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Lily regresa de la muerte — capítulo 29

Cuando las clases finalizaron, la primera intención de Lily fue tratar de no dejar a su hijo solo un minuto, por miedo a que algo le sucediera. Sin embargo, Harry era un chico de casi quince años, que obviamente no tenía el más mínimo deseo de pasar las vacaciones encerrado en su casa o acompañado por sus padres todo el tiempo. Fue idea de Dumbledore que la Orden del Fénix realizara turnos de guardias para que, cuando Harry saliera de su casa, estuviera vigilado aunque ni siquiera lo supiera.

La Orden había establecido un cuartel general en la antigua casa de los padres de Sirius, que necesitaba varios arreglos y una gran limpieza para que se pudiera considerar un sitio habitable. Por otro lado, Snape había informado que Voldemort iba tras la profecía que estaba guardada en el Departamento de Misterios, para conocer el secreto por el cual no había podido matarlo en las ocasiones en que lo había intentado.

Entre el trabajo, las reuniones de la Orden y ayudar con la limpieza del número 12 de Grimmauld Place, Lily prácticamente no tenía un minuto libre. Mientras ella trabajaba, James recuperaba algo del tiempo perdido con sus hijos. La mujer regresaba del trabajo y solía encontrar a los tres jugando al quidditch en el patio -Harry y James estaban obligados a volar bajo para no dejar de lado a Sarah y para no ser vistos por los muggles- o haciendo cualquier otro juego.

-Buenas, ¿cómo andan? -Saludó al entrar a casa aquella tarde.

-Haciendo poción para ser invisible una muñeca -Explicó Sarah orgullosa -<>, mamá, tiene pelo de serpiente <> -señaló un puñado de pasto - <>de <> -indicó hacia una témpera roja -y chocolate -dijo mostrándole un poco de barro -. Cuando <> se la pongo a la muñeca y <<selá>> invisible.

-¡Qué bueno! -Exclamó Lily fingiendo asombro -¿Y papi y tu hermano en dónde están? -Preguntó al no verlos por allí.

-Los hice invisible con poción -Explicó la niña. Entonces, Lily oyó unas risas provenientes del sofá. Seguramente James y Harry estaban allí, escondidos bajo la capa invisible.

De pronto, su esposo dejó caer la capa. Entonces, la mujer vio a su marido y su hijo con la cara cubierta de la mezcla que la niña preparaba.

-Creo que ya pasó el efecto. -Murmuró James riendo -¿Cómo estás tú?

Aquella tarde, Lily estaba de franco en el hospital, así que tenía todo el día libre en casa. Luego del almuerzo, James salió a Grimmauld Place, a ayudar a Sirius con la limpieza de su hogar, que ahora era el cuartel general. Harry, al igual que Ron y Hermione, ya estaba cansado de la tarea, así que decidió quedarse en su casa. Lily hubiera ido, pero había quedado en tomar un té con su hermana en casa aquel día.

-<> <> a la plaza -Dijo Sarah, que estaba jugando sobre la alfombra del living. -¿Vamos, mami?

-No, está por venir la Tía Petunia. -Le respondió ella.

-Yo te llevo, vamos. -Le dijo Harry inmediatamente con una sonrisa. -Estaremos en la plaza. -Le dijo el chico a su madre.

Lily asintió con la cabeza, y sin dejar de mirar por la ventana cómo sus hijos se alejaban, envió un patronus avisando que el chico iba a estar allí. Enseguida le llegó la respuesta de Arthur Weasley, informándole que Mundungus Fletcher andaría por allí. Lily agradeció y suspiró.

Se sentía culpable de tener que molestar a la Orden cada vez que su hijo decidía poner un pie afuera de la casa. Pero también era cierto que no podía encerrarlo todo el verano y no permitirle ir ni siquiera a la plaza que estaba a cinco cuadras de la casa.

Tocaron el timbre y Lily abrió. Su hermana y su sobrino estaban allí. Los invitó a pasar, les ofreció algo de tomar y luego, Dudley le dijo a su madre que estaba aburrido y le dijo que quería ir a dar una vuelta.

-Harry y Sarah están en la plaza. -Le avisó Lily. Sabía que los primos no tenían una excelente relación, pero a lo mejor, en lugar de quedarse sentado a la mesa escuchando conversar a las dos mujeres, Dudley prefería ir con ellos. El muchacho asintió y salió.

-Pobre, Dud, se aburre solo. Pero lo he traído porque venimos de Londres, hemos ido a comprar su uniforme nuevo para Smelthings porque el viejo ya le quedaba algo ajustado. Vernon ha ido a ver a un compañero de la empresa y en un rato viene a buscarnos. -Explicó Petunia. -Por cierto, ¿en dónde está tu marido?

-Ha ido a ayudar a un amigo con unos arreglos en su casa. -Respondió Lily sin dar más detalles ni explicaciones.

Petunia le contó a su hermana de los problemas que tenía en su casa con las prohibiciones que habían instalado contra el uso de las mangueras, porque había una sequía espantosa. Le explicó que si seguía así, no conseguiría que sobrevivieran sus agapantos y que Vernon estaba indignado porque no podía lavar el coche dos veces a la semana, aunque en realidad muchas veces lo hacía a escondidas.

Lily la escuchaba sin opinar demasiado. Quería a su hermana y le gustaba compartir tiempo con ella, pero la vida de Petunia Dursley era tan sin sentido que a veces a ella le costaba encontrar un tema de conversación o engancharse en los que su hermana proponía. Ya había anochecido y seguramente James y los chicos estaban a punto de regresar.Sintió un poco de frío y vio que su hermana temblaba levemente. Era muy extraño que hiciera frío en esa época del año, más con el día caluroso que había hecho esa jornada. Tardó un segundo en comprender qué ocurría, y sin decirle nada a su hermana, salió a la calle con la varita en la mano. Vio un par de dementores huir a toda velocidad por el cielo. Justo lo que temía.

Asustada, envió un patronus a Mundungus preguntando si todo estaba bien.

-Sí, todo bien, justo he salido un momento a ver una oferta de unos calderos, pero ahora regreso a la plaza. Estaban los dos con otro chico conversando. -Respondió el patronus de Fletcher y Lily se sintió palidecer. Entonces, ¿estaban solos y habían aparecido unos dementores?

-Ya vengo -Le dijo apresuradamente a su hermana y salió corriendo a la plaza. Llegó a una cuadra y vio a su hijo, con la varita en la mano, inclinado sobre Dudley, que parecía inconsciente. A su lado, sentada en el suelo, estaba Sarah. -¿Están bien? -Preguntó preocupada al llegar a ellos.

Los tres estaban pálidos y sudorosos. Harry, de pie, tratando de hacer reaccionar a su primo, parecía ser el que mejor estaba. Sarah, sentada en el suelo, tenía el rostro blanco y lloraba en silencio. Lily la tomó en brazos y observó a su sobrino, estaba consciente, aunque apenas. Con un encantamiento, hizo que el peso del muchacho se alivianara, entonces, entre ella y Harry lo ayudaron fácilmente a ir hasta la casa.

Petunia, sorprendida por la brusca desaparición de su hermana, salió a la vereda a ver qué había ido a ver Lily. Allí estaba cuando los vio llegar y se acercó apresuradamente a su hijo. Dudley vomitó sobre la vereda.

-¿Qué te ha pasado, Duddy? -Susurró su madre preocupada. Pero su hijo parecía incapaz de poder contestar.

-Vamos adentro y te explico. No te preocupes, no es nada grave. -Dijo Lily girando rápidamente y apuntando con su varita al sentir alguien tras ellos. Bajó la varita. -Hola, Dursley. -La pelirroja jamás había llamado a su cuñado por su nombre de pila. -Vamos adentro. -Insistió.