Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← La Increíble Pero Cierta Historia De Rose Weasley · de

La Increíble Pero Cierta Historia De Rose Weasley — capítulo 10

Los días pasaron tranquilos, y desde aquella noche, ninguno de los tres adolescentes volvió a saber nada de aquel dichoso Torneo hasta mucho tiempo después. Los alumnos habían dejado de hablar de ello y, sin embargo, Rose podía ver como los profesores tomaban ciertas notas entre clases y observaban a los alumnos, uno a uno. La pelirroja intentó no pensar en ello todo lo que pudo, pero, al cabo de dos meses, comenzó a pensar, como una paciente paranoica de San Mungo, que no dejaban de observarla.

No pasó nada importante en los nombrados meses. Fueron pasando los días, monótonos e idénticos. Los profesores ponían tareas, explicaban y vigilaban. Los alumnos seguían sus conversaciones habituales. Pronto, el recuerdo del Torneo pareció un sueño lejano.

Hasta que llegó la clase de Pociones.

Era una de esas extrañas clases en las que Gryffindor y Slytherin coincidían. Por lo tanto, no era extraño ver a los cuatro chicos puestos por parejas. En la tercera fila de la sala, Albus y Peter terminaban su poción, mientras que detrás de ellos, Rose y Scorpius discutían sobre que ingredientes añadir. Entonces, la puerta se abrió. Hasta el profesor de Pociones, Horace Slughorn, se quedó quieto al ver a Dominique Weasley entreabrir la puerta, con cierta timidez.

-¿Se puede? -Preguntó en apenas un murmuro, mientras la clase se quedó en silencio, que se interrumpía únicamente por algunos burbujeos de los calderos.

-Por supuesto, querida- Exclamó el profesor, esbozando una gran sonrisa, mientras invitaba a su alumna de séptimo curso a pasar, ofrenda que Dominique rechazó amablemente, quedándose en pie junto a la puerta- ¿Qué deseas?

-La Directora McGonagall desea ver a Rose Weasley, Albus Potter, Scorpius Malfoy, Peter Deadwood y Allison Miller- Contestó la joven rubia de reflejos rojizos, dirigiendo la mirada a sus primos. Había tanta confusión en su mirada como en la mente de la pelirroja. Al instante, Rose miró a Albus y a Scorpius, preocupada. Por la mirada de ambos, estaban tan faltos de información como ella.

-Por supuesto, Dominique- Asintió el profesor, mirando a sus alumnos- ¿A qué esperáis, chicos? Adelante, adelante.

Ninguno de los nombrados fue capaz de contradecir la orden. La mente de Rose funcionaba a la velocidad de la luz. Tres chicos de Slytherin, y dos chicas de Gryffindor. Necesitaba tranquilizarse; las pruebas para los elegidos eran de cinco. Una vez fuera del pasillo, Dominique abrazó con fuerza a su prima, al borde de las lágrimas, lo que asusto más a Rose.

-Lo siento- Murmuró en su oreja, separándose casi al instante. La pelirroja sabía que su prima era terriblemente sensible, por lo que cualquier pequeño susto era capaz de hacerle temblar- Vale, chicos, seguidme.

Ninguno pronunció palabra hasta llegar al despacho de la directora. Allí, las esperanzas de Rose sobre haberse equivocado en cuanto a las pruebas del Torneo se fueron al traste. James, Fred y otro chico al que no tenía el placer de conocer, pero que reconoció de su propia casa, estaban allí. Además de un chico y una chica, que debían ser de sexto curso, de la casa de Slytherin. Cinco alumnos de cada casa estaban presentes en aquel despacho. Dominique se unió a los otros cuatro alumnos de Hufflepuff que habían allí antes de despedirse de Rose y Albus con otro abrazo. También había cinco alumnos de Ravenclaw, pero la chica no reconoció a ninguno. Casi se sintió aliviada de no ver a Roxanne entre ellos.

-Silencio, por favor- Pidió la directora al hacer acto de entrada en la sala, justo después de que Rose se uniera a Fred y James, que la saludaron con una seca cabezada- Creo que no será una noticia nueva sobre lo que les voy a informar. Obsérvense los unos a los otros detenidamente, porque ustedes han sido elegidos para ser posibles candidatos del Torneo de los Tres Magos- Rose buscó la mano de James, asustada. Hacía años que no sentía tal inquietud, desde el día en que el Sombrero Seleccionador le puso en Gryffindor. En aquel entonces, la mano que sujetaba era la del hermano menor de James. La chica miró de reojo a sus amigos, que se habían juntado con los de Slytherin. No se sorprendió de ver a Scorpius con cara angustiada, ni a Albus cogiendo de la mano a Peter, mientras este último tenía la mirada fija en sus pies. Todos ellos habían sido elegidos, como corderos, para saber cuáles irían al matadero- Sin embargo- Continuó la directora, distante a los pensamientos de Rose-  No todos seguiréis este camino. Honor, gloria, fortuna. Todo ello le espera al ganador del Torneo de los Tres Magos, aunque solo ocho de los veinte presentes podrá conseguir estos privilegios - McGonagall guardó silencio, observando a los alumnos, casi juzgándolos con la mirada- Se os ha elegido por vuestras dotes, por aquello que solo vosotros, cada uno de vosotros, sabe hacer. Sin embargo, no basta con ser único; también debéis tener valentía, coraje.

-Entonces los de Gryffindor vamos sobrados- Interrumpió en un murmuro Fred, seguramente para matar sus propios nervios.

-Para ello, hoy os enfrentaréis a vuestros mayores temores- La directora señaló el baúl depositado a su lado con la varita. Rose sabía que no hacía falta ser tan inteligente como ella para saber que había en su interior- Lo que veis ante vuestros ojos es un baúl normal, en cuyo interior se alberga un boggart. Si habéis prestado atención en clases, sabréis que esta criatura se esconde en lugares oscuros, y toma la forma del mayor miedo de la persona a la que se enfrenta. Sin embargo, el que se oculta en este baúl no es un boggart común. Aquel al que os enfrentareis examina vuestra mente, en busca de vuestro peor temor, vuestro mayor miedo, aquel que os puede hacer desmayaros con solo mirarle - Rose tragó saliva. Estaba bien que les advirtiera, pero no hacía falta usar aquel tétrico tono de voz.

-¿Vamos a enfrentarnos a ellos en púbico? - Se escuchó la débil voz de Peter en el silencio de la sala.

-Reconocer los miedos de uno es el primer paso para ser valiente, señor Deadwood- Respondió la directora, mirando tras la espalda de Rose, al chico- Bien, ¿alguna casa se presenta voluntaria para ocupar el primer lugar? - Nadie respondió. Rose miró a James, quién tragó saliva con evidente esfuerzo. Gryffindor era la casa de los valientes, y muchas veces de los impulsivos, pero en aquel momento ninguno parecía tener aquellas aptitudes- Muy bien, pues, si la casa Ravenclaw hace el favor de dar un paso al frente…

Los alumnos de las corbatas azules estuvieron casi media hora cada uno con sus fantasmas. Rose vio arañas gigantes, momias, e incluso un troll. Casi sintió alivio al ver que esos eran los peores miedos que el boggart podía mostrar. Hufflepuff fue la siguiente casa en enfrentarse al boggart. Cuando Dominique dio un paso al frente para enfrentarse a su miedo, Rose se sorprendió de ver no se transformaba en nada material. La propia Rose se asustó de ver al boggart transformarse en Victorie, la hermana mayor de Dominique. Era una copia exacta, salvo porque esta Victorie tenía graves heridas por todo su cuello, que parecían enormes mordidas. Su rostro, inexpresivo, estaba surcado en sangre y lágrimas.

-Él…-Murmuró la copia de Victorie con un tono de voz muerto. La varita de Dominique temblaba, y sus ojos pronto dejaron caer lágrimas, que cayeron a raudales por sus mejillas- Él no se pudo controlar… Me… Me mató… La luna…

*-Riddikulus -*Pronunció Dominique con voz ahogada. Rose se sorprendió de la rapidez con la que actuó su prima ante tal miedo, el cuál entendió a la perfección. Todos sabían el origen de Teddy Lupin, y que su padre había sido un licántropo. El mayor miedo que había tenido la familia al enterarse de la relación de ambos es que Ted hubiese heredado aquellos matices paternos, y dañase a Victorie, la cual había perdido la razón por amor. Y, al parecer, ese temor se había quedado clavado en la mente de Dominique. El mayor miedo de la pequeña Weasley rubia era ver a su hermana herida por amor.

Al instante, aquella copia gore de Victorie se transformó en una cómica parodia. La sangre se transformó en pintura, mientras la doble gritaba enfadada y avergonzada. Rose miró a la directora, la cual observaba sin expresión alguna los miedos de sus alumnos.

Era el turno de Slytherin. Los dos chicos que acompañaban a Albus, Scorpius y Peter se enfrentaron al boggart primero. Y tardaron una eternidad en derrotarlo. O bien Rose no comprendió sus miedos, o bien esos temores eran extrañamente ridículos. Vio como Peter tragó saliva antes de que el boggart clavase la mirada en él. En apenas unos segundos, la criatura creció de tamaño, hasta transformarse en la copia irreal de un hombre. Era demasiado alto como para ser real, pero Rose vio a Peter temblar.

Era su padre. Estaba segura, a pesar de no saberlo con certeza. Tenían los mismos ojos, pero aquello era lo único que tenían en común. El hombre tenía rasgos afilados, salvajes. Tal vez no era así en realidad, pero Rose lo dudaba mucho.

-Ven aquí, bicho raro- Dijo el hombre, con una voz potente, estruendosa y escalofriante. La chica por un momento pensó que su amigo soltaría la varita, presa del pánico. Pero Peter señaló a su padre con ella, a pesar de que su temblor era grave- Vamos a mostrarte a la gente. Tal vez así alguien te quiera…

-¡Riddikulus! - Exclamó Peter, cerrando los ojos con fuerza. Una neblina salió de la varita de Peter, transformándose en una altiva mujer, que se puso a gritar al boggart. Debía ser su mujer, la madre de Peter. El chico suspiró, aliviado, dejando caer sus hombros.  Albus se adelantó al resto de su casa, rozando intencionadamente su mano con la de Peter, antes de que el pequeño rubio volviese al lado de Scorpius.

El azabache miró al padre de su novio, o la copia de lo que era. La criatura posó su mirada en él. Por un momento, el boggart pareció dudar. Albus tuvo miedo al ver que el boggart no cambiaba de forma. Ni siquiera él mismo sabía cuál era su mayor miedo.

Entonces, el boggart pareció decidirse.

Albus agarró con fuerza la varita y apuntó hacia la criatura, la cual tardó un poco en transformarse. El hijo del elegido tembló, sin alcanzar a imaginar en que se transformaría. Cuando volvió a mirar, Peter le devolvía la mirada. Albus se quedó sin respiración cuando el boggart transformado en el pequeño rubio se acercó a él, sonriente, paso a paso.

-Tranquilo - Le dijo. Era escalofriante lo mucho que se asemejaba al Peter de la realidad. Tanto, que el mediano de los Potter tuvo que girarse para asegurar que, al lado de Scorpius, se encontraba el chico, y así era- Él nunca lo sabrá…

Albus sabía quién era "él", y también sabía que solía pasar cuando Peter se ponía de puntillas, que fue lo que hizo aquel falso rubio. El chico se apartó antes de que el boggart llegase siquiera a tocarlo, exclamando el encantamiento. Al instante, la copia de Peter se encontró con la boca tapada con cinta adhesiva, con evidente mueca de asombro. Albus sonrió, aliviado, y dirigió una mirada a Scorpius, que se dirigió hacia el boggart. Parecía realmente preparado, como si supiera que hacer exactamente. Aunque el casi albino Malfoy siempre parecía así, incluso en los peores momentos.  

La criatura mágica no tardó en tomar otra forma al centrarse en Scorpius. Poco a poco, la figura se hizo más alta. Albus no pudo evitar pensar que el boggart, hasta ahora, solo se había transformado en personas, algo extraño. Scorpius no fue la excepción a la norma, ya que su boggart tomó forma humana al momento. Una forma adolescente y femenina.

Scorpius no cambió su rostro frío e inexpresivo cuando vio a Rose enfrente de él, pero Albus no pudo evitar ahogar un grito. En primer lugar, porque el rostro de su amigo recordaba al del mismísimo Draco Malfoy, tan serio. Por primera vez desde hacían cinco años, Albus comprendió que Scorpius se parecía más a su padre de lo que ninguno creía. En segundo lugar, porque no llegó a comprender el miedo de su amigo hasta que vio a la copia de Rose derrumbarse en el suelo, y taparse el rostro para que no se escuchasen sus lamentos, en vano.

-¡Monstruo!- Le gritó entonces a Scorpius. El albino tragó saliva, perdiendo por un momento, una breve parte de segundo, la compostura. Albus pensó que lo había imaginado, hasta que recordó los sentimientos de su amigo hacia ella, hacia su prima- ¡Tú y toda tu familia! ¡Solo sabes hacer daño! - Scorpius alargó la varita hacia la chica, frío como una roca, sin mediar palabra. Albus podía ver en sus ojos el esfuerzo que estaba haciendo. No se podían demostrar debilidades, aquella era la norma de los Malfoy. Y aquel miedo era peor que un arma de fuego muggle.

James dio un paso al frente, dándole un empujón con el hombro intencionadamente, claramente molesto por la presencia de su prima en los miedos del chico. Al momento, la copia de Rose dejó de gritar, observando a James con una mirada escalofriante. Entonces, sonrió, antes de cambiar de forma. Rose fue sustituida por Albus. Sin embargo, el mediano de los Potter no estaba herido. Lo único que le diferenciaba del real era su mirada, oscura, seria, como si alguien, o algo le hubiese traicionado.

James inspiró con fuerza, observando a su hermano y lo apuntó con la varita. Entonces el falso Albus sonrió en respuesta, imitando a su hermano y alzando el brazo, como James.  Rose observó cómo su primo fruncía el ceño, confundido.  Era extraño. Si James se movía, el boggart lo imitaba. Hiciese lo que hiciese, el boggart se limitaba a seguirle los pasos, como un sencillo títere, como el reflejo de un espejo. Sin embargo, más allá de la ridícula situación, Rose se dio cuenta de que, con cada movimiento imitado, la criatura se rompía. Literalmente, la piel de la copia de Albus se llenaba de grietas. Entonces, cuando faltaba poco para que el falso chico se rompiera, James perdió su paciencia, al tiempo que gritó el hechizo, haciendo que el boggart  Albus acabase vistiéndose de chica.

Después de aquello, fue el turno de la chica que había venido de la clase de Rose, que tuvo que enfrentarse a un hombre extrañamente parecido a ella, y el del chico que la pelirroja no conocía. Cuando llegó el turno de Fred, Rose ya estaba temblando. Por eso, cuando el miedo de Fred, que reflejaba el ridículo terminó, la chica sintió que iba a desmayarse.

Fue como si su mente se desconectara de su cuerpo por un instante, como si no fuera ella. Pudo verse, cual una tercera persona en aquella escena, caminar hacia el boggart. El silencio inundaba la sala, y los oídos de Rose pitaban. Sus piernas estaban temblando cuando el boggart clavó la mirada en ella. Aquella oscura mirada la escaneó minuciosamente, clavándose en lo más profundo de su alma. En el último segundo, Rose supo que era lo que vería.

Y no se equivocó.

Al igual que cuando te miras a un espejo, Rose se observó a sí misma, pero sabía que no era ella. Que aquella chica que observaba era falsa. Y no estaba confundida; realmente no era ella. Había algo completamente distinto, a pesar de sus apariencias idénticas. En primer lugar, la Rose falsa iba casi vestida como ella, salvo porque su corbata no era roja, era verde. Y su cabello, desordenado y más rojo que nunca, o su mirada, tan brillante como salvaje. Rose sintió sus mejillas arder con suavidad cuando un pensamiento inundó su mente. Aquel no era su miedo; era su deseo. Era la viva imagen de cómo ella hubiese querido ser. Alzó la varita, temerosa de que alguien se diese cuenta de aquello, pero entonces su copia comenzó a reírse, claramente divertida por la situación.

-Vaya, vaya…- Escuchó decir a su propia voz, a pesar de que ella no había pronunciado palabra, mientras el boggart se acercaba a ella. Rose seguía temblando, por lo que no se atrevió a contestarse- ¿La chica buena planea matarme? -Rose, la verdadera, tragó saliva, inquieta por sus palabras- Oh, cierto. "Solo eres un boggart, no pienso matarte, solo destruirte"- El monstruo esbozó una sonrisa burlona tras imitar su voz- ¿Sabes que piensan de ti? Lo que tú misma piensas. Solo eres una listilla, una empollona. Una idiota que necesita un poco de atención para conservar su patética vida -Cada palabra era como una puñalada que se clavaba en su corazón, una tras otra. ¿El resultado de aquello? Las lágrimas comenzaron a caer por las mejillas de Rose, de la verdadera Rose, la que todavía conservaba su corazón. La falsa, en cambio, soltó una gran carcajada, burlándose de ella- Dar pena no sirve de nada. Ya deberías saberlo- Rose apretó los dientes, clavando la varita en el vientre del boggart, mirándola con los ojos inundados en furia.

*-Riddikulus-*Murmuró en voz baja. La falsa Rose abrió mucho los ojos, sorprendida, al tiempo que se apartaba, como si se hubiese asustado, mientras su pelo comenzaba a arder en llamas. Lanzó un último grito antes de que McGonagall se enfrentase a ella, encerrándola en el baúl del cual había venido.

Acto seguido, y cuando Rose estuvo a salvo con James, los observó, uno a uno, en completo silencio. La pelirroja se mordió el labio, sabiendo que no pasaría la prueba. Allí terminaba su aventura con el dichoso torneo.

-Tras lo visto- Comenzó la directora, alzando el mentón. Ninguno se dignó a hablar- Solo me queda deciros que estéis atentos. Pronto unos pocos de vosotros recibirán más noticias.

La noche comenzaba a caer. Costaba creer que habían estado metidos en aquella habitación durante dos horas, pero era la realidad. Rose se apoyó en la columna, observando la fuente central del patio de Howgarts. Más allá, la hierba verde brillaba, cobriza por el cielo, y la cabaña de Hagrid comenzaba a tirar humo. La pelirroja, sentada sobre la fría piedra que era a separación de los pasillos de Howgarts y del patio, suspiró. Se sentía como si algo en su interior hubiese muerto aquella tarde.

-Sinceramente- Comentó Albus, apoyándose sobre los brazos en la barandilla de piedra, mirando hacia los pastos. Entre él y Rose, se encontraba Peter, sentado al lado de Rose, a lo indio, lo miró- No he entendido nada de esos miedos.

-No te desanimes- Le contestó Scorpius, el único que estaba de pie, apoyado en la columna, al lado de Rose- Yo tampoco.

-¿De verdad?- Exclamó Peter, frunciendo el ceño incrédulo, mirando a ambos- Entonces sois más tontos de lo que pensaba- Scorpius alzó las cejas, algo sorprendido. Peter lanzó un suspiro de desesperación. A Rose le recordó a los que solía lanzar su madre cuando Hugo no entendía algo, o no se comportaba correctamente- No eran miedos físicos, ¿recordáis? Eso significa que ni tú le tienes miedo a Rose- Señaló a Scorpius, sonriendo con levedad, y después dirigir su índice hacia Albus, clavándoselo en la mejilla con suavidad. Albus le dedicó una sonrisa divertida en respuesta- Ni tú me tienes miedo, de eso esto seguro.

-Vale, genio- Le interrumpió Rose, divertida ante la situación. Sabía que Peter no era un gran estudiante, pero le sobraba inteligencia para otras cosas- Entonces ilumínanos con tu eterna sabiduría.

-Verás- Comenzó Peter, poniendo los ojos en blanco- He sacado mis conclusiones de casi todos. Por ejemplo, Albus no tiene miedo de mí, pero tiene miedo de… En fin, ya sabéis-Rose asintió con la cabeza. No sería raro que el mayor miedo de Albus fuese que alguien, aparte de Scorpius o ella misma descubriese su relación con Peter- ¿Me equivoco?

-No mucho- Sonrió Albus, apoyando la mejilla en la rodilla de su novio, con la mirada perdida. Peter agachó un poco la cabeza, enredando una mano en el cabello azabache del mediano de los Potter- Pero… ¿Entonces qué hay de James? ¿Por qué yo?

-Pues…  Eso es lo gracioso- Murmuró el rubio, mirando a Rose y Scorpius- Pienso que el miedo de James es justamente que Albus sea como él. O que intente serlo, al menos. Que finja ser lo que en realidad… No es.

-Por eso Albus se iba rompiendo… - Murmuró Rose, recordando e miedo de James, al falso Albus y su rostro resquebrajándose poco a poco, como una muñeca de porcelana.

-Exacto- Asintió Peter con la cabeza- En cuanto a ti, Scorpius, no creo que le tengas miedo a Rose. Pienso que tu miedo es por tus orígenes- Rose vio como el albino fruncía el ceño, pidiendo explicaciones- El boggart Rose se puso a llorar y a llamarte monstruo. Y mencionó a tu familia. Creo que tienes miedo a que las personas te juzguen por tu familia, o por los actos que otros hicieron, y no por ti. Y que lo representaste con Rose porque… Bueno- El rubio soltó una suave carcajada nerviosa, señalando a la pelirroja- Ella fue la primera que te juzgó por ser un Malfoy.

-¡Oye!- Se quejó Rose, indignada. Era cierto, había esperado otra cosa de Scorpius, esas cosas que su padre le había contado sobre Draco Malfoy, pero pronto había rectificado sobre su error.

-No es por ofender, Weasley- Dijo Scorpius, ladeando su sonrisa burlona hacia ella, aún con los brazos cruzados- Pero Peter tiene razón. Eres la primera -Rose rió con suavidad, sacándole la lengua para burlarse de él.

-En cuanto a mí… Bueno, podéis imaginároslo…-Siguió en voz baja Peter, mirando al cielo, e cual estaba casi oscurecido del todo- Pero… No he entendido tu miedo, Rose…-Al instante, la pelirroja sintió las miradas de los tres chicos clavarse en él- ¿Y tú?

La chica tragó saliva, agachando la cabeza. Claro que lo entendía. Tenía miedo de que alguien descubriese como era en realidad. Una burda chica deseosa de vivir, no la remilgada estudiante que había acabado siendo. Negó con la cabeza, mirando a sus amigos.

-Si lo supiera, os lo contaría.

Albus no habló durante la cena, y ninguno de sus amigos tampoco. Demasiadas emociones en un mismo día, quizás, o demasiados deseos encubiertos. ¿Y si Peter no había sido el único en darse cuenta del miedo de Albus? Ahora que lo pensaba, era demasiado obvio. ¿Y si James o cualquier otro lo sabía? Además, ¿qué hay de Peter? Lo conocía de sobra, quizás mejor que cualquiera, y no se creía que no  le importase. No sabía si eso era bueno o malo, no sabía si era mejor que no le importase, o que le importase. Es decir, a lo mejor se sentía molesto. Bien sabía que ya le era incómodo el tema de tener que ocultarse del resto del mundo, pero tampoco quería pensar en la idea de que él no fuese lo suficiente importante para Peter como para que le importase.

-¿Al?-El azabache pestañeó al escuchar su apodo, volviendo de pronto a la realidad- ¿Te encuentras bien?

-Eh… Sí, sí, claro- Contestó a Peter, esbozando su mejor sonrisa falsa. Scorpius miró a su amigo, suspicaz, y abrió la boca para decir algo, pero fue interrumpido por la directora McGonagall, que se alzó de la mesa de los profesores y pidió silencio. Los tres chicos miraron a la altiva mujer.

-Como muchos de vosotros sabéis, hoy se han realizado las primeras pruebas para seleccionar a los aspirantes a Torneo de los Tres Magos- Albus tragó saliva, mirando a la directora con temor. Sintió como Peter le cogía la mano por debajo de la mesa. El rubio estaba temblando. Albus le miró por un segundo, para intentar tranquilizarlo. Le hubiese gustado abrazarle, pero obviamente no podía, aunque James estaba en la otra punta del Gran Comedor- Y durante estas horas, tras un intenso estudio de los resultados, vamos a nombrar a los ocho elegidos para viajar a Beauxbatons- El azabache estiró el cuello, buscando a Rose en su mesa. Vio que su prima se mordía el labio nerviosamente. La directora dejó caer un pergamino, observándolo. La escena recordaba al día de la Selección, salvo porque aquella lista era mucho más corta.

De la casa Hufflepuff; Marcus Kellogg y Dominique Weasley -Albus lanzó una mirada a la mesa de los tejones, buscando a su prima. El chico que estaba a su lado, que reconoció como el tal Marcus por las felicitaciones que sus compañeros le daban, rodeaba los hombros de Dominique, que sonreía, a pesar de todo- De la casa Ravenclaw; Hannah London y Marie Jane McRae. De la casa Gryffindor; James Potter y Rose Weasley- Casi sintió su corazón dejar de palpitar. Tanto él, como Scorpius y Peter miraron a los nombrados. Rose parecía en shock, mientras que James había enterrado el rostro en la palma de su mano, bajo su flequillo desordenado y negro. Pensó que las cosas no podían ir peor, hasta que McGonagall siguió hablando- De la casa Slytherin; Scorpius Malfoy y Albus Potter.