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Tiempos oscuros — capítulo 23
Sirius no se detuvo a pesar de escuchar la voz de Marlene llamándolo. Aceleró el paso, intentando alejarse de ella, pero la chica no estaba dispuesta a rendirse. Lo siguió hasta la Torre de Gryffindor y lo alcanzó justo cuando le decía la contraseña al retrato de la Dama Gorda.
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Sirius…
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Quiero estar solo, Marlene. - Murmuró, con la vista fija en el pasadizo. - Vuelve a la fiesta.
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No pienso ir a ningún lado sin ti. - Respondió ella, también en voz baja. Cuando sus ojos se encontraron, ella se encogió de hombros y sonrió levemente. - Venga, entremos. Lo mejor será que te sientes e intentes relajarte.
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Eso lo veo bastante difícil…
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Ya lo sé.
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No, Marlene, no lo sabes. No entiendes lo que estoy sintiendo ahora mismo, no tienes ni idea.
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Solo quiero ayudarte.
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No puedes hacerlo. - Negó con la cabeza.
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¿Por qué? - Preguntó. - Sirius, déjame…
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No. Tú nunca te has sentido nunca así y no quiero que lo hagas. - La cortó antes de que pudiera añadir nada. - Vuelve a la fiesta con los demás, pasadlo bien.
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No quiero volver a esa estúpida reunión de empollones y niños pijos. - Replicó, un poco molesta.
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Pues deberías hacerlo.
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Pues no porque quiero quedarme aquí contigo.
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¿Por qué? Se supone que estás enfadada conmigo.
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¡Porque en el fondo me importas, gilipollas! - Le gritó. - No pienso dejarte solo así, no voy a dejar que te comas la cabeza, ni que te encierres en ti mismo por esto.
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¿Por esto? - Abrió mucho los ojos y la miró ofendido. - ¡Oh, claro! Supongo que el hecho de que mi hermano pequeño sea un mortífago no es suficiente.
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¡No digas eso! - Corrió hacia él y le tapó la boca con la mano antes de bajar el tono de voz. - Cualquiera podría haberte escuchado, ¿quieres que todos lo sepan?
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Da igual, Marlene. - Le retiró la mano y bajó la mirada, conteniendo las lágrimas a duras penas. - Tendremos que denunciarlo.
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Eso te mataría. - Ella negó con la cabeza.
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No pienses ahora en eso. De momento vamos a guardar todos el secreto, yo me encargaré de que los demás no digan nada, y después ya veremos.
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¿Mentiríais por mí?
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Claro. - La rubia asintió y le dedicó una cálida sonrisa. - Superaremos esto juntos.
Sirius asintió lentamente y ella aprovechó aquel momento de debilidad para cogerlo de la mano y obligarlo a entrar en la Sala Común. Lo llevó hasta uno de los sofás e hizo que se sentara antes de conjurar un muffliato y tumbarse, con la cabeza apoyada sobre el regazo de él.
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No puedo creerme que sea ya uno de ellos… - Murmuró él entonces, comenzando a acariciar con delicadeza su pelo. - Sabía que se convertiría en uno, que esto era cuestión de tiempo, pero no me lo esperaba. Ha sido como un jarro de agua fría.
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Lo sé.
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Es un crío, es solo un maldito crío. Solo tiene quince años, ¿cómo han podido obligarle a hacer eso?
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Sabes que no es tu culpa, ¿verdad? - Murmuró ella.
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Claro que lo es, Marlene. - Sirius suspiró y le apartó un mechón de pelo de la frente. - Si yo no me hubiera ido, él no habría tenido que ocupar mi lugar, no hubiera tenido que limpiar el buen nombre de los Black. Seguro que la loca de mi madre y la psicópata de mi prima Bellatrix lo obligaron. Tendría que haberlo traído conmigo.
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Él no eres tú, Sirius. - Respondió la rubia. - No se habría atrevido a desafiar a vuestros padres, él nunca fue tan valiente, nunca se atrevió a cuestionarse las cosas. Para él el apellido era importante.
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Debí salvarlo, pero ya es muy tarde.
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No lo des todo por perdido, todavía podemos hacer algo. - Trató de consolarlo ella. - Quizás podamos traerlo de vuelta del lado oscuro.
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Una vez firmas con Voldemort, dudo mucho que puedas volver atrás. La única salida es la muerte.
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No me gusta rendirme y supuse que a ti tampoco. - Se encogió de hombros y sonrió. - No van a salirse con la suya, encontraremos la solución.
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¿No te preocupa? - Le preguntó Sirius, mirándola con preocupación.
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¿Qué?
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Todo esto. - Suspiró. - Sé que eres muy valiente, pero no deberías estar aquí conmigo. Te estás arriesgando demasiado, pero creo que eso ya lo sabes, ¿no, Marlene?
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Me da igual.
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Ya terminaste mal una vez por mi culpa, no quiero que vuelva a pasarte nada.
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Por eso has estado tan distante, ¿verdad? - Se atrevió a preguntarle. - Por lo que me hicieron.
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No podía permitir que volvieran a dañarte.
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Acarició su mejilla con delicadeza y ella cerró los ojos y suspiró. - Además, tú ya estabas enfadada conmigo, supuse que lo mejor sería dejar las cosas así.
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No me da miedo lo que puedan hacerme una panda de futuros mortífagos. - Murmuró. - Y no debiste darles esa satisfacción en ningún momento.
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Creía que me odiabas, Marlene.
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No, jamás podría odiarte. - Confesó antes de volver a suspirar y abrir los ojos. Él la miraba sin saber muy bien qué decir y ella volvió a sonreír levemente. - Me molestó muchísimo lo de la apuesta, pero si nos hubiéramos sentado a hablar…
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Lo siento, fui un completo imbécil, pero sabes que todo lo que pasó durante aquellos meses fue real, ¿verdad? - Acarició su pelo y se acercó un poco a ella. - Nunca jugué contigo, Marlene. Jamás me habría podido perdonar hacerlo y dudo mucho que pueda perdonarme alguna vez el haberte hecho daño.
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Olvidémoslo y ya está.
Marlene sonrió y Sirius no lo pensó. Terminó de acercarse a ella y rozó sus labios con dulzura. Apoyó la mano libre en su espalda y la incorporó un poco mientras con la otra seguía acariciando su pelo. Ella se aferró al cuello de su camisa y profundizó el beso mientras cerraba los ojos.
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Nada de apuestas, ni de cosas por el estilo, ¿verdad? - Le preguntó, casi sin separarse de él.
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Verdad. - El chico sonrió levemente y volvió a besarla. - Prométeme que no volveré a encontrarte inconsciente nunca más.
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No puedo prometerte eso, no es algo que yo pueda elegir. - Murmuró. - Pero mientras nadie se entere…
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Nadie va a saber esto. - Volvió a besarla con pasión. La mantendría a salvo costara lo que costara. Ya había cometido el error de mostrarse demasiado cercano a ella una vez, no lo cometería dos veces. Jamás permitiría que esos asquerosos mortífagos llegaran hasta ella. - Estarás a salvo, te lo prometo.
Siguieron besándose durante un rato, entre caricias y sonrisas, hasta que la rubia se quedó dormida, todavía apoyada en su regazo. Sirius volvió a acariciar entonces su pelo y a sumirse en sus pensamientos. Tenía que encontrar soluciones para demasiadas cosas: tenía que encontrar la forma de salvar a Regulus - o, al menos, de conseguir que no le hiciera daño a nadie - y, además, debía mantener a Marlene a salvo. Recordó el momento en el que encontró a la chica inconsciente en medio de un pasillo y sintió una fuerte punzada en su estómago. La miró unos instantes - tan tranquila, tan serena y ajena al mundo exterior mientras dormía - y se prometió que haría todo lo que estuviera en su mano para mantener a su familia y a cualquier otro mortífago alejado de ella.
Remus, Lily y James llegaron a la Sala Común un rato más tarde. Se habían quedado ayudando al profesor a recoger el despacho
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según el pelinegro, los otros dos eran unos auténticos pelotas que solo querían que el profesor les pusiera un Extraodinario - y habían sido los últimos en marcharse.
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¿Crees que Colagusano habrá llegado al dormitorio o estará por ahí dándose el lote con esa chica? - Le preguntó James a Remus en voz baja mientras atravesaban la puerta.
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Ya los he visto muy acaramelados así que, ¿quién sabe? - Respondió él, tratando de contener la risa a duras penas. - Hacen muy buena pareja, ¿no te parece?
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Sí, la verdad es que sí.
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Chicos, mirad. - Lily los interrumpió y ellos la miraron extrañados. Señaló al sofá y ambos abrieron mucho los ojos al ver a Marlene dormida en el regazo de Sirius, que dormía con un mano enterrada en la melena rubia de la chica. - Vaya…
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Otros que hacen buena pareja. - Remus sonrió. - Esto es solo cuestión de tiempo.
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Desde luego. - James también sonrió. - ¿Quién iba a decirnos que Canuto era un cursi en el fondo? Míralos, están durmiendo tan tranquilos con la ropa en su sitio y todo.
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No seas malo, Potter. - La pelirroja puso los ojos en blanco. - ¿Creéis que hay algo entre ellos?
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Si no lo hay, lo habrá, aunque yo ya sospechaba algo. - Contestó el castaño.
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¿Crees que estuvieron liados y por eso dejaron de hablarse? - El pelinegro frunció el ceño y su amigo se encogió de hombros.
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Quizás, no lo sé.
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Es una posibilidad. - Añadió Lily. - Yo sospechaba que Marlene se estaba viendo con alguien.
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Qué fuerte, ¿cómo no hemos podido enterarnos? - James bufó y los otros dos tuvieron que contener una carcajada.
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Van a quedarse helados, pero me da muchísima pena despertarlos. - Murmuró la chica. - Voy a subir a por una manta.
Los dos asintieron y esperaron hasta que ella volvió con una manta roja. Cubrió a Marlene con ella y suspiró. A pesar de que Sirius podía ser un poco idiota, no era mal niño y le parecía que los dos juntos eran adorables.
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Lo mejor será que nosotros también nos vayamos a dormir.
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Te podemos hacer un hueco si quieres, pelirroja…
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No te emociones, Potter. - Contestó, arrugando la nariz lo que le arrancó una sonrisa al chico.
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Tenía que intentarlo, Evans.
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Mañana nos veremos.
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Descansa, Lily.
La pelirroja se dirigió hacia la habitación de las chicas y los otros dos, tras dedicarle una última mirada a la pareja, subieron también a su dormitorio.
Cuando Sirius despertó ya había gente en la Sala Común. Se frotó los ojos y bostezó, tratando de ignorar las miradas poco disimuladas de sus compañeros.
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Marlene… - Agitó su brazo levemente y la rubia se removió un poco con el ceño fruncido. - Venga, Marlene, es hora de levantarse.
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¿Qué…? - La rubia abrió los ojos y, al darse cuenta de dónde estaba, se puso completamente roja. - Oh, mierda. Me quedé dormida.
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Yo también. - Él lanzó una pequeña carcajada y ella sonrió al verlo tan animado. - Buenos días, por cierto, Marlene.
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Buenos días, Sirius. - Miró la manta y frunció el ceño. - Creo que Lily y los chicos nos vieron anoche.
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Tendríamos que decirles algo, ¿no? Deberíamos inventar algo.
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Les diremos la verdad. - Marlene se sentó y se encogió de hombros. - Tú estabas muy nervioso y estuvimos hablando.
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¿Solo pasó eso? - Él la miró con una ceja enarcada.
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Para ellos sí, no les incumbe nada más. - Respondió antes de guiñarle el ojo. - También deberíamos hablar sobre lo de Regulus.
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Sí. - Él suspiró. - ¿Traes a Evans a nuestro dormitorio?
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Estaré allí en cinco minutos.
Se puso de pie y subió corriendo, con la manta de su amiga sobre los hombros. Cuando abrió la puerta del dormitorio, Lily estaba terminando de vestirse y la miró con una mirada pícara, conteniendo la risa a duras penas.
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Buenos días, señora Black. - La saludó.
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Muy graciosa. - Puso los ojos en blanco. - Me quedé dormida hablando con él, ¿vale? No te hagas ideas raras.
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Me parece muy fuerte que no me lo cuentes, ¡soy tu mejor amiga!
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Lils, en serio, Sirius estaba muy nervioso y estuvimos hablando hasta tarde. Nos quedamos dormidos en medio de la conversación, pero no pasó nada más. - Mintió, manteniéndole la mirada.
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Claro, lo que tú digas. - Negó con la cabeza. Si Marlene se empeñaba en creer aquello, ella no era nadie para contradecirla.
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Tienes que venir conmigo un momento a la habitación de los chicos. - Dijo entonces. - Tenemos que hablar de lo que pasó anoche.
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Vale. - Lily suspiró. Sabía que tendrían que ponerse de acuerdo y decidir qué hacer, aunque ella lo tenía claro. - Cámbiate si quieres y vamos.
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Sí, tardo solo dos minutos.
La rubia se quitó el vestido y se puso unos vaqueros y un jersey rápidamente y las dos se dirigieron hacia el dormitorio de los Merodeadores. Se detuvieron en la puerta y pegaron antes de entrar.
- Pasad, os estamos esperando. - Dijo la voz de Sirius desde dentro.
Abrieron y pasaron al dormitorio. Remus, James y Peter estaban en pijamas, sentados en sus respectivas camas, y Sirius llevaba todavía la ropa de la noche anterior y daba vueltas de un lado a otro.
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Me alegra que por fin estemos todos. - Empezó a decir, finalmente. - Quería pediros a todos un favor.
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No podemos encubrir a Regulus. - Lo cortó Remus antes de que pudiera decir nada más. - Lo siento, Sirius, sabemos que es tu hermano, pero no podemos hacerlo.
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Dadme un tiempo, quizás pueda hablar con él, quizás… - Negó con la cabeza. Sabía que sería imposible alejarlo de las filas de ese despreciable, pero necesitaba ganar tiempo. - Si lo denunciáis lo expulsarán y acabará en Azkaban.
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Venga, chicos, es solo un crío. - Intervino Marlene. - No es peligroso.
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Es un mortífago, Marlene. - Lily negó con la cabeza. - Yo estoy con Remus.
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¿Peter, James? - Sirius los miró esperanzado. - Por favor, solo durante un tiempo.
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Es muy grave. - Murmuró el más bajito de todos. - Sirius, no sé si debemos guardar el secreto. No se trata solo de ti sino de la seguridad de mucha gente.
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Esto es increíble, ¿cómo podéis estar haciéndome esto?
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No te lo tomes como algo personal. - Remus suspiró. - Yo no entiendo por qué Marlene y tú queréis protegerlo.
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Porque es mi hermano y en el fondo nos queremos. - La voz del chico era apenas un susurro y la rubia apretó los labios sin poder evitarlo. - Sé que es difícil de entender, pero, chicos, hacedlo por mí.
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Solo un tiempo hasta que todo se aclare. - Añadió Marlene. - Venga, ¿qué os cuesta?
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¿Nuestras vidas quizás? - Lily bufó. - No, imposible. Tenemos que decírselo al director, todos lo pensamos.
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Potter todavía no ha dicho nada. - Dijo la rubia, girándose hacia él. - ¿Tú qué opinas? ¿Estás con ellos o con nosotros? Sabes perfectamente por qué estoy a favor de guardar el secreto, Potter. Sabes por qué lo estoy haciendo.
James suspiró. Claro que lo sabía. Sirius moriría antes de hacerle daño a su hermano y si lo entregaban sería su final. No podía hacerle eso a Sirius, el chico tenía razón, aquello era algo personal. Sabía que tenían que detenerlo antes de que le hiciera daño a alguien, antes de que empezara a comportarse como un auténtico mortífago pero, igual que Sirius no podía entregar a su hermano, él no podía hacerle eso al suyo. Si podía evitarle más sufrimientos a Sirius, lo haría. Ya lo había pasado suficientemente mal.
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Estoy con vosotros. - Contestó finalmente. Lily abrió mucho los ojos y él se encogió de hombros. - Solo durante un tiempo, hasta que todo se termine de aclarar.
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¿Qué tiene que aclararse? - La pelirroja negó con la cabeza. - ¡Esa gente quiere matar a todos los que son como yo!
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Evans…
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No puedo creerme que vayáis a protegerlo en serio. - Se dirigió hacia la puerta y el chico no dudó en seguirla. - Potter, ni se te ocurra seguirme.
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Escúchame, por favor. - La agarró del brazo y la detuvo justo cuando iba a comenzar a bajar las escaleras. - Sé que puede parecer una auténtica locura, pero tenemos que hacer esto por Sirius.
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¿Por él? - Negó con la cabeza. - ¿Y yo qué?
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No va a hacerte nada. - Le aseguró. - Ni él, ni ningún otro. Estaremos más alerta que nunca, tendremos muchísimo cuidado, pero haz esto por él, por favor. Lo destrozaría entregar a su hermano. Tú también tienes una hermana y creo que vuestra relación no es la mejor del mundo, pero…
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No metas a Petunia en esto. - Lo cortó.
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Sí, tengo que hacerlo, Evans. - Él suspiró.
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Me apuesto lo que quieras a que no harías nada que la dañara.
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Es distinto.
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Es exactamente lo mismo. Por favor, hazlo por Sirius. Le mataría hacerle eso a Regulus por muy mortífago que sea. Ya encontraremos alguna solución, se nos ocurrirá algo. Danos tiempo.
La pelirroja guardó silencio unos instantes. James tenía razón, ella no sería capaz de hacerle daño a Petunia, por mucho que ella hubiera hecho, y, después, del tiempo que pasó haciendo el trabajo con Sirius, sabía que su relación con su hermano pequeño era muy parecida a la que ella misma tenía con Petunia. Por mucho que le doliera admitirlo, por mucho miedo que sintiera y por mucho que su cerebro le gritara que aquello era un error, sabía que tenía que guardar el secreto.
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Está bien, pero tendremos mucho cuidado y lo contaremos todo pasado un tiempo. - Accedió finalmente.
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Gracias, Evans. En serio.
James le dedicó una cálida sonrisa antes de darse la vuelta y volver al dormitorio. Ella frunció el ceño, pero sonrió levemente. El chico acababa de dejarla impresionada.