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Tiempos oscuros — capítulo 16
Bellatrix tenía la sensación de que era la única que estaba prestando atención en aquella reunión. Lucius miraba al Lord y asentía de forma distraída, Rodolphus tenía la mirada perdida, Rabastan hacía rato que garabateaba, Nott le daba vueltas a una pluma entre sus manos, Selwyn y Yaxley cuchicheaban desde una esquina… Sintió una enorme rabia corriendo por sus venas. ¿Cómo podían comportarse como críos en una situación así? ¿No se daban cuenta de lo relevante que era su misión, de lo agradecidos que debían sentirse por estar en esa reunión? Había muchos magos que querían unirse a ese grupo y ellos actuaban así aunque, claro estaba, muchos de los presentes no habían tenido elección, se habían unido simplemente por lealtad familiar. Nadie había tenido que luchar tanto como ella para estar ahí.
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Selwyn, ha llegado a mis oídos una noticia que te incumbe. - Dijo entonces Voldemort, atrayendo por fin la atención de los presentes. Él palideció mientras el hombre seguía hablando. - Resulta que cierta prima tuya ha roto su compromiso con Yaxley, aquí presente, para casarse, si no me equivoco, con un vulgar sangre sucia.
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Mi señor, os juro que he renegado por completo de ella, ya no es mi familia, mis padres tampoco le dirigen la palabra. - Se apresuró a decir. - Se ha marchado con él y no sé qué opinan mis tíos pero, si finalmente aprueban esa unión, renegaremos de ellos también.
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Mi señor, Charlie siempre ha sido una chica de carácter, pero quizás todavía pueda volver al sendero correcto. - Se apresuró a decir Yaxley en defensa de la chica.
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Deberías dejar de llamarla así. - Le reprendió el otro. - Charlotte ya no es tu prometida y dudo mucho que vuelva a serlo. Mis tíos siempre han sido demasiado permisivos con ella.
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No me gusta que mis mortífagos provengan de familias manchadas.
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Mi señor, creo que no soy el único aquí que tiene familiares traidores… - Miró sin poder evitarlo a Bellatrix, que se incorporó un poco y lo apuntó con su varita.
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Si lo dices por mí espero que lo retires. - Dijo de forma amenazadora. - Esa desgraciada de Andromeda dejó de ser mi hermana en el mismo momento en el que aceptó irse con ese sangre sucia y me encantaría poder encargarme personalmente tanto de ella como de su asquerosa familia. Su hija no es más que una abominación.
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Lo sabemos, Bellatrix. - Intervino Voldemort antes de que pudiera añadir nada más. - Si Charlotte decide seguir adelante con sus planes, quizás tengamos que hacer una pequeña visita a la Mansión Selwyn. Sería una pena que el hogar de una familia pura fuera mancillado.
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¿Qué queréis decir, señor? - Se atrevió a preguntar el primo de la aludida. - ¿Habláis de eliminarlos?
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Quizás sea necesario, así esa casa pasaría a su legítimo dueño.
Selwyn sonrió con autosuficiencia. Su prima jamás debería haber sido declarada heredera, era una mujer y no podía hacerse cargo de la fortuna familiar, su tío debió nombrarlo a él, como siempre se había hecho. En esas familias únicamente heredaban los varones, ni él ni sus padres habían comprendido jamás por qué con Charlotte había sido diferente aunque, claro estaba, siempre había sido la niña mimada de la familia. A lo mejor podía deshacerse de ella de una vez por toda. Además, quizás así Yaxley dejaría de pensar en ella. Solo era un estúpido enamorado que había sido siempre incapaz de darse cuenta de que ella lo único que hacía era darle largas.
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Cambiando de tema, tengo nuevas misiones que encargaros. - Miró a Bellatrix, que se enderezó aún más si en la silla si es que aquello era posible. - Necesito que te encargues de un empleado del Ministerio.
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Eso está hecho, mi señor. - Contestó ella, asintiendo. Desde aquel primer "encargo especial" el Lord siempre la mandaba a las misiones más peliagudas. Sabía que la chica era una de sus mejores armas y le sorprendía lo rápido que estaba dominando los hechizos de tortura. Poco a poco se estaba convirtiendo en una experta. - ¿De quién se trata esta vez?
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Un nacido de muggles con un puesto relevante en el Departamento de Misterios. Luego te daré más indicaciones.
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De acuerdo.
El hombre siguió hablando, repartiendo las misiones de unos y otros mientras la morena se perdía entre sus pensamientos. Torturar gente no era algo que la apasionara, aunque no podía evitar sentir una pequeña punzada de satisfacción cuando oía a la gente suplicar y sabía que, por una vez, era ella quien tenía el control absoluto de la situación. Siempre había sido muy decidida y, definitivamente, distinta al resto de chicas que conocía, pero nunca había podido controlar su propia vida. Sus padres siempre le habían marcado ciertas pausas a seguir, habían elegido a su marido y no le habían dado opción de réplica, le habían dicho lo que podía y no hacer desde que tenía uso de razón y nunca le habían consentido ni el más mínimo acto de rebeldía. Aquello era un soplo de aire fresco, una libertad con la que jamás se había atrevido a soñar. Nunca se habían considerado una persona excesivamente cruel, pero le encantaba ir a esas misiones ya que, por una vez, era ella quien tenía el control y eso era algo a lo que no estaba dispuesta a renunciar.
Regulus miraba de reojo a Dorcas mientras fingía leer aquel manual de Runas Antiguas. Menos mal que aquel trabajo no dependía solo de él porque, desde luego, les pondrían un Insuficiente o, incluso, un Troll si es que de verdad aquella nota existía y no era solo una leyenda urbana. La castaña se mordía el labio mientras copiaba algunas frases sueltas. Se la veía muy concentrada y no quería molestarla, pero no podía desaprovechar las pocas oportunidades que tenía de hablar con ella.
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¿Cómo le llevas? - Se atrevió a preguntarle.
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Bastante bien. - Respondió ella, soltando la pluma. Se giró un poco hacia él y le dedicó una cálida sonrisa. - Estos tratados son muy interesantes, creo que podremos sacar bastantes cosas de ahí.
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Genial.
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¿Y a ti cómo te va?
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Creo que un poco peor que a ti, no encuentro nada relevante.
Regulus se encogió de hombros y fingió su mejor cara de pena. No quería que la chica se diera cuenta de que estaba cogiendo libros que no servían de nada a propósito. Quería alargar aquel trabajo como fuera, sabía que en cuanto terminaran no podría volver a acercarse a ella. Sus amigos ya habían comenzado a sospechar y le habían hecho alguna que otra pregunta un tanto maliciosa. Ser el primer marcado no solo había despertado su admiración, sino que también había hecho brotar su envidia. Sabía que aprovecharían cualquier oportunidad para quedar por encima de él ante los ojos del Lord y no podía permitirlo así que siempre les mentía y decía que, simplemente, quería hacer un buen trabajo. Todos sabían que le gustaba ser el estudiante modelo, ¿por qué tendrían entonces que sospechar?
Dorcas le dedicó una pequeña sonrisa de ánimo entonces y él sintió cómo su corazón su aceleraba. Todo aquel paripé estaba valiendo la pena.
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No te preocupes, todavía tenemos tiempo, además, con todo lo que estoy encontrando yo creo que tendremos de sobra.
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No me gusta depender solo del trabajo de los demás.
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Ya me he dado cuenta y, la verdad, es algo que me ha sorprendido mucho. - Dijo sin querer. Al darse cuenta de ello se puso completamente roja y bajó la mirada. Había cogido algo de confianza con Regulus, pero aún así seguía intimidándola un poco.
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¿Cómo? - Él frunció el ceño y la escrutó durante unos instantes, sin comprender a qué se refería la chica.
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Bueno, se dicen muchas cosas de ti…
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Oh, claro, eso. - Sonrió ligeramente y negó con la cabeza y ella por fin volvió a mirarlo. - A la gente le gusta mucho hablar.
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E inventar. - Añadió Dorcas, sorprendiéndolo. - No creo que seas como dicen que eres. Si realmente lo fueras no estarías trabajando así de bien conmigo.
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Contigo es muy fácil trabajar. - Murmuró. No supo que otra cosa responder, no podía decirle lo que ella quería escuchar porque no era verdad, pero tampoco podía confirmarle lo contrario sin exponerse demasiado. Él no era el chico que Dorcas creía, pero a él le encantaba que ella pensara que sí.
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Sabes perfectamente a lo que me refiero, Regulus. - La castaña suspiró y volvió a fijar la vista en los libros. No quería meterse en terreno peligroso, pero en su interior algo le decía que aquel chico no era tan malo como lo pintaban los demás. - Si fueras así lo único que harías sería lanzarme miradas de desprecio e ignorarme.
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No me conoces, Dorcas.
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Lo sé, pero después de estas últimas semanas soy incapaz de creer que seas simplemente un desalmado. Quizás estoy un poco loca, no lo sé. - Se mordió el labio y empezó a recoger sus cosas. - Lo mejor será que me marche, no debería haberte dicho esto, no quería importunarte, soy un poco bocazas a veces.
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No te vayas. - Le pidió en voz baja y casi suplicante.
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Es lo mejor. - Contestó la castaña.
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No me ha molestado lo que has dicho. - Insistió el heredero de los Black. - Aunque me cuesta entender por qué lo has hecho.
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A veces, cuando creo que algo es verdad, cuando mi corazón está seguro de lo que sea, lo suelto sin más. - Explicó tras dudar unos instantes. - Y algo me dice, aunque no estoy muy segura de qué, que tú no eres el chico frío y malvado que todos creen, que escondes mucho más.
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¿Y por qué lo crees?
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Porque me miras de reojo mientras leo y me escuchas aunque esté diciendo la mayor de las tonterías. No harías eso si me despreciaras.
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A lo mejor soy un buen actor. - Replicó el chico.
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Eso no lo pongo en duda, Regulus. - Se puso de pie y sonrió. - Eres probablemente el mejor de los actores, en el mundo muggle estoy segura de que triunfarías aunque no creo que eso gustara mucho precisamente a los que te rodean.
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Dorcas, no te metas en lo que no sabes. - La miró con decisión, pero ella le sostuvo la mirada, sorprendiéndolo. Poca gente hacía aquello.
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Ya te he dicho antes que no quería importunarte, has sido tú quien ha insistido. - Negó con la cabeza. - Pero tienes razón, lo mejor será que me marche, ya terminaremos el trabajo otro día. Lo mejor será que olvidemos todo esto.
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Sí, quizás.
El chico empezó a recoger sus cosas en su silencio mientras ella abandonaba la biblioteca. Sentía una fuerte punzada en el estómago. Dorcas lo había calado muy bien, sabía más de él de lo que le gustaría y se lo había dejado completamente claro. No le gustaba actuar así, no quería que se enfadara con él, ni que creyera lo mismo que los demás, pero no podía hacer otra cosa. Aquello era lo mejor para ambos. Y, sin embargo, no podía evitar sentir que lo estaba haciendo todo mal. Por una vez no estaba seguro de lo que hacía, de las elecciones que había tomado, del rumbo que debía seguir. No lo pensó mucho, sabía que si lo hacía no sería capaz de hacerlo. Cogió sus libros y salió apresuradamente de la sala. Tenía que alcanzarla antes de que llegara a su Sala Común. Recorrió los pasillos rápidamente, buscándola con la mirada, pero incapaz de pronunciar su nombre en voz alta, temeroso de que alguien se diera cuenta de lo que hacía. Solo cuando por fin vio su melena castaña recogida en una coleta alta, a escasos metros de la entrada de Hufflepuff, en un corredor vació, la llamó.
- ¡Dorcas!
Ella se dio la vuelta, sorprendida, y le dedicó una mirada confundida.
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¿Por qué crees todo eso? ¿Por qué no te limitas a pensar como los demás y tenerme miedo?
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Porque tengo fe en las personas. - Contestó ella. - Y eso, Regulus Black, te incluye a ti.
Lo primero, lamento la hora. He tenido un día de locos y prácticamente acabo de llegar (y todavía tengo que traducir una entrevista del alemán al español, ¡yuju!).
Bueno, espero que os haya gustado el capítulo. Me quedo con la última frase de Dorcas ;) Y, bueno, por si os lo preguntáis, sí. La Charlotte de la que se habla es la abuela de nuestra Lizzy.
Como siempre muchas gracias por leerme y, ya sabéis, dejad vuestros comentarios ;)
Un beso enorme,
María :)