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Lily regresa de la muerte — capítulo 3

Lupin le ofreció darse una ducha y almorzar algo antes de salir. Mientras se bañaba, Lily comenzó a organizar lo que haría en las próximas semanas. Tenía un mes casi completo con su hijo antes de que él regresara al colegio, y pensaba pasar con Harry cada segundo. Iría a lo de Petunia, buscaría a Harry, pasarían por Gringotts y alquilarían un par de habitaciones en el Caldero Chorreante. Luego, durante un mes, haría lo que Harry quisiera. Una vez que haya comenzado septiembre, buscaría un trabajo y una casa para recibir a su hijo en las vacaciones de Navidad. También reuniría valor para ir a Azkaban a visitar a Sirius. Le debía mucho más que una disculpa por no haberle dicho siquiera a Dumbledore que él no era el guardián secreto. Además, quería oír su versión de la historia y ver si podía tramitar algo en el Ministerio de la Magia para que lo liberen, o al menos para que pueda acceder a un juicio.

Cerró la ducha con la piel de los dedos arrugada de tanto haber permanecido en el agua. Se secó y limpió con su varita el viejo vestido blanco. Se pondría eso mismo, unos zapatos viejos de Lupin e iría a Privet Drive. Ya al día siguiente pensaría en comprar algo de ropa. Agradeció a su amigo y desapareció rumbo a la zona en la que vivía su hermana.

Apareció en la pequeña placita de Little Withening. Allí había jugado con Petunia de pequeña, cuando iban con sus padres a visitar a su abuela, que vivía en el número 4 de Privet Drive. A Lily siempre le había parecido un lugar aburrido, pero Tuney jamás había despreciado la zona. Así fue que cuando se casó, su madre le ofreció la casa de Privet Drive, que estaba desocupada desde hacía años, cuando falleció su abuela. La herencia de las hermanas fue entonces la casa de Privet Drive para Petunia y la de Cockewort para Lily, a nombre de quien quedó una vez que sus padres murieron. Pero la pelirroja jamás vivió en la antigua casa de su infancia, sino que al casarse se mudó con James al Valle de Godric. Atravesó las pocas cuadras que la separaban de la casa de su hermana y al llegar al número 4 de Privet Drive, tocó el timbre.

-¡Dudley, tocan el timbre! -Gritó una voz gruesa que Lily supuso sería de Vernon Dursley.

-¡No puedo, estoy jugando en la computadora! -Protestó otra voz, que la mujer pensó que sería de su sobrino.

-¡Ya voy yo! - Anunció una voz de mujer y Lily reconoció el timbre chillón y agudo de su hermana mayor.

Los pasos rápidos siguieron hacia la puerta y entonces abrió. Petunia observó hacia el umbral y dio un grito de espanto y saltó hacia atrás de la impresión.

-Hola, Tuney. No te asustes, no pasa nada. -Dijo Lily tranquilamente, saludando a su hermana con una sonrisa. Pero Petunia seguía pálida y miraba a la pelirroja como si se tratara de un fantasma, o algo aún peor. -Creí que Dumbledore te había explicado que…

-¿Te refieres a esto? -Preguntó Petunia blandiendo un trozo de pergamino que sacó del bolsillo de su delantal. -Creía que era un truco de tu hijo para que lo dejara salir de su cuarto. -Agregó en voz más baja.

Lily pasó al living sin esperar a que su hermana tuviera el gesto de invitarla. Les explicó a ella y a Vernon lo sucedido, que era lo mismo que decía la carta que le había enviado Dumbledore. Su hermana estaba aterrorizada.

-Petunia, nunca fue mi intención que Harry terminara viviendo contigo. Ahora que he vuelto, iré a hablar con él y me lo llevaré. Y entonces nunca más te molestaremos ni a ti ni a tu familia. -Anunció. -¿Dónde está? -Le preguntó.

Como su hermana parecía incapaz de hablar, Lily decidió subir a los dormitorios y buscarlo. Después de todo, las palabras de Petunia de que parecía un truco de Harry para salir de su cuarto daban a entender que el chico estaba castigado en su habitación. Mientras subía las escaleras, una mano con fuerza la detuvo, tironeándole el brazo izquierdo.

-¡No puedes hacerlo! -Bramó Vernon Dursley.

-Claro que puedo, es mi hijo. -Protestó ella.

-¡No te dejaré! -Insistió, tironeando hasta casi hacerla caer por la escalera.

-¡Suéltame, idiota! -Exclamó Lily ya sin paciencia, amenazando a su cuñado con su varita mágica. Vernon la soltó como si hubiera recibido una descarga eléctrica. Lily siguió subiendo y caminó por el pasillo. Encontró enseguida el cuarto de Harry, al suponer que sería el que tenía la puerta cerrada. Golpeó y llamó a su hijo. El chico le explicó que tenía la puerta cerrada con llave. -¡Alohomora! -Murmuró la mujer, y la puerta se abrió.

Harry observó maravillado a la mujer que tenía a pocos metros. En su mano tenía la carta que Dumbledore le había enviado, pero no llegó a creerla hasta que vio a la pelirroja entrar en su cuarto y correr a abrazarlo. Se fundieron en un abrazo largo en el que ambos derramaron lágrimas de emoción y felicidad. Lily le acarició el cabello y llenó su cabeza de besos.

-Entonces es verdad… -Murmuró el chico con la voz tomada por la emoción.

-Claro que es verdad, mi amor. -Susurró Lily.

Pasó un momento hasta que ambos se tranquilizaron. Lily estaba impresionada de lo grande que estaba su pequeño, no podía creer que hubiera crecido tanto. Para ella era como si ese mismo día hubiera estado observando al bebé que jugaba sentado en la falda de James. Y Harry era un adolescente, tan parecido a su padre.

La pelirroja bajó a la alacena bajo la escalera, buscó el baúl de Harry y envió todas las cosas al Caldero Chorreante. Luego se apareció con su hijo en el Callejón Diagon. Retiraron algo de dinero del banco y alquilaron un par de habitaciones. Estaba anocheciendo cuando Lily le pidió a Harry que la acompañara a Madame Malkin. Tenía que comprar algo de ropa. Buscó un par de túnicas para ella y una para su hijo.

-¿Y qué haremos después? -Preguntó el chico con curiosidad.

-Tú dime. Es casi una semana de retraso, pero aún podemos festejar tu cumpleaños. ¿Cómo quieres celebrarlo?