← Desaparición en Hogwarts · de
Desaparición en Hogwarts — capítulo 1
Por todo el largo pasillo sombrío lo único que se escuchaba era el taconeo de los zapatos al chocas con el suelo de un par de las chicas que caminaban por ahí.
La primera, de pelo rubio casi pelirrojo, andaba con la cabeza bien alta y dando grandes zancadas seguida de sus dos hermanas de un rubio platino con la misma actitud segura. Por último, cerraba la marcha la gemela de la segura, esta distraída sin llegar a desfilar como sus hermanas.
Una vez en aquella inmensa estancia tomaron asiento en el centro conforme fueron llegando, todos los presentes, aproximadamente cincuenta personas, vestidas con túnicas color ciruela con una 'W' tejida en color plateado, que murmuraban y observaban desde las gradas.
En medio de la primera fila estaba el recién nombrado ministro de Magia Rufus Scrimgeour, el cual tenía aspecto de de león viejo pues en su melena de pelo rojizo abundaban los mechones grises, pero esto no quitaba que aparentara ser astuto y tenaz.
-Por fin podemos empezar -dijo Scrimgeour-. ¿Están preparados?
-Sí, señor -respondió una voz perdida entre la gente.
-Vista interrogadora del trece de agosto -comenzó el ministro con voz sonora- por la desaparición de Freya Aisteach el veintidós de julio. Serán interrogadas sus familiares y hermanas; Caileen Aisteach, Ashley Aisteach, Alaska Aisteach y Chloë Frida Aisteach, por los interrogadores... -tras decir una larga lista de miembros del Wizengamot prosiguió-. Bien, no hay cargos presentados, sin embargo son necesarias vuestras declaraciones. Empecemos por Caileen, ¿dónde estabas cuando Freya no estaba presente?
-En Edimburgo -soltó la mayor de las rubias inmediatamente-, concretamente en Inverleith, mis clases de arte se realizan allí. Puedo aparecerme así que me es muy fácil llegar a casa desde allí y poco después iba a reunirme con Ashley.
El ministro Scrimgeour dirigió su mirada penetrante a una de las chicas que miraba distraída el suelo de piedra que se sobresaltó al escuchar su nombre y asintió con rapidez.
-Sí, es cierto. Estuvimos toda la tarde juntas.
-¿Y ustedes? -se dirigió a Alaska y Chloë.
-En la biblioteca -dijo Alaska.
-De compras -dijo al unísono Chloë.
El tribunal comenzó a cuchichear entre sí desconcertados por las declaraciones.
-¿Cuando fue el momento en el que echaron en falta a Freya? -preguntó una mujer de voz atronadora entre las gradas.
-Al llegar a casa la esperamos -habló Chloë-. Casi nunca está en casa y es incapaz de saber un lugar en concreto donde puede estar así que pensamos que sería otra de sus múltiples escapadas...
-Pero no volvió a aparecer -interrumpió Ashley el testimonio de su hermana menor-. Pasaron los días y parece que se ha desvanecido sin dejar rastro, nadie sabe nada. Nuestros padres denunciaron su desaparición anteayer después de semanas porque ya es preocupante.
-¿Quién la vio por última vez? -dijo la mujer que habló anteriormente.
Las hermanas se miraron con complicidad durante unos cortos segundos antes de que la mayor respondiera:
-Nuestra madre -mintió.
No era nada nuevo que una Aisteach mintiera, pero ¿por qué lo hizo?