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La Increíble Pero Cierta Historia De Rose Weasley — capítulo 8

La explicación de James no convenció a su padre en ningún momento, como era de esperarse. Así pues, Rose observó su venganza cumplirse con creciente maldad. Mientras, Albus acompañó a Scorpius hacia su habitación, donde ambos dormirían. La Madriguera había cambiado poco desde que su padre era joven, o eso le había contado. Había crecido, por así decirlo, con la familia. Poco a poco, el abuelo Weasley había construido más habitaciones, hasta el punto de que podían caber todos, o la gran mayoría. Así pues, la distribución solía ser siempre la misma; la habitación de los abuelos, la habitación de James y Fred, la habitación de Hugo y Louis, la habitación de Rose y Roxanne, la habitación de Lily y Dominique, y, por último, la de Albus.

Sí, Albus tenía el gran privilegio de no compartir su habitación de la Madriguera, debido al hecho de que sus primas Molly y Lucy casi nunca dormían allí, y Victorie solía irse a casa de Teddy a dormir, desde que sus padres le expresaron lo contento que estaban con su relación. Era por eso que se le había ocurrido la idea de invitar a Scorpius allí, ya que sabía de primera mano que el único sitio libre estaba dentro de su habitación.

-Vaya- Exclamó Scorpius al entrar, dejando su maleta sobre la cama que nunca había sido ocupada- Te lo tienes bien montado, ¿eh?

-Exacto- Sonrió Albus, desordenándose el pelo. Era la primera vez que veía a Scorpius sin el uniforme de Slytherin, y lo primero que pensó es que, de haberlo conocido en la calle, nunca hubiese pensado que acabarían siendo amigos. Scorpius llevaba puesta una camiseta blanca, básica, sin ningún dibujo, bajo una chaqueta vaquera. Además, en su cuello resaltaba un colgante de cuerda negra que sujetaba algo plateado. Además, también tenía puestos unos pantalones vaqueros y unas zapatillas que le cubrían el tobillo. Para Albus, Scorpius parecía esa clase de chico al que invitan a todas las fiestas, la clase de chico del que todas las chicas están enamoradas.

Después se miró a sí mismo. Definitivamente, sus estilos no congeniaban. Casi toda la vestimenta de Albus se basaba en camisetas anchas y negras, con frases, o nombres de bandas muggles, como Nirvana, o Guns & Roses, que Peter le había ido enseñando conforme pasaban los años, y a los cuales había empezado a adorar. También llevaba vaqueros, como Scorpius, pero en cuanto a calzado, Albus se conformaba con sus gastadas zapatillas.

-¿¡Cómo que hay un Malfoy en la Madriguera!?- Aquel grito lo sacó de su ensoñación. Scorpius y Albus se miraron mutuamente, alarmados, durante un momento. No hicieron falta palabras. Entre ellos, pocas veces eran necesarias. Salieron de la habitación y bajaron las escaleras con cuidado. Sin embargo, Albus, al confirmar sus dudas sobre quién acababa de llegar, extendió un brazo para impedirle el paso a su amigo. Se llevó el índice a los labios, agradeciendo la columna de madera que los tapaba.

-Ron, porfavor, déjalo ya…- Escuchó a tía Hermione reñirle, medio divertida. Albus sonrió, sabiendo que si alguien podía calmar a tío Ron, esa era su mujer. Así pues, sabiendo que no podía pasar nada malo, retiró su brazo y bajó con tranquilidad. Scorpius le siguió, algo temeroso. Tal vez Rose tenía razón. Tal vez se había metido en la boca del lobo. O mejor dicho, del león.

Reconoció a Ron Weasley solo porque su padre lo había descrito una vez, hace mucho tiempo, recordando sus tiempo en Howgarts. Pelirrojo, con aire de despistado y mirada perdida. Pero, si se hubiera guiado solo por aquello, podría haber confundido a cualquier tío de Albus con Ron Weasley. No, lo que le hizo saber quién era fue el hecho de que Rose tenía los mismos ojos que su padre. Al verle, su mujer, Hermione Granger, le pegó un codazo, lanzándole una mirada de advertencia como para decirle a su marido que se callara.

Rose, sentada en el sofá, parecía disfrutar de la situación.

-Hola, tío Ron- Trató Albus de romper el hielo, acercándose a su tío con una sonrisa. Ron pareció relajarse al ver a su sobrino- ¿Qué tal por casa? ¿Dónde está Hugo? Ha venido con vosotros, ¿no?

-Sí…-Murmuró Ron, desviando al fin la vista de Scorpius. El rubio empezaba a sentirse como un invasor- Sí, ven, Albus, está en el jardín…- El pequeño Malfoy reprimió las ganas de soltar un suspiro de alivio al ver marcharse al padre de Rose, quién le miró desde su seguro sitio. La chica, al verle tan apurado, se apartó un poco y dio unas palmadas a su lado. Scorpius tardó apenas un segundo en sentarse a su lado.

-Siento el numerito de mi padre- Dijo, sonriendo- Pero es que, verás, tu padre no le cae demasiado bien.

-El padre de Julieta también odiaba a Romeo…- Pensó en voz alta. Que Scorpius fuera hijo de Draco Malfoy no significaba que ignorara la cultura muggle. La historia de Romeo y Julieta se la había contado su madre, cuando era pequeño. Le contó que trataba sobre dos familias enemigas desde hacía tanto tiempo que ya ninguno recordaba el motivo, y cuyos hijos se enamoraban y que, tras muchos problemas, acababan juntos. Sin embargo, Scorpius no se enteró del verdadero final hasta muchos años después, graciasa Peter. No culpo a su madre por mentirle. Después de todo, era algo difícil explicarle a un niño de cinco años que, en la historia, la chica intenta hacerse pasar por muerta sin llegar a comentarle nada a Romeo. Un gran acto de genio, claro que sí. Romeo, a ver a su amada, y como era de esperarse, cree que ella ha fallecido y, como no puede vivir con aquel dolor, decide suicidarse. Y Julieta, cuando despierta y descubre que Romeo se ha clavado una daga en el corazón, se lamenta y sigue los pasos de su amado, suicidándose. En fin, una historia preciosa.

-¿Qué?- Preguntó Rose, frunciendo el ceño, confundida.

-Es una historia muggle, Rose- Explicó Hermione, acercándose a ambos adolescentes. Le dedicó una dulce sonrisa a Scorpius- Tú debes de ser Scorpius. Bienvenido a la Madriguera- Extendió la mano hacia él, quién se la estrechó con confianza- Soy Hermione, la madre de Rose. Y, por si te interesa, soy hija de muggles.

-Em…- En un principio, Scorpius tuvo miedo de que la madre de Rose fuera a culparle por lo que sea que le hubiese hecho su padre. Después de todos, él sabía que su padre, y los Malfoy en sí, eran mortífagos. Eso significaba que no les tenían mucho aprecio a los hijos de muggles. E iba a defenderse, hasta que cayó en la cuenta de que Hermione no lo miraba enfadada, ni nada por el estilo. Solo entonces se dio cuenta de que había citado a Romeo y Julieta, que, como bien había dicho, era una historia muy famosa muggle. Notó la sangre palpitar en sus mejillas- Lo siento.

-No pasa nada- Hermione soltó una carcajada. Era gracioso, Scorpius hubiera jurado que Rose se reía como su madre- De alguna manera, me esperaba algo parecido- Comentó en voz baja, mientras hacía un gesto con la mano, quitándole importancia. Rose miraba a su madre y a Scorpius como si fuera la primera vez que los veía.

-¿Pero de que estáis hablando?

-Ay, Rosie- Hermione le dedicó una sonrisa. Su hija hizo una mueca, cruzándose de brazos y poniendo los ojos en blanco. Siempre hacía aquello cuando no sabía algo. Rose odiaba vivir en la ignorancia- Ojalá te hubiese inculcado más cultura muggle… - Rió su madre, saliendo de la estancia para volver con su marido. Rose dirigió su mirada a Scorpius, quién, avergonzado, aún notaba su pulso acelerado.

-¿Tú has entendidoalgo?- Le acusó Rose, con su mirada mortal, y su voz empapada de reproche. Scorpius la miró fijamente, negando con la cabeza. Era la primera vez que veía a Rose con ropa de calle, y no con su uniforme de Gryffindor. Con evidente regocijo, se dio cuenta de que la ropa de la chica Weasley dejaba adivinar unas curvas de cuya existencia no tenía ni idea. Al instante, Scorpius sintió una vergüenza hacia sí mismo indescriptible. Empezaba a hartarse de la adolescencia y de los pensamientos pervertidos- Scorpius, ¿estás bien?

-¿Eh?- El chico pestañeó, dándose cuenta de que llevaba casi cinco minutos en silencio- Sí, sí. Oye, ¿qué tal si vamos con los demás, eh? - Rose lo miró por un momento, inspeccionándolo. Por un momento, temió que la chica fuese capaz de leerle el pensamiento. Sin embargo, cuando empezaba a temerse lo peor, Rose sonrió y asintió con la cabeza.

-Claro, vamos- Dijo, levantándose y estirando los brazos hacia el techo, como si acabara de despertar. Scorpius apartó la mirada. La acompañó hacia el jardín trasero. Rose estaba asombrada de ver que Scorpius, muy al contrario de lo que esperaba, parecía sentirse cómodo allí, entre los animales que eran sus primos. La chica sabía muy bien que la casa de Scorpius era una mansión, la mansión Malfoy. Sin embargo, elchico Malfoy en ningún momento parecía asquearse por nada. Ni siquiera cuando papá soltó delante de todos el gran abrazo que Voldemort le dio al padre de Scorpius delante de todos, durante la guerra. En aquel momento, Rose fue testigo de cómo los ojos de Albus desafiaban cualquier ley humana, saliendo de sus orbitas. Sin embargo, Scorpius solo se rió, exclamando que nunca nadie se lo había contado. Ron guardó silencio el resto de la noche, en parte por no haber conseguido su objetivo de enfadar al hijo de su enemistad escolar, en parte porque su mujer seguida lanzándole miradas asesinas.

Al poco rato, Albus, Rose y Scorpius se separaron del gran grupo de la familia, instalándose en el cuarto de los chicos. Scorpius ya había deshecho su maleta cuando se dio cuenta de que la pelirroja se había tumbado en su cama, o la que ahora le pertenecía por un mes, haciendo que él tuviese que sentarse en el suelo, debido a que aún recordabael incidente del salón.

-Oye, Scorpius- Dijo Albus desde su propio colchón. El chico tenía la cabeza apoyada donde debían ir los pies, con una almohada sobre la cara, por lo que su voz sonaba ahogada- ¿Tu padre alguna vez te ha hablado sobre la guerra de Howgarts?

-En realidad, no mucho- El azabache apartó un poco la almohada, dejando ver sus ojos verdes, que lo miraban- Sí, sé que fue mortífago, como toda mi familia. Creedme, no hay ni un solo día en el que alguien me lo recuerde - Scorpius hizo una mueca.

-¿A qué te refieres?- Rose frunció el ceño, cruzando los brazos, tumbada, y apoyando la barbilla.

-Rose, es como lo que pasa con nosotros- Contestó Albus en lugar de su amigo, viendo que no sabía cómo contestar- ¿A ti nunca te han recordado de quién eres hija?

-Albus, no es lo mismo ser hija de Ron Weasley que de Harry Potter- El azabache soltó una carcajada. Era cierto. Los nuevos libros de Historia de la Magia tan solo mencionaban que Voldemort había sido derrotado por Harry Potter, pero nada de todo lo que había detrás, de la gran aventura que los tres vivieron- Pero… Sí, a veces sí- Rose suspiró, mirando al suelo- Todos esperan que sea como mi madre, ¿sabéis? "La inteligente Rose Weasley, igualita que su madre"- Murmuró, con sorna. Scorpius soltó una carcajada.

-"Todos los Malfoy sois iguales- Continuó la broma. Rose le dedicó una leve sonrisa- Unos traidores repugnantes"

-"Eres la deshonra de los Potter. Slytherin, cobarde, y encima…"- Albus se interrumpió a si mismo antes de cagarla. Había olvidado el detalle de que Scorpius ignoraba su relación con Peter. Reprimió un sollozo. Lanzó una mirada a Scorpius y Rose, que lo miraban preocupados. Supo entonces que ellos habían estado bromeando, tal vez con ciertos dejes de sinceridad. Pero Albus estaba cansado, muy cansado de todo. Estaba harto de ser el raro de su familia. El primero en entrar en Slytherin. El que le gustan las cosas muggles. El que es amigo de un Malfoy. Nunca lo había hecho aposta. Nunca había tenido intención de ir en contra de nadie. Pero para James, nada era así. Su hermano mayor no hacía más que decirle que era una deshonra. Eso sí, delante de su padres, ni siquiera se dignaba a mirarlo. Aunque tal vez fuese broma, Albus no podía evitar pensar que en el fondo, muy en el fondo, James lo decía en serio. Porque era lo que él, y todos, habían esperado. Que Albus fuera como su hermano mayor, una copia exacta, pero con menor edad.El chico meneó la cabeza, volviendo a la realidad. Rose se había incorporado, y estaba sentada en el colchón, mirándolo- ¿Puedes irte un momento? - Preguntó en voz muy baja- Tengo que hablar con Scorpius un momento.

La chica no lo comprendió durante un breve segundo, pero Rose era lista, y pronto se dio cuenta de lo que pretendía Albus. Con apenas unas palabras de despedida, la chica salió de la habitación con pasos ligeros. El azabache miró fijamentea su albino amigo, pensando en la mejor manera de comenzar una conversación como aquella. "Verás, Scorpius, a ti te gustan las chicas. A mí no" No, aquello era demasiado directo. Albus solo quería ir con cuidado. Después de todo, nunca le había preguntado a Scorpius su opinión respecto a la homosexualidad en general. Lo miró un momento, equilibrando las posibilidades que tenía, cuando se dio cuenta de que Scorpius se había quedado mirando fijamente la puerta de madera, ahora cerrada.

-Scorpius- Lo llamó, dándose cuenta de que ambos llevaban en silencio un buen rato, perdido cada uno en sus pensamientos- ¿En qué piensas?

-Yo…- Scorpius aún parecía ausente. Pero, con un pestañeo rápido, pareció recuperarse. Pero ya no parecía el mismo chico que había bromeado sobre los oscuros orígenes de su familia- Albus, ¿somos amigos, verdad?

-Sí, claro- Respondió, casi por acto reflejo. Miró al rubio un momento, como si fuera un desconocido. Scorpius le devolvió la mirada con la misma intensidad. Solo entonces Albus pudo darse cuenta de que ambos estaban guardándose algo, que ninguno estaba siendo sincero. Albus sabía su propio problema, pero no podía imaginar que querría esconderle Scorpius.

-¿Me podrías guardar un secreto?- Susurró Scorpius, sonriendo levemente. Albus soltó una carcajada.

-Sabes que sí, sangre limpia- Murmuró, apartándose para dejarle hueco en el colchón a su amigo, quién se había levantado del frío suelo- ¿Qué clase de secreto?- No supo muy bien si fue la mirada vacilante de Scorpius o su propio nerviosismo.

-Yo…- Murmuró. Scorpius inspiró profundamente y cerró los ojos, como si le costara abrirse. Albus lo entendía, en cierto modo- Estoy enamorado de Rose- Albus lo miró un momento, fijamente. Pestañeó. Scorpius solo lo observaba, casi esperando un castigo por su delito. Por la cabeza de Albus pasaron muchas opciones. Pensó en decir que ya lo sabía; eran obvias las miradas que Scorpius le lanzaba a Rose. Pensó en sorprenderse. Sin embargo, eligió la más arriesgada de todas.

-Y yo soy gay- Se tapó la boca casi enseguida. Notó la sangre subir a sus mejillas, colorándolo. Scorpius solo alzó las cejas.

-Joder- Sin embargo, esbozó una triste sonrisa- Albus, lo digo en serio. Por una vez, no es broma.

-Yo… Yo también lo digo enserio- Murmuró, dejando caer su mano, así como su mirada, llena de vergüenza- Soy gay, Scorpius- Por un momento, pensó en encogerse para siempre, en aislarse. ¿De verdad su amigo sería capaz de rechazarle? Un incómodo silencio inundo el espacio entre ambos.

-Ah…-Dijo Scorpius tras casi cinco minutos completos sin decir ninguna palabra, casi por obligación social- Y... ¿Te…Te gusto, o…?

-¿Qué? ¡No! - Exclamó Albus, entre divertido y aterrorizado por la idea.

-¿Y por qué no?- Scorpius sonaba más indignado que cualquier otra cosa. El azabache soltó una carcajada, tomándoselo como una buena señal- ¡Si yo soy muy sexy!

-Digamos que no eres el rubio que me gusta...- Scorpius lo miró un momento, alzando una ceja y sonriendo casi de lado.

-¿Peter?- Albus agachó un momento los ojos, notando sus mejillas enrojecerse de nuevo, y asintió en un gesto rápido. Scorpius soltó una carcajada- ¡Vaya! ¿Pero él sabe que eres…?

-Hombre, espero que lo sepa- Su amigo frunció el ceño- Si no, me extrañaría que me besara tanto…

-Espera, espera- Scorpius alzó las manos, riendo- ¿Besarte? ¿Es que tú y él estáis saliendo?- Albus se mordió con fuerza el labio inferior, nervioso, y asintió con la cabeza de nuevo- ¡Joder! ¿Desde cuándo? ¿Y por qué yo no he sabido nada hasta ahora? ¡Creía que era tu mejor amigo! ¿Lo sabe alguien más?

-Desde Navidades, más o menos…- Albus se llevó una mano al pelo, torciendo la mueca de su rostro, pensativo- Solo… Solo lo sabe Rose, y… ¡Eh, un momento! -El chico le cogió las muñecas a Scorpius y se las apartó en un movimiento algo agresivo- ¿Y tú eres el que se siente ofendido? ¿Qué es eso de que estás enamorado de Rose? -Scorpius se detuvo en seco. Ahora era su turno de ponerse rojo- "¿Y por qué yo no he sabido nada hasta ahora?" - Le imitó Albus.

-¿…No te molestará, no?

-¿Te molesta a ti que salga con Peter?- Scorpius negó con la cabeza, poniendo los ojos en blanco. Albus soltó una carcajada- Pues claro que no, Malfoy. Otra cosa es que consigas hacer que Rose se ablande un poco…- Scorpius hizo una mueca.

-Oh, porfavor, Potter, es indignante que dudes de mis dotes- Albus estalló en carcajadas- Es broma. Después de haber visto todo lo que he visto hoy… Sé que no tengo oportunidades con ella- Albus alzó una ceja, mirando a su amigo confuso- Venga ya, Albus, tú deberías saberlo mejor que nadie. Ya has visto a tu tío. Y al resto de tu familia. Por no hablar de tu hermano. Le tiene mucho cariño a Rose, pero no tanto a mí…

-Tampoco es que Rose no vaya a hacer algo solo porque su familia esté en contra, ¿sabes? Si ella quiere, nadie podría detenerla.

-Yo no he dicho que Rose no quisiera salir conmigo por su familia. En realidad, solo pensaba… Rose es… Hija de su padre. ¿Quién no te dice que ella también me odia?

-Bueno…- Albus esbozó una sonrisa, y miró a Scorpius, que cada vez parecía más alicaído- Dime una cosa, ¿nos conocemos desde hace casi cuatro años, no? -El albino asintió con la cabeza- Pues, conozco a mi prima. Y si no te ha mandado a tomar por culo ya, significa que no te odia. Además- Albus se revolvió el pelo- Recuerda que Rose a veces parece una Slytherin…

-Sí, la verdad es que sí…- Scorpius soltó una carcajada. Albus pudo ver aquel brillo en su mirada. El brillo de un enamorado, distante y emocionado, como si aún no asimilase lo que ya era de por si una cruda verdad. En ese momento, entendió que lo que decía Scorpius era real, que el chico realmente se había enamorado. Y aquello ya nadie lo podía cambiar.Tal vez los milagros sí existiesen.Y tal vez uno acabara apiadándose de Scorpius, cambiando los sentimientos de Rose.

Porque si de algo estaba seguro Albus era de que, tristemente, el incontrolable amor de su amigo no era correspondido.