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Tiempos oscuros — capítulo 20
Sirius fue directamente a buscar a su hermano a la mañana siguiente. Todavía no podía creerse que hubiera sido capaz de hacerle eso a Marlene. Cuando despertó a la rubia en la Sala Común y escuchó el relato completó tuvo que contenerse para no ir a por Regulus aquella misma mañana. Marlene estaba tan asustada… Ella intentaba disimular y mostrarse entera, pero él pudo leer todo el miedo en el fondo de sus ojos. Y, lo peor de todo, es que en lugar de abrazarla hasta que se calmara, de decirle que todo iría bien y que no permitiría que volvieran a tocarle un pelo como le apetecía, lo único que pudo hacer fue levantarse, decirle que se tranquilizara y recomendarle que se fuera a dormir antes de marcharse a su habitación. Pudo verla fruncir el ceño, se dio cuenta de cómo lo miró y sintió sus ojos clavados en su nuca mientras se alejaba. No podía arriesgarse a que le hicieran nada más, no podía permitirlo. Tenía que mantener las distancias y dejar que ella siguiera enfadada. Y Regulus y sus amiguitos iban a pagar por aquello.
Lo encontró saliendo de la biblioteca, acompañado de Dorcas. El menor de los Black no lo vio venir y no pudo evitar que su hermano lo cogiera del cuello de la camisa y lo estampara contra el muro más cercano.
-
¡¿Pero qué haces?! - Gritó.
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¡¿Cómo os habéis atrevido?! - Respondió él, fulminándolo con la mirada. - ¡Sé que fuisteis vosotros!
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No sé de qué me hablas. - Mintió. Claro que sabía lo que le pasaba a Sirius, en realidad llevaba esperando aquello desde el ataque. Le extrañaba que hubiera tardado tanto en ir a por él. - Suéltame.
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No pienso hacerlo, vais a pagar por esto, lo sabes.
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En cualquier momento puede pasar un profesor.
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Me da igual, esto es lo único que te mereces. - Tuvo que contener su rabia para no darle un puñetazo en ese mismo instante.
-
Sirius, ¿qué ocurre? - Se atrevió a preguntar entonces Dorcas, muy alarmada.
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Que te lo cuente él.
-
Dorcas, no…
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Díselo, cobarde. Dile lo que tus amiguitos y tú le habéis hecho a Marlene.
-
¿Marlene? - Abrió mucho los ojos, cada vez más asustada. - ¿Se encuentra bien? ¿Qué le ha pasado?
-
Que te lo diga él.
-
Dorcas, no le hagas caso. - Murmuró, empezando a angustiarse. No podía permitir que ella se enterara de aquello y creyera que era un monstruo, no quería que dejara de tener fe en él. Era la única que la conservaba, la única que creía en su redención y la salvación de su alma. - Yo no he hecho nada.
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Puede que no directamente, pero sé que has participado. ¿Quién sabe? Quizás incluso has sido tú quien ha ideado el plan, no me extrañaría tratándose de ti.
-
De verdad, Dorcas, yo no he hecho nada.
-
¡Deja de mentir! - Exclamó Sirius, cada vez más furioso. - Anoche atacaron a Marlene, la dejaron desmayada en medio de un pasillo solo por estar cerca de mí.
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¿Qué? - La Hufflepuff se quedó boquiabierta. ¿De verdad Regulus había hecho eso? Sabía que no era el mejor chico del mundo, pero tampoco se esperaba aquello o, al menos, no lo esperaba dentro del colegio.
-
No le hagas caso.
-
Dorcas, no mentiría en algo así. - Insistió el mayor. Apretó un poco más sus manos en su ropa e hizo de tripas corazón antes de seguir. - Solo te diré una cosa Regulus. Dejadla tranquila, no hay nada entre Marlene y yo, solo me acerqué a ella para ganar esa maldita apuesta, necesitaba que ella creyera que me importaba, pero realmente no me importa en absoluto.
-
Te estás tomando demasiadas molestias por alguien que ni siquiera te importa, ¿no te parece? - Replicó. Conocía a su hermano, podía intentar engañar a los demás, pero él sabía la verdad.
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No os atreváis a volver a tocarle ni un solo pelo porque puede que entonces yo no sea tan amable. - Lo soltó y se volvió parar mirar a la castaña, que los miraba con una mezcla de incredulidad, miedo y decepción. - No te acerques a él, Dorcas. Eres una buena chica, me caes bien y no quiero que acabes mal.
-
No puedes decidir por ella. - Murmuró Regulus.
-
No lo hago, solo le cuento qué ha pasado para que pueda ver cómo eres realmente. - Sonrió levemente y volvió a mirarla.
-
Eres demasiado buena. Hazme caso y aléjate por tu propia seguridad.
-
Dorcas, por favor…
Ella negó con la cabeza y la súplica murió en su boca. Se dio la vuelta y se marchó, seguida por el otro chico, y Regulus no pudo evitar suspirar. Quizás aquello había sido lo mejor. Un Black no suplicaba, no pedía, no rogaba, se mantenía siempre fuerte y él había estado a punto de olvidarlo todo por aquella chica. La vio girar el pasillo e intercambió una última mirada con Sirius. Él nunca había querido hacerle daño a Marlene, pero no había podido oponerse al plan, los demás habrían sospechado y él no podía permitir eso. Cerró los ojos, apoyó la espalda en la pared y suspiró con resignación. No le había gustado nada la forma en la que Dorcas lo había mirado. Por una vez le había mirado como lo que era, como lo que se sentía y eso le había partido el corazón.
Lily y Remus estudiaban en silencio en la biblioteca. Les encantaba ir juntos, compartir mesa y pasar las horas en silencio entre libros. A menudo la pelirroja sentía que él era el único que podía comprender por completo su pasión por los libros y su sed de conocimientos, ambos solían bromear diciendo que deberían haber acabado en Ravenclaw. Aunque ese día ambos estaban un poco más distraídos de lo habitual y no podían evitar mirar de reojo a la extraña pareja que intentaba hacer un trabajo un par de mesas a su derecha. Lily sabía que Severus no era un mal chico en el fondo, pero también que se había dejado influenciar mucho por sus compañeros y había acabado eligiendo el mal camino. Jamás podría perdonarle el que la hubiera llamado "sangre sucia" delante de todos sus compañeros y le inquietaba un poco la posibilidad de que le hiciera o dijera algo a la rubia. Con lo temperamental que era aquello podría terminar muy mal. Y, por mucho que le costara admitirlo, no quería que Severus sufriera ningún daño.
-
Tranquilízate, Lene se las puede apañar bien sola. - La voz de Remus la sobresaltó y no pudo evitar dar un pequeño bote que le provocó una sonrisa.
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Ya lo sé. - Murmuró. - Es solo que creo que, como él le diga algo, esto puede acabar muy mal.
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Se lo tendría merecido desde luego.
-
¿Tú estás trabajando bien con esa Slytherin? - Le preguntó, intentando cambiar un poco de tema. No se sentía cómoda hablando de lo que realmente opinaba de su antiguo amigo. Ni siquiera con Remus.
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Sí, solo me ha lanzado un par de pullitas sobre los mestizos. - Puso los ojos en blanco. - ¿Sirius y tú habéis empezado ya?
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No. - Lily suspiró. - Es imposible hacer nada con él. Intenté proponerle quedar el otro día, pero me respondió que "no aceptaba citas con las novias de sus amigos" y se marchó corriendo antes de que pudiera replicarle. Tenemos que entregarlo pronto, no sé qué hacer ya.
-
¿Por qué no me has pedido ayuda? - El chico sonrió y cerró su libro. - Vamos, recoge tus cosas. Vamos a hablar con él.
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¿Qué? - Negó con la cabeza. - Estamos estudiando y además...
-
Marlene estará bien, ya te lo he dicho. - Se levantó y enarcó una ceja. - Vamos, tenemos que arreglar esto como sea.
-
Está bien. - Asintió levemente y recogió sus cosas. - Pero no creo que ni siquiera tú puedas convencerlo, es un auténtico vago.
-
Tengo mis recursos. - Le guiñó un ojo y ambos sonrieron.
Salieron de la biblioteca tras intercambiar una última mirada de ánimo a Marlene y se dirigieron rápidamente hacia la Torre de Gryffindor. Cruzaron el retrato de la Dama Gorda, atravesaron el pequeño túnel y buscaron al pelinegro por toda la Sala Común, pero no lo encontraron. Sin embargo, vieron a Peter sentado en el sofá conversando con una chica de quinto.
- Odio tener que interrumpirle cuando está con la chica que le gusta, - Comentó Remus, contestando de esta forma a la pregunta que la pelirroja le estaba haciendo con la mirada. - pero tengo que saber si él ha visto a Sirius. No tardo, espérame aquí.
Ella asintió y sonrió sin poder evitarlo. Qué calladito se lo tenía Peter. Observó a la chica durante unos instantes, tratando de recordar su nombre o cualquier cosa sobre ella, pero no lo consiguió. Debía ser una chica bastante tranquila, conocía - como buena prefecta que era - a la mayoría de alumnos destacables (tanto para bien como para mal) y ella no le sonaba. Esperaba que las cosas le salieran bien a Peter, era un buen chico, algo tímido e inseguro, y estaba convencida de que salir con esa chica sería bueno para su autoestima.
-
Peter, ¿has visto a Sirius? - Le preguntó Remus, disculpándose con la mirada. - No quiere ponerse a hacer el trabajo con Lily y la está esquivando así que no me queda más remedio que intervenir.
-
Está en el dormitorio, no ha salido en todo el día pero no nos ha querido decir ni a James ni a mí qué le pasa. - Respondió, encogiéndose de hombros. - Quizás tú tengas más suerte.
-
A saber qué le habrá pasado.
-
Estará triste porque Marlene no le habla desde lo de la apuesta. - Sugirió. Le daba un poco de pena su amigo. Sabía que sentía más cosas de las que decía por Marlene (tenía ojos en la cara, no era estúpido) y le daba mucha pena que todo se hubiera ido al traste de esa manera, aunque podía entender a la chica. James y Sirius jamás debieron hacer esa apuesta.
-
Puede ser. - Él asintió. - Voy a subir a verlo. Pasadlo bien.
-
Gracias, Rem. Hasta luego.
Se volvió y le hizo un gesto a Lily, que se acercó a él rápidamente.
-
¿Y bien?
-
Está en el cuarto, vamos.
-
¿A vuestro dormitorio? - Se puso completamente roja sin poder evitarlo y el chico no pudo evitar estallar en carcajadas.
-
Claro, venga. ¿Nunca has subido al dormitorio de ningún chico?
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Obviamente no. - Respondió. - Soy prefecta, conozco las reglas a la perfección y tú también.
-
¿Qué más da, Lils? - La cogió el brazo y empezó a andar, tirando de ella. - Una vez es una vez.
-
Cualquier día te quitarán la chapa. - Masculló ella, siguiéndolo con resignación.
-
¿Con mi cara de no haber roto nunca ni un solo plato? - Negó con la cabeza. - No te lo crees ni tú. Todos los profesores me adoran, especialmente Dumbledore y McGonagall.
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Eso es lo que crees tú. - Lily sonrió de medio lado.
-
Cuando quieras hacemos la prueba. - Dijo, aunque sabía de sobra que tenía razón. Ya se había librado de varios castigos cargándole el muerto a Sirius y James solo con un pequeño gesto y un "yo ya no sé qué hacer con ellos". Tenía la sensación de que el director no terminaba de creérselo, pero aún así siempre le dejaba salirse con la suya.
Se detuvieron finalmente delante del dormitorio de los chicos de sexto. Remus pegó, abrió y asomó la cabeza para comprobar que la pelirroja podía pasar.
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¿Qué pasa, Lunático? - Le preguntó Sirius desde la cama.
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Que eres un irresponsable. Eso es lo que pasa. - Se giró e hizo un gesto a la chica. - Lily tiene algo que decirte.
-
¿Otra vez vienes a proponerme una cita, Evans? - El mayor de los Black se incorporó y se apoyó en los codos. Le dedicó una media sonrisa y ella puso los ojos en blanco. - Ya te he dicho que no puedo hacerle eso a James, el pobre sufriría una depresión. No es que nunca le haya advertido que esto podía pasar, pero aún así sería muy duro para él.
-
No es eso…
-
No intentes disimular ahora. - La cortó. - Yo sé que soy irresistible, pero piensa un poco en James.
-
Black, en serio.
-
¿Que estás loquita por mí en serio?
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¡Tenemos que hacer ese maldito trabajo! - Exclamó, exasperada. - Todo el mundo lo tiene ya, al menos, empezado y algunos, incluso, terminado y nosotros aún no hemos hecho nada porque es imposible hablar contigo.
-
Venga, Evans, no te agobies, todavía hay tiempo.
-
Canuto, - Remus se acercó a él y bajó el tono de voz. - ¿recuerdas cuando el año pasado James y tú estuvisteis por la noche volando por todo el castillo y acabasteis tirándoos de la Torre de Astronomía?
-
No serás capaz. - Lo miró con los ojos muy abiertos. - ¡Lunático, eres nuestro amigo!
-
Y por eso mismo lo hago: si no haces ese trabajo, te suspenderán. - Sonrió y se cruzó de brazos. - Lily y tú lo haréis muy bien.
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¿De verdad lo contarías si me negara? - Le preguntó, todavía incapaz de creérselo del todo.
-
Con pelos y señales. Todo depende de ti.
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Eres un maldito traidor. - Negó con la cabeza, pero se levantó de la cama. - ¿Cuándo te viene bien, Evans?
-
Mañana después de comer tengo hora libre.
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Perfecto pues. - Volvió a sonreír con chulería y Lily fue capaz de adivinar su comentario antes de que lo pronunciara siquiera. - Aunque tú tendrás que explicarle a James que estás loquita por mí.
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Quizás así me deje en paz. - La pelirroja negó con la cabeza. - Os dejo ya tranquilos, voy a ver cómo le está yendo a Marlene con Severus.
Sirius tuvo que morderse la lengua para no decirle que iba con ella o preguntarle cómo les estaba yendo. Tenía que mantener las distancias con ella, aunque no podía evitar preocuparse, especialmente después del ataque. Seguro que Quejicus también había estado involucrado, ¿y si aprovechaba para hacerle algo mientras hacían el trabajo? Debería coger la capa de invisibilidad de James sin que este se diera cuenta e ir a echarle un ojo.
Lily salió del dormitorio y él se dirigió de nuevo hacia su cama.
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¿Mal de amores?
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¿Eh?
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Venga, estás así porque Marlene está enfada contigo. - Remus se apoyó en el poste de la cama y se encogió de hombros. - Nos conocemos, Canuto.
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No digas tonterías, solo me acerqué a ella por la apuesta.
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Ya, claro, eso será. - El castaño a duras penas lograba contener la risa. Por mucho que lo negaran sabía que sentían cosas el uno por el otro y que tarde o temprano tendrían que admitirlo.