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Historia 186774 — capítulo 5
La fiesta de mi primo había dado inicio, tío Draco se había llevado a tía Astoria a salir para dejarnos más privacidad en la Mansión que esa noche estaba a nuestra entera disposición. Sin mis tíos en casa y todos los amigos de mis primos en sus respectivos asuntos, podría volver a casa e investigar eso que no he podido dejar a un lado. Subí las escaleras corriendo, entré a la habitación que tía Astoria siempre tenía para Mad y para mí, para poder ponerme algo más cómodo, los tacones me estaban matando y ya era hora de mandarlos a volar aunque los amara por ser una chica de baja estatura.
-¿Qué haces?- me preguntó Luna con una sonrisa haciéndome sobresaltar, cosa que le dio bastante gracia.
-¡Eres una tonta! ¡Casi muero del susto!- exclamé poniendo una mano en mi pecho, sintiendo a la perfección los fuertes latidos de mi corazón -¡Deja de reír, no es gracioso!- añadí al ver como se carcajeaba.
-¿Dónde vas?- volvió a preguntar una vez hubiese parado de burlarse de mí.
Decir o no decir, hablar o callar, no sabía con exactitud lo que debía hacer, nadie aparte de mi conciencia y yo sabíamos lo que pasaba y lo que íbamos a hacer.
-¿Por qué no bajan?- preguntó Mad con una gran sonrisa y sus mejillas coloradas producto del alcohol ingerido, si tía Astoria se llega a enterar de esto nos matará a todos y todo sería gracias al genio de Theo que había traído alcohol y la verdad es que no sé de donde lo habrá sacado.
-¿Dónde está Dig?- pregunté curiosa.
-Está bailando sensualmente con un chico desconocido abajo- rió picarona mi rubia prima.
-¿Qué hacen?- preguntó Caroline llegando a la habitación.
¡¿Acaso fui demasiado obvia al subir?!
-Ethan te está buscando- me informó Caro. Mierda, le había dicho que subiría un momento al baño y volvería con él.
-A tus primos no les han gustado nada el que estés con Ethan- dijo Luna con una sonrisa picarona.
-A ellos nos les gustará que salga con nadie.
-Es cierto, pero ese chico está bien bueno- rió provocando que me contagiara.
-Bueno, ¿y qué haces aquí Nina?- preguntó Mad sentándose en la cama y parar así un poco su mareo.
¡¿Qué hago Salazar?! ¡Ayúdame y prometo dejar de invocar tus sexy tangas coloridas!
-¿Nina?- llamó Caro al ver que no reaccionaba, ¡pero es que estaba indecisa!
-Está bien, les voy a contar pero deben jurarme que nada de lo que les diga lo pueden decir- dije mirándolas a todas con seriedad.
-Lo juramos- dijeron al unísono.
-Bien, hace unos días atrás vi a papá en su despacho a altas horas de la noche escribiendo una carta- comencé soltando un suspiro.
-Sí, ¿y entonces…?- interrumpió Mad ganándose una Avada con mi mirada.
-A la mañana siguiente había recibido la respuesta y fue ahí donde dijo que viajaría a Francia.
-Deben ser cosas de trabajo- dijo Caro.
-¿Quién escribe y envía una carta de trabajo en la madrugada?- pregunté sin entender.
-Tal vez era importante- comentó Luna, a lo que negué.
-No, no es eso, después de eso papá ha dejado su despacho con llave, cuando nunca antes lo había hecho, ni siquiera cuando mamá vivía.
-¿A dónde quieres llegar Nina?- preguntó Mad mirándome con curiosidad.
-No lo sé, sólo quiero ir a casa entrar al despacho de papá y descubrir que es lo que esconde.
-Creo que estás leyendo mucho los libros de tu madre- opinó Luna con una risilla mientras miraba unos de mis libros.
-Nina, estoy segura que solo serán cosas de trabajo- siguió Caro.
-Chicas, de verdad tengo un mal presentimiento, sé que no es algo de trabajo, se ha ido por dos meses a Francia y no me ha llevado.
-Sí tan solo querías que te llevara pues toma un avión y vete a conocer Francia- dijo Luna soltando una carcajada al ver nuestras expresiones.
-¿Qué es eso?- preguntó Mad con el ceño fruncido.
-Es un objeto de transporte aéreo muggle que te lleva por los aires al lugar que desees- explicó -Mi padre una vez me llevó en uno de esos y fue bien cool, aunque mi madre se rehusó a montarse es esa cosa del mal, como le dice- volvió a soltar una carcajada.
-Mi abuelo es loco por los objetos muggles- comentó Caro.
-Papá es muggle, estoy segura que se llevarían bien- le sonrió Luna.
-Bueno, dejando a un lado los endemoniados objetos muggles, me iré a casa y descubriré el secreto como se lo prometí a mamá- dije mientras me paraba de la cama y me dispuse a ponerme mis hermosas zapatillas blancas, que combinaban a la perfección con mis jeans claros y mi blusa aguamarina.
-¿No pensarás ir sola verdad?- preguntó Mad mirándome fijamente.
-¿No pensarás que las llevaré?
-¡Sí!- chillaron al tiempo con emoción.
¡Por las tangas coloridas de Salazar Slytherin! ¡Qué bullosas que son!
-¡Está bien, pero cállense que nadie puede saber!- exclamé cesando de inmediato sus gritos.
-¿Qué cosa?- preguntaron mis primos mientras entraban a MÍ habitación.
-¡¿Es qué no les enseñan a tocar antes de entrar?!- gruñí furiosa.
-Sí pero eres tú así que esa regla no cuenta- dijo Scorp subiendo los hombros.
-¿Qué demonios quieren?
-Que genio…- se quejó Theo con burla -Debe de estar en sus días.
-Hijo de….
-¡Hey! También es mi madre- me interrumpió Maddie.
-Sí, tienes razón y además porque la tía Daphne no tiene la culpa de tener a un hijo tan idiota e inútil como tú- dije, asesinando a mi primo con la mirada.
-¿Qué cosa era que no debíamos enterarnos?- preguntó Scorp cesando la futura pelea que podría formarse, mientras que miraba con el ceño fruncido a las chicas.
-Nada que te importe… ¡Vamos chicas!- respondí antes de salir de la habitación hecha una fiera.
-Caro, te he buscado por todos lados…- se interrumpió Potter al ver la cara de puño que le dedicaba con tanto gusto.
Salazar me odia y me seguirá odiando por toda mi vida…
-Albus mi amigo, cuidado con el basilisco- se carcajeó Scorpius poniéndome su brazo alrededor de mi cuello.
Observé como Ethan llegaba y nos observaba con el ceño fruncido claramente molesto, odiaba que mi primo me hiciera esto y lo sabe, pero estoy segura que lo hizo solo para molestar a mi novio.
-¿Qué me ibas a decir Al?- preguntó Caro haciendo que rodara los ojos, ya había olvidado que el indeseado estaba aún ahí parado como un idiota.
-Rose ha llegado- respondió provocando que mi primo se tensara.
A mi primo le gustaba la chica Weasley, pero no lo quería aceptar porque según él estaría traicionando la amistad que tiene con el innombrable 2 por ser el primo de la pelirroja, lo que es una verdadera estupidez, aunque pensándolo bien podría sacar provecho de eso, ya que la pobre de Katherin solo es una chica más en la vida de él y él es un idiota que merece unos cuantos dolores de cabeza.
-¿Estás bien?- preguntó Ethan mirando de mala forma a mi primo, mala idea…
-¡¿Quién te crees que eres para mirarme de esa forma?!- gruñó mi primo enfadado.
-¡Suelta a mi novia!- exclamó Ethan dejando sorprendidos a los presentes. Sentí como Scorpius me soltaba y se dirigía peligrosamente a él mientras que Potter me observaba con fuego en los ojos, ¿Qué demonios le sucede?
-¡Scorp, no te atrevas!- dije mientras intentaba detenerlo en vano.
-¡Eres un hijo de puta! ¡Ni pienses que usarás a Nina para tus cochinadas!- exclamó lanzándole un puño en su rostro.
-¡Scorpius!- grité escandalizada poniéndome en medio de los dos rubios antes de que se les ocurriera darse.
-¡¿Con este Nina?! ¡¿Es en serio?!
-¡Y a ti qué diablos te importa con quien esté!- grité encarando a mi primo, observé como sus ojos color mercurio habían oscurecido dándome cuenta que estaba completamente fuera de sí.
-¡Deja en paz a mi prima, es demasiado para ti!- exclamó Theo acercándose a él, provocando que el ambiente se pusiera más tenso de lo que ya estaba.
-¡BASTA!- grité haciéndolos sobresaltar -¡Soy lo suficientemente grande para cuidarme sola, además salgo con quién a mí se me dé la gana!
-No sabes de lo que hablas, Zabini, no sabes quién es Higgs realmente- habló Potter con extrema seriedad, cosa que me sorprendió, nunca lo había visto tan serio en mi vida.
-¡No te metas en lo que no te incumbe Potter!
-Higgs no te conviene, Zabini- continuó, ignorando mis palabras haciéndome enfurecer aún más.
-¿Y tú sí, Potter?- le pregunté sarcástica viendo como me clavaba sus verdes ojos en los míos provocándome un fuerte estremecimiento.
-Vamos Nina- dijo Ethan tomándome de la mano y rompiendo el contacto visual con el indeseado.
-No, espera, debo hacer algo primero- paré en seco luego de volver al mundo, puesto que no podía quitarme de la mente ese par de ojos esmeraldas y me estaba comenzando a fastidiar.
-¿Qué cosa?- me preguntó frunciendo el ceño.
-Debo volver a casa e investigar una cosa- respondí pensando en las chicas, ¿debía de informarles o sería mejor ir solo con Ethan?
-Nina, ¿estás bien?- me preguntaron dos voces a la vez.
-Sí, no hay tiempo, vamos- tomé las manos de Ethan y Luna arrastrándolos por el Salón donde los amigos de mi primo seguían bailando.
-¡ESPERA!- gritó Luna frenándome bruscamente.
-¿Qué?
-Tengo hambre… ¿Me esperas voy por algo?- dijo poniendo un puchero.
-Bien, pero si no estás aquí en un minuto me voy sin ti- contesté antes de que mi amiga saliera como alma que lleva el diablo.
-¿Qué cosa debes investigar?- preguntó Ethan mientras ponía un mechón rebelde de cabello detrás de mí oreja.
-Algo no anda bien con papá y quiero saber qué es- respondí, antes de fijarme en cómo mi prima Dig bailaba sensualmente con un chico pelirrojo mientras se comían a besos, podía notar con facilidad lo borrachos que estaban.
-¡Volví!- exclamó mi amiga con dos platos cubriendo lo que sea que llevaba ahí.
-Bien, vamos- dije, dirigiéndome a la chimenea, cogí el pequeño frasco de cristal y tomé polvos flú para poder dirigirme a casa nuevamente.
-Señorita Nina, Lila creía que el señor Zabini la había dejado en casa de sus tíos- dijo mi elfina al vernos en la Sala de estar de la Mansión.
-Wow, ¿está es tú casa?- preguntó Luna con sorpresa mientras comenzaba a comer la pizza que había traído de la fiesta.
-Sí, pero no es la gran cosa- le respondí con simpleza.
-Que modesta- sonrió mi amiga.
-Lila, solo viene a buscar algo, luego volverá a casa de mis tíos, pero necesito que no le digas a nadie que hemos venido, ¿sí?- me dirigí a mi elfina.
-Por supuesto señorita Nina, Lila solo está para servirle a la señorita- le sonreí, puede ser algo extraño pero mamá me había enseñado que aquellas criaturas eran iguales a nosotros, poseían sentimientos tal como nosotros.
-¿Dónde debemos ir?- preguntó Ethan.
-Al despacho de papá- dije comenzando a caminar hacia las escaleras.
-Deberías de darme un tour por tú casa.
-Prometo que la próxima vez que vengas te daré el tour, Luna- me sonrió antes de darle una nueva mordida a la pizza de pepperoni, ya me estaba dando hambre verla comer.
Al llegar a la puerta del despacho de mi padre, tomé la perilla y teniendo esperanzas en que me hubiese equivocado, la volteé dándome cuenta que estaba en lo cierto, papá escondía algo y estaba a punto de descubrir que era. Tomé mi varita, apunte a la puerta y susurré un alohomora abriéndola de inmediato, sabía que papá no había puesto un hechizo extraño porque confiaba en mí, estaba claro que estaba haciendo mal no lo negaba en lo absoluto, pero él no ha confiado en mí y por eso me vi obligada a hacerlo.
-¿Qué buscas exactamente?- preguntó Luna mientras se sentaba en la cómoda silla de cuero negro y comenzaba a abrir los cajones del escritorio.
-No sé, alguna carta importante o sospechosa que lo delate- respondí -Nunca antes había entrado aquí.
-Linda, ¿pero no estás segura de lo que buscas?- me sonrojé ante las palabras de Ethan.
-La verdad no.
-Nina, ¿tú madre como se llamaba?
-Jade Leblanc, ¿por qué?
-Aquí hay una carta que va dirigida a tu padre y no la firma tu mamá- respondió Luna haciendo que mi corazón dejara de latir.
¡Mierda!
-¿Qué… dice?
-¿No deberías de leerla tú?
-No, está bien, después de todo solo nosotros lo sabemos- dije mirando a mi amiga, mientras Ethan me abrazaba por la cintura dándome apoyo.
-Bueno- murmuró antes de abrir la carta y comenzar a leer.
Querido Blaise.
Espero que todo esté yendo de maravilla, son demasiados años sin vernos y no sabes cuánto te extraño. Estar sin ti este tiempo ha sido difícil, sin tener ese amigo que siempre estuvo a mi lado, el que me cuidó y quiso como a una amiga o hermana cuando yo en realidad te quería como algo más.
Creí que sería más fácil decirlo por carta pero ha sido tan difícil como sería hacerlo en persona.
Cuando nos conocimos comencé a quererte, eras como un hermano para mí pero el paso de los años me aclararon que lo que yo sentía por ti era algo más que un simple cariño, te amaba pero me sentía cobarde como para confesártelo.
Cuando por fin reuní la fuerza necesaria, llegó aquella noticia que rompió toda esperanza en mi corazón: ibas a casarte y por más que intentara tener pensamientos positivos no lograba encontrarlos, las lágrimas bajaban sin control por mis mejillas sin que yo les diera el permiso, saber que por un tonto miedo te perdí y pensar que tal vez pude ser yo tu prometida, aquella que se casaría contigo y te hiciera feliz, me destrozaba el corazón al ritmo de la lenta marcha con la que entró tu esposa.
Verte tan feliz y tan decidido al momento de dar el "si" fue lo que terminó por romper toda esperanza, todo sueño, toda felicidad. Pero algo me alegro y era el saber que tú eras feliz, suena tonto viniendo de alguien que desea ocupar el lugar de tu esposa, lo sé, pero creo que para ser feliz en la vida debes de desear la felicidad a quienes te la desearon a ti.
Tal vez no quieras verme después de esto pero quiero que sepas que yo si quiero que nos volvamos a ver, que recordemos los locos momentos del pasado, saber cómo va tu vida, saber de ambos. Espero que aceptes.
Con cariño,
Pansy Parkinson.
Capítulo dedicado a: Tali y Brisa Weasley, y Rachelle Abba.