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La Increíble Pero Cierta Historia De Rose Weasley — capítulo 3
Si hubiera existido un record de ponerse las túnicas a la velocidad de la luz, Rose, Albus y Scorpius lo habrían roto sin ningún problema. El tren se paró momentos después, y los tres niños se bajaron juntos, metiéndose entre la multitud de alumnos. Visto ahora, no parecían tan amenazadores como le habían parecido en un principio a Rose. Es más, habría jurado que, para ellos, los de primero eran invisibles (y, tal vez, así fuera realmente) El único gesto que se podría destacar de entre todos los saludos y sonrisas, fue las miradas asesina que les dedicó James nada más ver a su hermano pequeño y a su prima, seguramente por el hecho de que iban acompañados de Scorpius. Tanto Albus como Rose decidieron ignorarle, juntándose con toda la gente de su edad.
-Menos mal que nosotros vamos en los botes, ¿eh?- Sonrió Albus cuando James se perdió entre los Gryffindor- No podría soportar más miradas como esas.
-Tendrás que aguantar unas cuantas más en la sala común de Gryffindor- Bromeó Rose, mirando a su alrededor, felizmente ignorante de que Albus había borrado la sonrisa de su rostro. Su prima no lo vio, pero Scorpius sí. Y le iba a decir que no se preocupase, cuando vio algo que le hizo detenerse en seco. Allí, a unos pocos metros de ellos, había un… Hombre, sí, debía ser un hombre. Un hombre gigante, vestido con harapos peludos y un gran farol en la mano, que gritaba"¡Los de primero por aquí!"
-Chicos…- Murmuró, deteniendo a sus dos… ¿amigos?- ¿Quién es ese?- Preguntó. Rose y Albus miraron donde él decía y, lejos de acobardarse, a ambos se les iluminó el rostro y echaron a correr hacía el gran hombre.
-¡Hagrid!-Gritaron al llegar a él, abrazándole. El gran hombre comenzó a reír, saludándolos. Scorpius, si ver nada más que hacer, se acercó a ellos, con el temor aun rondando en su cuerpo.
-Chicos, ¿cómo estáis?- Dijo, sonriendo. Rose y Albus se separaron de él, observándole como unos niños mirando a su tío favorito. Ellos ya conocían a Hagrid mucho antes de Howgarts. El guardabosque los había visto nacer y siempre los veía como mínimo una vez al año, en la fiesta de cumpleaños de tío Harry. Hagrid les sonrió amigablemente, hasta que su mirada reparó en Scorpius, que aún lo observaba con fascinación. Lejos de asquearle, Scorpius sentía una curiosidad extrema hacia Hagrid. Sin embargo, el hombre se agachó para susurrarles - ¿Os está molestando este niño? Si es así, guiñad un ojo y lo alejaré de vosotros.
Rose estuvo tentada a guiñarle el ojo cinco veces seguidas, pero se reprimió, ya que sabía que Albus nunca le perdonaría el haber espantado a su único posible amigo. Así que sencillamente hizo lo que hacía siempre. Guardó silencio y dejó hablar a Albus.
-No, Hagrid- Contestó alegremente el azabache, agarrando el brazo de Scorpius, como si tuviera miedo de que se escapase- Hagrid, este es Scorpius Malfoy. Lo hemos conocido en el tren.
-Yo… Hola- Dijo Scorpius tartamudeando, observando a Hagrid. El hombre miró fijamente a Scorpius. Después a Albus, y por último a Rose. Y, para sorpresa de todos, estalló en unas sonoras carcajadas.
-¡Si alguien me hubiera dicho esto hace diecinueve años…!- Exclamó, mientras imaginaba la reacción de Harry al enterarse sobre la nueva amistad de su hijo, o de la de Ron. O peor aún, la del mismísimo Draco Malfoy. Sabiendo lo que sabía de él, estaba claro que no le iba a hacer mucha gracia.
-¿Qué tiene tanta gracia?- Preguntó Rose, cruzándose de brazos.
-Digamos que vuestros padres no es que fueran carne y uña…-Murmuró, quitándose una lágrima del ojo, y recuperando la respiración después de haberse quedado sin aire por la risa- Está bien, se acabaron las distracciones. ¡Seguidme!
Y lo siguieron, llegando al lago, donde unos enormes botes los esperaban. Alrededor de Rose, la gente comenzaba a murmurar. Risas nerviosas y susurros inundaban su mente. La chica se detuvo al borde del lago. Su reflejo le devolvió la mirada. Hasta ese momento no se había parado a pensarlo, pero todo parecía tener sentido. ¿Cómo no se había dado cuenta de qué su padre podía conocer al padre de Scorpius? Aquel saludo distante en King Cross, las palabras de papá sobre superar al chico en los exámenes, e incluso el comentario de su madre sobre enemistarlos antes de tiempo. En su mente, todo parecía encajar como un puzzle. Había algo, algo en el pasado de ambas familias que ella ignoraba. Y odiaba no saber algo.
-Ey, Weasley- Escuchó a su lado. Scorpius le sonreía. Allí, en la noche, Rose no pudo evitar pensar en lo que seguramente pensaría la abuela Weasley, una hipótesis sobre el futuro. Scorpius crecería, y seguramente se volvería un chico apuesto. Y tal vez un rompecorazones- ¿Te da miedo el agua?
-Me da miedo que me tiren, en realidad- Susurró, sin quitar la vista de su reflejo. Scorpius dejó de sonreír- Debe estar muy fría, ¿no crees?- Sin darle tiempo a contestar, Rose se adelantó para alcanzar a su primo, junto a Hagrid. Los cuatro se metieron en un mismo bote, junto dos niñas que hablaban entre si y los miraban recelosas. Rose miró el castillo de Howgarts y, por primera vez desdeque recibió la carta, sintió su corazón encogerse. ¿Y si, después de todo, no quedaba en Gryffindor? ¿Y si el Sombrero decidía que ella encajaba en otro lugar? Rose nunca se había considerado valiente. Ni siquiera era capaz de hablar con un desconocido, por Merlín. Además, ella prefería leer que actuar. ¿Y si la metía en Ravenclaw? Podría estar con su prima Roxanne, a la que tanto quería, no había problema. ¿Pero y si el Sombreroveía su plan secreto y determinaba que su lugar estaba enSlytherin?
Rose meneó la cabeza, intentando apartar ese pensamiento de su mente. No. Ella no era una serpiente. Podría acabar en cualquier casa, menos en aquella. Como decía Hugo, "el verde no la favorecía"
Tan encismada estaba en sus preocupados pensamientos que, cuando se quiso dar cuenta, estaban frente a la directora McGonagall, quién les estaba recitando las normas más fundamentales de Howgarts. Rose apenas podía escucharla. Las puertas se abrieron de par en par. Al menos miles y miles de pequeños ojos curiosos de alumnos divididos en cuatro mesas los observaban, seguramente preguntándose quién, de todas esas pequeñas hormigas, acabaría en su mesa, en su casa. Albus le cogió la mano. El chico temblaba. Solo entonces Rose se dio cuenta de qué, terminase donde terminase, tendría que hacer lo que siempre había hecho; proteger a Albus.
-¡Que comience la Selección!- Exclamó McGonagall, mirando a todos y cada uno de sus nuevos alumnos. Abrió un largo pergamino con nombre escritos a tinta. Albus le apretó la mano. Rose le devolvió el apretón- Parkinson, Mary.
Una morena niña, una de las dos que habían ido con ellos, se adelantó entre el gentío y se sentó en la silla próxima a McGonagall. Rose escuchó un bufido a su lado. Miró de reojo a Scorpius, que había torcido el gesto.El Sombrero apenas la tocó antes de gritar "¡Slytherin!". La niña sonrió orgullosa, y su nueva casa la recibió entre vítores y aplausos.
-Weasley, Rose- Se quedó impactada. Su cuerpo reaccionó por sí solo, mientras su mente se había quedado en blanco. El silencio inundó el Gran Salón. Recordó a su madre decir "Es más fácil si cierras los ojos y te concentras" Decidió seguir aquel consejo. Lo último que vio antes de cerrar los ojos fue a Albus, deseándole suerte con la mirada, y a Scorpius, sonriéndole. Ese estúpido nunca dejaba de sonreír.
-Vaya, vaya, otra Weasley- Escuchó decir al Sombrero, como si alguien le susurrase en el oído- ¿Tu familia nunca deja de reproducirse, eh?
-Eso está claro- Pensó, por vergüenza a hablar en voz alta- Y tampoco dejan de entrar en Gryffindor.
-¿Gryffindor, eh? Bueno, es innegable que encajarías allí. Hay valentía en tu interior, Rose Weasley, pero es obvio que lo ignoras. Sin embargo… También eres inteligente, como tu madre… Ella habría terminado en Ravenclaw, pero se negó, ¿sabes? Aunque, al final, es obvio que esa elección la benefició…- Rose sonrió; ella ya lo sabía- Y… ¡Oh! ¿Qué es esto? Vaya, también eres muy ambiciosa… Lo tienes todo planeado, ¿eh? Bueno, es algo raro ver a una Weasley con aptitudes de Slytherin…- El corazón de Rose se aceleró. "No, no, Slytherin no, porfavor, haré lo que sea…" pensó, desesperada- ¿Slytherin no, eh? ¡Ja! Esto me trae recuerdos… ¡GRYFFINDOR!
Rose sonrió aliviada al bajarse de la silla. La mesa roja aplaudía sonriente. Allí, James les había reservado ya un sitio, para ella y para Albus. Rose corrió a sentarse allí, y observó a su primo y a Scorpius, quiénes la miraban. Albus la miró sonriente, felicitándola con un pulgar arriba. Sin embargo, sus ojos reflejaban la preocupación. Llamaron a una chica y a un chico después de Rose, que terminaron en Hufflepuff y en Gryffindor respectivamente.
-Malfoy, Scorpius- Apenas llegó a escuchar su nombre, Scorpius ya estaba sentado en la silla. Él no se esperaba ninguna conversación. Su padre le había dicho que a los Malfoy no les llegaba a tocar el Sombrero, porque estaba realmente claro. Sin embargo, aquello no ocurrió. Casi dio un sobresalto al escuchar una voz en su oído.
-Extraño, extrañísimo… Con tu padre lo tuve realmente claro, pero… ¿y tú, pequeño Malfoy? ¿Está realmente tu sitio en Slytherin?
-Sí, lo está- Repuso Scorpius, con los nervios a flor de piel. No se esperaba aquello. No estaba preparado para eso.
-¿Seguro? Realmente, me recuerdas mucho más a Astoria que a Draco… Es cierto, ella también terminó en Slytherin, pero era muy inteligente, y no de la manera que todos piensan…- "Pero ella eligió Slytherin. Yo lo sé"- Pero lo hizo por su familia, pequeño Malfoy. Pensó que su verdadero lugar estaba en Slytherin, aunque yo defiendo que en Ravenclaw habría hecho grandes cosas… ¿Y tú, pequeño Malfoy? ¿Eres como ella?- Scorpius se detuvo a pensarlo. Y sonrió al encontrar la respuesta a aquel enigma. El Sombrero soltó una carcajada- ¡Vaya, eso solo podría haberlo pensado el mismísimo Salazar! Está bien, sigamos con la tradición… ¡SLYTHERIN!
Scorpius se dirigió a su mesa incluso antes de que el Sombrero Seleccionador dejara de hablar, no sin antes lanzar una mirada al grupo de los de primero, a Albus. "Suerte" vocalizó sin palabras. Albus asintió, tragando saliva. Después observó la mesa de Gryffindor. Rose debía de tener por seguro que Albus acabaría siendo un león, porque había guardado un sitio a su lado. Por si acaso, Scorpius hizo lo mismo.
-Deadwood, Peter - Continuó McGonagall. El niño que se sentó a la silla parecía completamente nervioso, y tenía ese pequeño brillo en la mirada que caracterizaba a los que eran como él. Parecía experimentar todo aquello por primera vez. No solo Howgarts, si no… Todo. La magia en sí. "Un hijo de muggles" pensó Scorpius, mirándolo. El Sombrero estuvo casi dos minutos en su cabeza, cuando finalmente sentenció: "¡Slytherin!" A Scorpius le dieron ganas de reír. A sus compañeros de mesa no. Peter se sentó frente a él. Estaba temblando.
-Potter, Albus- Dijo la Directora. Scorpius dirigió la mirada a su amigo. El silencio le pareció más real a Scorpius en aquel momento, más profundo.
Albus se sentó inseguro. La hora había llegado. Al fin sabría donde encajaba, donde estaba su sitio realmente.Tragó saliva y esperó con paciencia la voz del Sombrero. Ojala todo fuera fácil, sin discusión. Un sencillo "Esta es tu casa. Ale, ve y estudia mucho, chaval" Pero sabía que no era tan sencillo. En primer lugar porque ni siquiera él tenía claro donde encajaba.
-Vaya, vaya, vaya…-Escuchó en su oído. El Sombrero parecía incluso divertido- Otro Potter… Es gracioso que todos los Potter tengáis las mismas dudas. Con tu hermano fue fácil, era un claro Gryffindor. Pero… ¿y tú, pequeño? ¿Eres como él?
-Yo… No lo sé…- Albus cerró los ojos con fuerza- ¡Se supone que tú debes decidirlo!
-Oh, no, pequeño Potter- Rio el Sombrero- Yo no decido por vosotros; yo solo manifiesto vuestras elecciones… Eres valiente, Albus Severus Potter. Tu padre no te puso esos dos nombres en vano. Sin embargo, tienes algo que tu hermano no tuvo. Determinación. Astucia. Sabes qué hacer, y cuando hacerlo. No actúas sin saber por qué lo haces. Yo lo tengo claro, la cuestión es… ¿y tú?- Albusse quedó quieto, pensativo. En realidad, en el fondo siempre lo supo. Tal vez por eso siempre se preocupó. Pero ahora lo veía claro. Y no podía ignorarlo.
-He tomado mi propia decisión- Por eso, su voz sonó por primera vez en mucho tiempo realmente tranquila cuando le informó al Sombrero.
-Está bien, pequeño Potter. Me alegro de tu elección. Después de todo, ¿qué sería nuestra vida sin variedad?- Albus sonrió- ¡SLYTHERIN!
El Gran Comedor se sumió en un mar de murmullos. James miró a su hermano como si alguien lo hubiese herido. Aquella mirada no pasó desapercibida para Rose. El mayor de los Potter se había levantado, dispuesto a luchar contra lo que fuese que estaba amenazando a Albus. Por un momento, Rose sintió pena por él. La verdad era innegable. Su hermano pequeño había tomado su propia elección, sin dejarse influenciar por nadie, y ya no lo iba a necesitar. Y, por primera vez, la pelirroja vio a su primo como lo que de verdad era. No un bromista. No un idiota. No un Gryffindor. Un hermano mayor. Y, en cierto modo, Rose podía entenderle.
Después de todas esas burlas, James siempre había pensado que Albus era de Gryffindor.
Un solitario aplauso resonó en el Gran Comedor. Al otro lado de donde Rose se encontraba, Scorpius aplaudía, lentamente, sin perder su estúpida sonrisa. Poco a poco, como si todos los alumnos cayeran de pronto en la realidad, empezaron a aplaudir. Después de todo, Albus no era un Potter traidor, solo un alumno nuevo en Slytherin. James no aplaudió. Se dejó caer en su sitio, enterrando el rostro en sus manos. Por un momento, a Rose le pareció que murmuraba "No podré protegerlo"
Y, mientras un Potter se lamentaba, el otro se sentaba al lado de Scorpius, donde le correspondía, en la mesa de Slytherin.