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Desaparición en Hogwarts — capítulo 4
23 de octubre, 1996
Ser la mayor de la familia es un problema, pero mucho mas cuando tus hermanas son Aisteachs. Afortunadamente, tengo años de práctica. y no es nada fácil ocuparse de esos diablos rubios. Freya y yo siempre fuimos el pilar que sostenía el bien entre nosotras, ella desde pequeña tenía un don de liderazgo envidiable.
Ahora estoy sola contra las bestias.
El caso es que es demasiada presión; mi último año estudiando en Hogwarts, la desaparición de mi hermana, el resto descontroladas... Que alguien me salve.
-Es una pena.
En ese momento del día me encontraba frente al tablero de eventos próximos, posicionado junto a los relojes de arena que determinaban los puntos de las tres casas de Hogwarts. En concreto observaba la cantidad excesiva de carteles de se busca con la cara sonriente de Freya en blanco y negro.
Pero al escuchar esa voz me volteé, viendo al chico rubio mas famoso de la casa Slytherin, Draco Malfoy, el cual parecía no estar en su mayor esplendor estando notablemente mas delgado, con manchas oscuras bajo los ojos y su tez teñida el gris.
-Hola, Draco -saludé y él sin mirarme apenas se posicionó junto a mí, mirando también el tablero y yo lo imité.
-Demasiadas cosas juntas este año -suspiró, nunca lo había visto así, sin aquel toque de malicia en su voz, en ese momento lo dominaba la amargura-. De alguna forma me siento responsable de su desaparición.
-No tienes la culpa de nada.
-Como si la tuviese -soltó un suspiro-. Soy yo su exnovio y estoy deprimido, no sé como estaréis vosotras.
En ese momento recordé lo que Draco había afirmado, él había estado saliendo con Freya tiempo atrás. No supe nunca mucho acerca de eso, pues ni uno ni otro suelen hablar de sus sentimientos aunque tenía al príncipe de Slytherin junto a mí contándome cómo estaba de preocupado por mi hermana pequeña.
-Creo que en general todo Hogwarts llora por su ausencia.
-Unos mas que otros.
Vi como Draco cabeceaba somnoliento y por un momento pensé que se iba a desplomar desmayado a lo que le agarré del brazo izquierdo. Inmediatamente sentí un chispazo que recorrió todo mi cuerpo y el rubio también debió de darse cuenta al abrir mucho mas los ojos, apartándose de mí.
-¿Qué haces? -exclamó-. Que me haya compadecido un poco de ti no significa que puedas tocarme, Aisteach.
Sin dejarme despegar los labios siquiera se fue a grandes zancadas, dejándome con la duda de qué había pasado en ese momento. Entonces un cartel de los muchos se cayó por sí solo, lo extraño fue que no era uno de los primeros colocados, si no que se encontraba detrás y nada pudo haberlo movido. Lo recogí y leí el contenido:
DESAPARECIDA: Última vez vista en Glasgow, Escocia. Miércoles día 14 Agosto. Freya Aisteach 16 años. Cabello rubio, ojos grisáceos/azules, delgada, 1'65 cm. Contactar con el Ministerio Británico de Magia.
Entre el nombre y sus características físicas se podía ver una fotografía que no paraba de moverse. Obviamente era la misma Freya con las manos entrelazadas en su pecho mientras que enseñaba sus perfecta dentadura blanca mientras reía. Pero se paró un momento, frunciendo el ceño y mirando a otra parte del folleto. Dirigí la vista, para saber qué estaba mirando, y pude ver una calavera dibujada a un lado. Extrañada, doblé el papel y lo metí dentro del bolsillo de mi túnica.