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Lily regresa de la muerte — capítulo 19

El primero de septiembre llegó mucho más rápido de lo que Lily hubiera deseado. Ella y Sarah acompañaron a Harry hasta la estación King´s Cross, en donde despidió a su hijo hasta la próxima Navidad. Luego, había quedado en ir a almorzar a lo de su hermana. Así que ella y la niña se dirigieron en el viejo escarabajo hacia Privet Drive. Petunia estaba sola en la casa, ya que Vernon se encontraba en el trabajo y Duddley acababa de comenzar el colegio nuevamente. Cuando más soportaba Lily a su hermana era cuando no estaba acompañada de su familia. Petunia, por su parte, trataba de evitar hablar de su hermana con su marido porque eso siempre terminaba en una discusión. De modo que se juntaban casi siempre cuando Duddley estaba en la escuela y Vernon en la oficina.

Las semanas posteriores a la partida de Harry, los días de Lily fueron bastante rutinarios. Solía llevar a Sarah a la guardería por la mañana, luego iba a trabajar. A la tarde buscaba a la niña, tomaba el té con Mary, Remus, o Petunia. Le escribía cada tres o cuatro días a su hijo y a Sirius para saber cómo estaban, preparaba la cena, acostaba a la niña y se iba a dormir. Estas últimas tareas en la mayoría de los casos era una sola, ya que solía acostarse a dormir con Sarah a su lado.

Aquella noche, Lily no se había dado cuenta de que era Halloween hasta que, haciendo zapping en el viejo televisor que había pertenecido a sus padres, descubrió que todas las películas que daban eran sobre ese tema. Apagó el aparato y fue a lavar los platos de la cena para ir luego a dormir. En eso estaba cuando escuchó la voz de Albus Dumbledore llamándola por la chimenea.

-Lily, ha surgido algo y necesito que vengas al castillo cuanto antes así puedo comentarte lo que ha pasado. -Le dijo seriamente el anciano director.

-Sí, claro. Dejo a Sarah al cuidado de alguien y voy. -Respondió ella de inmediato, asombrada por la premura con la que el director la citaba.

¡¿Qué demonios había hecho Harry como para que Dumbledore la hiciera ir hasta allá a la medianoche?! ¿A quién podría pedirle que cuide a la niña a esa hora? Su hermana la mandaría al demonio, Mary estaba de guardia en San Mungo, así que la alternativa que le quedaba era Remus.

-Mil gracias, Lunático. Siento de veras la hora. -Le dijo la mujer cuando Remus apareció en su casa. -No sé qué habrá hecho ese chico, pero pobre de él cuando lo vea.

-¿Estás segura de que Dumbledore te ha llamado por algo que hizo Harry? -Inquirió su amigo.

-¿Y por qué si no?

-No lo sé. Pero jamás llamaron a mis padres, a los de James o a los de Sirius a medianoche por algo que hayamos hecho.

Lily suspiró y se dirigió a la chimenea. Apareció en el despacho de Dumbledore. Al lado del escritorio, estaban de pie el director y la profesora McGonagall, ambos muy serios. Pero lo que más la sorprendió fue la presencia de una tercera persona, también un profesor del colegio, Alastor Moody. La mujer empezó a sospechar que Remus tenía razón, posiblemente había pasado algo que no estaba relacionado con una travesura de su hijo. ¿Le habría pasado algo a Harry?

-Buenas noches, Lily. Disculpa la hora a la que te he hecho venir, pero ha ocurrido algo de lo que debemos hablar ya mismo. -Explicó Dumbledore -Por favor, toma asiento. -Le pidió mientras con un gesto le indicaba a los demás que se sentaran también.

-¿Qué ha pasado? ¿Harry está bien? -Inquirió asustada.

-Sí, Harry está bien. Pero ha ocurrido algo bastante inquietante, por lo que decidí darte aviso de inmediato. Aunque seguramente Harry te esté escribiendo en este momento o lo haga mañana a primera hora para contarte. -Introdujo Dumbledore. Lily hubiera preferido que el director fuera directamente al grano del asunto, sin dar más rodeos. -Como bien sabrás, este año se lleva a cabo en Hogwarts el Torneo de los Tres Magos. Hace un rato, esta noche, el Cáliz de Fuego eligió a los campeones que participarán en esta edición. Y Harry ha sido elegido como cuarto participante.

Lily observó al profesor aturdida por unos segundos. Si eran tres campeones, el torneo de los tres magos… No tenía sentido.

-¿Cuarto participante? -Repitió confundida -¿Qué es eso? ¿No es queson tres campeones?

-Al parecer, alguien ha confundido al Cáliz de Fuego lo suficiente como para hacerle creer que son cuatro y ha colocado a Potter como participante de un cuarto colegio, para de este modo asegurarse de que resultara elegido. -Explicó Moody.

-¿Pero alguien quién? ¿Él mismo? ¿Por qué? -Preguntó Lily, comenzaba a ponerse nerviosa de veras. Todo lo que le estaban explicando no tenía sentido, no podía ser posible.

-No, él no lo ha hecho. -Respondió tranquilamente Dumbledore. -Ya he hablado con él y me aseguró de verdad que no fue y que no le pidió a ningún estudiante mayor que colocara su nombre por él. Ha sido otra persona.

-¿Pero quién y por qué? -Insistió la mujer.

-Ese es el verdadero misterio. -Respondió la profesora McGonagall.

-¿Algún otro estudiante, por hacer una broma? -Aventuró Lily.

-No, yo veo más posible que haya sido un adulto, alguien que quiera aprovechar la oportunidad de las pruebas para matar a Potter. -Respondió Moody.

Lily se quedó muda, observando al viejo auror mientras sentía que el color escapaba de su rostro. Por un momento, que no sabía decir si duró un segundo o miles, pero a ella se le hizo una eternidad, sintió que el mundo se detenía. Todo lo que era capaz de sentir era el alocado latido de su corazón. Se esforzó en no pestañear, porque sentía las lágrimas pugnando por salir de sus ojos y sabía que si comenzaba a sollozar rompería a llorar de manera incontrolable. Tenía que serenarse y pensar algo lógico. Solo había una alternativa.

-No va a suceder. Harry no va a participar. -Murmuró haciendo un gran esfuerzo por mantener la voz firme y evitando mirar a ninguno de los presentes a los ojos. Oyó un suspiro de resignación de parte de la profesora McGonagall.

-Lo siento, Lily. Pero no puedes impedirlo. -Explicó en un susurro Dumbledore.

-Sí, soy su madre. Lo sacaré del colegio y me lo llevaré a la otra punta del mundo si es necesario, pero no va a participar en ese maldito torneo. -Hacia el final de la frase, la voz se le quebró y su discurso sonó medio ahogado. Pero todos entendieron perfectamente lo que decía.

-Desde el momento en que su nombre ha salido del Cáliz, firmó un contrato mágico vinculante. No puedes impedir que participe. -Explicó Moody.

-¡¿Cómo puede firmar un contrato mágico vinculante si ni siquiera colocó su nombre?! -Replicó, mientras sentía que el pánico inundaba todo su cuerpo. Su hijo estaba en peligro, en un peligro que no sabía exactamente de qué se trataba, y ella no sabía qué hacer para protegerlo.

-Lo único que podemos hacer ahora es ayudarlo, para que sortee las pruebas con el menor daño posible. -Dijo Dumbledore apesadumbrado.

Lily regresó a su casa sintiéndose totalmente derrotada. No sabía cómo proteger a su hijo y eso la desesperaba y la hacía sentir completamente débil e inútil. Tenía que encontrar una manera, pero no hallaba ninguna y se desesperaba. Algo tenía que hacer, lo que fuera, cualquier cosa, con tal de evitar que quien fuera que haya colocado el nombre de Harry en el Cáliz pudiera salirse con la suya. Tenía que haber sido algún mortífago, si la teoría de Moody era cierta. Pero, ¿cómo podía haber logrado algún mortífago meterse al castillo y burlar todas las medidas de seguridad para introducir el nombre de Harry?

Llegó a su casa, preparó un té para ella y para Remus y le contó lo sucedido. Lunático aseguraba que cerca de Dumbledore y de Moody era muy difícil que nadie pudiera acercarse a Harry, que solamente era necesario prepararlo para enfrentar los peligros propios de las pruebas y que además habría magos preparados en caso de que la situación saliera de control. Pero Lily sabía que no estaría tranquila hasta que el Torneo de los Tres Magos finalizara, a fines de mayo recién.

Eran cerca de las cuatro de la mañana cuando la pelirroja subió a su cuarto a dormir. Apenas cerró los ojos, se encontró en el living de la casa del Valle de Godric, James le gritaba que corriera con Harry y ella tenía que protegerlo, pero no tenía su varita a mano y no podía desaparecer por culpa de los hechizos protectores. Corría y subía a la habitación del niño sabiendo que todo era en vano. Rogaba por la vida de su hijo, pero sabía que Voldemort la mataría a ella y luego al bebé. Gritaba de desesperación y el bebé lloraba. Hasta que comprendió que estaba gritando en sueños y que era Sarah, no Harry, quien lloraba a su lado.

No había dormido ni una hora y claramente lo menos que había hecho era descansar. Eran las cinco de la mañana y a las ocho debía entrar a San Mungo. Se levantó a calmar a la pequeña y a volver a dormirla, sabiendo que ella ya no dormiría aquella noche.