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Tiempos oscuros — capítulo 27

Sirius no sabía cómo había acabado accediendo a aquello y solo esperaba que nadie se enterara jamás de la humillante situación en la que acababa de verse envuelto por culpa de las McKinnon.

  • ¿Más té, señora Paddington? - Preguntó Layla, cogiendo la tetera de juguete que tenía en la mesa.

  • Oh, sí, claro, gracias. - Contestó el pelinegro, acercándole la taza vacía.

Marlene tuvo que contener una carcajada y él la fulminó con la mirada. Sabía que estaba ridículo con ese tutú que le quedaba bastante pequeño de color naranja fosforito y la barra de labios por toda la cara, además de la corona dorada de plástico con gemas azules de imitación, pero no quería decir nada para herir los sentimientos de la pequeña. Por suerte los demás no estaban mucho mejor que él.

  • ¿Quiere que termine de contarle la historia entonces? - Dijo la rubia, sonriendo ampliamente. Estaba encantada con aquella tarde de juegos.

  • Por supuesto, señora Kane. - Contestó él. - ¿Qué más sucedió en el Callejón Diagón aquella tarde?

  • Pues resulta que me encontré con la señora Monroe, ¿verdad?

  • ¿Eh? - James pegó un pequeño saltó en la silla al recibir una pequeña patada de parte de Remus y a punto estuvo de tirar su taza y el plato en el que apenas quedaban las migajas de su trozo de tarta.

  • Oh, sí, nos encontramos en ¿la tienda de túnicas?

  • Sí, allí fue. - Layla asintió. - Y las dos nos compramos la misma. Una rosa muy bonita y unos bolsos del mismo color a juego.

  • Maravilloso. - Sirius asintió. - ¿Cómo le queda a usted su túnica, señora Monroe?

  • Probablemente mejor que a usted, señora Puddington.

  • Paddington. - Lo corrigió Layla.

  • Eso, Paddington.

  • Dudo mucho que eso sea verdad porque yo estoy increíble con cualquier cosa que me ponga, señora Monroe.

  • ¿Quiere que hagamos la prueba?

  • Cuando usted quiera.

  • Yo tengo unas túnicas muy bonitas aquí cerca, si quieren puedo traer algunas. - Intervino Marlene, dedicándoles una sonrisa burlona. - Aunque dudo mucho que sepan lucirlas con la misma gracia y elegancia que yo.

  • ¿Quiere usted unirse también a la competición?

  • ¡No! - Layla dio un pequeño golpe en la mesa y se puso de pie. - ¡Estamos tomando el té!

  • Perdone, señora Kane, no era nuestra intención. - Dijo Sirius, sonriendo, para ganarse el perdón de la pequeña. - ¿Puedo tomar un poco más de su deliciosa tarta?

  • ¡Sí, claro! - Exclamó sentándose de nuevo y conteniendo una risita. - ¿Te gusta?

  • Está muy muy buena, parece comprada en la mejor pastelería de París. - Contestó. - ¿Qué digo? Yo he estado allí y sus pasteles no le llegan ni a la suela de los zapatos a tu tarta.

  • ¿En serio? - Preguntó, abriendo mucho los ojos y ampliando su sonrisa.

  • Completamente.

  • Pues puedes llevarte lo que quede.

  • Eso será si Remus, perdón, la señora O'Flanagan, deja algo. - Comentó Peter.

  • No he comido tanto, no exageres. - Protestó.

  • Lleva cuatro trozos, señora O'Flanagan. - Comentó Lily, conteniendo la risa a duras penas. - Creo que debería dejarlo si no quiere tener dolor de barriga.

  • Señora Lane, no se meta usted en esto. Era una conversación privada entre la señora Weaver y yo.

  • Disculpen ustedes, creía que solo comentaba una obviedad.

Puso los ojos en blanco y todos estallaron en carcajadas aunque esa risa duró poco. De repente, la puerta del cuarto se abrió y un flash los deslumbró.

  • Esto es oro.

  • ¡Nick! - Marlene se levantó y lo fulminó con la mirada. - No se te habrá ocurrido hacer lo que creo que has hecho.

  • ¿Una foto? - El rubio sonrió y se cruzó de brazos, apoyándose en el marco de la puerta. - Sí, justo eso.

  • Dámela.

  • No. ¿Sabes lo mucho que nos podemos reír mis amigos y yo enseñando por Hogwarts una foto de los Merodeadores tomando el té imaginario vestidos así?

  • Nick, ni se te ocurra.

  • ¿Por qué?

  • Porque es algo privado.

  • Ya, bueno, creo que va a dejar de serlo. ¡Qué bien me viene que estés liada con Black!

Y, dicho esto, salió corriendo fuera de la habitación ante la ofendida mirada de su hermana que le gritó un insulto - lo que hizo que Lily corriera a taparle los oídos a Layla -. Sirius y James se levantaron al mismo tiempo y salieron rápidamente hacia el pasillo, detrás del chico.

  • ¡McKinnon! - Exclamó el mayor de los Black, agarrándolo de la camiseta y deteniéndolo apenas a unos centímetros de su dormitorio.

  • Estáis en mi casa, no podéis hacerme nada.

  • Vas a darnos esa foto inmediatamente. - Dijo James, cruzándolo de brazos y dedicándole una mirada amenazadora.

 - ¿O si no qué? - Negó con la cabeza. - No me dais miedo y, de hecho, creo que yo soy quien tiene el poder aquí.

  • Maldita sea… - Sirius gruñó por lo bajó. - ¿Qué nos va a costar que esa foto jamás salga a la luz?

  • Quiero entrar al equipo de quidditch el año que viene.

  • Preséntate a las pruebas como todos. - Potter bufó.

  • Quiero asegurar mi entrada.

  • ¿Qué puesto quieres?

  • Golpeador.

  • Anne se va el año que viene. - Sirius miró a James y se encogió de hombros. - Si no lo hace mal…

  • No pienso colar a nadie en el equipo.

  • ¿Prefieres que todos en Hogwarts nos vean con tutús de colores y maquillaje mal puesto por toda la cara?

  • Sinceramente, ¿cómo habéis acabado así? - Preguntó Nick, conteniendo la risa.

  • Tu hermana puede ser muy persuasiva.

  • ¿Cuál de ellas?

  • Ambas. - Sirius negó con la cabeza. - No podemos prometerte el ingreso en el equipo sin verte jugar pero, si lo haces medianamente bien, estarás dentro.

  • ¡Oye que yo soy el capitán! - Protestó James.

  • Y yo el sub-capitán y digo que le demos una oportunidad porque no quiero que todo Hogwarts se ría de mí.

  • Yo no quería hacer esto, tú fuiste quien dijo que todos debíamos disfrazarnos y jugar a ese ridículo juego.

  • Merlín, James, ¿qué querías que hiciera? ¿Que le rompiera el corazón a Layla?

  • No, pero… - Emitió un pequeño grito de frustración y se cruzó de brazos. - Si entras en el equipo voy a darte mucha caña, McKinnon. No creas que todo van a ser risas, vamos a ser terribles contigo.

  • Estaré preparado.

  • Entrena mucho durante este año, tienes nueve meses para convertirte en el mejor golpeador del colegio.

  • Lo haré. - Nick sonrió y asintió. - La foto y toda esta situación será nuestro pequeño secreto.

  • Más te vale.

El chico entró a su dormitorio o los otros dos volvieron hacia la habitación en la que seguían sus amigos.

  • ¿Cómo ha ido? - Preguntó Lily.

  • Bien, nos ha chantajeado, pero hemos conseguido que no haga pública la foto. - James se revolvió el pelo y suspiró. Centró su mirada entonces en Remus y Peter y frunció el ceño. - ¿A vosotros por qué no os preocupa?

  • Yo estoy bien comiendo chocolate. - Contestó el castaño, encogiéndose de hombros.

  • A mí no me importa que me vean así vestido.

  • Peter se encogió de hombros. - Vosotros es que siempre tenéis que haceros los machitos.

  • Ni yo lo habría definido mejor. - Marlene sonrió.

  • Ya, claro, lo que vosotros digáis. - Sirius puso los ojos en blanco. - Por cierto, ¿dónde está el baño?

  • Está en…

  • Ya lo acompaño yo, Layla, no te preocupes.

Marlene se puso de pie y ambos salieron de la habitación.

  • ¿Tienes que retocarte el pintalabios?

  • Muy graciosa.

  • Me lo has puesto en bandeja. - La rubia sonrió y le guiñó el ojo. - Estás muy mona.

  • Lo sé, soy divina haga lo que haga.

  • Creído. - Puso los ojos en blanco y suspiró. - Ahora en serio, siento todo esto.

  • ¿Por qué? - Sonrió y la cogió de la mano, deteniéndola. - Me lo estoy pasando muy bien. Layla es una auténtica monada y Nick no ha sido tan difícil de neutralizar como en un principio temí.

  • Mi familia está un poco loca.

  • ¿Segura? - Enarcó una ceja y se colocó frente a ella, apoyando su espalda contra la pared. Apartó un mechón de pelo de su cara y se lo colocó con delicadeza tras la oreja. - Creo que la mía te gana. De todas formas, a tu familia le pasa un poco como a la de James. ¿Has visto a Euphemia? Es un terremoto. James ha salido completamente a ella, Fleamont es muchísimo más tranquilo. Me gustan las familias así, son más divertidas.

  • Bueno, pues estás invitado siempre que quieras, ya lo sabes.

Marlene sonrió y Sirius no se lo pensó. Se acercó a ella y la besó. La rubia sonrió en mitad del beso y lo profundizó, cogiéndolo del cuello de la camiseta y pegándolo más a ella. El chico la impulsó e hizo que enredara sus piernas alrededor de su cintura sin separarse de sus labios. Siguieron besándose durante unos instantes, sin pensar en el lugar en el que estaban, hasta que escucharon una voz sorprendida.

  • ¡Ala!

Se separaron rápidamente y Marlene bajó al suelo de un salto, completamente roja y tratando de inventar una buena excusa.

  • Kyle, no le cuentes esto a nadie. - Le dijo.

  • ¿Es tu novio de verdad? Nick y mamá decían que sí, pero yo no me lo creía. - Dijo el chico.

  • No es mi novio.

  • ¡Pero te estaba dando un beso!

  • Sí, pero eso no quiere decir que sea mi novio. - Explicó ella, echándose el pelo hacia atrás de forma nerviosa. - Somos amigos especiales, por así decirlo.

  • ¿Amigos especiales?

  • Ya lo entenderás cuando tengas mi edad. - Marlene apoyó una mano en su hombro. - La cuestión es que no puedes contárselo a nadie.

  • ¿Por qué?

  • Porque es un secreto.

  • ¿Y por qué debería hacerlo? - El pequeño frunció el ceño y los otros dos suspiraron.

  • ¿Porque soy tu hermana mayor y me quieres?

  • Ya, claro. - Lanzó una pequeña carcajada. - Quiero diez galeones.

  • Joder. - Sirius negó con la cabeza. - ¿Alguien más de tu familia va a chantajearme hoy, Marlene?

  • Pues no lo sé, Sirius, pero espero que no.

  • Tengo aquí unos pocos... - El chico los sacó de su bolsillo, pero ella apoyó una mano sobre la suya y negó con la cabeza.

  • Pagaste los billetes aquel día, todavía te debo dinero. Ya se los doy yo, no te preocupes.

  • No tienes que devolvérmelo. - Contestó aunque, siendo sinceros, no debería desperdiciar muchos galeones. Técnicamente estaba viviendo de la caridad de los Potter y no quería abusar de esta. - Pero como tú quieras.

  • Kyle, ni una palabra de esto absolutamente a nadie. - Le advirtió.

  • Prometido. Seré una tumba. - Respondió el chico con una enorme sonrisa.

  • Vale, pues luego te los doy, recuérdamelo antes de dormir.

  • ¡Vale!

El chico salió corriendo y se encerró en la habitación mientras los otros dos terminaban de recorrer el camino hacia el baño. Sirius entró un momento y Marlene lo esperó en la puerta, un poco inquieta. Aquel secreto se les estaba empezando a ir de las manos, se suponía que nadie podía enterarse para que no volvieran a atacarla, pero a ese ritmo iba a descubrirlos hasta McGonagall. Cuando salió, volvieron al cuarto, donde los demás los recibieron con sonrisas y miradas indiscretas.

  • ¿Qué pasa, McKinnon, has tenido que llevarlo hasta dentro del baño para que no se perdiera? - Preguntó James.

  • Sí y también he tenido que ayudarlo dentro, Potter. - Replicó ella con chulería. - Por si no sabía apuntar.

  • ¿Eh? - Sirius la miró con los ojos muy abiertos. - Perdona, pero eso no es verdad.

  • Era más que evidente. - Lily negó con la cabeza y sonrió. - Creo que incluso tú puedes hacer eso solito.

  • ¡Eh!

Todos estallaron en carcajadas y los dos volvieron a sus asientos para poder seguir con aquel juego.

Unas horas más tardes, casi a la hora de la cena, los chicos por fin bajaron al salón - ya con sus ropas normales y sin maquillaje - donde Loretta McKinnon y Euphemia Potter seguían hablando.

  • Vaya, ya iba siendo hora. - Dijo la madre de James, dedicándoles una sonrisa divertida.

  • No sabía que todavía estabas aquí. - Contestó su hijo.

  • Oh, hemos pasado una tarde muy agradable.

  • Desde luego, hemos hablado de muchas cosas interesantes. - Añadió Loretta, sonriendo también y haciendo que su hija frunciera el ceño.

  • ¿Ah, sí?

  • No podéis ni imaginároslo. - Lanzó una carcajada. - Euphemia, vuelve cuando quieras y nos tomamos otro café y nos ponemos al día.

  • Lo mismo te digo, Loretta. Ven a casa un día y te la enseño.

  • Esto no me gusta. - Murmuró Sirius por lo bajo.

  • A mí menos. - Respondió Marlene, también en voz baja.

  • Bueno, tenemos que irnos ya. - James agarró a su madre del brazo y sonrió. - Muchas gracias por invitarnos, señora McKinnon.

  • Sí, muchas gracias por todo. - Añadió Sirius.

  • Os digo lo mismo: podéis venir siempre que queráis.

Se despidieron y comenzaron a marcharse. Lily y Remus - que se solidarizaba con su amiga - salieron a la puerta para llamar al autobús noctámbulo y Peter se marchó rápidamente por la red flu, seguido de los Potter. Sirius sin embargo se detuvo unos instantes antes de marcharse.

  • Te veré pronto, ¿vale, pequeñaja? - Le dijo a Layla, agachándose junto a ella y revolviéndola el pelo.

  • Sí, ven a vernos. - Respondió ella antes de abrazarle. Se acercó a él y empezó a susurrar. - Mamá no está y yo me voy, puedes darle un beso a Marlene.

Dicho esto, se separó de él y salió del salón corriendo y riendo.

  • ¿A qué ha venido eso? - Preguntó la rubia, frunciendo el ceño.

  • A esto. - Sirius se acercó, apoyó una mano en su cintura y la besó con dulzura. Cuando se separaron ambos sonrieron. - ¿Lo sabe?

  • No soy capaz de guardarle secretos.

  • No me importa, ya sabes que me encanta Layla. - Acarició su mejilla lentamente y ella cerró los ojos. - Y debo añadir que, para estar coladita por mí, no está celosa de ti en absoluto.

  • Mis triunfos son sus triunfos, sus triunfos son los míos. - Murmuró. - Además, Layla sabe que eres demasiado mayor para ella.

  • Encontrará a algún buen chico, estoy seguro.

  • Pero dentro de, al menos, diez u once años.

  • Por supuesto. - Sirius sonrió y volvió a besarla. - Supongo que tengo que irme.

  • Te veré en el tren.

  • Nos veremos allí.

Se besaron una última vez y el chico se marchó a través de la chimenea. Marlene suspiró y se echó el pelo hacia atrás.

  • No parece mal chico.

  • Mamá, qué susto… - Dijo, dándose la vuelta. La miraba con una sonrisa divertida y una ceja enarcada.

  • Solo tengo una duda. - Siguió diciendo la mujer, ignorando las palabras de su hija. - ¿En qué momento te pareció que ir subida sobre él durante todo el viaje hasta Londres era una buena idea?

  • ¿Cómo lo sabes? - Palideció sin poder evitarlo.

  • Euphemia me lo ha contado. - Se acercó a ella y apoyó una mano en su brazo. - Marlene, ten cuidado.

  • Mamá, Sirius y yo somos solo amigos.

  • Después de lo del hospital y lo que me han contado y he visto hoy, no me lo creo, pero si no queréis admitirlo hasta estar seguros del todo, supongo que bien. - Loretta asintió. - Solo, por favor, ten cuidado y recuerda que no debes precipitar las cosas. Si te quiere, esperará.

  • Mamá… - Se puso completamente roja. - Somos solo amigos y, de todas formas, no voy a ir acostándome con todos los tíos con los que me encuentre.

  • Marlene, no digas esas cosas. - La reprendió, un poco escandalizada. Era una mujer muy tradicional y no estaba acostumbrada a ese tipo de conversaciones. - Solo me preocupo por ti, no quiero que digan que no eres una chica decente.

  • Lo sé, tranquila. - Le dio un beso en la mejilla y sonrió. - El día que llegue el chico adecuado, sé que esperará todo lo que haga falta.

Ella asintió y volvió hacia la cocina para preparar la cena mientras su hija permanecía quieta en aquel lugar, un poco inquieta. No había llegado demasiado lejos con Sirius, pero tampoco estaba muy segura de hasta dónde estaba dispuesta a hacerlo. Era evidente que había química entre ellos y muchas veces se atrevían a dar pequeños pasos hacia delante, pero lo que le había dicho a su madre era verdad: no quería acostarse con el primer tío que encontrara, quería estar segura. Suspiró y negó con la cabeza. En ese momento no podía hacer nada para aclararse, solo el tiempo diría. Aunque, una cosa tenía clara: en aquel momento Sirius no le parecía una opción tan mala como le habría podido parecer hacía unos pocos meses.