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La Increíble Pero Cierta Historia De Rose Weasley — capítulo 7
Para cuando Rose se enteró, era demasiado tarde. La verdad caía sobre ella como un gran peso. Scorpius Malfoy pasaría todo el mes de Agosto en la Madriguera.
Habían pasado meses desde las vacaciones de Navidad. Nada había sido distinto desde que Albus le reveló su sexualidad a Rose, salvó el hecho de que no se lo había dicho a nadie más. Es más, Peter no tenía ni idea de que Rose estaba al tanto de su relación. Porque sí, existía una relación. Albus se lo había contado todo una tarde de primavera, mientras Scorpius estaba castigado por haberse saltado una clase. Al parecer, al volver de las vacaciones de Navidad, lo primero que había hecho Peter era buscar a Albus y, sin decir nada, lo había agarrado de la muñeca para llevárselo a algún lugar solitario y besarle allí. Desde entonces, ambos habían estado juntos en secreto.
Realmente, el único que deseaba ocultarlo del mundo era Albus. Peter había declarado que no tenía ningún problema en que la gente supiese quién era la persona a la que amaba. Pero Al no quería que sus hermanos lo supiesen, todavía no.
Así que, quitando ese hecho, no, nada había cambiado. Todo siguió su curso de siempre, salvo porque la última semana salió a relucir una brillante idea en la cabeza de Albus. Presa del pánico ante el hecho de verse encerradotres meses en una misma casa, de tamaño poco razonable, y con el único apoyo que era su prima Rose, al mediano de los Potter apenas le tembló el cuerpo al pedirle a Scorpius que viniera a pasar el mes de Agosto.
Obviamente, el primogénito Malfoy aceptó encantado en un principio, pensando que no habría ningún problema. Pero cayó en la realidad mientras viajaban en el Howgarts Express, de camino a Kings Cross. Tuvo miedo, por un momento, de que sus padres, en especial su padre, se negaran, pues bien sabía Scorpius que su padre había conocido a Harry Potter, y que no habían sido exactamente amigos. Además, cabía añadir la expresión del rostro de su padre cuando Scorpius le habló de Albus, después de su primer curso.
-Bueno, y cuéntame, hijo- Preguntó Draco en la limusina familiar, mirando fijamente a Scorpius, quién estaba hundido en su sillón. Se sorprendió cuando su padre le dirigió la palabra. Después de todo, durante sus once años de vida, Scorpius había aprendido que las familias eran así. Al menos, la suya. Papá no solía estar en casa, y además casi siempre estaba ocupado. Por eso, Scorpius adoraba cuando Draco tenía un rato libre. Pero nunca, nunca, estar en un trayecto en limusina (porque papá solía decir que, para pasar desapercibidos entre los muggles, tampoco había que comportarse como ellos) podía considerarse "tiempo libre". Aquel día fue la excepción- ¿Qué tal fue todo en Howgarts?¿Te gustó Slytherin?-Scorpius solo asintió, sabiendo que realmente su padre no estaba tan interesado- ¿Y llegaste a hacer algún amigo?
-Pues…- Scorpius titubeó un momento, pensando sihablarle sobre aquel gordo de segundo que no le dejaba en paz, o de su verdadero amigo. Se sorprendió de ver que Draco le prestaba toda su atención, por una vez. Y no quería malgastar aquella ocasión- En realidad, sí. Hay dos chicos que me caen bien.
- Oh, genial- Comentó Draco, mirando fijamente a su hijo. Sabía que algo no andaba bien. Scorpius, muy a su pesar, sabía que, a pesar de todo, Draco se había esforzado en conocerle bien. Y lo había conseguido- ¿Conozco a sus padres? - El Malfoy menor asintió en respuesta. Draco no se quedó complacido con aquello, y comenzó un interrogatorio- ¿Entonces cuál es el problema? ¿¡No será un Hufflepuff, no!?- Preguntó, alarmado. Scorpius negó con la cabeza, mordiéndose el labio inferior.
-Tranquilo- Murmuró, sin creerse sus propias palabras- Son de Slytherin.
-Entonces bien, ¿no?- Draco entrecerró los ojos, sabiendo que, al contrario de lo que decía, algo seguía sin ir bien- ¿Cómo se llaman?
-Pues…- Scorpius tragó saliva y cerró los ojos con fuerza al pronunciar el nombre de su amigo, temeroso de que su padre le pegase una bofetada. Nunca lo había hecho, pero siempre existía una primera vez- …Albus Potter.
No sabría describir con exactitud el rostro que su padre puso. Una mezcla entre sorpresa por recibir la noticia de que un Potter estuviese dentro de Slytherin, y que encima su hijo fuese amigo suyo. Scorpius casi agradeció que su padre olvidase por completo la otra persona. Sería bastante difícil decirle que el otro amigo de su hijo era un hijo de muggles. Pero el pequeño jamás pudo olvidar aquel momento, ni el rayo que surcó la mirada gris de su padre, equivalente a la suya.
Fue la primera vez que supo que había decepcionado a su padre.
-Ay, mi Scorpius…- Escuchó a su madre murmurar, inclinándose para llenarle el rostro de tiernos besos maternales. Scorpius soltó una carcajada, incapaz de decirle a su madre que parase- Te pasas el año en Howgarts… Y ahora te vas con tus amigos… ¿Acaso quieres huir de mí?
-Claro que no, mamá- Le sonrió Scorpius, dándole un abrazo. Astoria no tuvo que agacharse mucho para corresponder su abrazo. Su pequeño estaba creciendo, haciéndose un chico fuerte y alto. En aquel momento, Scorpius ignoraba cuántas cosas había hecho su madre por él realmente. Era ella quién le había criado, mientras su marido trabajaba. Astoria aseguraba que, antes de que a Draco lo ascendiesen de puesto en el Ministerio, cuando Scorpius apenas era un bebé, había sido un hombre totalmente diferente, dedicado a su familia. Había fotos que lo demostraban, Scorpius había llegado a verlas alguna vez en los álbumes familiares. En ellas, papá tenía el pelo desordenado de manera salvaje, y vestía camisas blancas mal abrochadas, remangadas hasta los codos, no los trajes serios con los que Scorpius estaba acostumbrado a verlo, y siempre sonreía. Astoria afirmaba que fue en aquel tiempo cuando realmente se enamoró de su padre, y hoy día, seguía amándolo.
Scorpius tampoco podía saber en aquellos momentos que su madre había hablado muy seriamente con Draco respecto a Albus (y sobre Peter, existencia que descubrieron algunos años después). Porque fue ella quién le había hecho adaptarse a su marido. "Solo son críos" Defendió Astoria cuando Draco le contó lo sucedido en la limusina "Además, ¿quién eres tú para decidir las amistades de tu hijo? Tu padre hizo eso, ¿no? Y tú siempre se lo reprochaste"
Obviamente, estas palabras hicieron mella en la mente de Draco, pero no le hicieron cambiar de opinión. Eso solo lo consiguió Astoria tiempo después, derritiendo a su marido entre tiernos besos y acogedores abrazos. El padre Malfoy decidió ser más flexible, pero tampoco es que toda su mente se hubiese transformado.
Pero, como Scorpius no estaba al tanto de estos cambios, se sorprendió notablemente cuando su padre le abrazó de despedida y, con cuidado de que Astoria no le viese (porque no podría soportar sus "Te lo dije". Era preciosa cuando tenía razón, pero, porfavor, Draco seguía teniendo su orgullo) le susurró:
-Pásatelo bien- Scorpius sonrió en el hombro de su padre- Y procura no discutir mucho con los Weasley- Al alejarse, su hijo asintió levemente con la cabeza. Draco le lazó una sonrisa cómplice y le guiñó un ojo, acto que Scorpius imitó. El timbre resonó en toda la mansión.
-Oh, Harry, querido…-Escucharon a Astoria recibir a los invitados. Scorpius fue testigo de esfuerzo que hizo su padre por no hacer una mueca. Ambos peliblancos se dirigieron a la entrada, Scorpius con una maleta en mano. Allí, negando la petición de su madre para entrar con amabilidad, estaba el mismísimo Harry Potter.
-Veo que no has cambiado, Potter- Comentó Draco con una sonrisa burlona dibujada en su rostro. El padre de Albus soltó una carcajada.
-Tú tampoco, Malfoy- Por un momento, Scorpius pudo adivinar en el rostro de ambos a aquellos dos chavales que habían sido. Por un momento, los vio ante sus ojos lanzándose pullas en Howgarts. Y, por una vez, entendió que aquella enemistad de su adolescencia estaba perdonada. Tal vez debido a sus hijos. No hubo más palabras que aquellas. Scorpius se despidió de nuevo de su madre y marchó hacia el coche de los Potter, donde Albus le esperaba con una gran sonrisa. Declaradamente, aquel verano iba a ser fantástico.
Mientras, a kilómetros de allí, en la Madriguera, Rose hacía lo posible por mantener el orden en el salón. James y Fred habían dejado todo hecho un asco después de su improvisada guerra de cojines, inundando el suelo de plumas. Rose lo habría recogido todo con magia si hubiese podido haberlo hecho. Pero, al ser menor de edad, tenía que aguantarse y seguir con su escoba.
-¿No pensáis ayudarme, no?- Preguntó, mirando de pronto a sus primos, quienes estaban tumbados en el sofá, cada uno con la cabeza apoyada en un brazo. Ambos se miraron mutuamente y estallaron en carcajadas- Mira que sois idiotas. Scorpius está a punto de llegar.
-Oh, claro, es cierto- Dijo James, impregnando su voz de ironía- Me muero por ver al amigo serpiente de mi hermano.
-James- Le regañó Fred, con una sonrisa burlona en su rostro- No hables así de nuestro querido oxigenado…
-¡Esa ha sido buena, Canuto!- Rió James, incorporándose para chocar los puños con Fred.
-Tú tampoco has estado mal, Cornamenta- Correspondió su primo, usando los antiguos apodos de los primeros Merodeadores, a quiénes ellos les debían fidelidad debido a las influencias de sus respectivos padres. Tanto los adoraban que habían decidido continuar su misión formando los Merodeadores 2.0, en los que ellos mismos eran integrantes, junto el hermano menor de Rose, que había decidido tomar su papel de Lunático (no por ser un licántropo, obviamente, sino porque Hugo estaba un pelín desequilibrado. Todos lo sabían, excepto sus padres) y junto a Louis, quién se había negado en rotundo a llevar el apodo de un traidor como Colagusano, cambiándolo por Rapaz, debido a que el chico estaba aprendiendo a transformarse en águila.
Pero eso es otra historia.
-Chicos, no seáis crueles con Albus- Comentó Rose, dándose por vencida, y siguiendo su limpieza- No es su culpa que Scorpius sea un Malfoy.
-Vaya, prima- Fred se sentó en el sofá, mirándola fijamente con su arrogante sonrisa- ¿Y no te habrás enamorado?- Preguntó, levantándose, dándole énfasis a la última palabra.
-¿Pero qué dices, Fred?- James alzó una ceja, riendo, sin molestar en moverse del sofá- ¿Cómo ves eso posible?
-Chicos, me dais asco- Rose se rió, terminando de recoger las últimas plumas- ¿Cómo iba a enamorarme de ese imbécil de Malfoy?
-Vaya, Rosie- Dijo James, levantándose al fin para acercarse a ella y rodearle con un brazo- Sigue hablando así y te haremos Merodeadora, ¿qué te parece?
-Creía que no admitías chicas, Cornamenta- Replicó Rose, burlándose y quitando el brazo de su primo de sus hombros.
-¡Declarado! ¡A partir de hoy, serás Zarpazo!- Rió James, señalándola con la palma de la mano, victorioso.
-Me gusta ese apodo- Comentó una voz desde la entrada del salón- Porque si te metes con Rose, te acaba arañando.
-Yo sigo prefiriendo Weasley- Declaró una segunda voz. Scorpius y Albus sonreían desde allí, con una maleta de por medio. Rose le tiró la escoba a James, quién la cogió sobresaltado
-Ya os estabais haciendo de esperar- Dijo la pelirroja, acercándose a ellos- Bienvenido de nuevo, Albus- Susurró, abrazando a su primo, quién le correspondió el abrazo.
-Siempre me ha decepcionado eso de que solo le abraces a él, Weasley- Dijo Scorpius, cruzándose de brazos y dibujando una sonrisa burlona en su rostro.
-Si nos vas a llamar a todos Weasley, al final te vas a hacer un gran lio- Comentó Rose tajantemente, alzando una ceja y mirándolo. James y Fred comenzaron a reírse y a gritar "Ooh", haciendo coro a Rose- Bienvenido a la Madriguera, donde no te pasaras un minuto sin que alguien se burle de ti.
-¡Esa es nuestra Merodeadora!- Fred agarró a Rose de los hombros. Rose puso los ojos en blanco, e iba a quejarse, proclamando que ella no era la Merodeadora de nadie, cuando un estallido irrumpió en el salón. Albus pegó un brinco, sobresaltado. Dentro de la habitación, miles de chispas rojas y doradas, seguramente para recordarle a Scorpius que estaba en una casa llena de Gryffindor, formaban las palabras "Bienvenido, oxigenado", salpicando chispas luminosas por todas partes. James reía como un loco, justo debajo del cartel.
Tan solo un carraspeo lo sacó de su ensoñación.
-Y supongo- Dijo Harry desde la puerta, con una mano en el hombro de Albus y otra en el hombro de Rose- Que todo esto lo vas a limpiar tú, ¿verdad, James?- El mayor de los Potter se llevó una mano al pelo, quedándose petrificado por un momento, para después dibujar una sonrisa de falsa seguridad.
-Puedo explicarlo.