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Albus, Rose y Scorpius — capítulo 17

Albus había pasado un buen verano. Había estado practicando para ser buscador de Quidditch, tal como se había comprometido con su mejor amigo, Scorpius Malfoy. Su padre lo ayudó a practicar, haciendo él también de otro buscador. Practicaban cuatro veces por día, y tres la había visto Albus primero.

James le dijo, más confiado que en su último partido, que iba a quedar, así como él quedó en Gryffindor, solo por ser hijos de Harry Potter. Obvio, no frente a Harry Potter.

Su hermanita, Lily Luna, lo hostigó de preguntas sobre todo Hogwarts. Que si la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras era interesante, que si el Calamar Gigante era amigable, si se había caído de las escaleras movibles. Pero ella ese año no asistía a Hogwarts, sino hasta el siguiente. En cambio, quien si entraba a Hogwarts era sus primas Molly y Lucy. Las había visto a ambas en la Madriguera, y estaban entre emocionadas y nerviosas. Y también lo ahogaron en preguntas.

James pidió, rogó, incluso prometió no molestar a Albus. Todo para que le dieran un permiso para ir a Hogsmeade, pues apartir de tercero se podía asistir. Sus padres prefirieron hacerlo sufrir, pero al final si que le firmaron el permiso, y casi le da un golpe a Al por accidente.

El año pasado, James y Albus casi no habían hablado mucho en Hogwarts, puesto que la primera mitad del año estuvieron peleados, y la segunda porque él se había enfrascado en descubrir quien había mandado a matar a su prima Rose y a él mismo.

Pero esperaba que ese año pudieran ser alumnos normales.

Esa mañana se levantó rápido, muy rápido. Estaba ansioso por volver a ver a Scorpius, pues a Rose la vio durante su visita a la Madriguera. En el piso de abajo, ya estaba toda au familia. Sus padres, James y Lily. James y él desayunaron tan deprisa que Lily se extrañó y los acusó de haber tirado la comida, para fingir que ya habían acabado. Pero ninguno de sus hermanos le puso atención, pues salieron corriendo hacia sus cuartos, en busqueda de sus baules, para poder diriguirse a la estación de trenes King's Cross.

— Tranquila, Lily— le dijo su madre—. Adoran Hogwarts. Seguro también vas a estar así en un par de años.

James y Albus bajaron como rayos las escaleras, ya con sus baúles. Después Harry puso los baules en la cajuela del carro familiar, pues así era como llegaban a la estación. Harry le avisó a su familia, y los cuatro se montaron al carro, listos para salir.

Harry se pusó en el asiento del conductor y encendió el carro.

Hicieron unos 20 minutos de camino. Esos 20 minutos, James los aprovechó para pedirles a sus padres que le dieran galeones, para poder comprar cosas en Hogsmeade. Ginny, tras mucho discutir con su hijo, aceptó darle treinta galeones, con la condición de que supiera como gastarlos, y que le comprara algo a Albus en sus visitas.

James quería discutir, pero terminó aceptando.

En la estación, cuidaron que ningún muggle los viera, y avanzaron hasta la división de los andenes 9 y 10, para llegar, magicamente, al anden 9 ¾. Ahí ya se amontonaba mucha gente, despidiendo a sus hijos e hijas, listos para asistir un año más a Hogwarts. Los Potter estuvieron caminando por la estación, esperando ver a alguien conocido. Su madre, de repente, exclamó—. ¡Luna!

Luna Scamander era una gran amiga de Ginny, y la madrina de Lily. Ambas abrazaron a Luna, que les devolvió el abrazo con impetú. Detrás de la rubia, estaba Rolf, el esposo de Luna—. ¿Qué haces aquí?

— Rolf y yo venimos a dejar a los gemelos— respondió, con el tono soñador que había tenido desde que era una adolescente.

— ¿Ya también? ¡Por Merlín! ¡Hace ya mucho que no los veo!

Los gemelos eran Lorcan y Lyssander Scamander. Ambos chicos tenían el cabello tan rubio como el de su madre y los ojos azules como su padre, y grandes, muy grander.

— ¿Dónde están?— preguntó Ginny, que, así como Luna era la madrina de Lily, ella era la madrina de uno de ello… pero no recordaba cuál de los dos.

— Ya han subido— dijo Rolf, con una cara de disculpa.

— Oh, bueno— Ginny parecía un poco desepcionada, pero lo disimuló bastante bien—. Igual, es hora de aque ustedes dos también suban al expreso. Tengan un buen año.

— Gracias, mamá— dijo Albus dandole un abrazo a su mamá, y luego subió al tren. James, después de despedirse, también subió, y se despidieron como si no se diriguieran al mismo destino. Pero, bueno, es que James iba a Gryffindor, y Albus a Slytherin. Después, Albus empezó a andar por los vagones, buscando a cualquiera de sus amigos. Unos diez minutos de busqueda después, James reapareció enfrente de él. Traía una cara de poco amigos, y le dijo algo rápido antes de irse:—. Slughorn quiere verte en el vagón de los prefectos.

— ¿Qué? ¿Porqué?

— Yo que sé. En fin, adiós.

Al principio, pensó en no ir, pero luego le picó la curiosidad y echó a andar hacia el vagón de los prefectos. En el camino se encontró con varios prefectos que le decían que no podía ir a su vagón. Decia que Slughorn lo mandó a llamar, y lo dejaban continuar a regaña dientes.

Encontró el compartimiento en el que estaba su jefe de casa. El hombre ya estaba entrado en edad, pero siempre tenía una sonrisa que mostrar. En cuanto lo vió parado enfrente del compartimiento, Slughorn se puso de pie y lo animó a entrar.

Adentro había varias personas, todas mayores que él. Pero a quien si reconoció fue a Rose y Scorpius, que estaban en un rincón, parecían algo intimidados. Albus, sin que sus amigos notaran su presencia, se acercó y se sentó al lado de su prima, espantandola.

— ¡Albus!— la alegría fue palpable, e hizo que Scorpius alzara la cabeza, inicialmente con el ceño fruncido, y luego sonrió.

— ¡Al, que gusto verte!

— Bueno, como han visto, damas y caballeros, tenemos a tres nuevos integrantes del club: Albus Potter, Rose Weasley y Scorpius Malfoy.

Las otras diez personas que estaban en el club los miraron como si estuvieran locos. De entre ellos, Albus reconoció a McLaggen, el patético y egocentrico cazador de Gryffindor, y a Wood, el hijo del profesor y el excelente guardián de Gryffindor, este último les dió una sonrisa, para que tuvieran valor.

— ¿Rose? Pero si te llamas Rosebud, ¿no?— preguntó con malicia una chica de Slytherin, que era apenas un año mayor que ellos.

— Si, pero prefiero Rose— masculló la pelirroja, enojada.

— Estos tres se han ganado a creces su puesto aquí, con nosotros— aseguró Slughorn, atrayendo las miradas recelosas del resto de los integrantes.

— ¿Ah, sí?— preguntó McLaggen, con un poco de burla—. ¿Cómo?

De seguro por lo de la cabaña de Hagrid, pensó Albus. La verdad era que desde aquella vez que se colaron del colegio y escucharon la conversación de los profesores, Slughorn era bastante bueno con ellos. Los defendió contra McGonagall incluso. Debía ser por eso que los había metido en el Club de la Eminencias.

Sabía que sus padre y la tia Hermione habían estado en el club, pero no siempre decían que tal les pareció la experiencia. En cambio, el abuelo Arthur siempre hablaba mal de Slughorn, que fue maestro incluso cuando él estaba estudiando, y que nunca lo reclutó para ese "bendito club".

— Bueno, chicos— llamó Slughorn a todos los que estaban ahí—. Como saben, la cena se llevará acabo en mi despacho, en la mazmorra número cuatro. Dentro de una semana. Espero verlos ahí. También a ustedes, chicos— terminó mirando a Al, Rose y Scor.

— ¿Cena de qué?— preguntó Scorpius, inclinandose para que solo Albus y Rose lo oyeran. y estos dos se alzaron de hombros.

— La cena del club. Una de tantas— les respondió Wood, que se había acercado a saludar—. Slughorn las organiza cada que quiere presumir algo nuevo. Solo lleven un lindo atuendo y con eso tendrá todo. En realidad, la cena es muy rica. Deben probarla.

— Oh, gracias Oliver— le dijo Rose. Una vez que se alejó para que no lo oyera les dijo a sus amigos—. Esto no me agrada.

— Ni a mí— concordó Scorpius. Albus notó, con asombro, que era la primera vez que estaban de acuerdo en algo—. Slughorn es un gran profesor y todo… pero no me gustan los clubs.

— Deberían irse— le dijo Slughorn. Los tres se sobresaltaron, pensando que había escuchado su conversación, pero muy amable continuó—. Deben de ponerse sus túnicas. Espero verlos por la cena.

Los tres salieron del vagón de prefectos y se metieron en el primer compartimiento vacío que encontraron. Rose sacó su túnica y se la puso por encima de lo que traía puesto, para no tener que cambiarse enfrente de dos hombres. Uh, no, si su padre se enterara…

— Eh, Rose— le llamó Albus, y la chica lo miro apenas sacó la cabeza de donde va en la túnica—. Los Scamander entran este año a Hogwarts.

Ella y la tia Hermione, al igual que su madre, era muy cercana a los Scamander, y era buena amiga de Lorcan y Lyssander. La chica asintió con impetú, mientras Scorpius fruncía ligeramente el ceño—. ¿Quiénes son los Scamander?

— Son unos amigos de la familia— le explicó Rose—. Los chicos son unos gemelos, te agradarán.

Scorpius asintió ligeramente ido, y también se puso la túnica por la cabeza. Luego sonrió y le preguntó a Albus—. Oye Al, ¿practicaste para el quidditch?

Al chico se le iluminaron los ojos—. ¡Por supuesto que si! Estoy más que ansioso por las pruebas.

— Mal suerte entonces, porque serán hasta Noviembre— dijo Rose, alisandose su túnica.

— ¿Y eso qué? ¡Seguro nos dirán que sí!— exclamó Scorpius, alzando los brazos.

— Pareces un niño de seis años— lo regaño la prima de Albus.

— Y tu una mujer de 40— se defendió él.

— No, no ahora— les rogó Albus, ambos chicos lo miraron con cara de un niño berrinchudo, y luego se quedaron callados. Pero, vamos, el pobre azabache tendría que volver a soportar a ambos chicos pelear otra vez. Eso era algo que no había pensado.

— ¿Y tu entrarás a qué posición?— le preguntó Rose a Scorpius, intentando sacarle conversación.

— Guardián. Albus dice que tu eres buena en la misma posición.

— Mi padre me entrenó así toda mi infancia. Pero prefiero, como el tio Harry, ser buscadora.

Scorpius se quedó en silencio. Albus lo conocía lo suficiente para saber que la cara que el rubio tenía era porque estaba pensando algo. Al cabo de unos segundos, él habló—. No quiero que te ofendas, pero no te me difiguras muy… atlética.

Rose salió disparada del compartimiento, completamente ofendida. Unos vagones más adelante, estaban Alice, Kate y Elizabeth, sus mejores amigas. Mujeres. Mientras, Albus maldijo entre dientes a Scorpius, sabiendo que sería muy difícil que Rose los perdonara, y necesitaban su ayuda para las clases, aunque no compartieran.

— Le dije que no se ofendiera.

Ok, medio raro, pero salio. Muchas gracias a todos los que han comentado, puesto en sus favoritos y leen esta historia!! Espero leer su opinión en los comentarios, hasta la próxima!