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Tiempos oscuros — capítulo 15

Sirius estaba seguro únicamente de dos cosas aquella mañana de mediados de octubre: la primera, que no iba a dedicarse jamás a la Herbología; y, la segunda, que estaba hecho un completo lío. Desde que Marlene y él se habían vuelto a besar unos días antes no se habían dirigido la palabra, ni siquiera se habían mirado, habían hecho todo lo posible por no encontrarse y es que, por lo menos él, no sabía muy bien cómo comportarse después de aquello. Las cosas habían cambiado entre ellos aquella noche, pero no sabía en qué sentido. ¿Qué pasaría ahora? ¿En qué los convertía lo que había pasado? ¿Seguían siendo enemigos, eran amigos o ella querría algo más? Estaba hecho un lío y, además, aterrado, aunque eso jamás lo admitiría en voz alta. Y luego estaba el pequeño tema de la apuesta con James. Marlene lo mataría si se enteraba de aquello. Jamás debió aceptarla, se encontraba en ese momento ante un enorme dilema moral: no quería perder, pero tampoco quería ir presumiendo de haberse liado con la rubia como si se tratara de una competición. La había cagado pero bien, solo a él podían pasarle esas cosas. ¿Por qué tenía que ser tan bocazas? El tiempo corría y cada vez le quedaba menos para decidir. ¿Se lo decía a James y ganaba la apuesta? ¿Se lo callaba y tenía que pasar el mal trago de declararse? ¿Hablaba con ella y le contaba la situación? Negó con la cabeza. No, aquello era imposible, se lo tomaría fatal, creería que había hecho lo que había hecho solo para ganar y eso estaba completamente alejado de la realidad. Si la ayudó a salir del colegio fue porque no habría podido dormir sabiendo que ella lloraba por no poder ver a su hermana la cual, por cierto, le había parecido un auténtico primor. Aquella pequeña rubita con esos ojos tan parecidos a los de Marlene, esa sonrisa tan inocente y esa carita de ángel no se merecía tener que pasar días y días en el hospital sin poder ver a su adorada hermana mayor.

  • ¿Qué te pasa?

La voz de James lo sacó de sus ensoñaciones. El pelinegro lo miraba con el ceño fruncido y una expresión un tanto preocupada.

  • Nada. - Mintió, encogiéndose de hombros.

  • Ya, claro, y yo te creo. - Replicó. - Estás demasiado callado.

  • Estoy prestando atención.

  • ¿En Herbología? - Tuvo que reprimir una carcajada. - Por Merlín, ahora en serio, ¿en qué estás pensando?

  • En nada, pesado.

  • Espera, ya sé. - Sonrió de medio lado y el otro enarcó una ceja. - Te preocupa la apuesta. Apenas quedan unos días y todavía no has conseguido liarte con McKinnon.

Sirius negó con la cabeza. Si James supiera… Claro que le preocupaba la apuesta, pero no por los motivos que él creía.

  • No me lo estoy tomando muy en serio, la verdad. - Contestó. - Si no me he liado con ella, es solo porque yo no he querido.

  • Sí, claro.

James volvió a prestar atención a la clase y el otro suspiró. Tenía que disimular un poco mejor y pensar qué hacer para librarse de aquella apuesta. No le quedaba otra que hablar con Marlene.

Marlene bostezó sin poder evitarlo. Llevaba días sin apenas pegar ojo, concretamente desde la noche en la que había vuelto a besar a Sirius. ¿Pero por qué lo había hecho? ¿No podía haber hecho lo que cualquier persona normal en su lugar? Podría haberlo invitado a una cerveza de mantequilla, haberle ayudado con los deberes o dejado copiar en un examen, pero no, ella tuvo que ser más que nadie y decidió, así sin más, que la mejor forma de darle las gracias sería volviendo a liarse con él. Era prácticamente un secreto a voces que los dos seguían teniéndose ganas, que querían repetir lo que había pasado, pero había puesto tanto esfuerzo por evitarlo que ahora aquel sentimiento era casi insoportable. ¿Cómo había sido capaz? Había vuelto a caer en las garras de un mujeriego como Sirius Black, de alguien que solo la quería para pasar un rato aunque, siendo sinceros, no es que ella quisiera tampoco nada más, ¿verdad? Un estremecimiento la recorrió de arriba abajo. No estaba realmente segura de cuál sería su respuesta a esa pregunta, pero sí cuál debía ser aunque no podía quitarse de la cabeza lo encantador que había sido aquella noche tanto con ella como con Layla. No parecía el mismo chico de siempre, desde luego.

  • Lene, ¿estás bien?

La voz de Lily la sacó de sus ensoñaciones. Claro que no estaba bien, pero eso no podía decírselo. No quería que nadie se enterara por ella de lo que había pasado.

  • Estoy agotada.

  • Si no te encuentras bien deberías ir a la enfermería. - Sugirió, mirándola con preocupación. - Últimamente estás muy cansada y distraída, a lo mejor necesitas tomar más hierro o te falta alguna vitamina.

  • No, es solo que no duermo bien. - Le quitó importancia con un gesto y fingió una sonrisa.

  • ¿Te preocupa algo?

  • ¿Algo cómo qué? - Se puso en alerta sin poder evitarlo.

  • No lo sé, tú sabrás. - La pelirroja frunció el ceño. ¿Pero qué le pasaba? - ¿Te ha pasado algo que yo no sepa?

  • No, claro que no. - Se sonrojó y apartó la mirada y supo que eso la había delatado.

  • ¿Es por un chico? Siempre que empieza a gustarte algún chico te pones un poco, ¿cómo decirlo?, tonta.

  • ¿Tonta? - Marlene enarcó una ceja.

  • Sí, ya sabes. - Lily carraspeó un poco y empezó a imitarla. - "Ay, Lils, no sabes lo que me ha pasado hoy, me ha sonreído y dicho que le parezco maja".

  • Eso solo pasó una vez y era una cría, tenía solo 15 años.

  • Ahora tienes 16.

  • Pues eso, soy más madura. - Apoyó una mano en el brazo de su amiga y lanzó una pequeña carcajada. - De verdad que no es nada.

  • Aún así, si sigues así unos cuantos días deberías ir a por una poción para dormir, te vendrá bien.

  • Lo haré, tranquila.

Lily asintió y volvió a centrar su atención en la clase de Herbología. No volvieron a hablar hasta que esta terminó.

  • Recordad, debéis entregar el proyecto antes del 31 de octubre. - Dijo la profesora Sprout antes de colgar un folio en la pizarra. - Aquí os dejo las parejas, son mixtas y he intentado mezclar también las casas. - Todos refunfuñaron sin poder evitarlo. Aquella asignatura la compartían Gryffindor y Slytherin y eso último no le había hecho gracia a nadie. - Es lo que hay chicos. Nos vemos en la próxima clase.

Los chicos empezaron a recoger sus cosas y se apresuraron hacia el frente de la clase, deseando saber quién les había tocado. Lily llegó de las primeras y, aunque suspiró porque no le había tocado con James, no pudo evitar maldecir por lo bajo al ver el nombre.

  • ¿Con quién te ha tocado? - Le preguntó Marlene al ver su cara, nada más llegar.

  • Con Sirius, menudo desastre. - Respondió, negando con la cabeza. - Seguro que tengo que hacerlo yo todo, no creo que sea capaz de tomarse nada en serio.

  • Creo que lo mío es peor. - Murmuró la rubia, apartándose el pelo de la cara de un manotazo.

  • ¿Quién te ha tocado?

  • Tu querido Severus. - Suspiró. - Ya es mala suerte que me haya tocado una serpiente…

  • Te compadezco. - Contestó ella. - Aunque te recuerdo que ya no nos hablamos.

  • Es que no sé cómo fue capaz de llamarte eso. - Marlene suspiró. - Te lo dije desde primero y tú no me hiciste caso. Acabará siendo un mortífago.

  • Lo sé. - Lily sintió una pequeña punzada al escuchar aquello. Le dolía pensar eso de Severus, pero sabía que Lene tenía razón. Siempre había sentido demasiado interés por las artes oscuras y había elegido la compañía equivocada en el colegio, pero aún así odiaba la simple idea del chico matando inocentes solo por el hecho de ser nacidos de muggles y, según algunos locos, inferiores. Le aterraba la mera posibilidad de él matando gente como ella. Por todo eso había roto su amistad, por eso se negaba a dirigirle la palabra. - Aunque al menos él colaborará, le gustan los trabajos bien hechos.

  • Si eso te sirve de consuelo…

Las dos se dirigieron entonces hacia el exterior, un poco preocupadas, pero antes de que pudieran llegar muy lejos unas voces las detuvieron.

  • ¡Evans! ¡Marlene!

La rubia palideció y se detuvo en seco. Tantos días evitándolo para nada. Ambas se giraron desganadas y dejaron que los cuatro chicos se acercaran a ellas. Sonrieron a Remus y Peter, que les devolvieron el gesto, y miraron a los otros dos con una ceja enarcada.

  • Parece que nos ha tocado juntos, Evans.

  • Sí, eso parece, Black. - Respondió ella. - Espero que te comportes.

  • Yo soy un muy buen chico.

  • No, no lo eres. - Intervino James. - Evans, deberías pedirle un cambio a la profesora y ponerte conmigo, seguro que lo pasábamos mucho mejor.

  • Antes prefiero hacer el trabajo con una acromántula. - Replicó, cruzándose de brazos.

  • Venga, no seas así. - James le dedicó una de sus medias sonrisas, pero no surtió ningún efecto en la chica.

  • Piérdete.

  • Lo haré si sales un día conmigo.

  • Ya te he dicho mil veces que no, ¿qué parte es la que no entiendes?

  • La n, creo, nunca se me dio bien deletrear, aunque "Lily Potter" sé escribirlo a la perfección, he estado practicando. - Le guiñó un ojo y la pelirroja bufó.

  • Me voy al castillo.

Se dio la vuelta y echó a andar rápidamente hacia este. El pelinegro no tardó en seguirla, tratando de pedirle disculpas, al igual que Remus y Peter que los perseguían intentando evitar que la pelea fuera a peor. Sirius y Marlene, sin embargo, se quedaron quietos, con las miradas fijas en sus pies. Ambos sabían que había llegado el momento de hablar, pero no sabían cómo iniciar aquella conversación. Finalmente, la rubia tomó una bocanada de aire, se armó de valor y empezó a hablar.

  • Sirius, creo que tenemos una conversación pendiente.

  • Sí, eso creo yo también. - Él suspiró y se atrevió a subir la mirada. Cuando sus ojos grises se cruzaron con los azules de ella no pudo evitar estremecerse. - Lo que pasó la otra noche…

  • Fue un error.

  • ¿Un error?

  • ¿No?

  • No.

  • ¿De verdad?

  • ¿Tú crees que fue un error?

  • ¿Tú no?

  • ¿Pero me hablas en serio?

  • Vale, espera. - Lo cortó ella, frunciendo el ceño, antes de que aquel intento de conversación fuera a más. - ¿Qué opinas exactamente de lo que pasó?

  • Que estuvo muy bien. - Él se encogió de hombros. - No te ayudé para poder liarme contigo, Marlene, lo hice porque no quería verte llorar, pero no voy a mentir y decir que tu forma de agradecerlo no fue un plus. Me gustó lo que pasó, me gusta besarte, creí que ya te habías dado cuenta de ello y pensé que a ti te pasaba lo mismo.

  • ¿En serio? - Sintió cómo el corazón comenzaba a latirle con más fuerza y supo que su voz la estaba delatando, pero nada de eso le importó.

  • No te mentiría en algo así. No a ti. - Confesó. - ¿Realmente piensas que fue solo un error?

  • No lo sé. - Susurró. Él se acercó un poco más a ella para poder escucharla mejor y apoyó su mano en su cadera. Estaban completamente solos, no había peligro. - Me preocupa que no lo sea.

  • ¿Por qué? Estoy siendo sincero.

  • Se supone que te odio.

  • Creo que quedó más que demostrado que eso no es verdad. - Rozó su mejilla con sus labios y la rubia cerró los ojos y contuvo un suspiro. - Solo quiero jugar si tú juegas conmigo.

  • ¿Por qué crees que aceptaría algo así? - Tragó saliva y sintió sus piernas temblar mientras él deslizaba sus labios por su cara, acercándose peligrosamente a los labios.

  • No lo sé, supongo que tengo la leve esperanza de que te guste besarme a mí tanto como me gusta besarte a ti.

Y dicho esto posó sus labios sobre los de la chica, que lo correspondió sin dudarlo ni un instante. ¿A quién pretendía engañar? Él tenía razón, le gustaba tanto como a él y lo que había pasado no había sido un error aunque, siendo sinceros, le habría gustado hablar un poco más de lo que realmente lo habían hecho y haber aclarado algunas cosas, pero en aquel momento ni quería ni era capaz de darle más vueltas a eso. No con sus labios sobre los suyos, no con sus manos recorriendo delicadamente sus curvas. Sirius mordió entonces el labio inferior de la chica, arrancándole un pequeño gemido y sonrió casi al mismo tiempo que volvía a besarla. Había besado a bastantes chicas en el colegio, pero con ninguna las cosas eran así. Sabía que tenía que aclarar lo de la apuesta, pero aquel no era el momento así que, simplemente, se limitó a dejarse a llevar y a seguir besándola como si no hubiera un mañana.