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Tiempos oscuros — capítulo 24

Marlene no sabía cómo había vuelto a acabar compartiendo viaje con James, Peter y Sirius. Bueno, sí lo sabía, pero no podía creerse que hubiera vuelto a aceptar irse con ellos. "No vas a pasar tantas horas solas, ¿verdad, Marlene?", le había dicho Sirius. "Será más divertido si vamos todos juntos", había añadido Potter. Y, antes de que pudiera alegar nada en contra, ya se habían sentado junto a ella y el compartimento estaba lleno de cosas.

En aquel momento, James le explicaba a Peter unas nuevas jugadas de quidditch que estaban preparando mientras la rubia dibujaba de forma distraída con la espalda apoyada en la ventana y los pies subidos en el asiento. Sirius, a su lado, la miraba de reojo de forma disimulada mientras fingía ojear una revista. Desde la noche de la fiesta habían vuelto a verse cada vez que tenían oportunidad, pero ahora estaban teniendo todavía más cuidado para que no los descubrieran y volvieran a hacerle daño a Marlene. Aunque le estaba costando bastante no mostrarse cercano a ella. Sonrió sin poder evitarlo al ver cómo se mordía el labio y fruncía el ceño. Estaba muy concentrada y resultaba adorable.

  • ¿Qué dibujas, Marlene? - Le preguntó finalmente, sin poder resistirse más.

  • Hogwarts. - Contestó, encogiéndose de hombros y sin dejar de mirar el papel. - No me desconcentres.

  • ¿Puedo verlo? - Insistió, ignorando sus últimas palabras.

  • No.

  • ¿Por qué? - Le preguntó. Se puso de rodillas en el asiento y se acercó a ella, atrayendo la atención de los otros dos. - ¿Tan mal dibujas?

  • Nunca lo sabrás. - Puso los ojos en blanco y cerró su cuaderno.

  • No sabía que dibujabas, Lene. - Comentó Peter.

  • Desde pequeña. - La rubia se encogió de hombros y sonrió. - Pero nunca dejo que nadie vea mis dibujos.

  • Pues yo quiero verlos. - Protestó Sirius. Se acercó un poco más a ella y consiguió coger la libreta de una esquina. - Venga, Marlene…

  • Ya te he dicho que no, no seas pesado. - Replicó, cada vez más roja. Sirius no podía ver aquella libreta bajo ningún concepto.

  • Pero, ¿por qué no? - Él tiró un poco y ella se aferró al borde del cuaderno todavía con más fuerza.

  • Porque no, ¿acaso no te vale esa respuesta?

  • La verdad es que no. - Puso cara de pena antes de volver a tirar consiguiendo, por fin, quitarle el cuaderno. Sonrió mientras ella se ponía completamente roja. - Bien, veamos que…

  • ¡Ni se te ocurra, Black!

No lo dejó terminar la frase. Se lanzó sobre él para poder recuperar su libreta, haciendo que los otros dos chicos estallaran en carcajadas. Sirius, que no se lo esperaba, cayó de espaldas en el asiento y trató de defenderse de los manotazos que la rubia le estaba dando.

  • Vale, tranquila, Marlene. ¡Auch! Eso ha dolido.

  • Devuélvemelo. - Dijo ella entre dientes, todavía intentando recuperarlo. Apoyó sus piernas a ambos lados de su cintura y se estiró para poder quitárselo. - Inmediatamente, Sirius.

  • Hombre, si me das estas vistas igual prefiero no dártelo. - Comentó, con la vista fija en su escote y una media sonrisa.

  • Ya, pues disfrútalas porque igual son lo último que ves.

  • ¿Pero qué diantres está pasando aquí?

Los dos giraron la cabeza hacia la puerta, desde donde Lily y Remus los miraban con el ceño fruncido.

  • Me ha quitado mi libreta de dibujos. - Murmuró Marlene. Se incorporó, pero se sentó sobre las caderas del chico, que tuvo que tragar saliva y controlar sus pensamientos. Si estuvieran solos en aquel compartimento…

  • Yo que tú se la devolvería. - Lily lanzó una carcajada. - Yo una vez intenté verla y estuvo a punto de lanzarme una maldición.

  • Y lo haré si no me la da inmediatamente.

  • ¿Qué escondes? - Le preguntó, picándola. - Seguro que está llena de dibujos en los que aparezco desnudo firmados con un "señora Black".

  • Sigue soñando. - Respondió, tratando de no delatarse a sí misma. Aunque no aparecía desnudo, sí que había dibujado a Sirius alguna que otra vez sin querer.

  • ¿Por qué me torturas, McKinnon? - Se llevó una mano al pecho e hizo un gesto melodramático.

  • Es muy divertido. - Respondió ella, poniendo los ojos en blanco y sonriendo. Desvió su mirada de nuevo a los otros dos chicos y se encogió de hombros. - ¿Y vosotros qué hacéis aquí, por cierto?

  • Nos toca guardia y pasábamos a saludar y comprobar que no os estabais matando. - Contestó Remus con una enorme sonrisa.

  • Nunca se sabe cómo pueden acabar las cosas, especialmente ahora que Sirius y tú volvéis a hablaros.

  • Y creo que no nos equivocábamos mucho. - La pelirroja negó con la cabeza.

  • Es únicamente su culpa. - Protestó Marlene, cruzándose de brazos. - Yo solo quería dibujar un rato tranquila.

  • Y has acabado sobre mí tratando de seducirme. - El pelinegro negó con la cabeza. - Muy mal, Marlene.

  • Eres un maldito idiota. - Volvió a echarse hacia delante, pero él consiguió cogerla por las muñecas antes de que pudiera hacer nada.

  • Si te quedas quietecita, te devuelvo el cuaderno. - Dijo antes de sacarle la lengua, haciendo que ella lo fulminara con la mirada.

  • Gilipollas… - Protestó entre dientes, aunque no se movió más.

Sirius sonrió y le dio el cuaderno pero, cuando ella fue a levantarse para volver a su sitio, él apoyó una mano en su cadera y la detuvo.

  • Quédate así, me gustan las vistas. - Dijo.

Marlene puso los ojos en blanco, pero se quedó allí. Cogió de nuevo un lápiz, abrió de nuevo la libreta y volvió a dibujar mientras los demás los miraban y contenían la risa a duras penas. Cada vez estaban más seguros de que entre esos dos había algo.

Cuando por fin llegaron a Londres, Marlene salió corriendo del tren - todo lo rápido que sus piernas, que se habían quedado dormidas, le permitían - y buscó a su familia con la mirada. Se puso de puntillas y no pudo evitar sonreír al ver una pequeña cabecita rubia abriéndose paso entre la multitud.

  • ¡Layla! - Exclamó.

  • ¡Lene! - La pequeña llegó hasta su hermana, que la levantó en el aire, y la abrazó con fuerza.

  • ¿Cómo estás, cariño? Te he echado mucho de menos.

  • Estoy muy bien, este mes no he ido a San Mungo. - Contestó con una enorme sonrisa. - ¡Yo también te he echado mucho de menos!

  • Seguro que yo más. - Replicó, empezando a hacerle cosquillas.

  • No, yo más. - La pequeña se bajó al suelo y consiguió escapar de las cosquillas de su hermana aunque, al andar de espaldas, no pudo evitar chocar contra alguien. Se giró, completamente roja, pero sonrió al ver de quién se trataba. - ¡Sirius!

  • Hola, pequeñaja. - Le revolvió el pelo ante la sorpresa de sus amigos, que se amplió aún más al ver que ella lo abrazaba. - ¿Cómo estás?

  • Estoy muy bien. - Contestó, separándose de él y sonriendo. - ¡Por fin ha vuelto Marlene!

  • ¿La has echado mucho de menos? - La niña asintió y él sonrió también. - Ahora quien la echará de menos seré yo.

  • ¡Pero puedes venir a casa! - Exclamó. Se giró hacia su hermana que la miraba con cariño. - ¿Verdad, Lene?

  • Sí, claro. - Contestó. - Todos están más que invitados.

  • ¡Bien! - Layla dio un pequeño salto mientras su hermana y el pelinegro intercambiaban una significativa mirada.

Pero por desgracia ese momento se rompió cuando el resto de la familia McKinnon (exceptuando a su madre que, al ser muggle, los esperaba fuera del andén) se acercó a ellos.

  • ¡Aquí estáis! - El padre de la chica la abrazó. - Tardabais mucho en venir.

  • Estábamos hablando con Sirius. - Explicó Layla.

  • Oh, así que tú eres el famoso Sirius. - El hombre enarcó ambas cejas y sonrió. - Pues hola, bueno, hola a todos, a ti también Lily. Soy el padre de Marlene.

  • Encantados. - Contestó James por todos. Miró entonces a Sirius y se encogió de hombros. - Tenemos que irnos, deben estar esperándonos ya.

  • Sí, tienes razón. - El chico asintió. - Un placer conocerlo, señor McKinnon y nos veremos pronto, Layla.

  • ¡Sí, ven a verme!

  • Lo haré. - Le guiñó un ojo antes de mirar a Marlene. - Nos vemos, Marlene.

  • Adiós, Sirius.

Cogió su equipaje y, junto a James, se dirigió hacia la salida del andén, donde debían estar los Potter.

  • ¿De qué conoces a la hermana de Marlene? - Se atrevió a preguntarle, mirándolo con el ceño fruncido.

  • Es un secreto. - Respondió, conteniendo una sonrisa. No pensaba contarle a nadie que se habían escapado de Hogwarts para ir a ver a la pequeña al hospital. Ni siquiera a James.

  • ¡Eso no es justo! - Protestó. - Creía que entre nosotros no había secretos.

  • A veces debemos dejar cierto misterio.

  • Venga ya, cuéntamelo. Si no lo haces, empezaré a hacerme ideas raras.

  • Pues háztelas entonces porque no pienso decirte nada. - Aceleró el paso y sonrió al ver a los Potter, esperándolos justo donde les habían dicho.

  • ¡Chicos! - Euphemia los abrazó a ambos con fuerza. - Por fin llegáis, ¡qué alegría veros!

  • Muchas gracias por dejarme pasar también las vacaciones con vosotros. - Dijo Sirius.

  • Nada de gracias, tú eres un Potter más, te lo he dicho montones de veces. - La mujer le quitó importancia con un gesto.

  • Pues no debería, mamá. Me está ocultando cosas. - Protestó James.

  • ¿Secretos entre vosotros dos?

  • Es algo sobre Marlene. Conoce a su familia y no quiere decirme por qué. - Le explicó.

  • ¿Sabes que Lily ha vuelto a darle calabazas un par de veces, Euphemia? - Sirius negó con la cabeza y suspiró. - No sé qué vamos a hacer con este chico.

La mujer lanzó una carcajada y volvió a abrazarlos mientras su marido, que era mucho más calmado y callado, les dedicaba una tierna mirada y también sonreía. Les esperaban unas buenas Navidades en familia.

  • Bienvenido de nuevo, Regulus. - Walburga saludó a su hijo con una amplia sonrisa y un corto abrazo.

  • Gracias, madre. - Respondió él antes de saludar con un leve asentimiento de cabeza a su padre. - Padre.

  • Espero que todo haya ido bien, Regulus.

  • Así ha sido. - Mintió él. No pensaba decirles que Sirius había descubierto que era un mortífago ni por todo el oro de Gringotts. Se giró entonces hacía su prima a la que dedicó una amplia sonrisa y abrazó. - Y Cissy, qué sorpresa. ¿Qué haces aquí?

  • Me han mandado recogerte. - Respondió la rubia, encogiéndose de hombros y dedicándole una mirada compasiva. No le hacía ninguna gracia que su primo pequeño tuviera que hacer esas cosas tan peligrosas.

  • ¿Tengo que ir a algún lugar?

  • Solo a mi casa. - Le aclaró rápidamente. - Lucius, Rodolphus y algunos otros quieren hablar contigo y ponerte al día, ya sabes.

  • Está bien. - Asintió y miró a sus padres. - Iré más tarde a casa.

  • Haz lo que debas, nosotros podemos esperar.

  • Su madre sonrió, orgullosa, aunque la sonrisa se congeló en sus labios al ver a su hijo mayor junto a las McKinnon. - ¿Sirius sale con esa mestiza?

  • Sirius no es muy de tener novia, madre. - Respondió él, poniendo los ojos en blanco.

  • ¿No se da cuenta de que, aunque sea un traidor y ya no pertenezca a esta familia, sus acciones pueden seguir afectándonos?

  • Walburga, querida, no te preocupes. - Intervino Orion. - Regulus ya se está encargando de limpiar el buen nombre de los Black y no creo de todas formas que esa relación llegue a ningún lado.

  • Ya les he dicho que no están saliendo. - Insistió, tratando de desviar la atención de la pareja lo más disimuladamente posible. - Además, creo que un traidor como él no merece que malgastemos nuestro tiempo hablando de él y del resto de traidores con los que se relaciona.

  • Tiene razón, tía. - Añadió Narcissa. - No merece la pena perder el tiempo con gente como ellos y Regulus y yo debemos marcharnos cuanto antes.

  • Es verdad, es verdad. - La mujer asintió. - Te veremos más tarde.

La rubia se enganchó del brazo de su primo y ambos comenzaron a andar hacia la salida del andén.

  • ¿Cómo van las cosas, Cissy?

  • Van. - Se encogió de hombros. - Muchas misiones. Lucius nunca está en casa, Bella tampoco, pero no pueden ni quieren decirme nada.

  • Si me entero de algo, te lo diré. - Le prometió aunque ella sonrió levemente y negó con la cabeza. - ¿Qué?

  • No lo harás, al Señor Tenebroso no le haría gracia y te castigaría. - Respondió. - No te preocupes, empiezo a estar acostumbrada y, además, suelo enterarme de más de lo que parece. Tengo mis métodos.

  • Siempre te has salido con la tuya. - Regulus sonrió. - ¿Qué tal la vida de casada?

  • Genial. - Narcissa se sonrojó levemente y su primo amplió su sonrisa. - Voy a buscarte una buena chica para que se case contigo cuando terminéis Hogwarts y podáis ser tan felices como yo.

Él apartó la mirada, sin saber muy bien cómo reaccionar. ¿Cómo reaccionaría Narcissa si le dijera lo que sentía por Dorcas? Sintió una pequeña punzada en el estómago al pensar en ella. No había podido volver a verla a solas desde su beso y estaba empezando a creer que la chica lo odiaba. Por suerte pudo cambiar de tema al ver a Severus a lo lejos.

  • Ven, Cissy, voy a presentarte a alguien. - Tiró de la chica y la llevó hasta donde estaba su amigo, que le dedicó una mirada de desconfianza a la rubia. - Severus, esta es mi prima Narcissa.

  • Oh, la famosa Narcissa. - Asintió y le estrechó la mano. - Un placer conocerte al fin.

  • Igualmente, Severus. - Respondió. Recordaba que Regulus le había dicho alguna vez que al chico le apasionaban las artes oscuras y podría ser un buen mortífago. - Me encantaría poder charlar un poco más contigo, pero tenemos prisa.

  • Nos vemos después de las vacaciones, Severus.

  • Hasta entonces, Regulus.

Él regresó con su familia mientras el menor de los Black y su prima seguían su camino. Les esperaba una larga noche.

¿Disimular? Esa palabra no existe en el vocabulario de Sirius y Marlene xD

Espero que os haya gustado el capítulo y, ya sabéis, dejad vuestros comentarios ^^

Muchos besos y nos leemos el viernes,

María :)