Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← ¿Qué paso en esos 19 años? Parte II · de

¿Qué paso en esos 19 años? Parte II — capítulo 2

Harry se despertó y la tristeza lo invadió al segundo en que todo lo ocurrido regresó a su mente. Miró el reloj, eran casi las doce del mediodía. Se movió adolorido, aún traía los jeans de ayer y se sentía más agotado que nunca en su vida.

Se levantó y fue al baño, no había señales de Ginny en ningún lado, su estomagó se apretó al pensar que quizás Ginny se había marchado de la casa, que la separación sería algo real y no volvería a estar con esa pelirroja que amaba más que a ninguna otra persona.

La última vez que se había sentido tan destrozado había sido cuando Sirius caía por el velo, otra vez volvía a estar solo.

Bajó las escaleras y observó confundido la bandeja con comida que había sobre la mesada, se acercó y tomó la tarjeta que estaba apoyada contra el borde del plato.

No salgas de la casa, espérame. Tuya, Ginny.

Puede que estuviera todo perdido, pero la amaba demasiado como para no sonreír al leer la última parte. La esperaría todo lo que hiciera falta.

_

 Ron miró impaciente a Hermione.

—¿Es necesario que tú leas todo el maldito papeleo del ministerio de magia?— Hermione le lanzó una mirada furibunda.

—Solo es papeleo de este departamento y no es todo, solo lo que me toca.

—¿Lo que te toca o lo que tu pides? Siempre te exiges más de lo humanamente posible.

—Ron, es mi trabajo y me gusta, que tú renunciaras a tu trabajo no significa que yo abandonaré el mío.

—No superas que abandonara la carrera de auror.

Hermione suspiró.

—No me importa de qué trabajes, pero habría sido bonito que me consultaras o lo comentaras.

—Paso hace tiempo ¿Qué importa?— La castaña volvió la atención a los papeles. Ron sabía que estaba ofendida, conocía demasiado esa nariz fruncida como para no notarlo. —¿Estas enfadada? Deja todo este papelerío y vamos a casa a comer algo.

—Ronald, estoy trabajando ve tú a comer y déjame trabajar en paz— Ron frunció el ceño.

—Bien, que el papeleo te follé esta noche— Hermione se levantó ofuscada.

—¡Eres un idiota, Ronald Weasley!— El dedo de la castaña quedó en el pecho del pelirrojo que le sacaba casi dos cabezas y al mirarse no pudieron evitar soltar una carcajada.

—Tantos años juntos y creo que es la frase que más me has dicho, deberías haberla incluido en los votos matrimoniales.

Hermione sonrió.

—Claro, estoy seguro que hubiese quedado muy bonito decir que me casaba con un idiota.

—Al menos no puedes decir que no te avise.

Ron ocupó el lugar de Hermione en la cómoda silla de oficina, y la tomó de la mano para sentarla en su regazo.

—Así está mejor, sigue trabajando en tu estúpido papeleo.

Hermione rodó los ojos, pero se acurrucó más contra su pecho antes de seguir separando y firmando papeles.

—

Charlie se sentó en primera fila y se arremango la camisa. Observó a las niñas vestidas de rosa acomodándose a lo largo y ancho del escenario. Una mujer de mediana edad se acercó al micrófono y lo tocó para probar si andaba correctamente.

—Buenas tardes— la mujer sonrió— Bienvenidos al primer concierto de la escuela de Ballet Saint Rose, les agradecemos por asistir y antes de comenzar a ver a nuestras pequeñas bailarinas demostrar lo mucho que han aprendido, le damos un caluroso aplauso a la pianista que nos ha estado ayudando, Evangelina Sheeran.

Charlie aplaudió animadamente. Nina seguía con esa mirada rebelde de la noche en que la conoció, pero traía una camisa celeste y unas botitas que la hacían verse aceptable y bonita, saludó sin timidez y ocupó su lugar en el piano.

Nina era simplemente música. Enseñando a adultos, niños, tocando en un bar o haciendo de Beethoven en un acto, ella vivía de la música. Hacía años que la había escuchado tocar por primera vez, incluso le había enseñado a tocar medianamente bien la guitarra. La rubia siempre decía que lo único bueno que sus padres le habían dejado eran las clases de piano y guitarra.

—Se ve muy bonita ¿no crees?— Asintió en dirección a Mac que estaba junto a él. Con el paso de los años y de la adolescencia, Mackenzie comenzaba a parecerse cada vez más a Nina, salvo porque sus ojos azules no tenían la melancolía que cargaban los de su hermana.

Charlie terminó por aburrirse de ver a los duendecillos rosados moverse para todos lados y se concentró en observar solo a Nina,  la rapidez con que sus dedos se movían sobre las teclas. Él poco entendía, más bien nada, sobre música, lo suyo eran las quemaduras y los gruñidos, pero su llama hacía una combinación perfecta con el ronroneo de la música de Nina.

Una llama ronroneante que con altos y bajos había acabo por volverse constante en sus vidas y a pesar de que habían tantos años de aquella noche en el bar, Nina seguía estrujando su cerebro como el primer día.

El show terminó y esperó al costado del escenario a que la pianista saliera.

—Esas niñas son pequeñas divas insoportables, creo que les arrancaré esas trenzas doradas para que se les vean los cuernos de diablos.

Mackenzie soltó una risotada.

—¿Puedo ayudar?— Nina suspiró y le paso el brazo por los hombros.

—Sabes que tienes una gran hermana cuando se ofrece a golpear niñas de ocho años contigo.

_

Percy alzó a su hija pequeña y la besó en la frente, moviéndola en el aire como a ella le gustaba, mientras la escuchaba reír.

—¿Alguna ocasión en especial para que sacudas a tu hija como gelatina o solo ella te lo pidió?— Audrey lo miró divertida, estaba sentada en la silla intentando que Lucy comiera su comida. —¿Por qué tenía que salir a mí esta niña? Molly salió a ti y se comía hasta la cuchara— puso los ojos en blanco cuando Lucy negó con la cabeza— Luce, te amo cariño pero si no comes estas fallando como Weasley— la niña frunció el ceño pero se negó a comer el puré de calabaza.

—Ha hecho magia, Molly ha hecho magia— informó Percy orgulloso.

—Tiene cinco años Perce, ¿seguro que lo ha hecho?— el pelirrojo asintió.

—La he visto, ha hecho levitar su osito desde el sofá hasta su alfombra de juegos.

Audrey sonrió encantada.

—¿Levitar? Eso es bastante complejo— se acercó a Molly y le acarició la mejilla repleta de pecas— ¿Eres inteligente como papá, a que sí?— Molly sonrió anchamente y asintió.

—Yo seré como papi— Percy sintió la calidez en su pecho al escuchar a su pequeña decir esas palabras.

—Oh cariño, no tienes que decir esas cosas si no quieres que Papi  quede como un llorón ¿Lo sabes?

—Lo sé.

Salió corriendo rumbo a la sala donde la esperaban sus juguetes.

—¿Mi hija de cinco años acaba de decirme llorón?— Audrey se encogió de hombros.

—¿Qué tal si dejamos tu sentimentalismo de lado y procuras que tu hija menor no me arroje la calabaza por la cabeza?— la castaña se acercó a su niñita de dos años, Molly tenía los mismos rasgos Weasley que su padre mientras que Lucy tenía su cabello castaño y sus ojos cafés. —Tú solo quieres nuestra atención, ¿verdad, pequeña consentida?— Pareció entender lo que decía porque sonrió con la expresión traviesa que había copiado de su hermana mayor.

La sentó en su regazo y atrajó el puré de calabaza.

—Anda, yo la tengo y tú dale la comida— Y solo así, la mano derecha del Ministro de magia y su asistente lograron que su niña de dos años se comiera su puré.

Se que es algo corto, pero la idea era mostrar la situación de las parejas que me faltaban y por eso no es un capitulo entero sino la segunda parte del primero.

Abrazos a todos y espero ansiosa sus comentarios^^

-Mero.