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Bellamy Black y los secretos de la 3ª generación — capítulo 1

En realidad el día empezó de lo más normal. Me encontraba durmiendo en la acera de debajo de un puente cuando un tipo me despertó de una patada y me dijo:

-Alguien te está buscando.

Por cierto tengo 12 años y llevo desde los 10 viviendo en la calle. Si me vierais ahora mismo en la calle el 95% de vosotros pensariais: <<¡Oh, que pena, alguien debería ayudar a ese pobre niño!>> Y luego seguiriais andando sin más.

En fin. No necesito la compasión de nadie. Estoy acostumbrado a que se rían de mí y aun más a que pasen de mí. Pero bueno, pasemos a otra cosa.

Me quité las legañas de los ojos. La boca me sabía a pizza del día anterior. En el saco de dormir se estaba calentito, y no tenia ganas de salir.

-¿Quien me busca?

-No estoy seguro.-dijo Jackson- Pero están repartiendo hojas con tu nombre y tu foto.

Solté un juramento. Podía ocuparme de los policías o de los guardas del parque. Pero si alguien conocía mi nombre y mi cara solo podía significar una cosa. Me habían encontrado por fin.

¿Que a quien me refiero? Pues a los encapuchados claro, llevan años buscandome, fueron los que mataron a mis padres el enero de hace dos años y encima por mi culpa...

Porque era a mí a quien buscaban, no a ellos. Y me buscaban por una estúpida profecía la cual ni siquiera había escuchado.

Tardé unos tres segundos en recoger mis cosas. El saco de dormir bien enrollado y guardado en la mochila con mi cepillo de dientes y una muda de  calcetines y ropa interior. Con la mochila ya en el hombro y la cabeza cubierta con la capucha de la chaqueta , podía mezclarme bastante bien con los transeúntes que circulaban por las calles de Lambley.

Me volví hacia Jackson.

-¿Dónde has visto a la persona de los papeles?

-Cerca de park Lane. Viene hacia aquí. Un hombre mayor blanco.

Fruncí el ceño.

-No tiene sentido. ¿Quien...?

-No lo sé, chaval, pero tengo que largarme. Ten cuidado.

-Gracias-dije- No me pasará nada.

-Ya viene- dijo Jackson, pero para cuando me giré hacia él ya había desaparecido.

Odiaba que hiciera eso, ese chaval era como un ninja, un ninja loco y sin hogar.

El suelo estaba cubierto de nieve. El viento atravesaba todas las capas de mi ropa, pero el frío no me molestaba. Mis padres solían bromear diciendome que era medio oso polar.

, me regañé.

Después de dos años, los recuerdos de mis padres eran como un campo de minas. En el que si tropezaba con una todo se iba al garete y perdia toda la calma que poseía.

Traté de concentrarme.

El hombre se acercaba por allí. Tenía en pelo blanco como la nieve, era alto y tenía un elegante porte aristocratico que me recordó dolorosamente a mi padre.

El abuelo se paró a unos 5 metros de mi escondite y dijo:

-Bellamy Orion Black Dómine sal ya de ahí por favor. Me harías un gran favor.

Inmediatamente mis sentidos se pusieron más alerta de lo normal. Sabía mi nombre completo, ¿Sería uno de los encapuchados?, esta vez sin capucha claro.

-Vamos chico, tenemos que hablar.

Decidí salir de detrás de la gran roca. Al fin y al cabo el abuelete sabía perfectamente que estaba ahí así que no me servia de nada quedarme escondido.

-¿Que quieres de mí?- dije amenazandole con mi varita. Bueno no era exactamente mi varita era una medio rota que tuvo mi padre y la única que conseguí rescatar de casa antes de... En fin, ya os lo imaginaréis.

-¿Vamos pequeño Black esque ya no te acuerdas de mi?

Algo tiró del fondo de mi cráneo, como un imán tratando de extraer un recuerdo muy viejo.

-¿Abuelo...?-pregunté asombrado aunque ya sabía la respuesta.

-Sabes Bellamy, llevo dos años buscandote, cuando te lo propones resultas ser un muchacho muy escurridizo- sonrió el abuelo Alphard.

-Yo...

-Escucha, no tenemos mucho tiempo, he oido que los mortifagos rondan por aquí desde hace unos días.

-¿Te refieres a los encapuchados?

-Así es hijo, ¿entenderás que debemos irnos de inmediato verdad? Estan muy cerca... Puedo sentirlo.

Pero no tuve tiempo de responderle nada. Los dos salimos despedidos hacía distintas direcciones.

-Demasiado tarde Black- dijo un hombre alto que ocultaba su rostro con una capucha negra y una mascara de hierro.

-¡Maldita sea!- reprochó el abuelo poniendose en pie y apuntando con su varita al encapuchado.

Tenía que reconocerlo en ese momento no me fiaba mucho del abuelo, pero no tuve tiempo para indagar más en su historia, era irme con él o con el encapuchado y la verdad es que lo prefería a él mil veces más aunque no lo hubiera visto desde los seis años.

Por eso con una sola mirada suya supe lo que debía hacer, acercame. Debiamos desaparecer de ahí antes de que llegaran más, o estariamos acabados.

Así que mientras el abuelo se debatía como podía con aquel hombre yo me acercaba corriendo, pero por supuesto no podía ser tan fácil. Otro encapuchado había salido de la nada. Me apuntó rápidamente con la varita sin que tuviera tiempo a reaccionar y entonces sentí como si una espada me acuchillara miles de veces el estomago y el pecho.

-¡Nooooooo!-oí gritar a mi abuelo antes de caer al suelo y que todo se tiñera de rojo.

Cuando los ojos se me cerraron por fin, solo sentí como decenas de maldiciones me sobrebolavan la cabeza.

Y después de eso nada. Solo oscuridad y silencio.