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Tiempos oscuros — capítulo 17

  • A ver, pongamos que yo no consigo liarme con Marlene porque no me apetece, no porque ella no quiera. - Dijo Sirius a James mientras comían, ante la divertida mirada de Peter que acababa de enterarse de la apuesta que sus dos amigos habían hecho. - ¿Quedaría invalidada entonces?

  • No. - El chico sonrió al decir aquello. - No te está resultando tan fácil como creías, ¿eh?

  • De eso nada, es solo que no me apetece volver a ligarme a la rubita. - Mintió. - Me gustaría liarme mejor con, no sé, esa morena de ahí que no me quita el ojo desde que he entrado al comedor. - Señaló con la cabeza a una chica de quinto que estaba al final de la mesa. Ella, al darse cuenta de que el pelinegro la miraba, se sonrojo. - ¿No puedo cambiar?

  • Claro que no. La apuesta fue clara: o Marlene o nada.

  • ¿Pero por qué tienes tanto interés en que vuelva a besarla?

  • Porque sí.

  • Porque todos sabemos que te mueres por ella y nos encanta ver cómo lucháis contra vuestros sentimientos. - Intervino Peter, conteniendo la risa a duras penas. - Igual que en el partido de quidditch.

  • Ese habría sido un buen momento para besarla. - Comentó James. - ¿Por qué no lo hiciste? Le salvaste la vida, podías haberte hecho el héroe y aprovechado para darle un beso de cine muggle en ese momento.

  • No era la ocasión apropiada. - Murmuró, bajando la vista.

  • Ya, claro, eso lo dices porque ella te habría abofeteado tan fuerte que habríais acabado los dos cayéndoos de la escoba. - James estalló en carcajadas y Peter se unió a ellas.

  • Eso habría sido buenísimo. - Comentó. - O quizás le habría hecho la cobra del siglo.

  • Eso habría sido todavía mejor. - El pelinegro tuvo que secarse algunas lágrimas de la risa. - Deberías haberlo intentado definitivamente, habría servido para que perdieras la apuesta y también para reírnos de ti.

  • Muy graciosos.

Sirius suspiró. Cada día le costaba más aquello. Nunca les mentía a sus amigos y odiaba ocultarles que Marlene y él estaban viéndose en secreto. Por las noches se escabullían y se enrollaban en el sofá de la Sala Común o salían a los jardines o la Torre de Astronomía - cuando él podía coger la capa de invisibilidad de James sin que este se diera cuenta -. Le encantaba todo de Marlene. Era apasionada como la que más, pero al mismo tiempo adoraba la timidez que mostraba cada vez que él avanzaba un poco. Aunque hasta ese momento únicamente la había visto sin camiseta. Ella no había querido ir más allá y él respetaba todas sus decisiones. Tuvo que reprimir una sonrisa al recordarla sentada a horcajadas sobre él, con aquel sujetador blanco con pequeñas flores de color rosado, mordiéndose el labio y gimiendo levemente mientras él besaba y mordía su cuello y jugaba con su ombligo. Le encantaría poder acariciar cada centímetro de su piel, pero estaba dispuesto a esperar todo el tiempo que hiciera falta. Quién hubiera dicho que él podía ser tan caballeroso.

  • Hola, chicos.

La voz de Remus lo sacó de sus pensamientos y no pudo evitar sorprenderse al ver a la protagonista de estos frente a él. Marlene llevaba el pelo recogido sobre el hombro derecho y él sabía perfectamente por qué. Cuando sus miradas se cruzaron, él sonrió de medio lado y ella se puso completamente roja. Iba a matarlo, si no borraba esa estúpida sonrisa de sus labios lo mataría. Ya se lo dijo la noche anterior, al darse cuenta de la marca que había dejado en su cuello, pero en ese momento estaba más dispuesta que nunca a hacerlo.

  • ¿Y esa cara, Marlene? - Le preguntó de forma burlona, sin poder evitarlo.

  • Es que te he visto y se me han quitado hasta las ganas de comer. - Replicó ella con un poco de sorna, cruzándose de brazos.

  • ¿Y por eso te pones roja? Qué curioso…

La rubia no contesto, sino que se limitó a sentarse entre Remus y Lily, justo frente al pelinegro. La pelirroja se acercó entonces a ella, para que los chicos no se enteraran de su conversación.

  • ¿Te encuentras bien de verdad? Llevas todo el día rarísima.

  • Sí, Lils. - Mintió. Claro que no estaba bien. No podía permitir que alguien descubriera el chupetón que tenía en el cuello, tendría que dar mil explicaciones y no quería que nadie supiera que se estaba liando con Sirius. ¡Incluso había dejado que él la viera sin camiseta! Pero pensaba devolvérsela cuando menos se lo esperara. - Es solo que he dormido regular, no tienes de qué preocuparte.

Lily asintió, aunque la explicación de Marlene no la había convencido en absoluto. Sabía que ocultaba algo y no entendía por qué no se lo contaba. ¿Estaría viéndose con alguien? Eso explicaría por qué se había despertado tan temprano y se había esforzado tanto para que su pelo se fijara de aquella forma. No quería vulnerar su intimidad, ni meterse en su vida privada, pero se moría de curiosidad.

  • Oye, Evans, ¿cuándo vamos a empezar el trabajo? - Le preguntó Sirius, para su sorpresa.

  • Pues, cuando quieras. - Respondió, encogiéndose de hombros. - Cuanto antes mejor.

  • Por favor, no habléis de ese maldito trabajo. - Marlene bufó y Sirius no pudo evitar suspirar. - No sé cómo voy a ser capaz de quedar con ese imbécil.

  • Ahí te doy la razón. - Dijo el chico. No le hacía ni pizca de gracia que la rubia tuviera que quedar a solas con ese. No se fiaba ni un pelo de él.

  • ¿Todavía no has hablado con él? - Se interesó por saber Lily.

  • No se ha acercado a hablar conmigo y no pienso ir detrás de él.

  • Pues deberías hacerlo, no tenéis mucho tiempo. - La reprendió ligeramente Remus. - Sé que Quejicus es un poco imbécil, pero no te queda otra.

  • A lo mejor debería acercarme ahora a la mesa de Slytherin. - Murmuró, un poco dubitativa. Le daba un poco de respeto acercarse a ese grupo de, estaba segura, mortífagos, pero si no le quedaba otra lo haría. Sopesó sus posibilidades durante unos segundos y, finalmente, suspiró y se puso de pie. - Sí, iré ahora. No tengo hambre así que paso de comer. Os veré luego.

Empezó a andar hacia el lugar donde almorzaban las serpientes, pero antes de llegar, una mano en su brazo la detuvo. Se giró y frunció el ceño al ver a Sirius allí.

  • ¿Qué…?

  • No me fío ni un pelo de mi hermano y sus amigos. - Respondió antes de que ella pudiera siquiera terminar la pregunta. - Voy contigo.

  • No necesito protección, Sirius.

  • Me da igual, yo voy contigo.

  • Cabezota. - La rubia bufó y terminó de recorrer el camino, seguida del pelinegro. Se detuvo justo delante del otro chico y carraspeó para atraer su atención. Pronto notó tanto su mirada como la de Regulus, Avery y Mulciber clavadas en ella. - Snape, no sé si sabes que tenemos que hacer juntos el trabajo de Herbología. Me gustaría terminarlo cuanto antes así que te veré esta tarde en cuanto acaben las clases en la Biblioteca, sin excusas. ¿Todo claro?

  • No me das órdenes, McKinnon. - Contestó con tranquilidad, haciendo que sus amigos lanzaran carcajadas burlonas.

  • Créeme cuando te digo que no me hace ninguna gracia trabajar contigo y que no quieres verme de malas así que vas a venir a esa hora y vamos a hacer el trabajo antes de la hora de cenar. - Dijo, tratando de no subir el tono de voz. Sirius, detrás de ella, se cruzó de brazos y negó con la cabeza. - Y no intentes hacerte el gallito delante de tus amigos, no te servirá de nada.

  • Te repito que no me das órdenes así que baja un poco ese tonito de falsa superioridad. - Replicó antes de suspirar. - Pero tienes razón en que lo mejor será terminar ese dichoso trabajo cuanto antes así que ahí nos veremos.

  • Bien. - Se dio la vuelta y agarró a Sirius del brazo. - Vamos, Sirius.

  • Adiós, hermanito. - Dijo, dedicándole una sonrisa burlona a Regulus.

  • Adiós, traidor. - Se obligó a responder él, dedicándole un gesto prácticamente idéntico. Siempre les habían dicho que se parecían mucho y eso se notaba especialmente en ese tipo de detalles.

Marlene salió de allí a paso apresurado, tirando del brazo del chico que intentaba disimular y fingía que las palabras de su hermano pequeño no le habían dolido. Salieron del Gran Comedor y ella lo condujo hasta uno de los pasillos cercanos. Lo pegó contra la pared, se puso de puntillas y lo besó con fuerza. Él deslizó sus manos sobre sus caderas y correspondió al beso con la misma intensidad, tratando de borrar así de su mente lo que acababa de pasar. Sabía que ese era el motivo por el que Marlene se estaba arriesgando tanto y pensaba aprovecharlo. Cuando se separaron, le dio un beso en la frente y ella lo abrazó, con las mejillas rojas.

  • Es un gilipollas. - Murmuró. - Ese comentario estaba totalmente fuera de lugar.

  • Es un Black. - Respondió él, también en un susurro.

  • Sí, supongo que la estupidez os viene de familia.

Marlene se separó de él y ambos sonrieron levemente sin poder evitarlo. Ella suspiró aliviada al ver que la expresión de horror contenido había desaparecido de los ojos grises de Sirius.

  • Deberíamos ir a la torre o a cualquier otro lugar. - Sugirió el chico entonces. - Los demás no tardarán en salir y si nos ven aquí…

No pudo terminar la frase. Las voces de James y Lily - peleando como siempre - lo interrumpieron. Sus cuatro amigos aparecieron en el pasillo y se quedaron quietos al verlos ahí parados.

  • ¿Qué hacéis ahí? - Preguntó Remus, frunciendo el ceño.

  • Marlene me ha sacado del comedor porque he estado a punto de pegarle un puñetazo a Regulus y estaba tratando de tranquilizarme. - Contestó el chico. Técnicamente aquello no era una mentira.

  • No tendría que haberme acompañado a la mesa de Slytherin, podía encargarme de todo yo solita como, de hecho, he hecho. - Añadió ella, negando con la cabeza, pero dedicándole al mismo tiempo una sonrisa comprensiva.

  • Lo que tú digas.

  • Me adelanto un poco, ¿vale, chicos? Tengo prisa. - Cuanto antes se alejara de Sirius mejor, no podía permitir que los demás sospecharan.

La rubia empezó a andar hacia las escaleras, pero la voz de él volvió a detenerla.

  • ¡Por cierto, Marlene, hay mil maneras mejores de cubrir un chupetón que esa!

Sintió cómo si le hubieran tirado por encima un jarro de agua fría y apretó los puños mientras sentía su cara arder. Aceleró el paso, agradeciendo el no haberse girado y con un único pensamiento en la cabeza. Definitivamente, iba a matar a Sirius Black.

  • ¿El traidor de tu hermano está saliendo con esa asquerosa mestiza, Reg? - Le preguntó Mulciber nada más ver a los dos chicos salir por la puerta.

  • Ni lo sé, ni me importa. - Respondió él, encogiéndose de hombros. - Sinceramente me espero cualquier cosa de él, aunque creo que eso de salir con chicas de forma seria no va con él.

  • Al menos la chica es guapa y tiene buen cuerpo. - Avery sonrió y todos en la mesa supieron automáticamente en qué estaba pensando. - Si renegara de su parte muggle…

El menor de los Black negó con la cabeza sin poder evitarlo. Detestaba a aquellos estúpidos. Si fingía ser su amigo era únicamente porque el Lord lo vería con buenos ojos.

  • Al Señor Tenebroso no le hará gracia cuando se entere.

  • El Señor Tenebroso sabe perfectamente que los Black estamos entregados a la causa y que Sirius ya no forma parte de la familia. - Replicó antes de que se atreviera a añadir algo más y le dedicó una de sus miradas Black que tan bien sus padres le habían enseñado.

  • Aún así deberíamos hacer algo. - Insistió Avery.

  • Una pequeña advertencia. - Añadió Mulciber.

  • Ni siquiera sabemos si de verdad está con ella. - Dijo Regulus, tratando de detenerlos. Si su hermano era lo suficientemente valiente para estar con la chica que quería sin pensar en las consecuencias, él le aplaudía. Ojalá él hubiera sido capaz de decirle que no a sus padres el día que lo llevaron ante Lord Voldemort para que lo marcara; ojalá él no tuviera que fingir que los despreciaba tanto a él como a Dorcas. Odiaba a los impuros como los demás, pero no podía evitar dudar cuando se trataba de alguno de ellos. No quería hacerle daño a Sirius, a pesar de todo era su hermano, pero no podía decir que no. Sospecharían y lo verían con malos ojos y él no podía permitirlo.

  • Si no lo está, no tardará. O, si no, ¿por qué ha venido hasta aquí con ella? - Avery lanzó una carcajada. - Teme que le hagamos algo y justo de eso debemos aprovecharnos.