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Historia 187550 — capítulo 30
Unas horas después, Hope ponía la foto de fin de curso de Harry al lado de muchas otras, durante esos años habían ido colocando fotos de momentos especiales y ese día no podía faltar.
A la hora de la cena, Remus le preguntaba a Harry que haría ahora que tenía vacaciones.
−Te quiero ayudar en la tienda, tío. −Le dijo. −Oli ayudara a su madre en la panadería por la mañana, y por la tarde ya hemos quedado para ir al parque o a algún lado a jugar.
Remus le sonrió. −Eso está bien, entonces por la mañana trabajaras conmigo y después de comer ya podrás ir a donde quieras.
−Si tío. −Y los miro. −¿Cuándo recibiré mi carta de hogwarts?
−Ya no queda mucho, se acostumbra a recibir en julio.
−Ya tengo ganas de recibirla.
−Seguro que pronto la recibirás. −Le dijo Sirius. −Mientras disfrutaremos de las vacaciones de verano.
−Sí. −Y siguió cenando.
Dos semanas más tarde, la familia estaba terminando de comer en la terraza, cuando una lechuza se acerco volando, al ver eso Harry abrió mucho los ojos.
−Una lechuza.
−Es tu carta de hogwarts. −Le dijo Remus sonriendo. Siempre la envían así.
Harry levantándose se acerco a la lechuza y vio que llevaba un sobre en el pico.
−¿Lo cojo?
−Sí. −Sirius que se había levantado, cogió la carta y se la dio a su ahijado. −Es tuya.
Harry contento le dio las gracias a la lechuza y sentándose de nuevo alrededor de la mesa abrió el sobre y sacando la carta se puso a leerla.
−Dicen que esperan mi contestación antes del 31 de julio.
−Entonces tendremos que responderle. −Le dijo Sirius y cogiendo un papel en blanco y un sobre que usaba en su trabajo escribió la contestación y se la dio a la lechuza que esperaba.
Cuando la lechuza se alejo volando, Sirius volvió a sentarse en su sitio. −Ahora ya te esperan para el 1 de septiembre, luego llamaremos a Draco para saber si ya le han enviado su carta.
Harry asintiendo miro a su familia. −¿Creéis que Hermione la recibirá?
−Seguramente, ella tiene poderes, pero la recibirá por correo normal y eso acostumbra a tardar más.
−Entonces esperaremos para ir a comprar con ella, así vemos el callejón diagon los tres juntos.
−Eso está muy bien. −Le dijo Hope. −Pero ahora tienes que comer.
−Es verdad, me había olvidado. −Y dejando la carta a un lado para que no se estropeara siguió comiendo.
Unos días más tarde en casa de los Granger, la familia recibía la visita de una bruja, hacia unos días que habían recibido la carta de Hermione y los tres estaban felices.
−Buenos días, soy Minerva McGonagall profesora de transformaciones y subdirectora en Hogwarts, he venido a ayudarles a comprar las cosas para su hija.
−Buenos días. −Le saludo George. −Y gracias, pero ya tenemos que nos ayude.
−¿Conocen a otros magos? −Pregunto la profesora.
El hombre asintió. −Sí, Sirius Black y Remus Lupin, ellos nos han dicho que la conocen.
−Así es, ellos fueron mis alumnos.
−Ya los hemos llamado. −Le dijo Jane. −Seguro que no tardaran mucho en llegar.
Y justo en ese momento tocaban el timbre.
−Ya voy yo. −Les dijo Hermione y fue a abrir. −Señor Black, buenos días.
Sirius le sonrió. −Buenos días Hermione.
−Pasa.
−Gracias. −Y entrando miro a su antigua profesora. −Profesora McGonagall.
−Señor Black. −Y entonces le sonrió, cosa que no hacía muy a menudo, pero él era uno de sus alumnos favoritos aunque le sacara canas verdes. −¿Se ha estado portando bien?
Al escuchar eso, Sirius se rio y acercándose la abrazo. −No cambie. −Y miro a los Granger que los miraban sin entender. −Cuando iba a hogwarts, Remus y James el padre de Harry, los tres nos metíamos siempre en los líos, si algo había pasado allí estábamos nosotros.
La familia asintió y George miro a la profesora. −Sirius se ha ofrecido a enseñarnos todo lo que necesitamos.
−Si él lo ha dicho, no encontraran a nadie mejor. −Y miro a su antiguo alumno. −¿Cómo está el señor Lupin?
−Muy bien, ya ha salido para el callejón diagon con Harry.
−Entonces les dejo no quiero que os tengan que esperar. −Y miro a Hermione. −Señorita Granger la espero el 1 de septiembre.
−Si profesora, gracias.
−De nada. −Y despidiéndose se fue.
Cuando Sirius se quedo con los Granger los miro. −¿Vamos?
−Si, Hermione tiene muchas ganas de ver todo aquello y nosotros tenemos mucha curiosidad.
−Es un buen lugar, seguro que os gusta.
−Vamos. −Y cogiendo dinero y la lista de las cosas que Hermione necesitaban se fueron al callejón diagon.
Mientras ellos se iban, Remus y Harry llegaban al caldero chorreante y no mucho tiempo después, Lucius y Draco también lo hacían.
−¿Narcissa no vendrá? −Le pregunto Remus tras saludarles.
−No, ella está muy bien donde esta, con Abraxas, no queremos que la molesten.
−Es mejor así. −Le dijo Draco. −Además solo vamos a comprar, y me ha dicho que nos acompañara a la estación.
−Mis abuelos tampoco han venido, el abuelo Lyall dice lo mismo que tu madre, que está muy bien donde está y no quiere que nadie le moleste.
−Si ellos han dicho que no quieren venir, pues que no vengan. −Le dijo Remus y miro a los chicos. −Además solo vamos a comprar, es como cuando vamos a comprar al centro comercial o al mercado, ¿verdad?
−Sí, pero compraremos más cosas.
−Eso sí.
No mucho tiempo después, un coche aparcaba y salieron los Granger con Sirius.
−Buenos días.
−Buenos días.
−¿Es aquí? Les pregunto Hermione.
−Lo es. −Le dijo Sirius. −Vamos, hay muchas cosas que ver y muy interesantes. −Y entrando en el caldero chorreante, todos se sorprendieron menos Lucius, Sirius y Remus que ya lo habían visto.
−¿Hemos retrocedido? −Le pregunto Hermione.
−Algo así. −Le dijo Remus y riéndose saludo al camarero y se fueron a la parte de atrás y vieron un muro, sacando su varita toco los ladrillos y no tardo mucho en abrirse.
Los niños y los Granger al ver eso, se sorprendieron.
−Bienvenidos al callejón diagon. −Se escucho.
Al escuchar la voz, se giraron y vieron a Jack sonriéndoles.
−Tío, ya creí que no vendrías. −Le dijo Harry.
−Ya ves que si, no me quería perder esta experiencia. −Y saludando a los mayores volvió a prestar atención a los niños. −¿Vamos?
−Sí. −Y así los tres dieron su primer paso en el callejón diagon.
−Primero tenemos que ir a cambiar el dinero. −Les dijo Remus. −Y eso es en Gringotts.
¿Cómo es? Le pregunto Hermione.
El hombre le sonrió. −Eso, lo descubrirás dentro de poco.
−¿Me harás esperar?
−Sí. −Y riéndose se fueron a Gringotts, y al entrar se quedaron parados.
−Son, son…
−Duendes. −Termino Lucius. −Son los que llevan el banco.
−Nosotros llevaremos a Harry a que vea la bóveda de James y Lily. −Le dijo Sirius. −No tardamos.
−Mientras nosotros iremos cambiando dinero.
−Hacerlo, así luego ya compraremos las cosas. −Y miro a Harry. −Vamos.
−Si padrino. −Y los siguió.
En lo más alejado, los tres se acercaron a un duende y vieron que Hagrid estaba allí.
−Buenos días, Hagrid. −Le saludo Remus.
El semi gigante girándose lo miro. −Remus. −Y miro al moreno. −Sirius.
−Buenos días, ¿Qué haces por aquí? ¿Has venido a buscar dinero?
−He venido por un recado del profesor Dumbledore. −Y miro a Harry. −Tú debes de ser Harry.
−Sí señor.
−Hagrid nosotros tenemos un poco de prisa, así que hablamos en otro momento. −Le dijo Sirius.
−Yo también tengo prisa, así que nos vemos. −Y miro a Harry. −Un placer.
−Igualmente.
Cuando Hagrid se fue con un duende, Sirius miro al duende. −Venimos a ver la cámara de Harry James Potter.
−¿Tiene la llave?
−Sí. −Y sacándola se la dio.
El duende asintiendo llamo a otro y este los llevo a los túneles y tras muchas vueltas llegaron a la bóveda 713.
Cuando el duende la abrió, Harry se quedo parado.
−Harry todo esto es tuyo, tus padres lo dejaron para ti. −Le dijo Sirius sonriéndole. Y no solo tienes esta, sino otras, pero esas esperaremos para abrirlas.
El niño que no podía apartar la mirada ante tanta moneda asintió. −¿Cuánto hay?
−Ni idea, pero lo suficiente para que nunca te falte.
Harry asintiendo, por fin salió de su sorpresa y los miro: −Lo dejaremos aquí de momento y ya vendré cuando lo necesite.
−Y haces bien, ¿vamos? Seguro que quieres ver lo demás. -Le dijo Remus.
−Si tío. −Y mirando una última vez las monedas, volvieron a la parte de arriba.
Mientras Remus cambiaba libras por galeones, Harry les explicaba lo que había visto. −Es como un parque de atracciones y he escuchado un rugido.
−Eso es el dragón. −Le dijo Lucius.
Al escuchar eso, los tres lo miraron. −¿Hay dragones?
−Uno, es el que protege todo esto.
−Vaya pasada. −Le dijo Harry y miro a su padrino. −¿Puedo tener un dragón?
−¿Y para que quieres un dragón?
−¿Lo preguntas en serio? Los dragones son súper guays, nunca he visto ninguno de verdad.
−No creo que a la abuela Hope, le haga mucha ilusión que llevemos un dragón a casa, además en la terraza no cabe aunque sea muy grande.
−Ohhh padrino, quiero un dragón.
−Nop. −Y riéndose le dijo: −Te comprare unos dragones de juguete. ¿Qué te parece?
−¿Molan?
−Mucho, son como los grandes pero no dan tanto miedo y no piden comida.
−Pues entonces sí que quiero uno. −Y miro a Remus que se acercaba. −Tío, mi padrino me va a comprar un dragón.
Remus le sonrió. −Eso está muy bien, los dragones mágicos son un buen juguete, vuelan, sacan un poco de fuego y lo mejor de todo es que no comen.
−Es lo que me ha dicho mi padrino, ¿ya has cambiado el dinero?
−Sí, suficiente para que podamos comprar todo lo necesario y para que te lleves el uno de septiembre para el carro del tren. −Y miro a los demás. −¿Ya habéis terminado?
−Sí, te estábamos esperando.
−Pues vamos. −Y así saliendo se fueron a mirar tiendas y a comprar las cosas que necesitaban.