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Desaparición en Hogwarts — capítulo 3
22 de octubre, 1996 Chloë y yo siempre estamos juntas, por ese rollo de ser gemelas. La familia no se elige, pero estoy segura de que si Chloë y yo no fueramos hermanas no tendría la menor gana de conocerla. Hay dos tipos de gemelos en el mundo, los simétricos y los asimétricos. Los simétricos también podrían ser llamados clones; mismo cuerpo, mismo cerebro.En cambio los asimétricos no corren la misma suerte, pueden ser completamente distintos o solo pequeños detalles. Sí, Chloë y yo somos asimétricas. Solo con decir que ella es una Slytherin y yo una Gryffindor está todo dicho. Muchas personas en Hogwarts me utilizan como vía para conocerla, intentando además conocerme a mi. Pero esto cambian cuando se dan cuenta de que no soy como ella, no soy ni quiero ser la típica abeja reina como fue Freya e intenta serlo ahora Chloë con su ausencia. La realidad es que Chloë no podrá sustituir a Freya. Nadie puede. Mi relación con Freya siempre fue buena, sentía que ella me entendía mas que ninguna de las demás. Ella sabía mis secretos, los de todas en realidad, y eso nos unía, los secretos y ella, pero sin Freya todo se ha venido a bajo. Freya me entendió cuando le conté mi secreto. Un secreto tan difícil de expresar por miedo al rechazo que me aterra. Mis días por lo general no han cambiado mucho desde la desaparición de Freya. Un día como hoy, amenazando con nevar, tenía planeado visitar Hogsmeade. Asi que tras terminar las clases de la mañana atendiendo a regañadientes corrí hacia la torre Gryffindor a abrigarme bien para salir al pueblo mágico. Soy la pequeña de las hermanas, además de que Chloë nació un minuto antes, eso quiere decir que heredo toda la ropa que las demás van dejando atrás. Así que mi armario solo se compone de eso, prendas viejas. Pero no me importaba. Bajé al vestíbulo donde ya habían bastantes alumnos con la misma iniciativa que yo, entre ellos vi a mi menuda hermana mayor Caileen. Para ser la mayor era la hermana con menor altura, pero con gran simpatía. -Hola, Cai -saludé con una sonrisa-. ¿Vas a Hogsmeade? -Sí, de hecho me haces mucha falta. Chloë me pidió que le comprara una túnica nueva y como ella está enferma no puede ir. -¿Chloë está mal? -pregunté. -No te preocupes, solo es un resfriado, se recuperará. Pensaba que lo sabías. -Ya sabes que no hablo mucho con ella. -Aún así, es tu hermana. ¡Tu hermana gemela, de hecho! -exclamó-. ¿No era que los gemelos están conectados y sienten lo mismo que el otro? -Son leyendas urbanas. Yo no siento la mitad de lo que ella siente, si es que siente algo -argumenté mientras Filch revisaba que tenía autorización para salir junto a las puertas de roble. -No seas mala. Sé que lo del otro día en el desayuno estuvo mal, lo siento, pero Chloë lo dijo de broma. No se lo tomes en cuenta. -Claro. El proceso aún tomó más tiempo que lo normal, porque Filch estaba revisando tres veces a todo el mundo con su sensor de Secretos. Cuando conseguimos salir del castillo envueltas en bufandas nos mantuvimos cerca para mantener el calor frente al viento. -¿Sabes lo peor de estar en último año? -negué-. Estar en último año. -No puede ser tan malo -dije entre risas. -Tienes todas las decisiciones mas importantes de tu vida y no sabes si elegirás bien o mal, sin contar con el trayecto para conseguirlas que es el doble de difícil. Es decir, yo quiero ser artista, pero no sé si es bueno o no y aunque lo fuera tengo un largo camino para convertirme en ello. -Lo conseguirás y siendo tú seguro que harás que sea bueno. -Gracias, Al -dijo dedicándome una gran sonrisa-. Creo que estamos cerca. Ni siquiera me había dado cuenta de cuándo habíamos llegado al pueblo, pero lo hicimos. Caileen dobló una esquina y allí estaba el local de ropa, Moda Tiros Largos. No tardamos mucho en conseguir lo que queríamos, nos hubieramos demorado menos sin las risas y las bromas pero eso no importa. -¿Te apetece tomar algo? -me preguntó. Asentí y caminamos entre las calles a medida que la nieve iba descendiendo mas y mas hasta llegar a las Tres Escobas, un antrio rústico y agradable. Nada mas entrar por la puerta una ráfaga de calor reemplazó al frío del exterior. Tomé asiento en una de las mesas mientras Caileen iba a pedir a la barra una cerveza de mantequilla y una hidromiel para mi. Cuando Caileen vino con las bebidas se sentó frente a mí con el vaso caliente entre sus manos que estaban ocultas bajo el jersey de color gris. -¿Puedo hacerte una pregunta, Al? -hice un gesto afirmativo mientras me llevaba la bebida a mis labios-. ¿Por qué te has tintado el pelo pelirrojo? Cogí un mechón de mi largo pelo entre mis dedos, ya ni me acordaba de que hace apenas dos semanas usé un hechizo cuyo uso era teñir cualquier cosa. -Me apetecía cambiar -mentí encogiéndome de hombros. -¿Seguro que no es por otra cosa? -¿Qué otro motivo hay? -Que tal vez quieras diferenciarte de Chloë. -Es un buen motivo -y la verdad. -¿Es por eso? Me encogí de hombros, llevando la mirada hacia otro lugar dando por terminada la conversación. -La echo de menos, ¿sabes? -volví la vista a ella-. A Freya. Es todo tan diferente sin ella... No sé como lo hace. -Seguir siendo la reina sin estar en sus tierras. -Exacto. Es como si siguiera aquí pero es obvio que no porque todo es peor sin ella. Casi puedo imaginarla aquí con nosotras, quejándose de mi maldita cerveza de mantequilla. -Las odiaba -sonreí con melancolía y ella compartió mi mueca. -Espera, ¿ese no es Colin Christian? Me giré, en unas mesas de distancia detrás de mis espaldas estaba un solitario chico de rasgos finos y pelo castaño claro que se estaba terminando una botella de cerveza de raíz. -Sí, es un Gryffindor de sexto, ¿qué pasa con él? -Fue el último novio de Freya antes de que desapareciera -dijo Caileen apartando la mirada de él para clavarla en mí con seriedad y yo hice lo mismo-. Deberíamos hablar con él. -Tal vez sabe algo -afirmé. Nos levantamos al mismo tiempo, pero cuando volvimos a mirar Colin ya estaba saliendo por la puerta asi que nos dimos mas prisa en ponernos nuestras bufandas, guantes y demás. Salimos del antro casi corriendo y vimos a lo lejos como una figura doblaba la calle. La seguimos, con cuidado de no resbalar con el aguanieve que cubría el suelo. Cuando pudimos acercarnos a aquella persona nos dimos cuenta de que no era una, eran dos chicas que forcejeaban por algo. Fuera lo que fuere cayó al suelo y una de las chicas se elevó hacia el cielo con los brazos extendidos. Inmediatamente Caileen y yo nos detuvimos, aterrorizadas por lo que estábamos presenciando. La chica era Katie Bell, su rostro estaba sin expresión alguna y con el viento azotando su pelo con fuerza. Entonces soltó un grito que hizo que sintiera un escalofrío por todo el cuerpo, sus ojos que antes estaban cerrados se abrieron de par en par, pareciendo sufrir el peor de los horrores. La otra chica también gritó, agarrando a Katie de los tobillos intentando bajarla en vano. Tres figuras se acercaron con rapidez, ayudando a la chica para bajarla. Caileen y yo, por instinto, nos escondimos en el callejón mas cercano. Podrían echarnos a nosotras la culpa por ser las mas cercanas. -¿Qué acaba de pasar ahí? -pregunté con un pitido en los oídos-. ¿Qué le ha pasado a Katie? -No tengo ni idea -reconoció-. Pero si la persona que le ha hecho eso a Katie le hizo también algo a Freya necesitamos saber quién ha sido.