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La Increíble Pero Cierta Historia De Rose Weasley — capítulo 4

Tres largos años habían pasado desde la noche en la que el mediano de los Potter se condecoró con una corbata verde. Sin embargo, a pesar de lo que Rose llegó a pensar, no pasó nada de lo que ella no se hubiese imaginado ya. A los dos días, Albus recibió una carta de sus padres. Según le dijo, en ella sus padres le expresaban su felicidad por haber sido elegido en Slytherin. Su padre en especial le recomendaba que no se encerrase en su casa, que no se centrase solo en sus compañeros de casa, y que cuantos más amigos de más casas, mejor.

En cuanto a su hermano, Albus no podía quejarse. A pesar de que James ya no le hacía tantas bromas como antes, ni se metía con él desde que su hermano menor entró en Slytherin, al menos no había dejado de hablarle. "Sigue siendo mi hermano" le había defendido James una vez en la sala común de Gryffindor "Pero sigue siendo el único Slytherin al que me acercaré nunca"

-Y tanto- Comentó el primo Fred entre risas- Tu habitación está al lado de la suya…

En cuanto a Albus en sí, se dio cuenta de que su miedo a Slytherin no era más que eso. Miedo, y no algo real. Las serpientes le dieron la bienvenida, sin importarle mucho de donde venía su familia. Según Scorpius, la cruda realidad era que ser hijo de dos familias de sangre limpia que eran los Potter y los Weasley le había salvado la mayor parte de su trasero. La otra parte se la había salvado Scorpius, en realidad, amenazando a aquellos que osaban hablar mal de su nuevo amigo. Y es que, tal y como se dio cuenta Albus poco después, la familia de Scorpius debía de tener o bien mucho poder, o bien mucho dinero. El suficiente como para permitirse el lujo de hacer desaparecer a alguien sin dejar rastro.

La verdad era que, lejos de estar incómodo, Albus se sentía muy a gusto con sus nuevos amigos, aunque aquella cifra se redujese a dos. Porque, aunque Scorpius siempre estaba alrededor suyo para protegerle, Albus también conoció a Peter Deadwood, el chico muggle con el que compartían habitación. Al Potter le cayó bien casi al instante. Tenía su misma estatura, aunque parecía mucho más pequeño que Albus de carácter. Peter le contó que venía del centro de Londres. Su madre era dueña de una pequeña librería y su padre era empresario, por lo que viajaba mucho y Peter apenas le veía. Unos veinte minutos después de estar hablando sin parar, Albus se instaló en la cama que estaba al lado de la de Peter, y este yale había prometido traerle libros muggles después de las vacaciones de Navidad.

Y Rose… No se podía decir algo de ella que estuviera fuera de lo común. Su padre le expresó su orgullo de que su hija fuera una Gryffindor. Ella se lo agradeció, de veras, pero le ocultó pequeños detalles que sabía que le quitarían su orgullo. Las chicas Gryffindor no le caían bien. Eran presumidas, e iban en grupos creados por las amistades de sus padres. Así pues, Rose solía estar entre tres opciones. Sola con un libro en clase, en el grupo de sus primos en la sala común y con Albus y Scorpius cuando ninguna de las otras dos era viable.Además, gracias a las sabias palabras de James sobre Albus, estar con ellos ya no suponía ningún problema para Rose.

Albus era como siempre. La única diferencia es que, en vez de camisetas negras con logotipos muggles, como Rose estaba acostumbrada a verlo, usaba una corbata verde. Pero, por lo demás, seguía siendo el mismo sociable, amable y gentil Albus. Sin embargo, Rose no aguantaba a Scorpius. Porque, si Albus no había cambiado en estos tres años, Scorpius seguía siendo el mismo egoísta, hipócrita y egocéntrico Scorpius Malfoy.

Las peleas entre ellos dos solían ser frecuentes. Cualquier cosa era una buena excusa para comenzar a gritarse y amenazarse con hechizos. En el fondo, Rose se divertía, y tenía la leve sospecha de que Scorpius también lo hacía. Albus era el que ponía fin a aquellas peleas sin sentido, ya que si fuera por su prima o por su amigo, las cosas nunca terminarían.

Luego estaba el tema del "Weasley"

Esa anécdota se remontaba a primer curso, cuando Rose se había quejado de que Scorpius nunca la llamaba por su nombre; siempre usaba su apellido. El rubio solamente se rió, defendiendo que se burlaba de la primera presentación de Rose, en el tren. Según él, Rose había sido borde y desagradable, así que se merecía un castigo, y allí estaba.

Rose suspiró, cerrando los ojos momentáneamente. No quería distraerse de la clase de Historia de la Magia, pero aquel día estaba especialmente cansada. Las idiotas de sus compañeras de cuarto no habían parado de hablar en toda la noche sobre cierto chico rubio de Slytherin, riendo como niñatas de primer curso, tan cursis y descerebradas como siempre. Encima, dos de ellas habían aprendido el lumos hacía poco, cosa que no era para echar fuegos artificiales, pero llenaban la habitación de luz. Y Rose no podía dormir con algo de luz cerca suya.

-Señorita Weasley- La despertó la voz monótona del profesor Binns. Lo gracioso de aquello era que, tiempo atrás, el profesor fantasma ni siquiera se hubiese preocupado sobre quién le prestaba atención y quién no. Pero, según le había contado Hagrid hace tiempo, McGonagall le había llamado la atención sobre aquel tema. Desde entonces, Binns debía estar atento.- Veo que debe de saberse de memoria la rebelión de los Duendes. Así que, cuéntenos, ¿cómo fue que surgió este trágico suceso?

-Pues…- Rose sintió un alivio interno y dio gracias a su madre por sus pequeñas clases sobre el mundo mágico de cuando era pequeña- Ocurrió debido a que los duendes querían su derecho de poder usar varitas mágicas, pero el Ministerio de Magia se lo negó- Recitó sin apenas inmutarse. Escuchó unas risas crueles pero en voz baja a su espalda. "Listilla" parecía murmurar. Agachó la mirada, perdiendo su seguridad. No escuchó al profesor Binns felicitándola. Miró por la ventana, apoyando la barbilla en su mano izquierda. A lo lejos, le pareció ver a Albus, que hablaba animadamente con ese amigo suyo muggle. ¿Cómo se llamaba? Peter Deadno sé qué. La cuestión era que Rose estaba sorprendida de ver a Albus sin Scorpius. Esos dos apenas se separaban. Como acto reflejo, la pelirroja comenzó a buscar a Scorpius entre el gentío de corbatas verdes y azules. Casi esperaba verle seguido de las chicas Ravenclaw, que, a pesar de ser muy inteligentes, seguían siendo casi tan estúpidas sentimentalmente como las Gryffindor. Rose no conseguía entenderlas.

Cuál fue su sorpresa al descubrir a Malfoy no rodeado por fans enamoradizas, si no acosado por aquel chico abusón, Vincent Goyle, de nuevo. Desde aquel día de primer curso en el tren, el rollizo muchacho aprovechaba cualquier oportunidad para plantarle cara a Scorpius. A pesar de ser un año mayor que él, Goyle estaba merodeando por los jardines con los de cuarto curso, que tenían Cuidado de Criaturas Mágicas. Aunque no era de extrañar para alguien como Rose, que sabía que ese idiota gordo no iba a clase a no ser que hubiese comida.

La chica Weasley se sabía la historia de memoria, casi tanto como la rebeldía de los duendes. El padre de Scorpius, Draco, y el padre de Goyle, Gregory, habían sido "amigos" durante sus estudios en Howgarts. Aunque Scorpius definía aquella amistad como una relación jefe-esbirro. Pero, aunque Draco no quería que Scorpius tuviese esclavos como él, ya que "Desperdicié mi tiempo libre en Howgarts recordándole a ese idiota qué era comestible y qué no" , el padre de Goyle no debía pensar lo mismo, porque su hijo actuaba tal y como lo había hecho su padre.

En resumidas cuentas, Goyle pretendía dar sus servicios a Scorpius, pero este se negaba en rotundo, cosa que cabreaba a Vincent y le incitaba a pegar al rubio. Pero, cuando este le recordaba quién era su padre, Goyle se asustaba de tal manera que le olvidaba… Por lo menos una semana.

Ese mismo proceso ocurrió en aquel instante. Goyle se fue por donde había aparecido y Scorpius corrió para unirse a Albus y Peter. En fin, un día normal, como otro cualquiera en Howgarts. La clase finalizó un rato después, cuando ningún alumno quedaba ya en los jardines. Rose recogió sus cosas con lentitud, dando tiempo a sus compañeros a salir antes que ella, deseosos de volver a sus salas comunes, celebrando la última clase antes de las vacaciones de Navidad. Rose no tenía amigas en su casa, y allí sus primos, al ser más mayores y estar en cursos superiores, no podían defenderla. Así que, ante el temor de las burlas o los murmurios, era mejor salir la última y ser ignorada.

-Vamos, Rose…- Escuchó decir desde la puerta. Alzó la mirada, abrazando sus libros de clase. Allí, Albus le sonreía, con las manos metidas tímidamente en los bolsillos. Rose sintió un grato alivio interno y corrió hacia él. Scorpius estaba detrás de él, con los brazos cruzados y apoyado en el marco de la puerta.

-Menos mal- Dijo, al verla- Pensaba que cuando salieses de ahí sería primavera otra vez.

-O te habrías convertido en un fantasma- Comentó distraídamente Peter, al lado de Albus, escondiéndose tras su bufanda verde rayada- Como el profesor Binns…-El chico de baja estatura pestañeó como si se estuviera despertando después de horas durmiendo, mientras Albus se reía y Scorpius ponía los ojos en blanco. Peter parecía darse cuenta de la presencia de Rose en aquel momento- ¡Hola, Rosie!

-Hola, Pet- Le sonrió educadamente Rose. Peter no era su amigo. Le caía bien, era cierto, y no dudaría en ir con él por ahí. Pero el problema es que el chico era demasiado tímido. Según Scorpius, Peter solo estaba relajado con Albus.Muchas veces había acudido a ella para quejarse de que Albus y Peter se pasaban la noche susurrándose cosas y no le dejaban dormir- Oye, ¿al final te quedas estas Navidades?

-Qué va- Peter hizo una mueca de tristeza, siguiendo a la pareja de primos y a Scorpius por el pasillo. Tenía que ir casi corriendo para alcanzarles- Mis padres dicen que no quieren perder la única oportunidad de verme hasta el verano, así que...

-Es una lástima- Contestó Rose con sinceridad, colocándose un mechón pelirrojo tras la oreja- Sería genial que estuviéramos los cuatro juntos en vacaciones.

-En realidad, seríais tres si se quedase…- Comentó Scorpius, en voz casi tan baja que apenas se le escuchó, mientras saludaba a una chica de Hufflepuff que lo miraba sonrojada- Mi padre me quiere allí en Navidad. ¿Qué?- Dijo, al ver las miradas de sus amigos- No quiere que se repita lo del año pasado, ¿vale?

Lo del año pasado, irónicamente, había sido culpa de Albus. Aprovechando que en Howgarts solo estaban los Potter, los Weasley, y algunos alumnos más, al azabache se le había ocurrido la brillante idea de montar una fiesta en el Gran Comedor. Pero, como era de esperar, McGonagall los pilló incluso antes de preparar nada, y les escribió a la familia de los tres. ¿Resultado? Harry Potter se rió ante las ocurrencias de Albus ("Cierto profesor dijo una vez que los Potter no tenemos mucho apego por las normas"), Hermione Granger regañó a Rose, aunque no fue muy dura ("¿Una fiesta? ¡Pero bueno, si solo tienes trece años! ¡Yo a tu edad me mataba por llegar a todas mis clases a tiempo, e incluso aún tenía tiempo para salvar hipogrifos!") Y Draco Malfoy fue el que más sorprendió a todos, riñendo a su hijo no por la fiesta, si no por su compañía ("Sabía que ese Potter y esa Weasley no podían hacer más que meterte en problemas, pero adelante. Sigue comportándote como un traidor a la sangre")

-Entiendo…- Albus sonrió, llevándose una mano al pelo- O sea, que no quiere que te juntes con nosotros en Navidad - Chasqueó la lengua, moviendo negativamente la cabeza- Eres un rebelde, Scorpius Malfoy…- El gruporió, bajando a las mazmorras. Al darse cuenta, Rose se quedó parada, haciendo parar poco después a los tres chicos que estaban enfrente suya.

-¡Ey- Se quejó, mirando a sus amigos- Me la habéis jugado! ¡Ahora tendré que hacer todo el trayecto otra vez, y sola!

-Ups- Albus alzó las cejas. Al parecer, él también parecía acabar de darse cuenta- Es verdad…

-Bueno, no pasa nada- Scorpius se encogió de hombros, metiendo las manos en sus bolsillos- No te vas a morir por ir sola, ¿no?- Rose se mordió el labio nerviosamente, mirando el suelo. No era el castillo lo que la asustaba. Les lanzó una mirada de cachorrito degollado a los tres chicos, deseando que buscasen otra solución. Para su asombro, fue Scorpius quién la encontró, lanzando un exagerado suspiro- Está bien. Albus, Peter, ir entrando a la sala común, yo ahora volveré.

Y así, sin más, se fue con Rose, mientras Albus y Peter se despedían, y este último le deseaba una feliz Navidad a la pelirroja. Rose le dedicó una sonrisa antes de que ellos desaparecieran tras la puerta de su sala común. Scorpius no era muy hablador. Rose podía imaginarse que el chico solo veía el acompañarla como una tarea que tenía que hacer porque sí. Sin embargo, al poco rato de estar caminando uno al lado del otro, el rubio rompió el silencio.

-No deberías tenerles tanto miedo, ¿sabes, Weasley?- Rose agachó la mirada. No le gustaba que Scorpius le hablase así, como si fuera una niña pequeña que merecía ser regañada- Eres mejor que todos ellos, deberías saberlo ya…- Scorpius se detuvo y la agarró del brazo. Rose no levantó la mirada- No me ignores.

-No lo hago.

-Pero tampoco me contestas- La pelirroja se atrevió a mirarlo. "No existía el hechizo que ella no fuese capaz de formular" le había dicho una vez Ron sobre su madre, con una sonrisa embobada al recordar aquella etapa de su vida- Oye, sé que no me crees, Weasley. Es normal, yo tampoco me creería si fuera tú. Después de todo, soy un capullo, ¿no?- Esta vez, Rose no pudo reprimir una sonrisa- Pero a veces me preguntó que ha sido de esa chica de primer curso que era una puta borde, pero se lo tenía muy creído.

-Ha crecido, Scorpius- Murmuró, suspirando- Y se ha dado cuenta de que ser lista no es sinónimo de ser popular.

-Qué tontería- Scorpius casi escupió las palabras- ¿Y quién quiere ser popular?- Rose se permitió soltar una carcajada- No, en serio. No es por meterme con Gryffindor pero, ¿has visto a esas chicas? ¡Son idiotas!

-Eh, baja la voz- Susurró Rose, mirando a su alrededor- Te recuerdo que ya casi estamos en territorio león…

-Uh, que miedo- Scorpius puso los ojos en blanco. Los Gryffindor no le hacían temblar precisamente, no después de conocer a James Potter, que se suponía que era la mayor amenaza de los leones, pero que a Scorpius no era capaz de dañar demasiado psicológicamente. Rose rió ante su indiferencia. Scorpius no pudo evitar reír también. La risa de Rose era la más bonita de todo Howgarts, Scorpius lo tenía claro.

Rose le agarró la muñeca, siguiendo el camino hacia la entrada secreta de la sala común de Gryffindor. Scorpius la siguió, incapaz de no hacerlo. Estaba embelesado con la chica pelirroja, y en aquel momento no podía pensar en las consecuencias de aquello. Sencillamente llegaron frente al cuadro de la Dama Gorda. Rose tardaba en recuperar la respiración, no estaba acostumbrada a la actividad física no voladora. Scorpius la miró fijamente, con su rostro pálido, el cabello pelirrojo, revuelto y rebelde cayendo por sus hombros y sus mejillas, los ojos cerrados y la sonrisa decorando su piel.

Scorpius estaba enamorado de ella. No era capaz de negarlo, y no lo haría, pero nadie nunca le había preguntado. Lo sabía desde hacía un año y medio. Le hubiera gustado decir que todo empezó en un momento fijo, pero no era así. Había pasado poco a poco, a lo largo de esos tres escasos años en los que la había conocido. Rose se había mostrado como a sí misma como una flor. Poco a poco, tímidamente. Y con cada fragmento que mostraba, Scorpius se enamoraba más. Podría haberla besado en aquel instante. Lo habría hecho.

Pero la Dama Gorda eligió ese momento para dejar salir a un miembro de Gryffindor.