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Lily regresa de la muerte — capítulo 31
Esa misma noche, la Orden del Fénix se reunió para discutir lo sucedido y planificar cómo actuarían de allí en adelante. La audiencia de Harry en el Ministerio implicaba una larga serie de posibles problemas. Además, estaba claro que la actitud de Fudge seguía siendo igual de miope que de costumbre.
-Voy a darte un baño -Murmuró Lily a su hija. Luego de una buena taza de chocolate caliente, Sarah estaba mejor y su rostro había recuperado el color. -Luego tú podrás darte una ducha mientras cambio a tu hermana, en una hora iremos a Grimmauld Place. -Agregó mirando a Harry.
-¿No puedo quedarme aquí? -Pidió el chico. Lo único que quería en ese momento era subir a su cuarto a dormir un poco.
-No, vendrás con nosotros. -Terció Lily.
-Estoy cansado y solo quiero ir a dormir. No tengo ganas de estar en esa casa espantosa, con elfos mutilados por todas partes. -Protestó.
-Podrás dormir allí, si quieres. No pienso dejarte solo, bajo ningún punto de vista.
-Es que…
-No, Harry, no vas a quedarte. Ya está decidido. -Reafirmó James.
A sabiendas de que era una batalla perdida, Harry subió a su dormitorio resoplando. Lily bañó a Sarah rápidamente y luego la vistió con lo primero que encontró.
Cuando estuvieron todos listos, James se apareció con Sarah y Lily con Harry en la plaza cercana a la casa de la madre de Sirius. Cruzaron hacia el número 12 de Grimmauld Place y entraron. Atravesaron el vestíbulo con cuidado y en silencio para no despertar al cuadro de Walburga y luego Lily le indicó a Sarah que fuera con Harry y el resto de los chicos a los dormitorios. La niña protestó un poco diciendo que deseaba quedarse con su madre, pero finalmente la mujer logró convencerla.
-¿Cómo están? -Preguntó Sirius acercándose a saludarlos. -Pasen, ¿cómo están los chicos? -Agregó.
-Bien, todos bien. -Respondió James.
En la cocina estaban los Weasleys, Remus y Tonks. Todos le preguntaron cómo estaban los chicos y pormenores de lo sucedido aquella tarde. Recién cuando se sentó, ya más tranquila, Lily se dio cuenta de lo cansada que estaba. Pero la sensación de agarrotamiento desapareció en cuanto llegó Mundungus Fletcher y, dirigiéndose a James que conversaba en una esquina con Sirius, comenzó a balbucear una excusa.
-Lo lamento, yo… surgió de improviso una oportunidad… unos calderos… lo siento, pero era muy buena oportunidad y… -Se excusó balbuceando.
-¡Claro! ¡Una oportunidad que valía más que la vida de mis hijos, Mundungus! -Bramó Lily enfurecida, fulminándolo con la mirada.
-Es que… -Comenzó, pero no completó la frase.
-¡¿Qué?! -Exigió ella. Todos los presentes observaban a los dos.
-Yo no sabía que iba a suceder algo justamente… esta tarde… -Intentó justificarse Mundungus, pero calló inmediatamente al ver cómo Lily lo miraba. Parecía a punto de lanzar chispas por los ojos.
-¡No me digas! ¡Pues déjame decirte que si supiéramos cuándo y qué piensa hacer Voldemort todo sería un pelín más simple!
Mundungus tartamudeaba e intentaba explicarse.
-No ha sido tan grave… unos dementores… si tu hijo no hubiera empleado la magia, no estaríamos en problemas…
-Si Harry no hubiera empleado la magia, no estarías en problemas, estarías muerto. Yo me habría encargado de eso. - Dijo Lily con el rostro lívido -Por tu estupidez y negligencia ahora tendrá que enfrentar una audiencia ministerial. Por tu estupidez y negligencia, mi hija de dos años y medio ha recordado lo que pasó en casa en Halloween en 1981. Ha repetido mi enfrentamiento con Voldemort a la perfección. Algún día tendré que explicarle de qué se trata.
Lily desvió la vista de Mundungus y se volvió a sentar. Molly se acercó a ella y la abrazó. El resto de los presentes, parecía que hubiera quedado congelado. James observaba a Lily. Su mujer no le había explicado en qué consistía el recuerdo de Sarah. Ahora comprendía todo. Trató de apartar de su mente la imagen de su mujer suplicándole a Voldemort que la matara a ella en vez de a su hijo.
La cocina de Grimmauld Place se fue llenando de gente. Cuando estuvieron todos presentes, se dio comienzo a la reunión. El primero en hablar fue Severus, con un dato que sorprendió a todos.
-No ha sido el Señor Tenebroso quien ha enviado los dementores. Ha habido una reunión esta misma tarde y nadie tenía idea de lo que había pasado hasta que Lucius Malfoy informó que Potter había recibido un apercibimiento por realizar magia ilegal. -Explicó Snape.
-¿Entonces, quién ha sido? -Se preguntó James en voz alta.
-No lo sé. -Respondió Snape.
-¿Gente de Fudge? ¿Para conseguir echar a Harry de Hogwarts? -Aventuró Tonks.
-¿Y qué ganaría Fudge echando a Harry del colegio? -Preguntó Sirius molesto.
-Evitar que esparza entre sus compañeros la versión de que Lord Voldemort ha regresado. -Respondió Minerva McGonagall.
-Seguramente, esa es intención. De todos modos, no tiene elementos fuertes para expulsarlo. -Intervino Dumbledore. -Pienso presentarme como testigo de la defensa y en todo caso, tienen pocos elementos para expulsarlo. Pero no podemos permitir que vuelva a suceder algo como lo de esta noche. Y no me refiero a quien haya enviado los dementores, sino a nuestra propia falla de seguridad. Si queremos derrotar a Lord Voldemort, es esencial proteger a Harry Potter.
Lily se estremeció. Aquella última oración le recordaba a la profecía que Dumbledore le había recitado años atrás. Por supuesto que su prioridad era la protección de su hijo, pero odiaba aquella idea de que Harry sea el único con el poder para derrotar a Voldemort. Odiaba la idea de imaginarse a su hijo enfrentándose a Voldemort.
-¿Cuál es entonces el plan de Voldemort? -Preguntó Dumbledore mirando a Snape.
-Está convencido de que existe una profecía que guarda el secreto por el cual Harry Potter se le ha escapado en tres ocasiones, además de la primera vez que trató de matarlo, cuando era un bebé. Se ha decidido a conseguir el registro de aquella profecía de Departamento de Misterios. -Explicó Snape -Y ya tiene la ubicación exacta, en el pasillo número noventa y siete.
-¿Cómo conoce la ubicación precisa? -Inquirió Dumbledore con tranquilidad.
-Ha enviado a Colagusano… a Pettigrew a revisar. Él ha podido entrar porque es animago y se transforma en rata. Pero no ha podido robarla porque la profecía tiene el mismo tamaño que su forma animal. No podría salir de allí como humano.
La reunión terminó y los Potter regresaron a su casa. Harry fue de inmediato a su cuarto a dormir. James fue a acostar a Sarah mientras Lily se cambiaba también para dormir. Antes de acostarse, la mujer se asomó al cuarto de su hijo. Harry ya estaba roncando. Sonrió y regresó a su dormitorio. Desde allí escuchaba la voz de James cantándole una nana a Sarah. La mujer suspiró.
Volvió a pensar en todo lo sucedido aquella noche. Daría lo que fuera por cambiar el rumbo de las cosas. No quería tener un hijo destinado a derrotar a Voldemort. Sabía que el precio a pagar por ello era muy alto. Prefería ser egoísta, que aquella suerte le tocara a otro niño, no al suyo. Y eso le explicó a su marido cuando entró al cuarto y le preguntó qué sucedía.
-Escucha, tranquila. Va a estar todo bien. No seas tan pesimista. -Le dijo él abrazándola y sonriendo.
-¿Que no sea pesimista? ¡Es solo un niño! No puedo ni imaginarlo frente a Voldemort…
-Yo no tengo que imaginarlo. Lo he visto. Y no es solo un niño, sabe lo que hace. Así que a ser más optimista y ayudarlo en todo lo que podamos. -Murmuró James con decisión.