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Lily regresa de la muerte — capítulo 28

Trece años. Demasiado tiempo se había perdido James Potter de la vida de su familia. Lily se despidió con un beso y antes de irse le preguntó si quería que se llevara a la niña.

-No, déjala conmigo. -Respondió él mirándola con cariño. Sarah se estaba quedando dormida en su regazo, y a él le gustaba. Le gustaba que la niña lo hubiera recibido con tanto cariño cuando nunca lo había visto antes, le gustaba que tuviera la confianza para dormirse en sus brazos, le gustaba sentir el calor y la respiración acompasada de la pequeña contra su cuerpo.

-Antes de ir a lo de Remus, pasa por casa. Vivimos en Cokeworth, en la antigua casa de mis padres. En el cajón de una de las mesas de luz está tu varita. Y creo que algo de la ropa de Harry puede que te vaya.

Sí, su hijo era más bajo que él, pero no mucho más pequeño. Seguramente alguna remera o chaqueta podría quedarle. Los jeans seguramente serían más cortos, pero podría solucionar eso.

-En una hora en lo de Lunático entonces. -Saludó James a su mujer.

Se despidió de su hijo con un beso, aunque el chico ya estaba completamente dormido por el efecto de la Poción para Dormir sin Soñar. Saludó a Ron y a Hermione, que prometieron quedarse la noche allí y luego fue a su casa.

El living de la casita de Cokeworth era el mismo al que muchos años antes había entrado como novio de Lily a conocer a la familia de la chica. Pero guardaba grandes diferencias en el decorado. Los muebles, por ejemplo, eran casi todos de la casa del Valle de Godric. James observó las fotos que reposaban sobre la chimenea. Subió a la planta alta y abrió el primer cuarto.

Evidentemente, era el dormitorio de Harry. Dejó a la niña sobre la cama y miró con curiosidad a su alrededor. El espejo le devolvió la imagen de un hombre sucio, cansado y ridículamente vestido con un traje de bodas. ¿Por qué llevaba esa ropa? Abrió el armario. Claramente, como el chico estaba en el colegio, no había dejado demasiada ropa en casa. Tomó una remera mangas largas negra que tenía algunos pequeños agujeritos, pero no importaba. En un estante encontró un jean remendado y también lo agarró. Tapó a Sarah con el cubrecamas y fue a darse una ducha. Salió del baño, tomó su varita, le hizo algunas mejoras a la ropa y luego se dirigió con la niña a la casa de Lupin.

Allí estaban Lunático y Canuto, quienes le contaron un poco de lo que había sucedido en aquel tiempo. James los escuchaba boquiabierto. No podía creer nada de lo que le decían. Que Harry había tenido que vivir once años con los Dursleys, que Sirius había estado doce años prisionero en Azkaban, que se había fugado, que luego arrestaron a Lily durante un año prácticamente. Para que Voldemort hubiera desaparecido, las cosas no habían andado nada bien en esos años.

Lily llegó a la casa de Lupin acompañada por Molly y Arthur, al poco tiempo comenzaron a llegar los demás: Arabella Figg, Mundungus Fletcher, Mary, Hestia, Emmeline, McGonagall y Dumbledore. La reunión fue muy breve e informativa. El director de Hogwarts explicó lo sucedido aquella noche, informó que La Orden del Fénix volvería a reunirse periódicamente y que era necesario advertir a quienes podían ser convencidos de la verdad, ya que Fudge estaba decidido a ocultar a toda la comunidad mágica el regreso de Voldemort.

Lily y James regresaron a su casa agotados. Para ambos había sido un día excepcionalmente largo. Lily tenía guardia esa misma mañana desde las siete, pero por suerte Mary le había ofrecido cambiarle el turno con el suyo de dos días más tarde. Así que acostaron a Sarah en su cama y se fueron a dormir.

Al fin un poco de tranquilidad luego de tantos nervios, después de tanto sufrimiento. Finalmente estaban allí, los dos, recostados en la cama. Lily abrazó a James y se durmió feliz con la cabeza recostada sobre su pecho, oyendo el latir de su corazón.

Oyó el timbre, pero no le hizo caso. Sintió que James se levantaba y quería decirle que fuera quien fuera no importaba. Pero estaba tan dormida que no fue consciente de si realmente pronunció las palabras o fue solo un pensamiento. Como fuera, su marido o no la escuchó o no le hizo caso y ella se dio vuelta y siguió durmiendo. El grito agudo y aterrado la hizo dar un salto.

-¡Tuney! -Murmuró al reconocer la voz. ¡Cierto! Le había pedido a Petunia si podía ir aquel día a cuidar a Sarah porque era sábado y la niña no tenía guardería y ella debía ir a San Mungo. Evidentemente, su hermana se había llevado un buen susto al ver a James Potter abrirle la puerta -¡YA VOY! -Gritó y salió corriendo en camisón.

Petunia estaba parada frente a la puerta de entrada, pálida y asustada, mirando aterrorizada a James, que hacía un gran esfuerzo por evitar reírse a carcajadas ante la situación.

-Hola, Tuney. Buen día, lo siento, no te pude avisar antes… Anoche fue todo una locura, ven, pasa. -Le dijo a su hermana, que lentamente avanzó hacia el living de la casa, mirando con una mezcla de miedo y desprecio a James Potter. -De verdad lo lamento, te hubiera avisado, pero anoche me fui a dormir a las cinco y media, agotada y como Mary me había cambiado el turno por el del lunes, olvidé por completo que te había pedido que vinieras.

Lily invitó a su hermana a la cocina y le relató todo lo sucedido la noche anterior, mientras preparaba un desayuno para los tres.