← La Increíble Pero Cierta Historia De Rose Weasley · de
La Increíble Pero Cierta Historia De Rose Weasley — capítulo 9
El quinto curso en Howgarts comenzó como siempre para Rose.Sus padres le llevaron a la estación, como siempre, y el Howgarts Express les llevó allí, como siempre. Todo el ambiente estaba lleno de tranquilidad cuando Rose y Albus se encontraron con Scorpius, quién se había ido de la Madriguera a principios de septiembre, y con Peter.
Los cuatro se metieron en un compartimento solitario, en el fondo del tren. Allí, el chico muggle escuchó atentamente las anécdotas de las vacaciones de verano que sus tres amigos habían vivido. Reía cuando tenía que reír y comentaba cuando veía la ocasión, pero hasta Rose se daba cuenta de que los ojos se le movían cada dos por tres para mirar a Albus.
-¿Y tú qué tal?- Preguntó Scorpius cuando las historias terminaron. Peter hizo una mueca.
-Bien, supongo- El chico del pelo dorado bajó la mirada- Aunque…
-¿Aunque?- Albus alzó una ceja, sentando enfrente suya. Rose, a su lado, no se sorprendió de ver que su tono estaba casi inundando de preocupación. Peter guardó silencio.
-Venga, Pet, no te hagas el interesante-Bromeó Scorpius, dándole un suave golpe en el hombro de su amigo, bromeando. Aquello solo consiguió una leve y tal vez falsa sonrisa de Peter- ¿Qué ha pasado?
-Yo…- Suspiró, hundiéndose en su asiento- Digamos que no lo he pasado muy bien. Mis padres… Bueno, mi padre… Él…- Peter respiró profundamente, intentando calmar el tono de su voz, con evidente esfuerzo- Ya sabéis que no está mucho en casa- Era cierto. Peter lo había contado, en una ocasión. Su padre era un empresario muggle. Un hombre serio, y, para Rose, frío y calculador- Yo siempre he creído que era por su trabajo, pero… Hace unos días estaba hablando con mi madre por teléfono. Está en Francia. Y dice que no va a volver- El silencio se hizo entre los cuatro muchachos.
-¿Qué?- Albus se acercó a Peter, quién se había abrazado las rodillas- ¿Pero por qué?
-Por mi culpa- Contestó en un sollozo. Si su voz hubiese sido un cristal, se estaría resquebrajando. Rose miró a Scorpius, con los ojos muy abiertos. Él le devolvió la mirada de la misma forma, sorprendido, antes de dirigirse a su amigo.
-¿Pero cómo va a ser tu culpa?
-Él dice… Dice que no soy su hijo. Que solo soy un bicho raro, que en su familia no hay de eso. No quiere volver a verme. Ni a mi madre. Dice que ha conocido a una nueva mujer, y que pretende formar una nueva familia con ella, y…- Peter rompió a llorar, escondiendo el rostro entre sus manos. Rose se levantó de su asiento, poniéndose de rodillas, al lado de Albus, para acercarse a Peter. No sabía cómo consolarle. Nunca hubiese imaginado que un padre pudiese menospreciar a su hijo por aquello.
-No es tu culpa, Peter…- Dijo, al fin. Se dio cuenta de que su propia voz temblaba. Scorpius solo miró a su amigo como si nunca lo hubiese visto. En realidad, ninguno había visto nunca a Peter llorar, porque normalmente, él solía ser alegre, sonreía siempre, incluso en los peores momentos. Eran muchas las veces en las que aquel pequeño chico había sido una gran esperanza. Y sin embargo, allí estaba. Ver a Peter tan decaído era como ver un eclipse, o un terremoto. Sabes que puede pasar, pero las posibilidades son mínimas. Aquello debía ser más grave de lo que ninguno podía imaginar. Rose observó a su primo. Albus parecía bloqueado. Miraba a Peter fijamente, sin expresión alguna en su rostro.
Sin embargo, cuando Rose empezaba a temer que el azabache se había convertido en una estatua, Albus se acercó a Peter y le apartó las manos del rostro. Rose nunca antes había visto a dos chicos besarse, pero no se sorprendió de que no fuese como otros besos que ya había visto. Como los de sus padres, o aquel de Ted y Victorie. Sin embargo, el beso apenas duró unos segundos, porque Peter apartó a Albus rápidamente, con los ojos, hinchados y rojos de llorar, evidentemente sorprendidos.
-¿¡Pero qué haces!?- Exclamó. A la chica le sorprendió como, solo con un gesto, Peter parecía haberse olvidado de sus problemas por un segundo. Seguramente ahora pensaba que Albus estaba loco, en vez de en su padre.
-Tranquilo- Murmuró Albus, sonriendo suavemente- Ellos ya lo saben- Peter miró a Rose y después a Scorpius. Ambos sonrieron en respuesta, asintiendo- Peter, no puedes culparte porque tu padre sea un capullo, ¿vale? Supongo que… A veces pasa, y no es tu culpa -El chico volvió a mirar a Albus. Por un momento, Rose vio aquello que ignoraba. Las miradas de Peter y Albus conectaron, como si pudiesen hablar mentalmente. El azul del color del mar y el verde esmeralda se juntaron, como si realmente se entendiesen el uno al otro, sin necesidad de palabras. El azabache lo abrazó justo antes de que se pusiese a llorar de nuevo. Rose, por un momento, envidió aquella conexión. Mamá le había dicho que esa conexión solo se encentra una vez en la vida. Y Albus la había encontrado al primer intento. Rose se sintió feliz por él. Al menos el chico ya tenía otra cosa que no fuese oscuridad en su mente.
Miró a Scorpius, deseando tener un cómplice con el que compartir su felicidad, e intentó no sonrojarse al ver que él ya la estaba observando. Ella le sonrió, señalando a los otros dos chicos con la cabeza. Scorpius tan solo le devolvió la sonrisa, pero no dejó que su mente se abriera para que Rose pudiera observarla.
Tal vez fue en ese momento cuando Rose se dio cuenta de que aquel año iba a ser muy distinto que los demás. Y es que realmente lo iba a ser, solo que ella no pudo enterarse hasta unas horas después, cuando llegaron a la cena habitual en el Gran Salón. Rose aún estaba defendiendo su derecho de elegir ser Merodeadora o no ante James y Fred, quiénes bromeaban sin parar, cuando McGonagall pidió silencio en el Gran Salón. Todos los alumnos obedecieron sin rechistar. A nadie le gustaba cuando su directora se enfadaba.
-Bienvenidos de nuevo, queridos alumnos, a Howgarts. Y felicitaciones a todos los que este año cursáis el primer curso. Esperamos grandes cosas de vosotros. - Sonrió McGonagall, dejando un momento de tertulia en el que los alumnos comenzaron a gritar en celebración. James alzó el puño, riendo. La directora alzó la mano, provocando el silencio de nuevo- Pero intentaré no andarme por las ramas. Tengo grandes noticias para los alumnos de quinto, sexto y séptimo curso- Los murmullos comenzaron a crecer entre las cuatro mesas. Rose estiró el cuello para mirar a Albus, Scorpius y a Peter, al otro lado del Gran Salón. Alcanzó a ver a su primo frunciendo el ceño, buscando explicaciones. Rose se encogió de hombros, sin saber dárselas- Hace tiempo, el mundo de la Magia abandonó uno de los grandes acontecimientos que, cada cinco años, unían a tres escuelas; Howgarts, Durmstrang y Beauxbatons, debido a trágicos sucesos que tuvieron lugar aquí y cuyos hechos es mejor no recordar. Sin embargo, el Ministerio de Magia ha decidido que después de casi 26 años sin celebrarlo, ha llegado el momento de retomar la costumbre del Torneo de los Tres Magos -Las voces subieron de tono. Rose aguzó el oído, dándose cuenta de que muchos no tenían ni idea de qué era aquello. James se había quedado congelado. No era de extrañar. Él, al igual que Rose, y toda su familia, sabían que aquellos "trágicos sucesos" que pasaron hace tanto tiempo eran, en realidad, el retorno del mago oscuro, Lord Voldemort, en el que sus padres estuvieron involucrados, y en el que un alumno había muerto- Calma, porfavor, silencio… -Pidió la directora. Esta vez, los alumnos siguieron comentando. Rose miró a Albus. El azabache no la vio, ya que hablaba, con rostro consternado, con Peter. Él y Scorpius debían estar explicándole al chico muggle de qué se trataba todo aquello. - ¡He dicho silencio!- La directora alzó la voz. Los alumnos obedecieron- Gracias. Bien, creo que ya es mucha información para vosotros por hoy. Mañana se os informará completamente. Gracias por vuestra atención, y recordad; el pasado es un lugar irreparable, pero no dicta el futuro.
La comida transcurrió mucho más intranquila que antes de que la directora hablara. El silencio inundó a James, a Rose y a Fred. Tan solo se miraban entre ellos, sin mediar palabra. Rose podía imaginar lo que pasaba por la mente de los otros dos. Los tres habían crecido escuchando las historias de sus padres, y sabían que peligros podían ocurrir en aquel Torneo. Era cierto, Voldemort no podía regresar, pero aquello no significaba nada. El mismo Harry le había explicado una vez que el Torneo de los Tres Magos consistía en tres pruebas, a cada cuál mucho más difícil.
-¿Cómo pueden volver a hacerlo después de lo que pasó?- Pensó Rose en voz alta. James la miró- Además, es cada cinco años, ¿no? -Su primo asintió, sin entender muy bien que quería decir- Pues entonces no toca este año. Lo tendrían que haber celebrado hace… Un año o así, cuando yo estaba en tercer curso, y tú en cuarto. No es justo.
-No creo que "No es justo" les haga echarse atrás- James la agarró de los hombros- Venga, Rosie, tú eres la lista, piensa en algo- Rose pestañeó, mirándolo. ¿De verdad esperaba su primo que ella buscase una razón lógica para que no hiciesen el Torneo? ¿Se había vuelto loco?
-James, te voy a decir lo único que puedo hacer- Dijo, levantando una mano para colocarle las gafas, que se habían resbalado hasta la punta de su nariz- Reza porque no te elijan.
- Eso no me preocupa- James la soltó, suspirando- Prefería que me eligiesen a mí antes que a ti, o a Albus, o a Fred.
-Pues si lo que te preocupa es la familia, lo tienes un pelín mal- Bromeó Rose, intentando animar a su primo. Este sonrió- En serio, somos un montón, por si no lo has notado- Aquello solo sirvió para que James sonriera con suavidad. A Rose le recordó vagamente a la sonrisa que Peter había esbozado en el tren, apenas unas horas antes.
Mientras, al otro lado del Gran Salón, el mediano de los Potter trataba de explicar la situación a Peter, con un poco de ayuda de Scorpius, aunque este último también estaba atento a los detalles que hasta ese día solo habían sabido la familia Potter y Weasley. La Copa, los Cuatro campeones, el Cáliz, Ojoloco Moody, el dragón, las sirenas, el laberinto, Cedric Diggory, el traslador… Voldemort.
-Dios mío…- Murmuró Peter cuando el relato terminó, al igual que la cena. A Albus Siempre le había llamado la atención aquella expresión. Según su novio ("Oh, Merlín, esa palabra suena tan bien…"), el "Oh Dios" era lo mismo que los "Por Merlín", pero en versión muggle- ¿Y aun así van a realizar ese Torneo? Y esa es otra; no han dicho nada de la mayoría de edad… - Scorpius abrió los ojos como platos.
-Es verdad. Y tampoco hay Cáliz, Albus…
-Tranquilos, ¿vale?- Dijo Albus, aunque él también estaba asustado. No quería participar. Le importaba bien poco que su padre hubiese ganado ese estúpido Torneo; él no quería- Seguramente no se celebrará aquí, ¿vale? El último año antes de suspenderse fue aquí, por eso no está el Cáliz.
-Espero que tengas razón, Al- Murmuró Peter, levantándose de la mesa y siguiendo a sus compañeros de casa, al igual que Albus y Scorpius- Porque si no, estamos jodidos. Y mucho.
-Bueno, al menos Voldemort no puede regresar, eso está claro- Comentó Scorpius sin mirarlos, sonriendo a la lejanía y despidiéndose con la mano de Rose, quién no se separaba de James y Fred. El rubio solo consiguió una sonrisa encantadora y dos miradas asesinas.
-Porque Voldemort no tuvo hijos, ¿no?- Bromeó Albus, dándole una colleja a Scorpius para que volviese a prestar atención. Este solo le dedicó una sonrisa cómplice- ¿No era tu tía abuela la que tenía una seria obsesión con él? -El rubio comenzó a reírse, a pesar de que sabía que en su familia, el recuerdo de Bellatrix Lestrange infundía bastante respeto. Llegaron a la Sala Común en apenas unos minutos.
Aquella noche, Rose, James y Fred, junto a todos los alumnos de quinto, sexto y séptimo curso, se quedaron en la Sala Común junto al profesor de Herbología, Neville, y jefe de la casa. Rose se acomodó en uno de los sofás. James prefirió sentarse junto al brazo del sofá.
-Bien, sé que muchos de vosotros estáis impacientes por saber más sobre el Torneo, pero guardad silencio, y no me interrumpáis hasta el final, a poder ser- Dijo en su habitual tono tranquilo de voz. Costaba creer que aquel hombre había sido el más torpe de su casa durante su etapa como estudiante. Rose miró de reojo a James, que aun parecía preocupado- Bien, a ver, no es tan difícil de explicar. En estos momentos, el profesor Phoenix debe estar explicándoselo a los de Slytherin, y Flitwick a los de Ravenclaw, y a Hufflepuff…-El profesor se interrumpió al ver las miradas impacientes de sus alumnos- Vale. Mirad, chicos. El Torneo de los Tres Magos es difícil. Puede haber incluso heridos entre los participantes. Se trata de elegir tres magos, uno de cada escuela, para participar. El caso es que se tiene pensado elegir a dos integrantes de cada casa de Howgarts. Tan solo ocho alumnos de Howgarts tendrán la oportunidad de meter su nombre en el Cáliz de Fuego, que elegirá al campeón que compita contra los otros dos magos. Como algunos habréis imaginado ya, el Torneo se celebrará en la academia de Beauxbatons este año.
Los alumnos leones se miraron unos a otros, murmurando. Rose llego a afinar su oído. Muchos de sus compañeros no querían participar, y sin embargo… Miró a James. Sus ojos verdes tenían ese brillo tan poderosoy astuto, como cuando iba a gastar una broma increíble a alguien. Ambos habían pensado lo mismo. Ambos participarían.
-Profesor- Scorpius detuvo a Phoenix antes de que se fuese de la Sala, una vez terminada la charla. El rubio tenía bastante claro que quería participar en aquello, a pesar de todos los peligros que representaba. ¿Por qué? Por el honor, por supuesto. Darle a su padre una razón por la que sentirse orgulloso de él- ¿Cómo se elegirán a los participantes?
Phoenix Tofty había sido un destacado mago del Ministerio en su tiempo. Sin embargo, después de que unas cuantas acusaciones por parte de ciertas personas, que le culpaban de ser mortífago, había tenido que dejar su puesto allí. Scorpius sabía que era inocente, su padre se lo había dicho en cierta ocasión. Tofty jamás habría caído tan bajo como para ser un siervo de Voldemort, pero aquello no le había servido al Ministro Fudge para devolverle el puesto. Muchos decían que McGonagall se había enterado de esta historia, y que por ello le había dado el puesto de profesor de Defensa Contra Las Artes Oscuras, y jefe de la casa Slytherin.
-Verás- Elmago miró a su alrededor, como si supiera que no debía contarle aquello a Scorpius, cosa que seguramente era así- Ya estamos en proceso de elegir a los candidatos. Por ahora, cinco alumnos de cada casa realizaran un breve examen para determinar qué dos alumnos de ellos irán a Beauxbatons.
-Entiendo- Afirmó Scorpius, imaginando que los profesores se guiarían en un principio por las notas de ciertas asignaturas. Y supuso que después comprobarían a los alumnos, ya que alguien podía tener excelentes notas, pero a la hora de la verdad, el miedo podría paralizarlos. Scorpius miró de reojo a sus amigos, que parecían cuchichear preocupados. El joven Malfoy sabía que ninguno de los dos querría participar en aquello.
Pero, como diría su padre, a veces debes emprender una aventura tú solo.