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La Increíble Pero Cierta Historia De Rose Weasley — capítulo 5
La pelea tardó apenas un segundo en formarse. James Potter solo había quedado con una chica Ravenclaw en la oscuridad de la noche, pero Samantha tendría que esperarse. No esperaba ver a Rose fuera de la sala común a esas horas. Y mucho menos verla acompañada de Scorpius hurón oxigenado Malfoy. Al principio, no iba a alterarse. James no se alteraba por pequeñas cosas, y menos por esa clase de cosas. A lo mejor una broma ofensiva como mucho. Pero entonces vio la mirada de Scorpius. James reconoció esa mirada al instante. Hacía años, Ginny había bautizado esa mirada como "la mirada Potter", debido a que Harry siempre la miraba así. Esa mirada consistía en estar fija en aquello a lo que amas, lo que deseas, con una estúpida sonrisa para remarcar que realmente quieres lo que estás observando.
¿James usaba esa mirada para conquistar a una chica? Pues claro.
¿Le gustaba que Scorpius Malfoy usara esa mirada con su prima? Ni de coña.
-Vaya, Malfoy- Se cruzó de brazos, colocándose protectoramente entre él y Rosie- ¿Qué haces tan lejos de tu sala común?
-James…- Le regañó Rose desde su espalda, apartándolo- No seas borde.
-Acompañar a la desamparada de tu prima, Potter- Scorpius le dedicó una sonrisa llena de sarcasmo a James. Ninguno se fijó en Rose.
-¡Scorpius!
-A la mierda. No voy a perder mi tiempo discutiendo contigo- James agarró el brazo derecho de Rose con fuerza, entrecerrando los ojos amenazadoramente- Rose se viene conmigo, y tú te largas por dónde has venido.
-Eso lo tendrá que decidir ella, ¿no crees?- Scorpius cogió a Rose de su brazo izquierdo, pero con mucha menos fuerza que James, cosa que la chica agradeció.
-¡James, para, me estás haciendo daño!- Se quejó, intentando soltarse de su primo. Este reaccionó instantáneamente, sustituyendo su mirada de amenaza por una de preocupación durante un segundo y soltándola. Sin embargo, no era tan fácil calmar al mayor de los Potter, y al comprobar que Rose estaba bien, volvió a mirar a Scorpius de la misma manera.
-No te acerques a mi familia.- Hizo una mueca de desprecio hacia el rubio.
-No hagas daño a tu familia, entonces- Replicó Scorpius, acercando a Rose hacia sí mismo. La chica se apartó, incapaz de no sentirse una traidora para ambas partes. Echó un vistazo hacia la sala común, y descartó la idea de salir corriendo al instante, pues se había llenado de gente. Adolescentes somnolientos y curiosos. Entre ellos, distinguió al primo Fred II, quién, al ver que se trataba de James, trató de abrirse paso entre la gente para llegar hasta él- Y no lo digo solo por Rose…
-¿Te refieres a mi hermano?- James apretó los dientes, y convirtió sus manos en puños. Rose reprimió un grito ahogado. Scorpius acababa de tocar la vena sensible de su primo sin apenas darse cuenta- ¿Cómo te atreves, Malfoy? - El azabache casi gritó cuando dijo cada una de las palabras, impregnadas en asco. Rose no llegó a detenerlo, a pesar de que lo había visto venir. Antes de poder siquiera moverse, James se había abalanzado sobre Scorpius, y lanzaba puñetazos llenos de furia en la mandíbula del rubio, mientras gritaba algo sobre Albus, algo sobre los Potter, Rose apenas lo escuchaba. La sangre le subió a la cabeza rápidamente, amenazándola con hacerla explotar.
-¡James, tío, pero qué haces!- Bramó Fred, intentando detener a su primo con todas sus fuerzas. Cuando al fin logró separarlo de Scorpius, James todavía intentaba liberarse para seguir su tarea. Rose se arrodilló al lado de Scorpius, quién se tocaba el ojo con cuidado. Lo tenía hinchado y de un color morado y pálido. La nariz le sangraba.
-¿Estás bien?- Le murmuró, sacando un pañuelo de su bolsillo para limpiarle la sangre, mientras Fred y otros chicos trataban de calmar, en vano, a James.
-Sí…- Scorpius se apartó de Rose. No la miró. No tuvo valor para hacerlo. Estaba demasiado avergonzado de que ella, precisamente ella, le viese así, con su orgullo al punto de la extinción. Solo se levantó, con la vista clavada en el suelo- No te preocupes. Deberías… Deberías ir a tu habitación.
-Pero…
-Weasley- Cerró los ojos, apretando los labios- Porfavor…
Rose se quedó muda por un momento, con el pañuelo colgando de su mano. A Scorpius se le pasó por la cabeza la idea de que ella pensase que se había enfadado. Esperaba que no fuera así.
-Está bien- Dijo, finalmente la chica, guardando su pañuelo. Scorpius reprimió una sonrisa. Si algo tenía Rose, era orgullo- Pero ve a la enfermería, a que te curen eso ¿vale?- Esta vez, Scorpius si la miró, sintiéndose de repente aliviado.
-Porfavor, ¿quién te crees que soy?- Rió, alejándose poco a poco. James se había dado cuenta de que seguía ahí, y aún parecía cabreado. Scorpius se señaló la cara- Esto no es nada, Weasley.
-¡Se llama Rose!- Gritó James, dando un salto. Fred lo agarró de los hombros, intentando tranquilizarlo. Scorpius lo miró por un momento, pensando en disculparse. Optó por no hacerlo. Era James quién había actuado exageradamente, no él.Así que, una vez Rose entró en la sala común, ignorando las preguntas de la gente (sobre todo de las chicas), se pudo ir tranquilo.
No supo cómo explicarle a Albus o a Peter sus heridas de guerra.
A la mañana siguiente tuvo que saltarse el desayuno, al igual que Albus, para cumplir la promesa que le había hecho a Rose. La señora Pomfrey le preguntó, claro, pero Scorpius decidió no meter a James en más líos, aunque realmente fue porque Albus estaba con él, y no le había contado que su hermano mayor era el causante de sus heridas. En lugar de explicar todo aquello, sencillamente uso la excusa de haberse caído por las escaleras (que, por increíble que parezca, solía pasar a menudo)
Scorpius no supo hasta tiempo después todo lo que había pasado cuando se fue a su sala común. Era imposible que alguien le hubiese contado que Rose había peleado con James, y que James, contra todo pronóstico, se había disculpado. Solo fue consciente de todo aquello cuando Rose visitó la enfermería mientras él se recuperaba, acompañada por la directora McGonagall.
-Me parece una actitud más que desagradable y desestabilizadora, por parte de ambos, señor Malfoy- Dijo McGonagall, apretando los labios. Se veía que estaba enfadada- Estoy al tanto de las enemistades que existen, muy al contrario de nuestra forma de llevar Howgarts, entre Gryffindor y Slytherin, y desearía estar equivocada.
-Directora, si me permite hablar…- Comenzó Rose para defenderlo, en apenas un murmuro. La altiva mujer la miró, dándole permiso- Yo misma estuve allí, y tal vez la pelea en si fue por mi culpa. Scorpius solo quiso acompañarme hasta el cuadro de la Dama Gorda para que no fuese sola; es James quién provoco la pelea. Y, si he de ser sincera, también fue el único que realmente disfruto de ella- Rose señaló las heridas de Scorpius- Solo hay que comparar los daños efectuados en ambas partes.
-No le falta razón, señorita Weasley- Le sonrió amablemente la directora, sin perder su compostura ni su liderazgo- Y por eso su primo ya ha sido castigado, aunque el castigo ha sido aplazado para después de las vacaciones de Navidad- Rose asintió, complacida. McGonagall dirigió su vista de nuevo hacia Scorpius- Hablando de esto, señor Malfoy. Sus padres ya han sido advertidos de que usted volverá mañana a su hogar, no se preocupe- En realidad, lejos de despreocuparse, Scorpius se tensó al escuchar aquello. Ya recordaba con creciente dolor la reacción que tuvo al decirle, hacían casi dos años, que su mejor amigo se apellidaba Potter.
-Y, entonces, ¿no hay castigo para mí?- Preguntó, levantando la mano para frotarse el ojo, y bajándola casi al instante al recordar que su ojo seguía hinchado.
-No sabía que deseara ser castigado con tanto ímpetu, señor Malfoy- McGonagall sonrió cariñosamente al muchacho. Este decidió no cuestionar las decisiones de la directora, por pura supervivencia.
-Directora…- Dijo al cabo de un rato Rose, dudando, por la misma razónque Scorpius, supuso- ¿Qué tendrá que hacer exactamenteJames de castigo?
-No creo que sea de su incumbencia, señorita Weasley- La directora se giró solemnemente hacia la puerta, todavía hablando cuando abrió la puerta de la enfermería- Además, su primo en persona me pidió que lo difundiera la información por algunos… Curiosos. Debe encontrar el castigo algo… Influyente en su reputación.
Rose frunció el ceño y miró a Scorpius extrañada, en busca de respuestas. Sin embargo, el muchacho no podía dárselas. Estaba tan confuso como ella.
Para cuando ambos se quisieron dar cuenta, McGonagall ya había salido de la enfermería.