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Tiempos oscuros — capítulo 18

Arthur Weasley suspiró al mirar la hora en su reloj. Ya era más de medianoche y él seguía en el Ministerio. Últimamente tenían mucho trabajo, los mortífagos usaban la magia de forma despreocupada y su departamento debía lidiar con las consecuencias. Cerró la carpeta que había estado ojeando y apoyó un par de dedos en su frente, tratando de hacer que el dolor remitiera un poco.

  • Márchate, Weasley. - Le dijo su jefe, entrando al pequeño despacho. - Mañana ya terminarás eso, por hoy ya es suficiente.

  • De acuerdo, señor.

Recogió sus cosas rápidamente y se dirigió hacia el desierto vestíbulo para desaparecerse. Cerró los ojos y, en seguida, apareció en el salón de su casa. Iba a subir directamente al dormitorio, agotado, pero se detuvo al darse cuenta del bulto que yacía en el sofá. Molly estaba hecha un pequeño ovillo, cubierta por una fina manta. Él se acercó y le dio un delicado beso en la mejilla.

  • Mols. - La llamó, rozando su hombro con suavidad. - Cielo, ya estoy en casa.

  • ¿Arthur…? - Abrió los ojos levemente y arrugó la frente. - ¿Qué hora es?

  • Más de las doce y media. Siento haber vuelto tan tarde.

  • Me he quedado dormida, lo siento.

  • No te disculpes, caramelito. - Dijo. La cogió en brazos y la levantó, haciendo que lanzara una carcajada. - Es hora de dormir, ¿no?

  • Te vas a hacer daño. - Protestó, aunque apoyó la cabeza en su pecho.

  • De eso nada. - El pelirrojo sonrió. - Además, hacía mucho que no te llevaba así a la cama.

  • Yo diría que desde nuestra noche de bodas.

  • Molly sonrió con dulzura. - Y ya hace unos cuantos años de eso.

Subió las escaleras con delicadeza y entró al dormitorio principal. La tumbó en la cama y la besó antes de ir hacia el armario para sacar su pijama y cambiarse.

  • ¿Qué tal los niños?

  • Bien. - Contestó ella, incorporándose un poco. - Percy se ha pasado media tarde llorando, pero Bill y Charlie están como siempre. Te echan de menos, me han preguntado por qué últimamente nunca estás en casa.

  • Lo siento mucho, de verdad. - Terminó de vestirse y se tumbó en la cama junto a él. - Este fin de semana podríamos salir a comer al campo.

  • Me parece una idea genial. - Molly sonrió.

  • También han estado hoy aquí mis hermanos.

  • ¿Y qué tal? ¿Todo bien? - Se interesó por saber.

  • Ellos siempre me dicen lo mismo; aunque las cosas vayan mal, dicen que van bien para no preocuparme. - Ella se encogió de hombros y suspiró. - Espero que todo vaya bien de verdad.

  • Seguro que sí, no te preocupes.

Arthur la besó y Molly sintió cómo se relajaba por completo con aquel simple gesto. Había vuelto otra noche junto a ella, estaba bien y a salvo. De momento, no tenía de qué preocuparse.

Marlene no sabía por qué había bajado aquella noche a encontrarse con Sirius. Llevaba dos días sin hablarle debido a su comentario sobre el chupetón que le había costado una conversación larga y algo embarazosa con Lily y Remus. Los dos sospechaban que se estaba viendo con alguien y estaban dispuestos a sonsacarle la verdad. Suspiró sin poder evitarlo mientras las palabras que dijeron volvían a su mente.

  • Venga, Lene, cuéntanoslo. - Le pidió la pelirroja, dedicándole una mirada de cachorrito abandonado. - ¿Con quién te estás viendo?

  • Con un chico, pero no voy a deciros quién es. - Contestó finalmente, después de dudar un poco. Sabía que no podía seguir mintiendo después de lo que había dicho Sirius, pero no estaba dispuesta a decirles que, precisamente, había sido él quien le había hecho aquel chupetón.

  • Pero, ¿por qué? - Lily bufó, un poco frustrada.

  • Venga, Lene, cuéntanoslo, somos tus amigos.

  • Remus enarcó ambas cejas y le dedicó una sonrisa burlona. - Si no nos lo dices empezaremos a pensar que te estás viendo con alguien raro.

  • ¿Raro?

  • Sí, ya sabes. - Insistió él. Era consciente de que iba por el buen camino y de que aquella era la mejor forma de enterarse.

  • Un chico de cuarto, un Slytherin o, no sé, alguien como Sirius.

  • ¿Qué estás insinuando, Rem? - Abrió mucho los ojos, pero disimuló lo mejor que pudo.

  • No lo sé, ¿qué estoy insinuando?

  • Que estoy viéndome con Sirius.

  • Lo has dicho tú, no yo.

  • Venga ya. - Lily estalló en carcajadas. - ¿Cómo va a estar viéndose con él? No digas tonterías, Remus.

  • Antes de salir con él preferiría dejar que el Expreso de Hogwarts me atropellara.

  • Bueno, si tú lo dices… - El hombro lobo negó con la cabeza, pero sonrió. Tenía sus sospechas y sabía que, tarde o temprano, acabaría por confirmarlas. Esos dos estaban hechos el uno para el otro, solo era cuestión de tiempo que acabaran juntos.

  • Es que no sé cómo puedes pensar eso. Sirius es un imbécil.

  • Es buena gente a ratos. - Lo defendió con una sonrisa. - Pero entonces, ¿quién es el chico misterioso?

  • No seáis cotillas. - La rubia negó con la cabeza. - No pienso decíroslo.

Los otros dos, después de insistir un poco más, se dieron finalmente por vencidos y dejaron la conversación aunque ambos sabían que en algún momento descubrirían quién era el ligue secreto de Marlene.

  • Por un momento temí que no bajaras.

No se dio la vuelta al escuchar la voz de Sirius. Subió las piernas al sofá y las abrazó, poniéndose un poco a la defensiva. Él se sentó junto a ella y le dedicó una mirada un poco preocupada. No debería haberle hecho aquel comentario. Su intención no había sido mala, pero al parecer ella se había tomado aquella broma fatal.

  • No estoy muy segura de por qué lo he hecho.

  • Respondió finalmente tras guardar silencio unos instantes. Se giró para mirarlo y él apretó los labios. - ¿Qué quieres?

  • Tengo que decirte una cosa.

  • Pues habla.

  • Tienes que prometerme primero que no me matarás.

  • ¿Qué has hecho? - Frunció el ceño sin poder evitarlo y él bajó la mirada, nervioso. - Sirius…

  • James y yo hicimos una apuesta poco antes de volver al colegio. - Empezó a decir. - Apostamos sobre ti.

  • ¿Qué?

  • James me dijo que no podría volver a liarme contigo por mucho que lo intentara y yo le dije que lo conseguiría si me lo proponía. - Siguió diciendo. - Me dio de plazo hasta el 31 de octubre y me dijo que si perdía tendría que declararte mi amor delante de todo el Gran Comedor, subido en una escoba y en calzoncillos y, si él perdía, él se declararía así a Evans.

  • No es verdad… - Marlene sentía en ese momento un torbellino de emociones. Se puso de pie y empezó a andar mientras se echaba el pelo hacia atrás. Por una parte se sentía la mayor idiota del mundo por haber caído en aquella trampa y por otra notaba cómo la rabia crecía en su interior. ¿Cómo había podido hacerle eso? Sirius, consciente de lo que iba a hacer en ese momento, hizo un mufliato y cerró los ojos. - ¡¿Cómo te has atrevido?! ¿Todo esto ha sido una mentira? ¿Todas estas noches a escondidas? ¿El día que me llevaste al hospital lo hiciste solo para lograr eso? ¡Eres un gilipollas, Sirius Black! No sé por qué llegué a creer por un momento que habías cambiado, eres despreciable.

  • Marlene, espera, un segundo. - Él también se levantó y la detuvo agarrándola de los brazos.

  • ¡No!

  • No le he dicho a James que nos hemos estado liando. - Consiguió decir antes de que ella empezara a gritar de nuevo. La rubia lo miró extrañada y lo dejó continuar. No se esperaba aquello. - No se lo he dicho ni se lo diré si tú no quieres. Me arrepentí de haber apostado eso nada más cerrar la apuesta y llevo desde que te besé intentando sacarte el tema, pero sabía que te lo tomarías así de mal y me daba miedo perderte.

  • ¿Perderme? - Lanzó una pequeña carcajada irónica. - Supongo que para ti será duro tener que buscarte a otra tía a la que besar.

  • Marlene…

  • Puede que no se lo hayas dicho, pero la apuesta está ahí. - Negó con la cabeza. - No sé cómo habéis sido capaces. Sois dos cretinos.

  • Lo sé, lo sé. Me merezco todos los insultos que se te ocurran.

  • El 31 es mañana, ¿qué se supone que vas a hacer?

  • Lo que tú me digas. - Contestó con sinceridad, dedicándole una mirada suplicante. - Me da igual perder esa apuesta si así dejas de estar enfadada conmigo.

  • ¿De verdad crees que esto se me va a pasar si sigues guardando el secreto? - Negó con la cabeza. - Esto se ha terminado, Sirius. No pienso volver a verme contigo.

  • Marlene…

  • Deja de repetir mi nombre una y otra vez mientras buscas excusas. No podrás hacer nada para que cambie de opinión.

Dicho esto, se dio la vuelta y se dirigió hacia los dormitorios. Él la vio marchar y, en cuanto terminó de subir las escaleras y desapareció por el pasillo de las chicas, se dejó caer en el sofá y enterró la cara entre las manos. La había cagado pero bien.

  • Esta noche es la gran noche, ¿eh?

James llevaba todo el día riéndose de él y recordándole lo que tendría que hacer en la cena, pero Sirius no era capaz casi ni de responder. Le había afectado muchísimo la pelea con Marlene. Ella ni siquiera lo miraba y sabía que, por mucho que intentara picarla, tampoco respondería.

  • ¿No respondes? - Insistió. - Qué mal perder tienes.

Gruñó un poco y fijó su mirada en el trabajo de Encantamientos que tenía que terminar. Solo quería que lo de aquella noche pasara rápido y que ella no lo matara. Aunque, bueno, quizás así le diría algo.

  • Cállate, James. No me apetece hablar de tu absurda apuesta.

  • Lo que yo decía: mal perdedor.

Empezó a reír, pero dejó de hacerlo al ver a Marlene acercándose a ellos. La rubia avanzaba con paso decidido y es que sabía que si se detenía se echaría atrás. Le había dado muchas vueltas a aquello. Al principio había decidido dejar que Sirius perdiera la apuesta como castigo por lo que le había hecho y también por el comentario del chupetón - que todavía se lo tenía guardado -, pero luego se dio cuenta de lo que eso implicaría para ella y no quería pasar tantísima vergüenza. No pensaba volver a acercarse a él después de aquello y ya encontraría otra forma de hacerle pagar lo del comentario, pero aquella era la única solución que se le ocurría en ese momento. Se acercó a Sirius, que acababa de levantar la cabeza y lo miraba extrañado, apoyó ambas manos en su cara y lo besó. Él, al principio, se quedó quieto, sin saber qué hacer - aquello le había pillado completamente por sorpresa -, pero en seguida empezó a mover sus labios sobre los de ella, tomando el control del beso y profundizándolo. Se separaron jadeantes después de unos instantes.

  • Ya tienes tu victoria, Black. - Dijo mientras le dedicaba una mirada herida que mostraba todo lo que sentía. Aquella traición le había dolido más de lo que estaba dispuesta a reconocer.

  • Espera, ¿se lo has contado? - James abrió mucho la boca. - ¡Eso es trampa!

  • No… no dijimos que no pudiera decírselo en ningún momento. - Murmuró él, todavía impresionado por lo que acababa de pasar. ¿Por qué tenía que ser tan imbécil? Adoraba sus besos y por ser un bocazas y un chulo tendría que renunciar a ellos.

  • Que sea la última vez que hacéis una apuesta sobre mí porque la próxima vez quizás no sea tan simpática y acabéis los dos retorciéndoos en un baño después de haber tomado algo impregnado con alguna poción laxante. - Añadió la chica antes de darse la vuelta.

  • Marlene…

  • No vuelvas a dirigirme la palabra en tu vida, Black.

Y dicho esto volvió a su dormitorio, ignorando las miradas que le dedicaban todos los que se encontraban en la Sala Común. Ahora solo tenía que encontrar la forma de explicarle a Lily que James iba a hacerle pasar vergüenza por su culpa.


Hola a todos ^^

Ay, Molly y Arthur son tan adorables :') Os juro que los adoro. Y Marlene y Sirius... Ains, si es que nunca debió hacer esa apuesta :( A ver qué pasa a partir de ahora.

Espero que os haya gustado el capítulo y, como siempre, dejad vuestras opiniones ;)

Muchos besos y nos leemos el martes,

María :)