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La Increíble Pero Cierta Historia De Rose Weasley — capítulo 6
Tal y como prometió McGonagall, Scorpius volvió a su casa al día siguiente, en aquella fría mañana de Navidad, mucho antes de que saliera el Sol. O al menos, eso le dijeron cuandoRose le preguntó a Albus.
-Ni siquiera se ha despedido- Decía él, mientras ambos caminaban por los jardines de Howgarts, o lo que quedaban de ellos. Las plantas, y el característico verde natural estaban ahora cubiertos de nieve blanca y fría- Esta mañana me he despertado y sencillamente no estaban sus cosas.
-Que desagradecido…- Contestó Rose, arrugando la nariz y después soltando una risa- Oye, ¿y qué hay de Peter? ¿Llegaste a despedirte de él?
-Claro- Albus sonrió bajo su bufanda verde. Las mejillas se le enrojecían por el frío, observó Rose. Aunque eso no era habitual en él. Su primo no dijo nada más durante un rato. No le contó nada, cosa que era extraño en él. Ella estuvo a punto de romper aquel incómodo silencio para preguntarle cuando Albus se detuvo en seco- Rose, tengo que contarte algo.
-¿Qué pasa?- Preguntó, girándose. Pero, en lugar de ver a su primo, fue otro Potter quién contestó.
-¡Pero si está aquí mi traidor favorito!- James abrazó a su hermano, tan bromista como siempre. La pelirroja puso los ojos en blanco. A veces pensaba que el mayor de los Potter tenía una especie de antena dentro de su cabeza para interrumpir momentos importantes.
-¿Qué quieres, James?- Rose se cruzó de brazos, acercándose a él.
-Vaya, que austeridad, querida primita…- James le dedicó una de sus sonrisas. Su primo tenía una peculiar forma de sonreír. La comisura izquierda de la boca siempre se subía más que la derecha, haciéndolo innegablemente atractivo. Pero Rose sabía bien que tras esa sonrisa nunca se ocultaba nada bueno- En realidad, os estaba buscando. Han puesto comida en el Gran Salón, y he pensado que os gustaría ir. Esta toda la familia.
Albus, con los hombros gachos bajo el brazo de James rodeándole, miró a Rose, y esta le devolvió la mirada. Ambos primos podían ser muy diferentes. A ella le gustaba leer, y a él, escuchar música. Él era más sociable, y Rose prefería estar sola. Ella le plantaba cara a quién fuese, Albus prefería esperar a que el destino se encargara de ello. Pero si en algo estaban de acuerdo era en que una sala llena de gente no era ni mucho menos cómoda, a pesar de que se tratase de su propia familia.
Sin embargo, a pesar de las pobres excusas que ambos se inventaron en el último momento, no pudieron librarse de acudir a aquella cita. James tenía razón, en el Gran Salón había comida. Poca gente se quedaba en las vacaciones de Navidad, pero aquel año, según McGonagall, había más gente que nunca. Y no era de extrañar, debido a que tanto los primos Weasley como los hermanos Potter estaban allí.
-¡Rosie!- Exclamó una chica Ravenclaw al ver a su prima. Roxanne Weasley, la hija de tío George, abrazó a Rose. La chica se sonrojó, porque su prima era mucho más alta de ella, y tenía la mala manía de dar abrazos sin darse cuenta de que su pecho había crecido desmesuradamente en apenas unos años- ¡Es genial veros aquí! Creía que os encerraríais en algún sitio, como siempre…
-No nos han dejado- Sonrió Rose, apartándose un poco. Por otra parte, ella odiaba los abrazos.Roxanne se rió como si aquel fuera el mayor chiste del mundo. Se reía por todo- Feliz Navidad, Roxy
-¡Feliz Navidad, si señor!- Contestó la alegre muchacha, anudándose la corbata azul alrededor de su salvaje pelo castaño, como si fuera unadiadema- ¿Sabes qué es lo que más me gusta de la Navidad? ¡La cantidad de comida que hay! ¡Pavo, chocolate, dulces, carne, zumo de calabaza, y más, mucho más chocolate!
-Me extraña que no seas una foca, Roxy…-Comentó un alto chico pelirrojo, con la corbata roja anudada a duras penas en su camisa, rodeando los hombros de Roxanne.
-Oh, cállate, Fred…- Se quejó su hermana, cruzándose de brazos e hinchado los mofletes de aire, recordando a Rose a una ardilla. Fred solo le contestó con una risa. Según la familia Weasley, el chico tenía bien merecido su nombre, en honor al gemelo fallecido de tío George. Y, aunque tía Angelina se había negado en un principio, ya que el recuerdo de tío Fred la entristecía, el tiempo le fue dando la razón a su marido, porque, evidentemente, Fred II era la copia perfecta del fallecido. Igual de bromista. Igual de alegre. Rose aún recordaba cuando la abuela Molly se echó a llorar cuando el primo Fred gastó una broma pesada a Hugo, con ayuda de James. Lejos de reñirle, la abuela lo abrazó.
Fred asegura que fue en ese momento que se dio cuenta de lo importante que era su nombre en realidad.
Rose comenzó a buscar con la mirada a Albus, el cual había desaparecido en mitad de la conversación, mientras Roxanne y Fred empezaban una discusión sobre comida, o ballenas, o focas, o algo por el estilo. Rose había dejado de escucharlos, al igual que ellos habían dejado de hacer. Tras catorce años de vida, Rose sabía muy bien que cuando los dos hermanos se ponían a discutir, nadie los paraba salvo tía Angelina, y su tía no iba a aparecer en Howgarts por arte de magia.
Allá, en la gran mesa horizontal, los profesores hablaban animadamente entre sí, dando a entender que, por unos días, sus obligaciones de profesores se veían amainadas, pasando de ser la autoridad a ser solo brujas y magos normales y corrientes. Y allí, sentadas en la gran (y vacía) mesa de Ravenclaw, sus primas Molly y Lucy jugaban al ajedrez, extremadamente concentradas. Rose no tenía que quedarse allí mirando para saber que ganaría Lucy, como siempre. Molly había nacido para Gryffindor, y aunque era muy lista, sin duda ella prefería cargarse el tablero y partirlo en dos a jugar con la cabeza. Lucy, una digna Ravenclaw, pensaba dos mil veces una acción antes de actuar (y también se limpiaba sus gafas dos mil veces, todo hay que decirlo) Nadie sabía muy bien si ambas tenían algo en común aparte del apellido. Tío Percy solía decir que era así como debía ser, una inteligente y otra valiente. De ese modo, ambas se complementaban.
Cuando al fin encontró a Albus, entendió porque no lo había visto antes. El pobre chico estaba rodeado, en el sentido más literal. Al parecer, James no lo había dejado en paz. Literalmente, su hermano mayor lo tenía aprisionado.Además, los refuerzos habían llegado, en forma de tres pequeños diablillos pelirrojos.
-Hugo Weasley- Proclamó Rose, acercándose al primer diablillo. Su hermano menor se giró, dando un respingo. No habían muchas cosas que Hugo temiese, Rose estaba al tanto de aquello, pero si existía algo, eso era su hermana mayor. El chico era capaz de cualquier gamberrada, excepto cuando su hermanita se metía de por medio. Por no mencionar que Hugo, desde que fue seleccionado para Gryffindor, como toda la familia había previsto, el más pequeño de los Weasley solía irse con James, con Fred y con Louis. Juntos, solían hacerse llamar Los Merodeadores 2.0, desde que tío Harry les contó lo que el abuelo Potter solía hacer con sus amigos, y seguir con las bromas y diabluras que tiempo atrás el abuelo Potter dejó a medias- ¿Qué estás haciendo?
-Relájate, Rosie, solo hablamos con Al- Le defendió el segundo diablillo, con su dulce voz, cruzándose de brazos. Lily Potter, la pequeña Lily que consiguió colapsar a la familia mucho más que Albus al ser elegida para Slytherin. De pequeña, Lily era una perfecta y dulce niña, pero ahora que estaba creciendo, parecía estar abriendo la sucia puerta que ocultaba su interior, llena de sarcasmo, odio hacia todo y todos, y con actitudes controladoras. Rose y Lily habían sido como mejores amigas de pequeñas, y ahora no se aguantaban la una a la otra. Pero esto es otra historia.
-Es verdad- Corroboró el último diablillo- No estamos haciendo nada malo- Louis Weasley, a pesar de ser más mayor que sus dos primos, estaba irremediablemente unido a Lily y Hugo. Esto se debía al sencillo hecho de que estaba, como solía decir, solo en su escala. Es decir, Victorie había estado muy unida a Ted porque ambos tenían la misma edad, al igual que James y Fred, Rose y Albus, y Roxanne, Dominique y Molly. La única que tenía su misma edad era la inteligente Lucy, pero ella prefería estar sola a estar con "ese infantil de Louis", como ella decía. Por esta razón, Louis había acabado uniéndose a Lily y Hugo. Pero, de todas formas, las diferencias de edad apenas se notaban, ya que Louis tenía rasgos infantiles en su rostro, y evidentemente aún no había dado el estirón. Tío Bill solía decir que él tampoco dio su estirón a la edad indicada, si no más tarde. Y tía Fleur le llamaba "su bebé", haciendo que Louis se avergonzara notablemente de su físico.
Pero Rose sabía que su primo no era para nada un bebé, ni un ángel, ni nada de eso. Es más, de aquellos tres diablillos, el peor era sin dudarlo Louis. Porque Hugo iba de frente con sus burlas, Lily era franca respecto a su actitud, pero Louis, con su cara de ángel… Nunca sabías que esperar de él.
-Me están haciendo preguntas incómodas…- Se chivó Albus en un murmullo, con lamirada clavada en el suelo y el rostro enrojecido. Lily le lanzó una mirada asesina. Rose tuvo ganas de pegarle por un momento, pero le detuvo el hecho de que era su prima. Solo eso.
-No seas tonto, Albus…- James le revolvió el pelo, riendo nerviosamente. Puede que Rose no fuese la más mayor de allí, pero todos sabían que si ella se enfadaba, lo pagarían muy caro los cuatro.
-Suéltalo- Dijo secamente Rose, agarrando a Albus del brazo y alejándolo de aquel aquelarre. James soltó a su hermano, sin oponerse. Los murmullos crecieron conforme ambos se alejaban. A la pelirroja no le importó. No era la primera vez que murmuraban a sus espaldas. Tanto Albus como Rose supieron que ya había terminado el momento familiar, y ambos se fueronentre las largas mesas incluso antes de que sirviesen la cena. Dominique, quién había pasado desapercibida hasta entonces, los saludó con una dulce sonrisa. Rose sintió pena por ella. La única Hufflepuff de la familia, la más pura de corazón, y allí estaba, sentada sola en una mesa y leyendo un libro. Dominique había estado muy unida a su hermana, pero ahora que ella se había graduado, solo le quedaba su mejor amiga, pero ella no estaba en Navidades. Rose le devolvió el saludo con educación y se dio prisa en salir del Gran Salón.
Una vez fuera, Albus lanzó un gran suspiro de alivio.
-¡Merlín, Rose, gracias!- El azabache abrazó a su prima, riendo- ¡Me estaban empezando a preguntar cosas muy raras!
-¿Cómo qué?
-Como el aspecto de ciertas partes privadas de los chicos de Slytherin- Albus arrugó la nariz con asco. Rose soltó una carcajada. El mediano de los Potter era tímido de nacimiento, Rose lo sabía. Esto impedía que Albus pudiese hablar con libertad sobre… Ciertos temas, muy diferente a James, el cuál había tenido cientos de novias, o de Lily, quién, a pesar de su corta edad, asombraba a todos los primos con su vulgar vocabulario. Sus hermanos sabían bien que Albus era capaz de soportar de todo, incuso las burlas, pero en cuánto hablaban sobre cosas incómodas… -¿Sabes? Echaba de menos estar con toda la familia…
-Lo sé- Rose sonrió, agarrando la mano de su primo, que aún descansaba sobre su hombro- Debe ser horrible estar todo el día con ese Malfoy.
-Venga ya, Rose- Rió Albus- Si en el fondo te gusta, admítelo.
-Uy, sí- La pelirroja puso los ojos en blanco- Me tiene enamoradita, ¿no me ves?- Albus soltó una carcajada- Oye, ¿qué me querías decir antes?- Su primo lo miró, sin entender- Ya sabes, antes de que llegase James…-Entonces, Albus borró su sonrisa y guardó silencio. Debía ser importante, porque Rose sabía que nada solía hacer sentir a Albus tan decaído. El chico soltó a su prima y se apoyó en una de las paredes de piedra. Rose se apoyó a su lado, siguiendo su mirada hacia el cielo. Pero el chico no miraba al cielo. Sus ojos verdes estaban perdidos en alguna parte de su cabeza.
-Prométeme que no te enfadarás- Rose alzó las cejas, sorprendida. Albus no desvió su mirada.
-Te lo prometo.
-Ni dejarás de hablarme. Que todo seguirá como siempre.
-Albus…
-Promételo.
-Te lo prometo- Aseguró Rose con sinceridad. No se le ocurrió motivo alguno para dejar de hablarle a Albus. Empezaba a tener miedo- Pero mírame- Albus agachó la mirada, justo antes de reunir el valor para mirar a su prima. Ella vio sus pupilas verdes temblar, antes de decirle:
-Besé a Peter- Lo dijo susurrando, como si fuera un secreto. Rose tardó un momento en darse cuenta de lo que realmente estaba diciendo Albus- Antes de que se fuera. Cuando fui a despedirme.
-Tú…-Murmuró Rose, sin saber muy bien qué decir. Era la primera vez que Albus la dejaba sin palabras. La verdad, se esperaba algo peor que el hecho de que Albus hubiese besado a uno de sus mejores amigos- ¿Le besaste? ¿Por qué?
-Yo… Yo…- Albus enterró el rostro en sus manos, terriblemente rojo. Sin embargo, Rose pudo entrever una sonrisa entre sus dedos- ¡No lo sé!¡Porque le quiero, supongo!
-¿Supones?- Rose empezó a reírse. Albus la miró, con los ojos brillantes, y se llevó una mano al pelo.
-Es que… ¿Cómo se sabe eso?
-¿Te gustó?
-¿Eh?
-¿Te gustó besarle?- Rose ladeó la cabeza al mirar a Albus, quién había vuelto a perder su mirada en la nada. Pero esta vez, sonreía.
-Sí- Murmuró tras un momento, cerrando los ojos- Sí me gustó besarle. Además…- Albus alzó una ceja, sonriendo de lado. Por un momento, Rose pudo ver los genes Potter en su rostro. Esa mirada victoriosa que ponía James cuando al fin conseguía que la chica que le gustaba cayera a sus pies- Me devolvió el beso- Rose ahogó un grito, tapándose la boca, y negando con la cabeza. Albus asintió, casi emocionado.
-¡LE GUSTAS!- Chilló, dando un salto de emoción sobre Albus para revolverle el pelo. Ambos comenzaron a reír. Mientras, allá en el cielo, la nieve comenzaba a caer, casi celebrando con ellos. Rose no supo cómo decirle a su primo que se había preocupado por una tontería. Y no importaba. Después de todo, seguía siendo Albus.
Y jamás iba a dejar solo a su primo.