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Historia 187199 — capítulo 1
Capitulo I: Bella durmiente
Los primeros rayos del sol atravesaban con dificultad las espesas nubes que rodean Londres. El cielo chispeaba y los pájaros entonaban con pereza, sobre el sonido de los autos en las calles. Era una mañana perfecta para holgazanear todo el día en la cama. Pero para su desgracia la mayoría de sus habitantes debían trabajar.
los muggles, exhaustos, comenzaban su día y, al igual, que los perezosos magos que, también, con esfuerzo abandonaban su cálida cama. Mas para algunos, como los sanadores de San Mungo, una mañana solo significaba el cambio de personal que, gracias a Merlín, les daba un respiro. Para ellos, parecía que los días y las horas carecían de importancia. Los sanadores del Reino Unido trabajaban en una de las muchas instalaciones escondidas de los muggles.
San Mungo, por ejemplo, era uno de esos lugares. Allí la sala de espera siempre estaba llena de despistados magos con las más graciosas, extrañas y horribles enfermedades y victimas de malos embrujos. Las enfermeras- cada una más cansada que la anterior- recorrían los largos y angostos pasillos atendiendo a los pacientes, mientras que el tic-tac del reloj resonaba como un tormentoso eco por los silenciosos corredores. Cada vez que ese Tic rompa el escaso silencio a las, malhumoradas, brujas les invadía el deseo de lanzarle una bombarda solo para acallarlo.
En uno de esos pasillos, la sanadora practicante, Amelia Finnigan, se concentraba en su lectura tratando de descifrar la escritura de su supervisor, cuando sobresaltada, por el sonido de alguien aclarando su garganta detrás suyo, le hizo tirar su carpeta que resonó con un golpe seco, ganándose una mirada mortal de una bruja de vestiduras blancas. Los risos de la joven aprendiz cubrieron su rostro cuando se inclino a recogerla, sus mejillas se habían tornado rosas, pero aun así le devolvió la sonrisa a la pequeña bruja que le había asustado.
La adolescente frente a ella tenia una mueca burlona en su rostro y sus ojos mercurio chispeaban con un toque travieso. Ambas compartieron unas palabras antes de que la muchacha continuara su camino. Amelia no pudo evitar observarla, hasta que su cabello rubio rebosante desapareció por otra galería. Ella no sabia el nombre de la joven ni que le traía diariamente a allí, pero a pesar de saber que no debía andar de metiche, cada vez que la veía no podía evitar preguntárselo. Cuando el sonido de sus zapatos desapareció, la sanadora volvió en si y, rápidamente se encamino por el corredor contrario por el que la rubia había desaparecido.
Cassiopeia Malfoy entro a la habitación, saludo a su amiga sonriendo y cerro la puerta tras de si. Esa era su rutina diaria: entrar, saludar y sacar el libro del día. Curiosamente Albus -el medio hermano de Lily- y ella habían comenzado en juego silencioso, no sabia como había empezado eso, pero aun así lo disfrutaba. Las visitas de Cassy solo duraban dos horas por lo que jamas podía terminarle de leer, razón por la que Albus terminaba su libro o, en raras ocasiones, empezaba uno nuevo. Este, parecía ser uno de esos días por que en lugar de su libro se hallaba un pequeño, viejo y maltratado, libro que manifestaba en la destruida tapa.
Rodó los ojos y estuvo a punto de sacar su propio libro cuando noto que había olvidado su bolsa. Chasqueando la lengua tomo el libro, de mala gana, y busco la pagina en la que Albus se había quedado.
"-Bueno Lily, parece que hoy tenemos a Hansel y Gretel- le dijo en su suspiro prolongado". Estuvo apunto de leer cuando vio la ilustración. La pobre y anciana bruja de nariz larga adentro de un horno, siendo quemada viva, y afuera aun niño y una niña, sonriendo. Sus ojos se abrieron más de lo que uno creía posible y de haber tenido su varita seguramente el libro no seria más que cenizas "-O mejor, dejamos al par de muggles metiches de lado y leemos la bella durmiente ¿Te parece bien?-la mira mercurio se detuvo un par de segundos en su amiga-Tomare tu silencio como un sí."
"-La bella durmiente-" leyó en voz alta.
Erase una vez un rey y una reina que vivían muy tristes porque no tenían hijos. Pasados unos años por fin tuvieron una preciosa niña y, como es natural, celebraron una gran fiesta.
Cassy bostezo mientras leía con voz monótona y sus parpados comenzaban a cansarse.
El día del bautizo invitaron a todas las hadas del reino para que le otorgaran virtudes y dones.
Después del bautizo se celebró un banquete en honor de las hadas. en el sitio de cada una había un estuche con cubiertos de oro.
Su voz se había convertido en un murmullo cansado, y, entre bostezo recostó su cabeza en su mano izquierda.
De pronto apareció una anciana hada a la que habían olvidado invitar. El rey ordenó poner un cubierto más en la mesa, pero ya no había estuches de oro y el hada vieja, creyendo que la despreciaban, empezó a susurrar amenazas.
Llegó la hora de que las hadas comenzaran a otorgar sus dones a la pequeña princesa. cuando llegó el turno de la anciana hada, con voz vengativa dijo que la princesa se pincharía con un huso y moriría.
Este terrible hechizo hizo a todos los presentes estremecerse de horror. Pero un hada que había oído las amenazas salió de su escondite y dijo:
-¡Estad tranquilos, majestades! vuestra hija no morirá. la princesa se pinchará con un huso, pero en lugar de morir, dormirá durante cien años, al cabo de los cuales la despertará un príncipe.
El rey mandó publicar un edicto prohibiendo todos los husos del reino. En la víspera de su quince cumpleaños, estando el rey y la reina ausentes, la joven princesa recorrió todo el castillo sola. En una alta torre se encontró a una anciana que estaba hilando con una rueca.
Tan pronto cogió el huso de la rueca, la princesa se pinchó y cayó desvanecida...
Los ojos de la joven bruja se habían cerrado, el libro descansaba abierto cerca de su mano y su cabeza estaba cómodamente apoyada en la cama de su amiga.
El silencio reino por un segundo en la lugar y luego, como el inicio de una tormenta, las luces parpadearon, un viento helado salido de quien-sabe-donde ondeo los cabellos de las rubias dormidas, e imitando a un tornado, se desplazo en círculos por la habitación. El libro se levanto de su lugar y sus paginas se pasaron a gran velocidad, se desprendieron una a una y volaron con el viento.
La tapa callo con un golpe sordo. Las hojas cayeron cual lluvia, el viento había parado, las luces dejaron de titilar y todo volvió a la normalidad.
Todo, menos dos niñas rubias que se esfumaron de la habitación.
¡Hola! Empezamos la segunda temporada y espero que les guste. Perdonen los errores de ortografía.