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Tiempos oscuros — capítulo 22
El tiempo fue pasando y, casi sin darse cuenta, llegó diciembre y con este mes la esperada fiesta de Navidad del profesor Slughorn. El hombre solo invitaba a los mejores alumnos: los que procedían de mejores familias y, sobre todo, los más inteligentes. Y eso, por supuesto, incluía a Lily Evans y Remus Lupin. Y algunas veces, como aquella, a Marlene McKinnon. Lo mejor de la fiesta era, sin lugar a dudas, la posibilidad de llevar un acompañante. Nadie quería perdérsela así que las insinuaciones y los comentarios con dobles intenciones estaban a la orden del día durante aquella semana.
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Venga, ¿pero qué os cuesta decir que Sirius va como vuestro invitado? - Remus miró a sus dos amigas con cara de pena. Estaban los tres en la Sala Común de Gryffindor, sentados junto a una ventana y tomando un chocolate caliente.
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Ni siquiera nos hablamos. - Contestó Marlene, enarcando una ceja. - Además, siempre ha sido un plasta. ¿Por qué quieres que vaya?
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Es mi amigo y tiene muchas ganas de ir.
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Pues que se ligue a alguna chica, hay muchas invitadas. - Replicó la rubia.
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Ninguna de ellas es tonta. - Puso los ojos en blanco. - Atarán cabos en seguida.
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Que se aguante entonces.
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Lily, por favor. - Le pidió. - Al final os fue muy bien con el trabajo.
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No sé, Remus…
La pelirroja suspiró. Remus les había pedido aquello como un favor personal, pero tanto ella como Marlene se habían negado en rotundo a dejar que Potter o Black las acompañaran a la fiesta. Les había dicho que solo necesitaba la invitación de una de ellas - Peter iba con la chica con la que estaba viéndose y él llevaría al que ellas no quisieran -, pero ni aún así aceptaban. Aunque el castaño tenía razón al decir que al final les había ido bastante bien con el trabajo. Habían sacado buena nota y habían trabajado sin problemas. Incluso Lily se atrevería a decir que había descubierto un lado hasta ahora desconocido de Sirius y que incluso se había dado cuenta de que ambos tenían algunas cosas en común.
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Haré todo lo que me pidas si lo haces, Lils. - Insistió al ver cómo titubeaba. - Venga, hazlo por mí.
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Está bien. - Accedió finalmente. - Pero solo porque al final no me fue tan mal con él y porque eres tú.
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Qué fuerte me parece esto… - Marlene negó con la cabeza.
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Venga, Lene, te prometo que no te molestara. No sé por qué tienes tanto interés en que no venga, últimamente te está dejando tranquila.
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Sí, claro, algo es algo. - Forzó una sonrisa. Eso era lo que más le molestaba: Sirius ya ni siquiera la miraba. Después de lo que había pasado durante el mes de octubre creyó que él lucharía un poco e intentaría que se le pasara el enfado, pero no había sido así. Y lo peor era que estaba segura que todo eso estaba relacionado con el ataque que había sufrido la noche de Halloween. Estaba casi segura de que lo hacía para protegerla, pero tampoco había podido preguntárselo porque, cada vez que intentaba acercarse a él, salía corriendo. - Por cierto, sabes que James te va a matar por conseguirle una cita a Sirius con Lily no a él, ¿verdad?
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Ya me las apañaré. - Se encogió de hombros y sonrió. - Al menos he conseguido que todos vayamos a la fiesta.
El día por fin llegó y Lily y Marlene esperaban a los chicos en la Sala Común, un poco nerviosas. La pelirroja todavía se preguntaba si aquello era realmente una buena idea, pero ya no podía echarse atrás. Los tres chicos no tardaron en aparecer por las escaleras, vestidos con camisa y pantalones de vestir.
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Ya era hora. - Dijo Lily, poniendo los ojos en blanco. Se puso de pie y estiró su vestido verde esmeralda y James estuvo a punto de caerse por las escaleras. - ¿Potter estás bien?
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Joder, Evans, ya sabía yo que esto era una cita. - Consiguió decir, tras tragar saliva, dedicándole una media sonrisa.
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¿Remus no te ha dicho que no vienes conmigo? - Enarcó una ceja.
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Sé que lo ha dicho solo por disimular. - Se acercó a ella y le tendió la mano, pero Lily negó con la cabeza.
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No, no lo ha hecho. - Miró al mayor de los Black y sonrió. - Voy con Black.
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Lo siento, Cornamenta, te dije que al final la pelirroja acabaría rendida a mis encantos. - Se encogió de hombros y sonrió con chulería. - Unas cuantas horas haciendo un trabajo conmigo y ya he conseguido más que tú en seis años.
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¿El amor de mi vida y mi mejor amigo? - El pelinegro se llevó una mano de forma dramática al pecho e hizo una mueca de dolor. - ¡Qué gran traición! ¿Cómo voy a poder soportarlo?
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Corta el rollo. - Remus negó con la cabeza.
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Todavía podemos dejaros aquí, no lo olvidéis.
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Evans no me haría eso, ¿verdad? - Sirius pasó un brazo sobre los hombros de la chica, que lo apartó mientras enarcaba una ceja y le dedicaba una mirada de desaprobación.
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No lo tengas tan seguro, Black.
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¡Entonces yo podría ir contigo! - Exclamó James. - Si no vas con Sirius…
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Voy con él. - Lily suspiró. Sabía que aquello iba a ser desastre, ¿por qué se dejó convencer?
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¿Lo ves?
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Tú lo has querido. - El chico carraspeó y se volvió hacia Marlene, que lo miró con cierta desconfianza. - McKinnon, ¿vas sola?
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¿Por?
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Porque ya tienes pareja. - La agarró del brazo y sonrió.
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¿Qué? - Lo miró con los ojos muy abiertos, como si acabara de volverse loco y él lanzó una carcajada.
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Sí, lo sé, vas a ser la más envidiada de toda la fiesta.
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Ya, quizás en tus sueños. - Se soltó y negó con la cabeza. - ¿No se suponía que tú ibas a ir con Remus?
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Sí, pero no podemos dejar que Sirius y Evans nos eclipsen. - Insistió. - Donde las dan las toman y, si él va con ella, yo voy contigo.
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Conclusión: al final el único que va solo soy yo. - Remus negó con la cabeza. - Llego a saberlo y, ni os invito, ni os busco pareja.
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Venga, no te lo tomes a mal, Lunático. - Sirius sonrió. - Los colegas antes que las chicas, no vamos a dejarte tirado.
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Claro, iremos los cinco juntos. - Añadió James. - Seguro que a las chicas no les importa.
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Las "chicas" iban a ir con Remus desde un principio. - Replicó Lily, poniendo los ojos en blanco. - En cualquier caso, ambas somos su pareja y sois vosotros quienes vais solos.
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¿Qué os hemos hecho para que nos tratéis así?
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Si contestara a esa pregunta, no llegaríamos a la fiesta. - La pelirroja negó con la cabeza. - Anda, vámonos antes de que termine de arrepentirme.
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Sí, será lo mejor. - Asintió Marlene.
Las dos se dirigieron hacia la salida de la sala y los tres chicos se apresuraron detrás de ellas, dispuestos a pasar una buena fiesta.
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Señor Black, señor Potter, ¿qué hacen ustedes aquí? - El profesor Slughnor abrió mucho los ojos al verlos entrar en su fiesta. - No tengo nada en su contra, pero no creo haberles invitado.
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Y no lo hizo profesor, pero venimos con ellas, ¿verdad Evans? - Respondió Sirius, sonriendo ampliamente y pasando un brazo alrededor de la cintura de la pelirroja.
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Sí, profesor. - Contestó la chica, apartando la mano de él y fingiendo una sonrisa.
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¿En serio, señorita Evans? - Preguntó, sorprendido.
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Sí, profesor. - Repitió ella con un suspiro.
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¿Y usted, señor Potter, viene con la señorita McKinnon? - Le preguntó ahora al otro, todavía sorprendido.
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Exactamente. - James sonrió.
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No sabía que eran amigos.
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No lo somos. - Murmuró Marlene por lo bajo.
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Es que Remus no podía dejarnos atrás, ¿verdad?
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Oh, claro. - El hombre asintió. Ahora todo encajaba. Sabía que los tres chicos eran buenos amigos (aunque no entendía cómo o por qué) y probablemente él habría convencido a las chicas para que los llevaran a la fiesta como sus acompañantes. - Pasadlo bien entonces y, por favor, comportaos. Este es un evento muy selecto y no toleraré vuestro comportamiento habitual. ¿Todo claro?
Los cinco asintieron y el hombre se marchó, murmurando por lo bajo que aquello iba a ser un desastre y tendría que plantearse la permanencia de los tres chicos en su selecto club.
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Genial, por vuestra culpa nos van a echar del Club Slug. - Lily bufó un poco. - Estaréis contentos.
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Por favor, Evans, ese hombre está coladito por ti. - Sirius lanzó una carcajada. - Es casi menos disimulado que James.
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Y mira que eso es difícil. - El castaño sonrió al ver la cara de fastidio de la chica. - Venga, Lils, un poco de razón sí que tiene.
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Sí, te adora desde que preparaste tu primera poción. - Añadió Marlene. - Si alguien tiene su sitio asegurado en este club, eres tú.
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Bueno, ya veremos, pero como me echen por vuestra culpa… - No pudo terminar la frase. Al ver las caras de los dos chicos no pudo evitar lanzar una carcajada a la que en seguida los demás se unieron. A lo mejor la noche no acababa tan mal.
Regulus Black observaba a los invitados a la fiesta de manera distraída. Severus y él estaban en una esquina, los dos solos. A ninguno se le daba bien relacionarse con gente que no conocían bien y se sentían más cómodos ahí que siendo el centro de atención. El menor de los Black se había sorprendido al ver llegar a su hermano acompañado de Evans y McKinnon, pero supuso que Lupin tendría la culpa de aquello. No podía librarse de él ni en esas reuniones. Además, desde que Severus había visto la forma en la que había agarrado a la sangre sucia pelirroja por la cintura no les quitaba el ojo de encima y había dejado de darle conversación por lo que había comenzado a aburrirse bastante. Esperaría media hora más o menos y después se iría.
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¿Pero desde cuándo Lily se lleva tan bien con ellos? - Murmuró el mayor de los dos chicos con un tono exasperado. - Siempre dijo que no eran más que unos niñatos infantiles, ¿por qué ha venido con ellos?
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Deja de preocuparte por ella, Sev. - Regulus se encogió de hombros. - No es más que una sangre sucia, los demás están ya hartos de repetírtelo. Si el Lord llegara a enterarse…
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No lo hará. - Lo cortó. - Pero, míralos. ¿Por qué se está riendo tanto con él?
Desvió la mirada hacia ellos y comprobó, no sin cierta sorpresa, que efectivamente la pelirroja charlaba con Sirius y reía sin parar.
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No sé. - Negó con la cabeza y suspiró. ¿Pero por qué su hermano se arriesgaba tanto? Se estaba poniendo demasiado en el punto de mira. Una cosa era ser un traidor y estar liado con una mestiza y otra muy distinta relacionarse tan a la ligera con una sangre sucia. - Supongo que los traidores y los sangre sucia están hechos los unos para los otros.
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Me entran ganas de darle un puñetazo y alejarlo de ella. - Masculló por lo bajo. - Ese salvaje y estúpido que lo único que sabe hacer es meterse con los demás…
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Severus, tranquilízate.
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Lo intento, pero es muy difícil. - Apretó los nudillos con fuerza y lo notó tensarse por completo cuando su mirada se cruzó con la del otro chico. - Esos estúpidos lo pagarán algún día.
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¿Y Quejicus qué mira tanto? - Preguntó Sirius, sin apartar la vista de él. Los otros cuatro se giraron para mirarlo y Lily apretó los labios.
-
Debe preguntarse qué hago aquí con vosotros. - Confesó.
-
Somos mejor compañía que él, no debería extrañarse. - El mayor de los Black negó con la cabeza. - Y a saber qué le estará diciendo a mi hermano.
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Sirius. - James le dedicó una mirada de advertencia. No era el momento ni el lugar.
Siguieron mirándose unos instantes y entonces Sirius leyó en los labios de Regulus aquellas dos palabras que había escuchado millones de veces durante su infancia y adolescencia. Pero aquella vez todo fue distinto. Sabía que se estaba refiriendo a Evans y no podía permitirlo. La chica le caía bien - mientras hacían el trabajo habían empezado a hablar de unas cosas y otras y habían acabado hablando de los problemas que ambos tenían con sus respectivos hermanos - y no iba a permitir que nadie la insultara en sus narices.
-
¡Regulus!
-
¡Sirius, no!
Lily, que también se había percatado de lo que estaba pasando, trató de detenerlo, pero no pudo agarrarlo a tiempo y vio, impotente cómo se acercaba a su hermano y lo agarraba del brazo. Lo sacó de la sala y todos, incluido Snape, los siguieron fuera.
-
¡Qué sea la última vez que te refieres a ella de esa forma! - Exclamó, sacando su varita y clavándosela en la garganta.
-
¿Disculpa? No sé a qué te refieres. - Contestó él con fingido asombro.
-
Te he visto y te he escuchado desde lejos, la has llamado sangre sucia, Regulus. No te hagas el tonto.
-
Bueno, es lo que es, ¿no? - Enarcó una ceja y desvió la mirada hacia ella, que negaba con la cabeza y lo miraba con cierto desprecio.
-
Eres un capullo. - Intervino Marlene.
-
Ya, bueno, es la marca de los Black. - Lanzó una carcajada aunque estuvo a punto de atragantarse al notar que su hermano ejercía un poco más de presión. - Sirius, suéltame de una maldita vez.
-
¿Vas a volver a llamarla así?
-
Sabes mi respuesta. - Lo miró fijamente a los ojos y el chico vio en el fondo de ellos que realmente no quería aquello, pero que lo obligaban a hacerlo.
-
Eres un cobarde.
-
Y tú un traidor.
-
Creo que lo tuyo es peor.
-
Por última vez, suéltame.
Regulus forcejeó un poco con su hermano y, sin querer, la manga de su camisa se levantó un poco, dejando a la vista la marca tenebrosa. Sirius, retrocedió, horrorizado y paseó la mirada entre el antebrazo y el rostro aterrorizado de su hermano pequeño. Los demás estaban mudos y no sabían qué hacer. Los Gryffindor acababan de descubrir que Regulus Black era, oficialmente, un mortífago y Severus Snape acababa de ver cómo se descubría el secreto mejor guardado de uno de sus mejores amigos.
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¿Cuándo? - Murmuró tras titubear unos instantes.
-
Alguien tenía que limpiar el nombre de la familia cuando te marchaste. - Susurró, apartando la mirada. Se bajó la camisa y negó con la cabeza. - Tengo que irme.
Salió corriendo por el pasillo, seguido de Snape. El mayor de los Black se quedó con la mirada fija en la pared. Le costaba mucho respirar debido a las miles de emociones que se arremolinaban en su interior. Su hermano era ya un mortífago y todo era por su culpa, porque él se marchó, porque él puso a su familia en un aprieto y Regulus tuvo que dar la cara. Era su culpa, era únicamente su culpa.
- Sirius…
No dejó que James lo tocara. Se hizo a un lado, esquivando su mano, y negó con la cabeza.
-
No digáis nada de esto. - Murmuró.
-
Sirius, tenemos que…
-
No digáis nada. - Cortó ahora a Remus. - Necesito estar solo y pensar.
Empezó a correr, alejándose de allí, con el corazón casi parado y todavía con las emociones a flor de piel. Tenía ganas de vomitar, de arrancarle esa marca a su hermano y de quemar la casa de su familia con sus padres dentro. ¿Cómo habían podido obligarlo a hacer aquello? ¡Regulus era un maldito crío! Y todo era su culpa. Necesitaba estar solo y poder desahogarse, no quería ver a los demás ni que le dijeran lo que ya sabía: que tenían que hacer algo, denunciar al chico y avisar a las autoridades pertinentes o al director. No podría hacerlo, no podría mandar a su hermano a Azkaban por mucho que los demás insistieran, por mucho que fingieran odiarse. Hoy se había dado cuenta de que a él le pasaba igual, lo había visto en su mirada, lo había descubierto en el tono de su voz. Regulus solo fingía despreciarlo y tenía las mismas ganas que él de ser los dos buenos hermanos que siempre fueron de pequeños.
Necesitaba salir de allí y poner en orden sus ideas. Aquello era únicamente su culpa, jamás debió rebelarse, jamás debió hacer que su hermano pequeño ocupase su lugar.
Los demás lo vieron marcharse en silencio, conscientes de que necesitaba estar solo, pero cierta rubia no estaba dispuesta a abandonarlo en su peor momento.
- ¡Sirius!
Marlene no lo pensó dos veces. Se quitó los tacones, dejándolos tirados en medio del pasillo, y echó a correr tras él hacia la torre.
Hola :)
Lo sé, he estado muy desaparecida, pero es que los exámenes no me dejaban apenas tiempo y se llevaron mi inspiración para esta historia, ¡pero ya he vuelto! :)
Actualizaré martes y viernes a partir de ahora así que nos leemos el viernes para ver cómo termina esta situación :/ (Mi pobre Sirius... :()
Muchos besos,
María :)