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Tiempos oscuros — capítulo 26
Marlene dejó de escribir y le dedicó una pequeña sonrisa a Layla, que la miraba impaciente sentada justo enfrente.
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¿Qué más le digo entonces?
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Que tiene que venir sí o sí. - Dijo la pequeña.
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Eso ya se lo he puesto tres veces, cielo. - Marlene contuvo una carcajada.
Desde que había visto a Sirius en el andén 9 y ¾, Layla le había pedido día sí y día también que le escribiera para invitarlo a merendar, cosa que a todos hacía mucha gracia, especialmente a los padres de ambas que habían comenzado a creer que era el novio secreto de Marlene - sobre todo después de que a Nick se le escapara delante de todos que había pillado a los dos durmiendo en un sofá de la Sala Común - y querían aprovechar para poder conocerlo mejor. Así que ahí estaba la rubia, escribiéndole una carta a Sirius Black para invitarlo a pasar la tarde en su casa aunque, claro estaba, no iba a llamarlo solo a él. Avisaría a Lily, Remus y Peter ya que sabía que él traería de todas formas a James.
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Pero dile que tiene que contestar ya porque quiero hacer una tarta.
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¿Quieres hacer una tarta? - Enarcó una ceja y la pequeña se puso completamente roja y escondió la cara entre sus manos.
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¡Sí! - Respondió, todavía sin mirarla. - Mamá y yo haremos una de chocolate.
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¿Y eso?
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Porque sí…
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Layla, ¿a ti te gusta Sirius? - Le preguntó, conteniendo la risa. La pequeña lanzó una pequeña risita y ella no pudo evitar acercarse y empezar a hacerle cosquillas. - Te he pillado, te he pillado.
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Ay, Lene. - Protestó, tratando de contener la risa. - Déjame.
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¿No crees que es un poco mayor para ti? - Insistió, todavía haciéndole cosquillas.
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Pero es que es muy guapo. - Respondió, ya sin poder parar de reír. - ¡Y muy guay!
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Sí, lo es. - Paró las cosquillas y la abrazó. - Sirius puede ser genial cuando se lo propone.
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¿Y te ha dado un beso?
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¿Qué? - Se separó de ella, con los ojos como platos haciendo que la otra volviera a soltar una risita. - ¡Eres muy pequeña para hablar de esas cosas!
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¡Entonces lo ha hecho! - Exclamó poniéndose de pie de un salto. - ¡Como los príncipes de los cuentos que nos cuenta mamá!
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No, no como ellos, Layla. - Murmuró.
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¿Mejor?
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Eres demasiado pequeña para que yo responda a eso… pero sí. - Bajó el tono de voz. - Pero tienes que prometerme que no se lo dirás a nadie.
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¿A nadie? - Le preguntó, sorprendida.
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Exacto. Ni a papá, ni a mamá, ni a Nick, ni a Kyle, ni mucho menos a Sirius ni a mis amigos cuando vengan.
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¿Por qué?
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Porque es un secreto y nadie puede saber que Sirius y yo nos hemos besado. - Le explicó, cogiéndola de la mano.
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¿Por qué?
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No queremos que nadie se entere.
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Pero, ¿vais a casaros y vivir felices y comer perdices? - Insistió.
Marlene suspiró. No veía un futuro con Sirius, no creía que fuera de ese tipo de chicos y tampoco estaba muy segura de ser de esas chicas que querían casarse y formar una familia. Además, siendo sincera, había días en los que no veía un futuro en absoluto. Las cosas estaban empezando a ponerse feas y ella no estaba dispuesta a quedarse de brazos cruzados viendo como el mal ascendía al poder y arruinaba la vida de todos aquellos que ella quería. Layla era todavía pequeña, debía luchar por ella, para que tuviera una buena vida. Tenía que hacer algo en cuanto saliera de Hogwarts si la situación no mejoraba. Pero no podía decirle nada de eso así que sonrió y se encogió de hombros.
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Es que yo soy un poco más independiente que las princesas de los cuentos. - Dijo finalmente.
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Pero yo quiero que tú seas feliz…
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Y lo soy, no te preocupes, pero a mi manera. - La abrazó y suspiró. - No necesitas a ningún chico a tu lado para ser feliz, peque, no lo olvides.
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Vale, Lene. - Layla asintió y sonrió a su hermana. - ¡Pero quiero que Sirius sea tu príncipe!
Marlene lanzó una carcajada. La pequeña era un caso perdido, pero había que recordar que solo tenía seis años así que todavía podía hacer algo para convertirla en una chica dura e independiente.
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¿Terminamos de escribir la carta? - Sugirió entonces.
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¡Sí!
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¡Canuto, déjame ver esa carta!
James salió corriendo, persiguiendo al otro por el pasillo y las escaleras de la casa.
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¡Es correo privado! - Replicó, intentando que no lo cogiera y entrando al salón.
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¡De McKinnon!
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Eso a ti no te importa, Cornamenta.
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Déjame verla.
Avanzó un poco más y se tiró sobre él, haciendo que ambos cayeran sobre el sofá.
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¿Qué ocurre? - Euphemia entró y se cruzó de brazos. - ¿Tengo que recordaros que ya estáis castigados?
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Esta vez yo no he hecho nada. - Protestó Sirius, tratando de proteger la carta. - Es James que no sabe aceptar un "no" por respuesta. Es un niño demasiado caprichoso.
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¡Oye! - Se quejó. - Mamá tiene una carta de Marlene y no quiere contarme qué le ha dicho.
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Porque es privada.
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Ahí tiene razón, pero… - La mujer sonrió. - ¿Es su respuesta a la invitación?
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No la he invitado, Euphemia.
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¿Por qué? - Lo miró, un poco ofendida. - ¡Era vuestro castigo!
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Es que no me ha hecho falta. - El pelinegro consiguió deshacerse de su amigo y se sentó en el sofá antes de darle el papel a la mujer. - Puedes leerla en voz alta si quieres, así James se quedará tranquilo.
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"Querido Sirius: ¿qué tal van las Navidades? Espero que Potter y tú no la estéis liando mucho, compadezco a sus pobres padres." Oh, qué considerada. Bueno, sigo. "La cuestión es que Layla no para de hablar de ti y de recordarme que en la estación dije que podías venir a casa así que te escribo para invitarte a merendar mañana. He avisado también a Lily, Remus y Peter así que tráete a Potter, puede ser divertido. Layla dice que tienes que venir sí o sí, que va a preparar tarta de chocolate para ti incluso (está coladita por ti, pero no le digas que te lo he dicho) y me está obligando a repetirte, de nuevo, que vengas. Contéstame cuando puedas, puedes usar la red flu para llegar hasta aquí. Un abrazo, Marlene". - La señora Potter bajó la carta y suspiró. - Qué simpática pero, ¿quién es Layla?
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Su hermana pequeña, tiene 6 años y es adorable.
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¿Podemos ir? - Preguntó James.
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Estáis castigados aunque… - La mujer sonrió. - Se me ocurre una cosa.
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¿Qué? - Sirius enarcó una ceja, pero Euphemia negó con la cabeza y no contestó.
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Ya lo averiguaréis.
Marlene esperaba junto a su hermana sentada frente a la chimenea. Todos habían aceptado la invitación y la pequeña llevaba todo el día impaciente preguntando cada cinco minutos que cuándo iba a llegar Sirius. Sin embargo, él no fue el primero en llegar. El timbre sonó y la señora McKinnon abrió rápidamente la puerta de entrada.
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Hola, Lily.
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Hola, señora McKinnon. - Saludó. - ¿Llego tarde?
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Eres la primera, pasa. Marlene y Layla están esperando a los demás en el salón.
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Muchas gracias. - La pelirroja pasó y abrazó tanto a su amiga como a su hermana. - Te juro que el autobús noctámbulo es un peligro, no sé cómo es legal, creía que nos matábamos.
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No exageres, Lils, no es para tanto.
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Ya, claro, como tú puedes usar la red flu…
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Piensa que ya mismo podremos aparecernos y todo eso se acabará. - Le guiñó un ojo y ambas sonrieron.
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Lily, ¿te gusta el chocolate? - Le preguntó entonces Layla.
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Claro, peque. Me encanta.
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¡Pues he hecho una tarta!
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¿Tú solita? - La miró y abrió mucho la boca, arrancándole una carcajada. - ¡Qué rico! Y seguro que a Remus le encanta, él adora el chocolate.
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¿Y a Sirius? - Insistió, emocionada.
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Supongo que también le gustará. - La pelirroja frunció el ceño y Marlene le hizo un gesto, indicándole que ya se lo explicaría más tarde.
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Eso espero, he estado toda la mañana en la cocina con mamá y…
La pequeña no pudo terminar la frase. La chimenea se iluminó de repente y James, Sirius y Euphemia Potter salieron al salón, sacudiéndose la ceniza.
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¡Sirius! - Exclamó la pequeña, poniéndose de pie de un salto. Corrió hacia él y lo abrazó. - ¡Qué bien!
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Hola, Layla. - El chico le revolvió el pelo, pero fijó su mirada en Marlene que los miraba con una sonrisa tierna. - Y hola a vosotras también, chicas.
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Hola. - Saludó también Euphemia. - Vosotras debéis ser Marlene y Lily, he oído hablar mucho de vosotras, estaba deseando conoceros. Soy Euphemia Potter, la madre de James y Sirius.
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Encantada, señora Potter. - Dijo la rubia, frunciendo el ceño. No sabía muy bien qué hacía esa mujer ahí.
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Oh, Dios. - Lily cerró los ojos. - No es por parecer impertinente, pero si su hijo le ha contado que estamos saliendo…
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No lo ha hecho, Evans. - La interrumpió Sirius. - Ya me he encargado yo de contarle lo divertida que es vuestra relación.
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Sí, me han dicho que mi hijo es un poco plasta contigo. - La miró de arriba abajo y sonrió. - Pareces una chica encantadora.
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Gracias, supongo.
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Mamá, ya nos has traído, ya puedes marcharte. - Dijo entonces James, agarrando su brazo y dedicándole una sonrisa nerviosa. - Ya nos has hecho pasar suficiente vergüenza.
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Es vuestro castigo por lo que sucedió en Navidad. - Replicó antes de volverse de nuevo a las chicas. - Empezaron a lanzarse comida el uno al otro, ¿podéis creéroslo?
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Seguro que empezó Sirius. - Marlene contuvo una carcajada al decir aquello. - Es tan infantil, no sé cómo eres capaz de aguantarlo, Euphemia. Tienes la gloria ganada.
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Lo sé, soy un alma muy caritativa. - Contestó la mujer, usando su mismo tono de voz.
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Te creo, yo ya me habría vuelto loca.
Ambas estallaron en carcajadas y el chico carraspeó, un poco incómodo. Una cosa eran los complot contra James y otra, contra él.
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¿Qué pasa, Sirius? - La rubia enarcó una ceja. - ¿No te parece divertido?
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La verdad es que me estaba acordando más bien de…
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De nada. - Lo cortó antes de que pudiera decir alguna burrada.
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Marlene, ¿han llegado…? Oh, hola - La señora McKinnon sonrió al ver allí a los demás. - Soy Loretta, la madre de Marlene.
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Euphemia Potter. - Le estrechó la mano. - La madre de James y Sirius.
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Un placer conocerla. - Asintió lentamente. Su hija mayor ya le había contado que el mayor de los Black se había marchado de su casa aquel verano, pero no se esperaba que aquella mujer se presentara como la madre de ambos. - ¿Ha venido a acompañarlos?
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Sí, quería conocer a su hija y a Lily, los chicos hablan maravillas de ellas.
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Me alegra saber eso. - Loretta sonrió. - A mí Sirius me agradó mucho cuando lo conocí. ¿Quiere pasar dentro y tomarse un té?
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Será un placer. - Sonrió a los chicos. - Os dejo aquí, portaos bien y sed unos auténticos caballeros con las chicas.
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Que sí, mamá. - James negó con la cabeza.
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Tranquila, Euphemia. Jamie y yo somos dos chicos ejemplares.
Las dos mujeres rieron antes de dirigirse hacia la cocina, dejándolos a los cinco solos en el salón, con Layla todavía pegada a Sirius, al que miraba ilusionada. Peter y Remus no tardaron en llegar.
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Bueno, ¿qué queréis hacer? - Preguntó Remus.
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No lo sé, la peque es la que ha querido organizar esto. - Contestó Marlene. - ¿Qué quieres que hagamos, Layla?
La rubia pequeña sonrió y los seis mayores se estremecieron levemente. A lo mejor aquello no iba a ser tan buena idea.
Hola :)
Creo que los chicos se están arrepintiendo un poco, a saber qué les tiene preparado Layla ;) Aunque en el fondo la peque es adorable :3
Espero que os haya gustado el capítulo y muchas gracias por todo vuestro apoyo ^^
Nos leemos el viernes. Un beso,
María :)