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Tiempos oscuros — capítulo 3

  • ¿Quién es la niña más bonita del mundo? ¡Tú, Dora, tú!

James hizo una carantoña y la pequeña Nymphadora lanzó una carcajada y empezó a aplaudir.

  • ¡Yo, yo, yo! - Exclamó.

  • Sí, tú. - Empezó a hacerle cosquillas y ella volvió a reír.

  • Se te dan genial los niños, James. - Andromeda le dedicó al chico una sonrisa antes de beber un sorbo de su café.

  • Es que Dora es adorable. - Contestó él.

  • Os va todo bien, ¿verdad? - Le preguntó Sirius a su prima, un poco preocupado. Había escuchado miles de veces lo que el resto de la familia opinaba de aquella pequeña y le preocupaba que intentaran hacerles algo.

  • Sí, tranquilo. No deberías preocuparte por nosotros. - Ella suspiró y apoyó una mano sobre la del chico. - ¿Tú cómo estás?

  • No me quejo. - Se encogió de hombros. - Los Potter son geniales, me tratan como si fuera su hijo.

  • Me alegra oír eso. - Sonrió levemente. - De todas formas ya sabes que puedes contar con Ted y conmigo para lo que necesites. Lo que has hecho no es fácil, Sirius.

  • Tú también lo hiciste.

  • Tenía dos años más que tú y estaba prometida, no es lo mismo. - Suspiró y miró a su hija, que estaba cambiando su pelo de un color a otro bajo la atenta mirada de James. - Nuestra querida familia está loca, primito.

  • Mi madre la que más.

  • La mía no se queda atrás tampoco.

Ambos rompieron a reír y James no pudo evitar fruncir un poco el ceño. Desde luego, aquellos dos se entendían muy bien. "Cosas de traidores", le había dicho Sirius antes de entrar al local, cuando le había preguntado que qué era lo que tenía que decirle a su prima. Dora también miraba a su madre un poco sorprendida, pero no dudó en unirse a sus risas.

  • ¿Tú también piensas lo mismo, Dora? - Sirius estiró los brazos y ella se soltó del otro chico y se fue con él. - Pero tú eres una niña muy buena.

  • Sí y ya me sé los colores. - Dijo, empezando a cambiar ahora el color de sus ojos. - Es diver.

  • Ya veo, ya. - La abrazó y su prima los miró con ternura.

  • Serás todo un padrazo cuando seas mayor, Sirius.

  • No creo. - Contestó el mayor de los Black.

  • Eso de formar una familia no va. No soy como tú.

  • Por cierto, ¿sabes que mi hermana se casa el sábado? - Preguntó, apartando la mirada.

  • ¿Cissy? - Preguntó, tontamente. Ella asintió y el chico suspiró. - Sí, lo sabía, aunque creo que ya no estoy invitado.

  • A mí ni siquiera me enviaron la invitación.

  • Contestó en un murmullo. - Sabía que todo esto sucedería, pero nunca pensé que me dolería tanto. Me encantaría estar con ella en su día, pero estaría muerta en cuanto pusiera un pie allí.

  • Ya sabía yo que no estabas bien… - Le pasó a la pequeña otra vez a James y abrazó a su prima. - Lo intuí después de leer tu última carta.

  • Es que es mi hermana, Sirius, y ni siquiera me mira.

  • Entiendo la sensación. - Contestó él, sin soltarla. - Regulus a mí tampoco.

  • Esto es una mierda, ¿por qué no pudimos nacer en una familia normal en la que todos aceptan a los demás tal y como son y no hay traidores a la sangre, ni hijos perfectos, ni herederos, ni matrimonios concertados, ni pureza de sangre? - Preguntó, aguantando las lágrimas que luchaban por escapar de sus ojos. Llevaba toda la semana así, desde que se había enterado de la boda de Narcissa, pero sabía que no podía derrumbarse.

  • No lo sé, yo también me hago esa pregunta a menudo. - Confesó Sirius. Nadie lo sabía, pero desde que se había ido de casa le costaba más que nunca conciliar el sueño y se pasaba prácticamente toda la noche dándole vueltas a todo.

  • No es justo lo que estoy haciendo ahora. - Andromeda se separó de él y le dedicó una sonrisa compasiva. - Tienes solo 16 años y acabas de irte de casa, no estoy siendo justa contigo, no debería volcar en ti mis frustraciones.

  • No eres mucho mayor que yo. - Él puso los ojos en blanco.

  • Siete años. Recuerdo perfectamente cuando naciste, así que creo que sí que lo soy.

  • Bueno, pero lo entiendo. Si fuera la boda de Regulus o algo así yo estaría igual que tú, Dromeda.

  • Cissy nunca fue como ellos, nunca fue como Bella, pero seguro que le han comido la cabeza.

  • Como a Reg. - Sirius asintió. - Me habría encantado que hubiera huido conmigo. Se lo propuse, pero él me dijo que no podía hacerle eso a padre y madre.

  • Ojalá pudiéramos hacer algo por ellos. - Suspiró. - ¿Crees que tu hermano también se ha unido?

  • Si no lo ha hecho ya, poco debe quedarle. - El pelinegro se encogió de hombros. - Es el heredero de los Black, supongo que es lo que se espera de él.

  • Chicos, no me gusta meterme en conversaciones familiares pero, ¿no podríais hablar de cosas más agradables? - Intervino James, negando con la cabeza. No quería parecer un borde, ni un metomentodo, pero sabía que si seguían así acabarían los dos deprimidos y, aunque Sirius trataba de engañarlo, él podía ver lo mucho que estaba sufriendo desde que se fue de casa. - Vais a deprimir a Dora.

  • Podemos hablar de cómo Evans te da calabazas. - Su amigo lanzó una carcajada y la chica enarcó una ceja. - James le pide salir todos los días, pero ella siempre le dice que no.

  • Pobrecillo. - Andromeda lo miró con una sonrisa indulgente. - ¿Te gusta mucho esa chica?

  • Estoy enamorado de ella desde el primer día que la vi. - Contestó él. - Pero le he hecho tantas bromas que ella no quiere ni hablar conmigo.

  • Pues yo lo veo claro, tienes que demostrarle que has madurado y que lo que sientes por ella es real.

  • Lo haré, Andromeda. - El chico le dedicó una enorme sonrisa.

  • ¡Hola, chicos!

Los tres se giraron al escuchar la voz y Dora saltó al suelo y corrió hacia el hombre que acababa de entrar.

  • ¡Papi, papi!

  • Hola, princesa. - La saludó, cogiéndola en brazos. Se sentó junto a su mujer y le dio un beso rápido. - Hola, mi amor.

  • ¿Qué tal la mañana? - Le preguntó ella.

  • Un poco cansada, pero bien. - Contestó. - ¿Y vosotros?

  • Bien, aquí poniéndonos al día y cotilleando un poco. - Andromeda lanzó una carcajada.

  • Mira lo que me ha regalado el pimo Sirius. - Dora cogió la figurita de un jugador de quidditch que descansaba en la mesa y se la dio a su padre. - Es muy chuli.

  • Ya veo, ya. - Sonrió al chico y le dedicó una mirada de agradecimiento. - No tenías que haberte molestado.

  • No podía venir a verla con las manos vacías.

Ted sonrió y los cuatro empezaron a charlar sobre unas y otras cosas. Nunca estaba de más pasar un rato en familia.

  • Todavía no iréis a ninguna misión peligrosa, pero nos vendrá muy bien vuestra ayuda, chicos.

Alice y Frank asintieron y le dedicaron una sonrisa al chico que los estaba guiando por el cuartel general de la Orden del Fénix. Los dos iban cogidos de la mano y, aunque no lo decían en voz alta, estaban un poco nerviosos y asustados. Solo tenían 19 años y apenas llevaban un año en la Academia de Aurores, aquel era un paso muy importante para ellos. Sabían a todo lo que se arriesgaban al unirse a aquel grupo, lo que podría pasarles, pero eran conscientes de que aquello era lo correcto. No podían dejar que los mortífagos consiguieran el poder.

  • Podéis venir aquí los fines de semana que tengáis libres o cada vez que queráis. - Siguió diciendo. - Las puertas del cuartel están siempre abiertas para los miembros de la orden.

  • Muchas gracias, de verdad, ¿Gideon? - Frank frunció el ceño. No recordaba exactamente cuál de los gemelos Prewett era aquel.

  • Fabian. - Contestó con una sonrisa burlona.

  • Pero no os preocupéis, ya os acostumbraréis. A todo el mundo le pasa al principio.

  • Son los nervios. - Intervino Alice con una pequeña sonrisa.

  • Eso también es normal. - Trató de tranquilizarlos él. - Es vuestro primer día aquí pero, tal y como os he dicho, hasta que pase un tiempo no tendréis que ir a ninguna misión peligrosa. De momento nos vale con la información que podáis recopilar en la Academia y por los círculos por los que os movéis habitualmente.

  • Intentaremos averiguar todo lo que podamos.

  • Contestó la chica. - Queremos ayudar.

  • Lo sabemos, por eso estáis aquí. - Él también sonrió. - Y ahora venid, os presentaré al resto de miembros.

Los condujo hasta el salón y empezó a presentarles a más hombres y mujeres que, como ellos, querían un mejor futuro para el mundo mágico.

  • Diría que es una sorpresa encontraros aquí, pero estaría mintiendo.

La voz de Albus Dumbledore hizo que se volvieran. El hombre los miraba con su habitual expresión serena desde le puerta, probablemente acababa de llegar.

  • Director. - Frank le tendió la mano rápidamente y él se la estrechó, al igual que a Alice. - ¿Cómo se encuentra?

  • Bien, ultimando los detalles para el comienzo del curso, apenas quedan unos días. - Respondió. - Me alegra veros aquí, sabía que tarde o temprano acabaríais uniéndoos. Siempre fuisteis dos grandes estudiantes y dos personas nobles y valerosas.

  • Gracias, director.

  • Por favor, dejad de llamarme director. - Insistió el hombre. - Ya no estamos en Hogwarts y aquí luchamos todos por lo mismo así que llamadme simplemente Albus.

  • Eso nos va a costar un poco. - Alice lanzó una carcajada. - Demasiados años llamándole director o señor Dumbledore.

  • Y tampoco me habléis de usted.

  • Lo intentaremos.

  • ¿Ha pasado algo, Albus? - Los interrumpió Ojoloco Moody, entrando a la habitación.

  • El sábado se celebrará la boda de Lucius Malfoy y Narcissa Black. - Contestó. - Acudirán a la ceremonia una gran cantidad de simpatizantes y posibles mortífagos.

  • ¿Crees que irá también él?

  • Lo dudo, no creo que se arriesgue tanto, pero aún así deberíamos mandar a algunos miembros para que vigilen el evento. - Sugirió. - Es bueno tener controlados al máximo número posible de ellos.

  • Así se hará, pues. - Ojoloco asintió. - Supongo que con mandar a cinco o seis miembros estará bien, no creo que debamos preocuparnos por un ataque, no querrán estropear el día de la niñita de los Black.

  • Ni nosotros tampoco. - Le recordó Albus. - Espero que nadie se dé cuenta de nuestra presencia allí.

  • ¿Sabes dónde se celebrará?

  • En la Mansión Malfoy, por supuesto. Todos los herederos de la familia se casan allí desde que fue construida. - Respondió, encogiéndose de hombros. - Habrá muchas protecciones, lo mejor será que no se acerquen demasiado.

  • Elaboraremos un plan seguro, no te preocupes, Albus. - El otro asintió. - Yo me encargo.

  • Bien y ahora, ¿por qué no nos relajamos un poco todos y le damos una bienvenida en condiciones a Frank y Alice? Siempre es bueno celebrar la llegada de nuevos amigos.


Hola a todos ^^

Aquí os dejo un nuevo capítulo donde conocemos a algunos otros personajes ;) Espero que os haya gustado y, ya sabéis, dejad vuestros comentarios.

Muchos besos,

María :)