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Desaparición en Hogwarts — capítulo 2
29 de noviembre, 1996
Observando las gruesas gotas y su recorrido por el cristal de la ventana he decidido que puede que este sea el día mas lluvioso que he presenciado en mi corta vida de quince años. Cualquiera podría decir que continuaba siendo de noche, que todos los relojes que marcaran en ese momento las seis de la mañana se habían estropeado.
Ahí estaba yo; parada frente a una ventana retorciéndome del frío con el uniforme a medio poner y el pelo totalmente despeinado reflexionando sobre el tiempo.
Otro día mas en la increíble y emocionante vida de Ashley Aisteach.
Era sarcasmo, por cierto.
Nunca he sido especial en ninguna forma, cosa que a mi hermana Freya se le daba de maravilla, con su presencia todo es luz pero sin ella todo es como, ya sabes, oscuridad. A mí con suerte me conocen como "la Aisteach sabelotodo" cosa que aún no sé si es buena o realmente mala a ojos de la sociedad.
Sin hacer caso omiso a mis compañeras de habitación de la torre Ravenclaw bajé al Gran Comedor, habían pocas personas a esas horas pero así podía asegurarme de tener un buen abastecimiento de cereales para el día.
Pero ellas siempre estaban ahí.
-¡Ash! -me llamaron desde un lugar de las cuatro mesas-. ¡Aquí!
Las cosas habían cambiado desde lo que pasó, ya no eramos una piña aunque ellas intentaran que no nos diéramos cuenta. Era incómodo, no parecía que les importara nada de aquello.
Aún así tomé asiento con ellas.
-Todo el mundo está feliz cuando Ashley está cerca -dijo Chloë con una gran sonrisa-. Eres como una repartidora de felicidad o algo así.
-¿Qué estás diciendo? -pregunté con el ceño fruncido-. Eso no tiene ningún sentido... ¿Qué quieres?
-Apuntes de Herbología, ¿por favor? -canturreó, aunque yo mucho mas lejos de eso estaba con una cara de tener un día de perros, lo cual pareció notarlo-, ¿Te pasa algo?
-No, nada. Los buscaré cuando tenga un rato libre.
Pareció funcionar aquello así que me ensimismé en mi desayuno, escuchando como ellas parloteaban sobre cualquier cosa y la sala se iba llenando cada vez mas conforme pasaba el tiempo.
-Alerta Potter, chicas -anunció Caileen en voz baja y todas nos giramos.
Harry Potter, el niño que vivió y levanta aclamaciones a día de hoy. Yo, Ashley, tuve la grandiosa suerte de estar en su mismo curso, pero no tanta cuando con suerte cruzo tres palabras con él al mes. Obviamente nunca tendré el mas mínimo roce amoroso con él, pero no me deprime tanto cuando estoy segura de que es solo un encaprichamiento adolescente.
Un bufido capturó la atención de todas nosotras hacia Alaska, que el chico pareció no darle importancia.
-¿Y eso?
-¿El qué? -preguntó.
-Bueno... -intervino Chloë-, Alaska, no nos has contado si eres... Ya sabes... Uno o lo otro.
-¿Qué o qué?
-¡Una lesbiana! -exclamó Caileen.
-¡Cai! -dije-. Eso ha sido...
-No... Está bien, no me importa. Y no, no soy nada.
-¿Entonces eres bisexual? -preguntó de nuevo Chloë
-No. Sólo me gusta la gente, ya está.
Para ser sincera, no sé a qué venía eso. Fue tan imprevisible que aún sigo pensando en un motivo razonable para que eso hubiese pasado.
Pero no lo encontré ni si quiera en horas de clase.
Siempre he sido atenta, excelente, una Ravenclaw en toda regla. Pero no puedo, soy incapaz.
Nada es bueno en esta época. Nada. Voldemort está cada vez mas presente, una batalla se avecina. Lo peor de todo es que no hay solución, solo puedes quedarte al límite de las cosas y ver como pasan. Intentar resolverlo es la opción correcta la cuestión es la forma. Me negaba a ser un espectador mas, iba a hacer algo. ¿Pero por dónde empezar?
Mi prioridad es mi hermana, mi hermana-mayor-por-once-meses. El caso va mas allá de sí, pues Freya no era una chica normal, es Freya Aisteach. La inigualable, asombrosa Freya. La abeja reina de Hogwarts. Un huracán rubio. Pero de algo yo estaba completamente segura, y es que sea como fuere de alucinante Freya, la no-tan-alucinante-Ashley iba a encontrarla con o sin la ayuda de sus hermanas.