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Historia 187199 — capítulo 2

Cuando Cassy abrió los ojos creyó que seguía durmiendo.

Despertó en la montura de un caballo blanco. En medio de un enorme bosque oscuro, vistiendo un traje incomodo y muy extraño. Mayas negras que picaban, una camisa beige y una capa roja atada a su cuello que se ondeaba con el viento. También llevaba un sombrero rojo con una pluma blanca. Su cabello atado en una coleta caía sobre su hombro y, lo más curioso en su "traje" era la pesada espada atada en su cintura.

El caballo echo a trotar, Cassy grito, contra su voluntad, y cerro los ojos con fuerza. El animal galopaba con rapidez. los pájaros, colgados en las ramas de los arboles como si estuviesen espiándola, entonaban una especie de canción de cuna. De no haber sido por la fresca brisa que le golpeaba, o el echo de que ella estaba absolutamente aterrorizada, de seguro habría caído dormida.

De pronto, el potro freno. La rubia callo, gritando maldiciones en francés.

Lo fulmino con la mirada recordando porque odiaba a los animales grandes. Mientras lo hacia, una fuerte ventisca sacudió los arboles. Con los ojos entrecerrados pudo distinguir la figura creciente de un castillo oculto tras una muralla cubierta de maleza.

Ignorando al animal que caminaba tras ella, se adentro por el frondoso bosque hasta llegar a la muralla; antaño había sido una construcción de piedra, ahora estaba casi destruida, cubierta por arbustos y enredaderas, que trepaban y se desaparecían por donde su vista no alcanzaba.

Camino un par de minutos-u horas- con su mano deslizándose por la pared, hasta que llego a un punto donde su mano atravesó las ramas.

Retiro su mano sintiendo un ardor en ella. Cuando la miro se sorprendió; estaba llena de pequeñas cortadas, sucia por la tierra y con pequeñas picada de insectos. Parpadeo cerrando y abriendo su mano, sintiendo el ardor y viendo deslizarse por su piel pequeñas gotas rojizas... Si esto era un sueño era muy real. Sacudió la cabeza. Con sus manos arranco y se abrió paso por la maleza. Abandono el animal afuera y se adentro.

Como en un cuento de terror, cuando salio -llena de tierra y raspones- toda luz se había ido. Parecía de noche, pequeñas esferas de luz y las estrellas eran lo único que iluminaba el lugar. Camino escuchando como debajo de sus botas se oían pequeños crujidos, y luego volteo. 

Sus ojos se abrieron, sorprendidos, y su quijada callo; la muralla rota por la que había entrado ya no estaba, había desaparecido y remplazada por una especie de plaza donde una centena de personas dormían tranquilamente. Algunos estaba de pie, otros sentados en bancas y algunos estaban recostados. La sangre parecía haber abandonado el cuerpo de la joven cuando, al ver sus caras tranquilas, noto que los podía reconocer; era alumnos de Hogwarts.

Conteniendo el aliento, la princesa de Slytherin, cerro los ojos con fuerza cuando el pensamiento la golpeo con la fuerza de una bludger; estaba dentro del cuento.

"-¡Matare a Albus cuando lo vea!-murmuro entre dientes."

Con paso firme y la cara roja de furia camino hacia el castillo. Ignoro los cuerpos que yacían dormidos por todas partes, y tratando de no pisarlos subió los escalones de la entrada. Las enormes puertas de roble estaban cerradas y por más que lo intentara carecía de la fuerza suficiente para abrirlas.

Perdió la paciencia.

"-¡ÁBRETE! ¡HAZLO AHORA!- grito y descontrolado por la furia lanzo una patada a la puerta-¡MALDITAS PUERTAS!-" esta vez su grito fue de dolor.

Empezó a lagrimar saltando en un pie. Estaba por continuar con su berrinche cuando noto que una esfera de luz pasaba cerca, rozándole, y dejando un sentimiento agradable; como si fuera la mitad del invierno y tuviera en sus manos una taza de chocolate tibio.

Respiro profundo y la siguió. La luz la había guiado hacia una escalera, cientos de luces estaban flotando sobre ella. Subió un pie sobre ella y toco el pasamanos. Otra vez un sentimiento cálido la invadió, estremeciendo su cuerpo.Lentamente la escalo, disfrutando de la calidez, hasta ese momento no se había dado cuenta del frio que había tenido.

La escalera terminaba en un pasillo lleno de adornos y cuadros con rostros de personas familiares. Siguió la alfombra rojiza, que la llevo al inicio de otra escalera. Para ese momento más de una decena de esferas danzaban a su alrededor embriagando con su calidez. La escalera la llevo directo a una habitación rodeada de tiras de telas, del largo de su cuerpo y del ancho de una piedra, azules y naranjas cayendo del techo cristalizado.

La mitad de las esferas esquivaron las telas y desaparecieron en un punto donde no podía seguirlas con la vista. La otra mitad continuo danzando a su alrededor. Cassy avanzo sin cuidado, pero cuando levanto su mano izquierda para apartar una, esta se enrollo con fuerza en su muñeca.

Y Como si fuera una serpiente la tela le siseo y dos ojos amarillentos le miraron, mientras trepaba por su brazo.