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Tiempos oscuros — capítulo 13

La primera luna llena del curso escolar se acercaba y Remus llevaba varios días indispuesto. Siempre se ponía así antes de las transformaciones, su cuerpo sabía lo que se aproximaba y se preparaba para ello. Aquella mañana sintió una fuerte punzada en la cabeza nada más despertarse y gruñó un poco mientras se desperezaba. Le dolía todo el cuerpo y apenas podía moverse. James, Sirius y Peter intercambiaron una rápida mirada de preocupación.

  • ¿Estás bien? - Le preguntó el mayor de los Black. Sabía que al chico no le gustaba que se compadecieran de él, pero no podían evitar preocuparse.

  • Sí, no pasa nada, es lo de siempre. - Masculló, sentándose. - Mañana hay luna.

  • Lo sabemos. - James sonrió levemente. - Y no te preocupes, ahí estaremos contigo, como siempre.

  • Ya sabéis que no hace falta… - Apartó la mirada. No quería que sus amigos se arriesgaran tantísimo todos los meses, pero no podía imaginarse volver a pasar por otra noche de luna sin ellos.

  • Claro que sí. - Lo cortó antes de que añadiera nada más. - Además, a nosotros nos encanta.

  • Rompemos prácticamente todas las normas del colegio, claro que nos encanta. - Añadió Sirius.

  • Además, así podemos pasar una noche tranquilos al aire libre, que nunca viene mal. - Dijo Peter sonriendo. - Venga, Remus, es mejor que estar encerrado en la Casa de los Gritos y a nosotros nos encanta ayudarte.

El castaño sonrió. Definitivamente no sabía cómo había conseguido esos amigos, pero no podía parar de dar las gracias por ellos. El primer día que llegó al colegio temía no poder entablar amistad con nadie, pero después de conocer a aquellos tres chicos todo cambió. Lo aceptaban con todos sus defectos y virtudes y jamás lo juzgaban, a pesar de saber lo de su problema.

  • Deberías quedarte aquí, no tienes muy buena cara. - Comentó James. - Ya sabes que Dumbledore dijo que no le importaba.

  • Chicos, os he dicho mil veces que no tenéis que sobreprotegerme. - Puso los ojos en blanco. Probablemente aquello era lo único que le molestaba de ellos. - Iré a clase y, si veo que no mejoro, me pasaré por la enfermería para que Madame Pomfrey me dé un tónico.

  • Bueno, lo que tú digas.

  • Y ahora, démonos prisa o nos perderemos el desayuno.

El resto del día pasó relativamente de forma tranquila, aunque la mañana siguiente fue otro cantar. Remus pasó prácticamente todo el día en la enfermería y, poco antes del anochecer, fue como siempre hasta la Casa de los Gritos. Se sentó cerca del pasadizo de entrada, con la espalda apoyada en la pared y los ojos cerrados. Los chicos llegarían dentro de poco, aunque a él ese rato siempre se le hacía eterno. Cuando la luna estaba tan cerca tenía palpitaciones y le costaba respirar con normalidad; apenas conseguía mantener los ojos abiertos, palidecía y comenzaba a sudar. Era horrible, pero poco a poco se había acostumbrado a todas aquellas sensaciones. No se movió de su sitio hasta que Sirius y Peter - quienes siempre iban a por él ya que sus formas de animago eran las más pequeñas y podrían escapar de allí rápidamente si algo salía mal - llegaron.

  • ¿Preparado para escaparte? - Le preguntó el más bajito.

  • Marchémonos antes de que salga la luna y tenga que quedarme encerrado anda. - Se levantó con cierta dificultad y les dedicó una pequeña sonrisa, tratando de no preocuparlos.

  • Venga, James nos espera en el Bosque.

Sirius empezó a recorrer el pasillo en la dirección inversa tras decir aquello y los otros dos lo siguieron, con paso apresurado. No se detuvieron hasta llegar a la entrada, momento en el que el pelinegro sacó la capa de invisibilidad.

  • Peter, ya sabes lo que tienes que hacer.

El chico asintió, se transformó en una pequeña rata y corrió fuera. Pulsó el punto justo y el sauce boxeador se detuvo, permitiendo que los otros dos - cubiertos por la capa - salieran. Sirius agarraba a Remus del brazo y lo instaba a andar un poco más rápido, consciente de lo poco que quedaba para su transformación.

  • ¿Quieres que vaya a por James para que te lleve? - Sugirió, al ver lo mucho que le costaba ya andar.

  • No, ya estamos casi llegando, estoy bien. - Insistió antes de tomar una bocanada de aire.

Terminaron de recorrer los últimos metros y se quitaron la capa. James la cogió y la escondió en el sitio de siempre, con mucho cuidado. No quería que le pasara nada, era una auténtica reliquia familiar.

  • ¿Estás listo, Remus?

  • Sí. - Él asintió. - Lo mejor será que os vayáis transformando ya, queda muy poco.

Los otros dos chicos asintieron y pronto se convirtieron en un perro y un ciervo y, junto a la rata, se sentaron a esperar. La luna llena no tardó en aparecer en el cielo y el último de los chicos también se transformó. Cerró los ojos y contuvo un quejido al notar cómo la sangre en sus venas empezaba a hervir y sus extremidades se iban poco a poco transformando. Cerró los ojos, sintiendo cómo la leve luz le quemaba, y cuando volvió a abrirlos un aullido se escapó de sus labios. Los otros tres se pusieron de pie y esperaron hasta que él pareció calmarse. El hombre lobo comenzó a correr, aullando de nuevo, y ellos lo siguieron. Les esperaba una larga noche.

Narcissa Malfoy salió del Callejón Knoctum - donde estaba con su marido, su hermana y su cuñado - y se dirigió hacia las tiendas de ropa. Le aburría todo lo relacionado con las artes oscuras, no entendía cómo a los otros tres parecía apasionarles tanto. Avanzaba con paso tranquilo, observando a la gente a su alrededor y dedicándole sonrisas a aquellos que ella consideraba merecedores de su salido. Pero su mundo pareció caerse cuando su mirada se encontró con otra muy conocida. Una que llevaba más de cinco años sin ver, pero que no había sido capaz de olvidar.

  • Cissy.

Ambas hermanas se quedaron quietas en medio de la calle, sin saber muy bien qué hacer o decir. Andromeda apretó un poco la mano de su pequeña hija antes de atreverse a avanzar hacia ella. La rubia, alarmada, echó a andar hacia un lugar apartado. No podía permitir que la vieran con ella, era una traidora, ni sus padres ni los Malfoy se lo perdonarían jamás. La otra la siguió con paso apresurado. Después de tanto tiempo no podía dejarla ir sin más, sin poder hablar con ella o darle un último abrazo.

  • Cissy, por favor. - Le pidió, entrando tras a ella a un callejón.

  • ¿Qué quieres, Dromeda? - No pudo evitar usar el diminutivo cariñoso que siempre había usado con ella. Suspiró y se giró para encontrarse con ella.

  • Solo quería saludarte. - Murmuró, bajando la mirada. - Yo… Lo siento, no debería haberte seguido. Lo siento, Cissy.

  • Es que no pueden verme contigo. - Contestó la pequeña en un susurro. - Los Malfoy, y padre y madre, y Bellatrix…

  • Ya lo sé. - La cortó. - Soy una traidora para todos ellos. ¿Para ti también?

  • Dromeda… - Apartó la mirada.

  • Creo que eso es un sí. - Suspiró con amargura y negó con la cabeza. - Lo mejor será que me vaya, no quiero que acabes metida en un lío por mi culpa. No sé qué esperaba de esto.

  • Mami. - La voz de la pequeña atrajo la atención de ambas. - ¿Quién es?

  • Tú debes ser la pequeña Nymphadora. - Dijo Narcissa, agachándose junto a la niña para sorpresa de su hermana. - Yo soy tu tía Cissy.

  • ¿Tía?

  • Soy la hermana de tu mamá. - Sonrió al ver cómo cambiaba el color de su pelo para que fuera tan rubio como el suyo. - Eres una niña muy guapa.

  • ¡Y lista! - Añadió.

  • No lo pongo en duda. - Le revolvió el pelo de forma cariñosa y volvió a ponerse de pie para hablar con Andromeda. - Dromeda, lo siento.

  • Yo fui quien se marchó, es normal que me tengas rencor. - Se encogió de hombros con resignación.

  • Elegimos nuestros bandos hace mucho tiempo, ahora es tarde para arrepentirse.

  • Yo no me arrepiento de la decisión que tomé. Ese nunca fue mi mundo, jamás habría podido ser feliz con la vida que padre y madre habían diseñado para mí. - Replicó, provocándole una pequeña punzada en el pecho a su hermana pequeña. - Yo no soy ni Bella, ni tú, nunca lo fui.

  • Todavía recuerdo lo que me dijiste antes de marcharte. - Confesó la rubia.

  • ¿Sí?

  • Por supuesto. - Se mordió el labio antes de seguir hablando. Solo esperaba que nadie se enterara de aquella conversación. - Siempre supe que, si algún día decidía salir corriendo, te tendría ahí.

  • ¿Y por qué no viniste?

  • Porque este es mi mundo. - Contestó esbozando una leve sonrisa. - Quizás nunca fuera el tuyo, pero sí es el mío. El de mi familia, el de mi marido. Yo tampoco me arrepiento del bando que escogí, Dromeda.

  • Me lo imaginaba. - Asintió lentamente. - Vi las fotos de tu boda en El Profeta, estabas guapísima.

  • Me habría encantado que hubieras estado ahí, pero era imposible. - La rubia cogió la mano de su hermana, sorprendiéndola de nuevo. - Lo de hoy ha sido una excepción, pero no habrá más. No pueden vernos juntas, no podemos volver a acercarnos la una a la otra.

  • Ya lo sé, tranquila. - La mayor suspiró. - Prométeme que tendrás mucho cuidado.

  • Lo haré, pero ahora prométemelo tú.

  • Yo también.

Se abrazaron con fuerza, disfrutando del momento. Llevaban cinco años sin poder hacer aquello y sabían que jamás les permitirían tener otro momento así.

  • Márchate, rápido. - La instó Narcissa. - Bella está también aquí, no dejes que te vea, ni mucho menos a ella. - Añadió señalando a la niña, que las miraba sin comprender qué sucedía. - Volved a casa.

  • Tiene la marca, ¿verdad? - Preguntó. La otra apartó la mirada y ella supo la respuesta sin necesidad de palabras. - Te quiero y siempre te querré, hermanita. No lo olvides.

  • Venga, marchaos. - Murmuró. Quiso responder que ella también la quería, pero la situación habría sido entonces mucho más difícil para ambas. Le dedicó una sonrisa a la niña. - Un placer haber podido conocerte, Nymphadora.

Ella rió y su madre la cogió en brazos. Las dos hermanas intercambiaron una última mirada antes de que la morena saliera de aquel callejón con paso apresurado. No tardó en encontrarse con Ted, que las buscaba a ambas un poco extrañado.

  • ¿Dónde estabais? - Preguntó, dando un beso a su esposa. Ella apartó la mirada y supo que algo malo había pasado. Le quitó a su hija de los brazos y le dedicó una mirada interrogante. - ¿Dromeda?

  • He conocido a la tía Cissy. - Dijo, de repente la pequeña, haciendo que su madre soltara una leve exclamación de alarma.

  • Dora, no puedes repetir eso bajo ningún concepto. - Le dijo. - No puedes decírselo a nadie, ¿lo entiendes?

  • ¿Por qué?

  • Porque es peligroso.

  • Pero…

  • Nada de peros. - La cortó. - Tú no has visto nunca a tu tía Cissy, ¿de acuerdo? - La miró con un poco de enfado y ella asintió finalmente. Le dio un beso en la frente y suspiró. - Así me gusta, cielo.

  • ¿Has estado con Narcissa? - Le preguntó entonces Ted, con la frente arrugada y expresión sorprendida.

  • Me la he encontrado y me he acercado para hablar con ella. - Confesó.

  • ¿Con Dora? - Negó con la cabeza al ver que ella asentía. - Eres una inconsciente, podría haberle hecho algo.

  • Es Cissy, no dañaría ni una mosca, para ella la familia es lo primero.

  • Pero vosotras ya no lo sois. - Andromeda bajó la mirada de nuevo y él suspiró. Sabía que se había pasado de directo, pero no quería que dañaran a ninguna de los dos. Sabía que lo que su esposa había hecho era muy duro y que echaba de menos a su hermana pequeña, pero ambas habían seguido caminos distintos y debían aceptarlo. Rodeó sus hombros con el brazo que tenía libre y la estrechó con fuerza mientras ella comenzaba a sollozar. - Lo único que quiero es que estéis bien. Lo siento.

  • Tenemos que irnos de aquí. - Murmuró ella entonces, todavía sin separarse de él. - Me ha dicho que Bella también está en el callejón, no podemos dejar que encuentre a Dora.

Se separó de él, todavía con las lágrimas descendiendo por su mejilla, que él acarició lentamente.

  • Os protegeré siempre, pase lo que pase. Mientras yo esté aquí, Bellatrix no os tocará ni un solo pelo.

  • Ya lo sé. - Asintió y él le dio un beso en la frente.

  • Anda, vayamos al Caldero Chorreante y salgamos de aquí cuanto antes. - Dijo Ted. - No me gusta tentar a la suerte.

  • ¡Cissy!

Lucius se acercó con paso apresurado a ella, que acababa de salir del callejón, seguido de Bellatrix y Rodolphus.

  • Oh, hola. - Lo saludó, tratando de mantener la calma. - Creía que nos veríamos otra vez en el otro callejón, ¿ha sucedido algo?

  • Tenemos cosas que hacer. - Gruñó Lestrange antes de agarrar el brazo de Bella. La rubia sabía lo que significaba eso: el Lord les había encargado una misión.

  • ¿Tú también? - Preguntó a su marido.

  • No, yo por suerte tengo la tarde libre. - Respondió, aunque no pudo evitar fruncir el ceño. Conocía perfectamente a Narcissa y sabía que algo le sucedía. - Podemos pasar el resto del día de compras, si quieres.

  • Será genial.

  • Pues disfrutad, parejita. - Bella sonrió de medio lado. - Os veremos pronto.

Se desapareció y su marido no tardó en seguirla. Narcissa suspiró disimuladamente, aunque a Lucius aquello no le pasó desapercibido.

  • ¿Qué sucede, Cissy? - Le preguntó por fin.

  • Nada. - Mintió ella.

  • No me mientas. - Insistió.

  • Ya te he dicho que no sucede nada.

  • No me engañas. - Suspiró y posó una mano en su brazo. - Soy tu marido, te quiero y te conozco, sabes que puedes contarme lo que sea así que, ¿qué ha pasado, Narcissa?

  • No puedo decírtelo aquí.

  • ¿Y en casa?

  • Su… supongo que sí.

  • De acuerdo. - Cerró los ojos y, a los pocos segundos, ambos se encontraban en su dormitorio, en la Mansión Malfoy. - Cuéntame.

  • Me he encontrado con Andromeda. - Confesó finalmente en un murmullo, bajando la mirada.

  • ¿Qué?

  • Nos hemos encontrado y hemos hablado.

  • No vuelvas a hacer eso. - Se apresuró a decir él. - ¿Estás loca? ¿Te ha visto alguien?

  • No, fui hasta un callejón y hablamos ahí. - Explicó. - No he podido evitar hacerlo, es mi hermana y…

  • Ya no es tu hermana. - La cortó él. - Es una traidora. ¿Qué diría el Señor Tenebroso si se enterara?

  • Nadie va a enterarse, además le he dejado claro que no volveríamos a dirigirnos la palabra, pero es que llevaba cinco años sin verla y no he podido evitarlo. - Bajó aún más el tono de voz y el rubio tuvo que acercarse para poder escucharla. - Tiene una niña preciosa.

  • Cissy… - Dejó la frase a medias al ver cómo por la mejilla de la chica descendían un par de lágrimas. Suspiró y la abrazó mientras ella rompía a llorar. - Venga, tranquila.

  • No volveré a verla, te lo juro, Lucius.

  • Ya lo sé.

  • No se lo digas a nadie.

  • No lo haré. - Acarició su pelo con delicadeza. - Cissy, ahora eres una Malfoy, tienes que tener mucho cuidado. Si alguien te hubiera visto…

  • ¿Estás enfadado conmigo? - Le preguntó, un poco temerosa.

  • Por supuesto que no. - Contestó él, sonriendo y apartándole un mechón de pelo de la cara. Ambos se miraron y él se encogió de hombros. - Es solo que no quiero que te pase nada malo.

La besó con dulzura y ella volvió a enterrar el rostro en su pecho. Por mucho que les doliera tanto a ella como a Andromeda estaban en bandos distintos y no podrían volver a estar juntas jamás.


Hola a todos ^^

Aquí os dejo el último capítulo de la semana, espero que os guste ;) La verdad es que me he dado cuenta (gracias a esta historia y la de la cuarta generación) que me gusta más escribir una escena dramática que nada. #DramaQueen

Espero vuestros comentarios, como siempre, y nos leemos el martes :)

Un beso,

María :)