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Bellamy Black y los secretos de la 3ª generación — capítulo 2

Veréis, la última vez que nos vimos me habían dado la gran paliza de mi vida por la que me pasé dos meses en cama haciendo de bello durmiente. ¿Y ahora? Pues ahora estoy tranquilamente comiéndome los cereales en casa.

Pero como soy buena persona os haré un resumen de lo que pasó después de que me desmayara. Se ve que aparecieron más mortifagos y a su vez aurores.

¿Qué de dónde salieron? Pues ni p*** idea tíos. Esto es el mundo mágico.

Bien, sigamos.

Vamos que ahí se montó la del siglo mientras yo sobaba como un tronco siendo atendido por un sanador el cual hizo un gran trabajo por cierto, ahora solo me quedan un par de cicatrices en el abdomen.

Ganaron los aurores aunque no consiguieran atrapar a ningún mortifago.

En el Ministerio fueron buenos y me dejaron quedarme a vivir en Toulouse con los abuelos. Si, los abuelos, mi abuela Clarisse Fawley también, la cual por cierto hace la mejor comida del mundo y así evita que el abuelo o yo cocinando quememos la casa o nos envenenemos a nosotros mismos por accidente.

Llevo tres años viviendo con ellos y dando clase en casa. ¿Porqué? Pues tampoco tengo ni la menor idea. La cosa es que según el abuelo debía aprender las costumbres de la Noble y Ancestral Casa de los Black ya que ahora que yo era el último Black por linea directa aparte de él debía aprender a comportarme como tal.

Tranquilos amigos, no os asustéis, el abuelo Alphard es de esos Black a los que nos importa una mierda el estatus de sangre que tenga la gente y somos amigos de los muggles, al igual que la abuela, quien también es descendiente de una famosa familia de sangre pura.

Durante estos tres últimos años no ha pasado nada más interesante que deba contaros así que sigamos con el presente.

Bueno pues aquí sigo, comiéndome los cereales...

Será mejor que avancemos un poco más.

-¿Nervioso?-me preguntó la abuela acariciandome el hombro. -Para nada-mentí.

En realidad por dentro sentía como si dos extraterrestres se estuvieran peleando en mi estomago desde la noche anterior. Y es que esa mañana llegaba por fin el día en el que dejaba de estudiar en casa y me iba por fin a una escuela. Y no en una cualquiera, no. Sino en la mismísima Hogwarts, de la cual había oído maravillas de los diferentes cuadros de los antepasados Black de casa, ya que casi todos los Black habían asistido a esa escuela en Inglaterra.

Inglaterra.

Eso era lo único malo. Que me encontraría tan lejos de mi familia... Desde que me encontraron nunca nos habíamos separado más de un par de semanas. Solo cuando me iba a veranear a Saint-Malo con mis tíos, Edith y Edmond y su pequeña hija Elsa de 8 años.

Estar tan lejos de los abuelos y de mi tierra era lo único que me daba miedo aparte del típico y estúpido nerviosismo de si... ¿Haré amigos o seré un marginado para siempre? Y es que según lo que me habían contado es que en ese colegio empezaban todos los estudiantes a los 11 años, y para mi desgracia yo iba a ser la excepción.

Bueno voy a dejar de auto-torturarme y torturaros a vosotros un rato y vamos a seguir con la conversación.

-No mientas-me dijo en tono burlón el abuelo- se te nota en la cara que estás más asustado que yo cuando iba a recibir una regañina de mi madre.

-Alphie querido, sabes que eso es imposible- dijo la abuela sonriendo.

Mi abuelo le respondió guiñándole un ojo y con una pequeña risita.

Esos dos nunca cambiarían...

-Vamos Bellamy. O salimos ya o pierdes el tren- me reprendió la abuela.

-Lo siento abuela- me disculpé rápidamente cogiendo el baúl y a Minuit, mi lechuza completamente negra, con cuidado.

-Bien muchacho, iré yo primero, después tú y luego la abuela, ¿de acuerdo?

Asentí con la cabeza y observé como el abuelo cogía a Minuit, se metía dentro de la chimenea, lanzaba los polvos flu y decía claramente:

-Al Callejón Diagon.

Desapareció al instante en un estallido verde, así que me preparé, ahora me tocaba a mí. Cogí el baul con una mano y los polvos con la otra, me metí en la chimenea, respiré ondo, miré a la abuela quien me observaba expectante, lanzé los polvos flu y dije lo más claro possible:

-Al Callejón Diagon.

Acto seguido fui arrastrado por un torbellino verde lleno de salidas de chimeneas que parecían interminables. Según el abuelo, el viaje por flu desde Fráncia a Inglaterra eran por lo menos 20 minutos así que saltemos al futuro dónde me doy una tremenda hostia saliendo de la chimenea del Caldero Chorreante que si hubiera sido colgada en You Tube habría tenido millones de visitas en tan solo una hora.

Menos mal que la abuela se sabía un hechizo para quitarmé toda la ceniza de la ropa porque sino...

A partir de ahí nos aparecimos en un lugar apartado de la estación de King's Cross, colocamos corriendo las cosas en un carrito y corrimos (todo lo que se puede cuando vas acompañado de dos personas que superan los 80 años) hasta llegar a la interjección del andén 9 y 10.

-No hay andén 9 y 3/4- dije yo con mis ''grandes'' capacidades de observación.

-¿No se lo contaste?-le reprendió la abuela al abuelo.

-Creía que ibas a contarselo tú-le reprochó este.

Mi abuela se puso algo colorada del enfado así que mi abuelo dijo inmediatamente:

-¡Culpa mía, ya no se puede arreglar así que demonos prisa són las 10:55!

-Bien Bellamy, escúchame ahora tienes que empujar con fuerza el carrito hacia ese muro de ahí y entonces estarás en la estación, ¿entiendes?- me dijo la abuela.

Al principio creí que me tomaban el pelo pero al ver sus miradas de apremio vi que no era ese el caso por desgracia.

Agarré con fuerza el carrito mientras Minuit ululaba asustado como si dijera <<¡Este tío se ha vuelto loco del todo! ¡Sacadme de aquí! ¡No quiero acabar siendo un puré de lechuza estampado en el muro! ¡Ayuda!>>

Cuando estuve seguro de que ningún Muggle me miraba salí disparado hacia el muro, rezando como debía estar haciendo mi lechuza para no acabar siendo puré en el muro.

Tres, dos, uno... Cerré los ojos con fuerza pero el impacto nunca llegó así que los abrí. Delante de mí se encontraba la plataforma 9 y 3/4 oscurecida por el vapor blanco surgido del gran y magnífico expreso escarlata.

Al parecer me quedé tan embelesado con esa gran máquina que me sobresalté un poco cuando el abuelo me tocó el hombro para llamar mi atención. Debía darme prisa, el tren partia en unos dos minutos y el andén estaba abarrotado de padres despidiendose de sus hijos ya en el tren.

Me giré hacia los abuelos y les di un gigantesco abrazo a los dos. Ellos me habían convertido en la persona que soy ahora y nunca podré darles lo suficiente como para agradecerselo.

Corté el abrazo.

Noté que mi abuela lloraba, en cambio el abuelo tenía una expresión neutral, sabeis, es algo reacio a mostrar sus emociones en público.

Agarré el baul  con una mano y la jaula de Minuit con la otra y eché a andar hacía la entrada más cercana al tren, me abrí paso entre la gente y subí con poco esfuerzo el equipaje al vagón, me quedé un momento en la puerta. Miré atrás y me despedí con la mano de los abuelos por última vez.

Ya los hechaba de menos y el tren acababa de arrancar.

Agarré mis cosas y me puse a andar, genial, por haber llegado tarde seguro que no encontraría ni un maldito compartimento vacio y así fue. Decidí entrar en el primero medio vacio que me encontrara, passaba de quedarme vagando por los pasillos todo el viaje.

Andé un rato hasta que divisé un compartimento ya al final del tren con solo tres chicos dentro que parecían tener mi edad así que no me lo pensé dos veces y entré.

-Disculpad, he llegado tarde y no he encontrado ningún compartimento más o menos vacio, ¿os importa que me quede aquí?-me excusé.

Los tres chicos intercambiaron un par de miradas hasta que finalmente el del pelo más largo me dijo que sí que podia quedarme con ellos.

-Gracias- respondí cordialmente.

Mientras colocaba el equipaje oí como los tres cuchicheaban hasta que me senté al lado del chico de piel oscura y los tres se quedaron callados.

Fue en ese preciso instante en el que descubrí que esos tres chicos eran unos psicopatas que se habían colado en el tren y que querían asesinarme de la forma más dolorosa possible.

No, en realidad no ocurrió eso. Solo se pasaron la primera hora del viaje interrogandome. Al parecer se habían dado cuenta de que yo nunca había pisado Hogwarts y de que ese era mi primer año allí.

La verdad es que Wes Kane, Jack Stones y Min Zhang terminaron por caerme bien, resultaron ser unos tíos simpaticos y divertidos a parte de cotillas claro. Las siguientes horas nos las pasamos jugando al ajedrez mágico, charlando sobre Quidditch...

Hasta que llegó el momento que todo alumno de Hogwarts lleva esperando todo el viaje.

No, no habéis acertado, no eran carreras de avestruces ilegales por los pasillos. Sinó el carrito de golosinas.

Los cuatro nos levantamos a toda prisa y nos asomamos a esperar a que la señora del carrito acabara de atender a los de al lado. Al ser el último tuve que esperar 5 minutos por Wes y Jack y 10 por Min que acabó con una bolsa entera llena de golosinas.

<<Nota mental: Min tiene un serio problema con las golosinas y por más que coma no engorda ni le salen caries. Pd: Mi única explicación es que es un extraterrestre >>

Cuando finalmente me tocó a mí, como el carrito ya había pasado por todo el tren, eramos los últimos y Min se había comprado casi un cuarto del carrito, lo único que quedaba allí eran: babosas de gelatina, moscas de café con leche, infusiones de guardirraiz, pirulíes con sabor a sangre, tarros de cucarachas (cosas que no pensaba comerme nunca) y milagrosamente quedaba una rana de chocolate.

La rescaté de entre la pila de morralla que quedaba allí, rebusqué en el bolsillo el dinero que le debía cuando de pronto del compartimento de delante se asomó una chica rubia con unos preciosos ojos azules como el cielo y con la que me quedé embobado, observando como miraba con desagrado lo que quedaba en el carrito.

De pronto su mirada se fijó en mí y también debió darse cuenta de que era nuevo porque frunció levemente el ceño.

Me puse nervioso. Para que negarnos, nunca he sido un chaval con problemas para ligar, jamás me pongo nervioso, todo me sale natural y sin percances, pero con esa chica parecia que iba a ser diferente...

Tuvo que darse cuenta de mi nerviosismo porque desvió su mirada de mí, inevitablemente hacia la rana de chocolate que sujetaba en la mano.

Percibí un leve y corto destello de deseo en sus ojos y luego vi como se giraba para volver a entrar en su compartimento.

Le pagué rápidamente a la señora y le dije a la chica:

-¡Oye espera!

Afortunadamente no pasó de mí y se volvió con curiosidad. Me empezaban a sudar las manos.

-Ten, la rana para ti y el cromo para mí-le dije alargando la mano para darle la rana.

La chica la cogió sorprendida y dijo:

-Vaya esto gracias...

-No hay de que.

-Por cierto, ¿eres nuevo verdad?

-Vaya parece que por aquí me será dificil passar desapercibido.

-Lo siento si te ha molestado...

-No no que va, si es broma,- sonreí- debo acostumbrarme, aquí voy a ser el chico nuevo.

La chica me devolvió la sonrisa mientras me entregaba el cromo.

<> pensé.

-Y... ¿Como te llamas chico nuevo?

-Esto... Soy Bellamy Bla...

-¡Emma! ¿Se puede saber porqué tardas tanto?- preguntó una voz de chico desde su compartimento- ¡Vamos nena, ven aquí!

Emma, un bonito nombre para una bonita chica, ¿no creeis?

<<Ey ey ey ey ey ey ey...Quieto parado...Espera un momento...¿Quien es ese chico, será su novio?>> Me pregunté a mi mismo con curiosidad y a la vez con algo de envidia.

-Esto... Tengo que irme, un placer Bellamy, y gracias otra vez- se despidió interrumpiendo mis pensamientos.

La verdad es que en ese momento no pude atinar ni a decir adios.

¿Estaba confundido vale? Era la primera vez que me pasaba eso con una chica.

El resto del viaje si soy sincero me lo pasé mirando de solsayo por el cristal haber si salia alguien o había movimiento en su compartimento.

Mi excusa a esto: Culpa de los tres cotillas con los que me había juntado.