ternura. La rodeó con sus brazos y le besó la frente, desde que estaba embarazada se habían juntado dos potenciales instintos, él quería protegerla y tenerla entre sus brazos todo el día, que nada le hiciera daño y ella quería estar con él, contra él o sobre él cada segundo. Harry se había vuelto el antojo favorito de su esposa.  

-¿Sucedió algo?- ella negó con la cabeza. Se separó para hablar.

-Iré a comprar algunos dulces para mis sobrinos y algo para el postre, le dije a papá que llevaría algo. Recuerda, comida con mis padres a las doce treinta- La miró con cautela haciéndola reír -puedo pedirle a Audrey que me acompañe.

 Ginny sabía que era sobreprotector, sus mareos se habían suavizado un poco, ya no había vuelto a caerse, pero no podía negarle nada cuando se trataba de proteger al bebé. Sabía que todo aquello era mucho más profundo que ser un obsesivo, él realmente necesitaba protegerlos de todo.

Harry sonrió, más tranquilo.

-Queda poco de la reunión, te veo en la madriguera, ¿sí? Adelántate- le guiñó el ojo como un niño travieso, hoy les dirían a los señores Weasley que tendrían un nieto nuevo.

-Adiós- dio una miradita a la mesa de hombres serios y curtidos por las misiones, antes de darle un casto beso- te amo.

Y salió, con su precioso caminar, de la sala. Solo un recordatorio de un almuerzo, poco más de tres frases y esas dos palabras flotando en el aire al irse lo hacían feliz.

-Son la parejita más tierna que he visto en mi vida- suspiró Sam, con una sonrisita idéntica a la de París junto a ella- quiero un esposo como tú- Alexander se removió incomodo en su silla.

-Yo quiero una esposa como esa- se ganó varias miradas de extrañeza- ¿Qué? Lo están discutiendo, pronto podré tener esposa. Solo falta la afortunada- Alexander rió.

-O la desgraciada ¡Auch! Eso duele duende del demonio- París le había dado un certero puntapié en el tobillo.

-Dejando de lado el matrimonio de París- la aludida carraspeó y Harry rodó los ojos- que seguramente será un evento muy importante, ¿podemos seguir con la reunión por favor?

(Nota de autora: el fic transcurre en 2004, el matrimonio igualitario no fue permitido en UK hasta el 2013-14, pero en Nov- 2004 se permitió la unión civil)


-Ay, cariño eso no, a mami no le gusta que le destroces la cabeza- Audrey sacó con cuidado su cabello castaño de la mano de Lucy. Con dos años, Lucy ya había pasado la etapa de jalar de todo lo que veía, salvo que eso que veía fuera el pelo de su madre. -Eso, guarda energías para molestar a Papi, ¿quieres molestar a Papi verdad?- le sopló en el cuello regordete, haciendo ruido y causando la risa de la niña- Si, ¿Verdad que amas jalar de los lentes de papi? Eso, mejor sus lentes que mi cabeza, cariño. Por merlín y su...- Ginny rió cuando la niña volvió a jalar del pelo.  -¿La sostienes mientras me recojo el pelo?

Ginny cargó a la mujercita menor de la familia, hasta ahora Lucy y Louis eran los menores. Miró los ojos oscuros de la pequeña, había sacado casi todos los rasgos de Audrey, salvo por las pecas que adornaban su pequeña nariz.

¿Qué pasaría si James Sirius en realidad fuera una niña? La idea se presentó en su cerebro de una forma tan repentina que se sintió estúpida por no haberlo pensado antes. Harry y ella siempre habían dado por sentado que el mayor sería varón, nunca habían considerado que pasaría si fuese una niña. Se sintió mal de repente, si el pistacho era una pistacha ni siquiera tendría nombre.

Observó a su pequeña sobrina, ¿en qué momento se elige el nombre de un bebé? James y Sirius eran nombres demasiado significativos, pero si fuese una niña sería la primer Potter de nacimiento en muchos años, necesitaba un nombre especial. Fijó la mirada en el pequeño círculo de plata que tenía como dije, había sido una broma de Bill regalarles a sus sobrinas pequeñas lunas de plata para que recuerden quien era su tío-casi-lobo-favorito.  Especial.

Sonrió, Luna sería un gran nombre.  Lily Luna. Lo repitió un par de veces en su cabeza, sonaba precioso. 


-¿Cómo es posible que los hombres más glotones del mundo se casaran con mujeres que no saben cocinar?- preguntó Audrey con una sonrisa divertida, mientras los hermanos Weasley y Harry comían la comida de Molly como si fuese el último día de su vida.

-La tarta de Ginny es buena- defendió Harry intentando tragar.

-No puede no serlo, tu dieta es setenta por ciento tarta y treinta por ciento jugo de calabaza cariño.

-¿No me defiendes tú?- Ron se encogió de hombros, Hermione arrugó el entrecejo- ¡Yo puedo hacer dos tipos de macarrones con queso!

-Sí, crudos o pasados- George soltó una risotada, cuando Hermione le daba un codazo ofendida.

-¿Ya le han sacado lustre al plato?- preguntó Ginny, al ver que habían comido todo lo comestible en la mesa, y podría asegurar que Ron se había tragado un pedazo de la servilleta de papel. -Es que tengo...tenemos algo que contarles.

Ron y Hermione se miraron con una sonrisa cómplice, mientras Harry y Ginny se tomaban de la mano por debajo de la mesa para darse apoyo mutuo.

-¿Se acuerdan que hace poco dijeron que no tenían suficientes nietos? Bueno...

-Estamos esperando un bebé- soltó Harry con la impaciencia nerviosa que lo caracterizaba.

Y lo próximo que Harry supo es que estaba siendo asfixiado por un abrazo de Molly Weasley.

-Estoy tan feliz por ustedes, mis niños- cuando Molly abrazó a su hija, ambas rompieron a llorar, normalmente Ginny no lloraba por nada, pero las hormonas alborotadas estaban haciendo estragos en su autocontrol.

Harry sintió que le escocían un poco los ojos cuando Arthur lo abrazó, ya desde su infancia sentía afecto por ese hombre, pero desde que era su suegro habían entablado una gran relación, no habían sido pocas las veces que almorzaban juntos en el Ministerio y que se pasaba por su casa solo para charlar sobre aparatejos muggles. Arthur y Molly siempre habían sido una fuente de afecto en su trágica infancia y adolescencia, pero ahora que eran realmente familia, se comportaban como si fuesen sus padres y aunque Ginny no estuviese en Londres él iba a comer a la Madriguera y entraba sin tocar la puerta, sabía que había un par de abrigos y ropa de repuesto en el cuarto que compartieron con Ron, que tenía su propia silla y un par de zapatos suyos en un rincón.

-Felicidades hijo, estoy muy orgulloso de la familia que han formado- Audrey los abrazó con fuerza y con los ojos húmedos, Percy le dio un apretón de manos y una sonrisa solemne, mientras George levantó a Ginny del suelo con su abrazo.

-¡Por el pequeño Potter-Weasley!- Arthur levantó la copa, había colores y copas variopintas pero todas se levantaron en el aire, era siempre así cuando venía un nuevo bebé, júbilo, gritos, aplausos y abrazos. Era curioso, pensó Harry, como algo tan pequeño podía generar tanta alegría.


 -¿Qué te ocurre?- Ginny cortaba el pastel de chocolate que había comprado y lo iba poniendo en platitos, mientras Harry la abrazaba por detrás y dejaba la cabeza apoyada en su hombro.

-Nada, solo he pensado si cuando yo nací...cuando mi madre se enteró que me esperaba, ¿habrá estado feliz? Estaban en una guerra después de todo.

Ginny le acarició la mano que descansaba sobre su vientre, Harry solo compartía esas cosas con ella.

-James y Lily, ellos te amaban con locura Harry, todos lo dicen, estoy segura que estaban muy felices cuando se enteraron, también Remus y Sirius, seguro que tu padrino se embriagó con Whiskey.

Harry soltó una risita ronca.

-No se necesitaba mucho evento para que Sirius se embriague.

-Ya, pero él te adoraba, estaba muy orgulloso de ti. Lo está, eres todo lo que un padre querría. Espero que nuestro bebé sea como tú. -Harry comenzó a besarle el hombro y el cuello, haciéndole cosquillas.

-¿Interrumpimos?- Hermione entró a la cocina seguida de Molly- Ron va a comerse la vajilla si no le llevan postre pronto.

-No- Harry se separó de la pelirroja- iré con los demás a la sala- le dio un último beso en el hombro pecoso antes de irse con los demás, dejando a las tres mujeres solas en la cocina.

-Lamento interrumpir, no sabía que estaban en algo- Hermione miró con cierta culpabilidad a su cuñada.

-No era nada fuera de lo común- se encogió de hombros- desde que estoy embarazada Harry esta todo el día abrazándome, es su forma de protegerme- miró hacia abajo- bueno, protegernos.  Le da miedo que algo nos pase, creo que va a llevarle un tiempo acostumbrarse a la idea de que no va a perder a su familia de nuevo.

Molly se llevó la mano, ya arrugada, al pecho.

-Has formado una familia hermosa, mi niña. Y con el mejor hombre que pudiste encontrar. 

Iba a hacer un capitulo con las otras parejas por separado, como hago casi siempre e intercalando un poco de todos, pero me di cuenta que Arthur y Molly todavía no sabían del bebé y no podía retrasar más esa situación.