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La decisión de Hermione — capítulo 19
Anonimo12394, Ferssalazar, AuLingWood, Carpcami, Ursulaa, Kity_gv, Ale74, Hermioneeverdenshai, Agentesg005, Audry Paola, DeYanira, PaolaPotter: ¡Ya llegó la cita! Espero que os guste, yo disfruté escribiéndola.
Aviso: ¡contiene lemon!
Hermione despertó ya pasada la hora de comer. Realmente estaba muy cansada esos días y dormir le había ido muy bien.
Al abrir los ojos, pudo ver cómo Ginny le sonreía desde su cama: - Buenos días, dormilona. Te estaba esperando. Te he traído algo de comer. Y después... ¡te vamos a poner guapísima para la cita del siglo!
- Ginny, ¿Ron te lo ha contado?
- Fue muy divertido. Charlie le preguntó a Ron si quería jugar a quidditch esta tarde y Ron dijo que no podía y se puso rojo hasta las orejas. Todos empezaron a reírse y a pedirle explicaciones, hasta que George dijo que te iba a buscar a ti para que nos contases. Ron dijo que no, que de ninguna manera... Y en ese momento llegó una lechuza con un paquete para Ron. Antes de que él pudiera cogerlo, Charlie se lo quitó y lo abrió. Mamá estaba escandalizada. Charlie se partió de la risa cuando vio la foto de vuestro beso, luego leyó la carta del editor de El profeta. Básicamente decía que habían recibido la petición de Ron solicitando una copia de la foto y que era un honor para ellos satisfacer a un héroe de guerra. Que esperaban que fuerais muy felices juntos y que recordarais la buena predisposición de la revista hacia vosotros cuando concedierais las exclusivas de la boda. Mamá se emocionó mucho. Mis hermanos ya no llaman a Ron "el tonto cabezota" ahora le llaman "el tonto enamorado". Por cierto, que yo quiero ser la dama de honor. ¡Oh, venga, no te hagas la ofendida! ¡Seguro que llevas pensando en tu boda con Ron desde segundo curso! - Ante el sonrojo de Hermione, Ginny continuó hablando - ¿Ves cómo tengo razón? En fin, el pobre Ron no sabía dónde meterse y empezó a balbucear algo de una cita. Papá, Bill y Percy empezaron a darle consejos, George y Charlie rieron más, y mamá se volvió a emocionar. Dijo que en momentos como este es cuando más debes añorar poder hablar con tu madre, y que seguro que ella te acompañaría a comprarte algún vestido nuevo para que estuvieses bien guapa... Ron murmuró que tú siempre estabas guapa y mis hermanos se rieron de nuevo... En resumen, que le dije a mi madre que el vestido ya te lo compraba yo... Así que Harry y yo hemos dado vueltas por el callejón Diagon hasta que hemos encontrado algo que creíamos que te gustaría. No te sientas obligada a ponértelo, con un golpe de varita puedes cambiar el color y lo que quieras, ya sabes...
Hermione, abrió el paquete con mucho cuidado. Dentro había un vestido precioso, ni muy largo ni demasiado corto, ni ancho ni ceñido... Y del azul exacto de los ojos de Ron.
- Ginny, es perfecto.
*- Lo sé. Y esto es de parte de Harry. -*Y tras estas palabras, le tendió a Hermione una caja de madera que era una reproducción en miniatura de Hogwarts.
- Me encanta.
- Ábrela, tonta. El regalo es lo de dentro.
Y al abrir la caja Hermione descubrió unos pendientes preciosos, con pequeñas esmeraldas del color exacto de su vestido.
- Son increíbles. Es demasiado.
- Oh, venga. Las dos sabemos que para Harry el dinero no es problema. Él te quiere. No me mires así, sabes que por las dos bajaría al infierno más profundo para salvarnos. Sólo que después de salvarte, a ti te abrazaría en silencio bajo la sombra de un árbol y a mi me haría suya contra ese mismo árbol. ¡Oh, Hermione, no me mires con esa cara de mojigata, tú sabes que es verdad!
Y Hermione estalló en carcajadas. Ya les dolía la barriga de tanto reír cuando Ginny se puso sería.
- Me siento culpable de ser feliz aunque Fred no esté.
- Ginny, estoy segura que lo que más desearía Fred es que fueras feliz. Hazlo por él.
Tras estar unos minutos abrazadas, Ginny rompió el silencio.
- Bien, Hermione, hablemos de cosas importantes... ¿Te has depilado?
- ¡Ginny!
- ¡Oh, no, cuñada, nada de "ginny"! Me refiero si te has depilado mucho... ya sabes, ¡a nadie le gusta encontrarse un pelo en la boca mientras prueba el guiso del caldero!
- ¡GINNY!
Y de nuevo las risas estallaron por la habitación.
El resultado fue espectacular. Hermione estaba preciosa, mucho más que en el baile de cuarto curso o en la boda de Bill. Y no podía dejar de sonreír mientras esperaba que el reloj diese las seis. Cuando faltaban cinco minutos, se despidió de Ginny con un abrazo y un beso y se fue para enfrentarse a su destino.
Al llegar a la puerta del castillo, vio que Ron ya la estaba esperando. Se le veía muy nervioso, pues no dejaba de moverse de un lado hacia otro.
- Hola.
- Hola.
Ambos estaban sonrojados y no se atrevían a mirarse. Hermione decidió, como buena Gryffindor, atreverse a romper el hielo.
- Ron, estás muy guapo.
Él llevaba vaqueros y una camisa de manga corta, exactamente del color de sus ojos y del vestido de la chica.
- Gracias, Harry me ayudó a escoger la camisa. Dijo que a ti te gustaría. Tú estás radiante.
Por fin, ambos se atrevieron a mirarse y a intercambiarse pequeñas sonrisas cuando sus ojos se encontraron.
- Oh, chicos. Ahí estáis.
La escena se vio interrumpida por la llegada de Molly Weasley. Arthur la seguía, mirando al suelo.
- Oh, pero que guapos estáis. Seguro que no os importa que Arthur os tome una foto. Poneros un poco más juntos.
Arthur sacó la cámara mientras les dirigía una mirada de disculpa.
Ron rodeó el hombro de Hermione con sus brazos con timidez. Sólo consiguió más seguridad cuando vio que ella le sonreía y le pasaba su brazo por detrás de su cintura.
- Una foto preciosa. - Dijo Molly - Voy a empezar a montar un álbum para mis nietos, para explicarles las historia de como se conocieron sus padres.
- ¡Mamá!
- ¡Ay, disculpa, Ron! No debí decir eso en voz alta...
Arthur intervino, intentando salvar la situación.
-
Bueno, nosotros nos vamos que tenemos trabajo. Hermione, Ron, pasadlo bien. - Y dicho esto se fue arrastrando a su mujer, quien se giraba cada dos pasos para regalar sonrisas a la pareja.
-
Yo... esto... Hermione... lamento la escenita.
- No pasa nada, Ron. Tus padres son adorables.
Y entonces Hermione, rió.
- ¿Qué te hace tanta gracia, Hermione?
- Aún no hemos tenido nuestra primera cita y tu madre ya está hablando de nietos.
- Sí, ya sabes, los bebés le encantan... a ti te adora... la combinación de esos dos factores la vuelve loca. ¿Nos vamos?
- Claro, Ron.
Y cogidos de la mano, se dirigieron hacia el pueblo. A Ron le apetecía mucho comer un helado, así que pidieron uno muy grande y lo compartieron. Mientras ella comía, él la miraba con admiración. Pero de repente, el mostró una expresión triste.
- Ron, ¿qué pasa?
- Estás muy guapa.
- ¿Es eso un problema? - Hermione se había dado cuenta que había usado un tono demasiado agresivo, seguramente por costumbre. - Disculpa, Ron. ¿No te gusta que este guapa?
- Sí, claro que me gusta. Esos pendientes son preciosos.
Ahora Hermione ya sospechaba lo que pasaba, las siguientes palabras se lo confirmaron.
- Deben ser muy caros.
- Me los ha regalado Harry.
- Ya. Yo nunca podré hacerte regalos así. Quizás tú merezcas a alguien que pueda ofrecerte más.
- Para, Ron, no sigas por ahí. Yo no necesito regalos caros para ser feliz. Lo único que espero de ti es... - Iba a decir amor, pero no se atrevió. Aquella palabra quedaba demasiado grande para ellos en ese momento. Aún no sabía realmente qué sentía Ron por ella. Se lo imaginaba, pero él aún no se lo había dicho claramente- bueno... lo único que necesito que me regales para ser feliz son besos... quiero besos cada día. Regálame eso y no habrá mujer más feliz en el mundo.
Ron sonrió emocionado y habló: - De hecho, sí que tengo un regalo para ti... los besos te los doy luego. Ábrelo.
Al ver lo que contenía la caja, Hermione quedó sorprendida.
- Ron, ¿me estás regalando tu desiluminador?
- No exactamente. Me ha costado unos días de trabajo, pero he conseguido hacer un duplicado. Gracias a él conseguí volver a ti. Espero que no nos volvamos a separar, pero si por lo que sea algún día te has de marchar... No sé, por un viaje de trabajo o algo así... quiero estar seguro que podrás volver a casa, ya sabes, volver a mi... encontrarme siempre que me necesites.
- Ron, es el mejor regalo que me han hecho nunca.
Él sonrió con evidente felicidad y cogió su mano por encima de la mesa.
- Hermione, sabes que hay algo más que quería decirte...
- Sí, me acuerdo...
- Pues... la cosa es que yo... tu... yo... a mi... ¡Joder, esto es muy difícil! ¡Debe ser verdad que tengo la sensibilidad de una cucharilla de te!
Hermione, quizá por los nervios, estalló en carcajadas.
- ¡Hermione, no te rías de mi! ¿Crees que esto es fácil? Llevas siete años siendo mi mejor amiga y ahora míranos... no sé cómo tengo que portarme contigo... cómo tengo que tratarte... Vale, hagamos una cosa. Tú me dijiste que también tenías algo que decirme, ¿lo decimos juntos a la de tres?
Hermione notó los nervios en el estómago y asintió.
- Una...
- Dos...
- Tres...
- Hola, chicos. ¿Cómo estáis? Hermione, McGonagall me ha contado las buenas noticias, me alegro muchísimo por ti. ¿Ya lo tienes todo a punto para tu viaje? - Hagrid acababa de llegar y sin darse cuenta había interrumpido un momento clave.- Por cierto, ¿dónde está Harry?
Ante la sugerente mirada de Hermione, Hagrid comprendió.
- Ah... entiendo... así que estáis aquí solos... solos los dos...
-Buenas tardes, Hagrid. Hermano, cuñadita, qué casualidad encontraros cuando George y yo veníamos a tomar un helado. ¿Hagrid, te unes a nosotros?
- Claro, Charlie. Así puedes ponerme al día de cómo está Norberto... quiero decir, Norberta.
- Charlie, ¿nos estabáis siguiendo a Hermione y a mi?
- Oh, claro que no, Ron, ¿por quién me has tomado? Echaba de menos los helados de mis tiempos de Hogwarts... Ahora en serio, sí, os estábamos siguiendo. La verdad es que separados sois aburridos, pero al juntaros cualquier cosa puede pasar. Pero al menos no somos como Ginny que os intenta mirar a través de la ventana mientras se esconde. - Y Charlie saludó a su hermana, quien bajó la mirada con aire culpable y entró en la heladería seguida por Harry.
-Bueno, supongo que ya estamos todos. Hermione, ¿qué es eso de que te vas de viaje?
- Ron en dos días viajaré a Australia a buscar a mis padres.
- ¡Eso es fantástico!
- Sí, lo es. Aunque me da respeto ir sola a un país nuevo, no se qué puedo encontrarme... También temo la reacción de mis padres cuando les devuelva la memoria...
-Hermione, no voy a permitirte que vayas...
- Ron, ¿ya estamos de nuevo con eso? Tú no eres nadie para decirme lo que puedo y no puedo hacer...
- Hermione, en primer lugar deja de decir que no soy nadie, soy alguien muy importante en tu vida y tú lo sabes. Y en segundo lugar, no voy a permitirte que vayas sola. Yo te quiero y vamos a hacer esto juntos. Y ahora nos vamos. Y Harry, ya que tienes tanto dinero como para ir regalando joyitas a las chicas de los demás, tú pagas el helado.
Y dicho esto, se levantó y arrastró tras él a una perpleja Hermione. Todos los miraban con una sonrisa y no era para menos ... ¡Por fin el cabezota de Ron había reconocido sus sentimientos frente a Hermione!
Ella estaba en una nube. ¡Ron había dicho que la quería! No un me gustas, no un quizás sienta algo... ¡Ron hablaba de amor! ¡Y le había dicho a Harry que era su chica!
En ese momento, Ron se paró:
-*Hermione, ¿confías en mi? - Claro. -*Pero qué pregunta era aquella. Evidentemente que confiaba en él. - Coge fuerte mi mano y no te sueltes.
Hermione se sintió girar sobre sí misma y se dejó arrastrar por Ron. Llegaron a un bosque el cual le era muy familiar.
- Aquí es donde os encontré a Harry y a ti después de abandonaros. Para mi es un sitio importante. Aquí es donde decidí que te quería para siempre en mi vida. Quiero decir, antes lo sospechaba, pero en ese momento lo vi con más claridad que nunca. Y además sé que a ti te encanta este lago.
Ron llevó a Hermione a la orilla del lago. Se sentó apoyando la espalda contra un gran árbol. Hermione se colocó entre sus piernas y se recostó en él. Cogió aire para tomar fuerzas y dijo:
-Ron, creo que deberíamos hablar de lo que dijiste antes en la heladería.
- ¡Vamos, Hermione, no me riñas por lo que le dije a Harry! Sé que no debí obligar a Harry a pagar el helado, pero a veces me da rabia... bueno, ya sabes, ser pobre.
- Ron, no hablaba de eso...
Hermione se giró para quedar cara a cara con el chico, que parecía desconcertado.
- Ron, dijiste que me querías...
Sus orejas se pusieron rojas y balbuceó débilmente. Hermione esperó con paciencia hasta que él se sintió capaz de hablar.
-Tú ya lo sabías, ¿verdad? Tú siempre lo sabes todo.
- En este bosque estábamos la primera vez que hablaste de amor. Le dijiste a Harry aquello de "Todo vale en el amor y en la guerra y aquí hay un poco de las dos cosas".
- Pensaba que no me escuchabas.
- Yo siempre te escucho, Ron.
Aquello animó al muchacho a continuar hablando sobre sus sentimientos.
-Hermione, que yo te quiera no es algo nuevo. Quizás es nuevo hablar de ello, pero lo siento desde hace mucho. Llevo años enamorado de ti, aunque me daba miedo ser demasiado pequeño para sentir algo tan grande. En cuarto, después del baile, fue cuando me empecé a dar cuenta de lo profundos que eran mis sentimientos... Y me asusté. Cuando me enteré que te habías besado con Krum se me partió el corazón y quise hacerte daño con Lavender. Tardé demasiado en darme cuenta que todo se me había escapado de las manos. Lo siento. Y desde entonces que cada día estoy más enamorado de ti... Irremediablemente. Mamá dice que puedes creer muchas veces que estás enamorado, pero que sólo una vez es la verdadera. Yo no lo creo, yo lo sé. Pase lo que pase, estoy seguro de que te amaré para siempre, Hermione.
La emoción enmudeció a Hermione.
- Bueno, Hermione. Ahora te toca a ti hablar. No te preocupes por hacerme daño, podemos seguir siendo amigos si quieres... Lo importante es que tú seas feliz...
- Ron, ¿pero cómo quieres que sea feliz sin ti? ¿En serio aún dudas de lo que siento por ti? ¡Ron, si te besé en medio de la guerra! ¡Te besé porque no soportaba la idea de morir sin probar tus labios!
Y Ron se abalanzó sobre ella y la besó. Cómo había echado de menos esos labios. Profundizaron el beso y sintieron sus lenguas rozar, ambos se estremecieron. Ella se sentó sobre él y, por tercera vez en su vida, sintió el miembro de Ron firme bajo ella. Ron le metió ambas manos por debajo del vestido y empezó a acariciarle las nalgas por encima de la ropa interior. De nuevo, se estaban adentrando en terreno inexplorado. Ella le quitó la camiseta a Ron y empezó a acariciarle la musculatura de su pecho. Se separó de sus labios y, bajando por el cuello, bajó hasta besarle en el pecho. Y se dio cuenta que estaba helado.
-Ron, ¿tienes frío?
- Sí, pero no pasa nada, tú sigue.
- Ron, no seas tonto y vístete.
Él con pereza se volvió a poner la camiseta. Se sonrieron.
-Ven, Hermione, tengo algo que enseñarte.
Y Ron la llevó hasta un claro dónde había una tienda de campaña. Entraron y Hermione vio una mesa puesta y con una deliciosa cena a punto, la cual se mantenía mágicamente caliente.
- Ginny y Harry lo prepararon esta tarde para nosotros. Cuando vinieron a la heladería, era para avisarme de que todo estaba a punto.
- Es fantástico, Ron.
La cena estaba muy rica y la compañía fue mejor. No se pelearon ni una vez y se dedicaron palabras dulces y amables. Al acabar el postre, Ron dijo:
- Supongo que debes marcharte, a hacer lo que quiera que sea que haces por las noches.
- No, Ron. Hoy no me marcharé. Esta noche es sólo para nosotros.
Y dicho esto, cogió a Ron de la mano y lo llevó a la gran cama que, seguramente Ginny, había colocado en la estancia. Ron se sentó y contempló como Hermione se quitaba el vestido y se quedaba en ropa interior. Llevaba un conjunto violeta que resaltaba su figura.
Ella tumbó a Ron en la cama y se sentó sobre él. Le besó profundamente y luego descendió por su cuello y su pecho, quitándole la camiseta. Ron le empezó a acariciar los pechos por encima del sujetador y a continuación se lo quitó. Era una sensación maravillosa sentir a Hermione sobre él, prácticamente desnuda. Ella le quitó los vaqueros. El miembro de Ron luchaba por salir de los bóxers dónde estaba encerrado, y Hermione lo liberó y empezó a acariciarlo tal y cómo él la había enseñado. Él gimió. Hermione quería ir más allá, así que mientras movía la mano rítmicamente, empezó a dar pequeños besos en el miembro de Ron. El chico no podía creer lo que estaba pasando. Ella empezó a lamerlo cómo solía hacer cuando disfrutaba de una pluma de azúcar, su dulce favorito. Por la intensidad de los gemidos del chico, Hermione suposo que lo que estaba haciendo le gustaba, le gustaba mucho. - Hermione, para, por favor. Me vuelves loco, no puedo aguantar más.
Dicho este, tumbó a Hermione en la cama y se estiró a su lado. Quedaron cara a cara y se sonrieron. Él se acercó y la besó suavemente. Se sonrieron de nuevo y él profundizó el beso. Mientras la besaba, le acarició el pelo, la espalda, los pechos y bajo las manos hasta las nalgas. Metió los dedos por debajo del elástico de las bragas de Hermione y le lanzó una mirada dubitativa, como pidiéndole permiso. Ella asintió con la cabeza y él le quitó la última prenda que le quedaba. Ni en sus mejores sueños se había permitido imaginarse a Hermione desnuda a su lado. De nuevo la besó y empezó a acariciarla, desde el pelo, hasta llegar a su zona más íntima. Nunca había visto a una mujer real desnuda (bueno, sí, pero su madre y su hermana no contaban). Descubrió algunas cosas nuevas cuando años atrás encontró unas revistas que Fred y George tenían escondidas. Pero la curiosidad de ver cuerpos femeninos sin ropa no tenía nada que ver con el cúmulo de sensaciones que sentía al tener a Hermione desnuda entre sus brazos. Ron acarició esa nueva zona de Hermione con cuidado, y se dio cuenta que estaba caliente y húmeda.
-Ron, hazme el amor. - Era la segunda vez que ella se lo pedía y en esta ocasión la cara flotante de McGonagall no les iba a interrumpir. Aún viendo la convicción en los ojos de Hermione, él le preguntó si estaba segura y ella sonrió.
Él se colocó entre sus piernas y sus sexos se rozaron levemente. Ambos gimieron al unísono. Ron pensaba que cuando llegara este momento estaría muy nervioso, pero la verdad es que se sentía seguro y completo con Hermione a su lado. No se sentía extraño, sentía que estaba haciendo lo correcto, que el destino les había llevado hasta aquí y que lo que iba a pasar era lo que en verdad debía suceder. Ella sentía lo mismo. Ron se colocó mejor y empujó levemente, la pequeña barrera que encontró empezó a ceder. Miró la expresión de Hermione, para parar ante cualquier signo de dolor, pero ella sólo transmitía felicidad y placer. Así que Ron empujó y, por primera vez, entró dentro de ella. La sensación era indescriptible, se quería quedar allí para siempre. Se quedó quieto, dentro de ella, para besarla y luego empezó a moverse, al principio poco a poco y después más rápido. El ritmo era marcado entre ambos y llegaron al clímax juntos, ante gritos de placer compartidos.
Al separarse, se miraron y rieron. Hacía mucho que deseaban eso y había sido perfecto.
-Ron, estoy pegajosa.
Y tras las palabras de Hermione, los dos volvieron a reír de felicidad. Parecían lo que eran, un par de tontos profundamente enamorados. Él la abrazó y la besó suavemente.
- Te quiero, Hermione.
- Te quiero, Ron. - Y tras un silencio añadió - ¿Sabes que esta tarde te dije que para ser feliz sólo necesitaba tus besos? Pues he cambiado de opinión. También necesitaré un poco de esto cada día.
Él rió y la volvió a besar. Aquella noche volvieron a hacer el amor, y sintieron que lo que les unía era tan fuerte que nada ya podría separarlos.
Gracias por leer. ¿Os gustó el capítulo? ¡Espero vuestros comentarios!