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Tiempos oscuros — capítulo 30
Por fin legó el día del partido y la tensión era palpable en el ambiente. Ya en el desayuno, los alumnos de una y otra clase aplaudían a los jugadores de sus respectivos equipos y abucheaban a los contrarios. Muchos alumnos de Ravenclaw y Hufflepuff llevaban los colores de las dos casas rivales y hacían apuestas sobre quien ganaría.
Pero no todos los alumnos estaban todavía en el Gran Comedor. Sirius Black y Marlene McKinnon estaban escondidos en un pequeño cuarto de las escobas en el tercer piso. La rubia estaba apoyada en la pared, con las piernas alrededor de la cintura del chico que besaba su cuello con pasión, dejándole unas leves marcas rojizas.
-
Más te vale ganar ese partido. - Murmuró ella, conteniendo un pequeño gemido.
-
Eso está hecho. - Respondió él, casi sin separarse de su piel. - No se lo van a ver venir siquiera, tenemos una jugada nueva que es genial. Pero quiero un premio cuando ganemos.
-
Así que un premio, ¿eh? - Marlene sonrió y cerró los ojos, echando la cabeza hacia atrás. - Creo que lo estás teniendo ya, ¿no crees?
-
Pero quiero repetir luego. - La besó y sonrió con chulería. - Tendrías que haberte traído una bufanda.
-
Sí, ya me he dado cuenta de que alguien se ha divertido mucho. - Puso los ojos en blanco, pero lo besó de nuevo. - Deberíamos irnos ya. Es tarde y tienes que desayunar antes del partido. No queremos que te desmayes, te caigas de la escoba y te quedes aún más tonto si es que eso es posible.
-
Debería darte vergüenza decir esas cosas de mí. - Replicó antes de pegarla más a él y volver a su cuello. - Además, el accidente sería únicamente culpa tuya por distraerme y tendrías que cuidarme. Podrías llevar un traje de enfermera sexy y…
-
Creo que deberías mantener la sangre en el cerebro. - Lo cortó ella antes de morderse el labio. - Eres muy malo jugando cuando no estás concentrado. Doy fe de ello.
-
Sí, tienes razón. - La bajó y la besó una última vez. - Vamos al Gran Comedor, me ha entrado mucha hambre de repente.
-
Anda, vamos.
Salieron del pequeño cuarto y se dirigieron con paso apresurado hacia el comedor, donde ya estaban todos sus amigos. Llegaron hasta ellos y se sentaron, uno frente al otro.
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Buenos días. - Saludó el pelinegro, sentándose. Se sirvió un vaso de café, otro de zumo y cuatro tostadas.
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Ya era hora. - James lo miró con una ceja enarcada. - Creía que tendríamos que buscar otro cazador.
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Perdona, es que se me ha hecho un poco tarde. - Contestó, con la boca llena de comida. - Pero no llores, ya estoy aquí dispuesto a machacar a esas serpientes.
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Ya, claro, más quisieras que yo llorara por tu ausencia. - El otro puso los ojos en blanco. - Pero más te vale estar concentrado y ser capaz de mantener la cabeza en el campo de juego.
-
Me ofendes, Jamie. ¿Cuándo te he fallado yo? - Se defendió Sirius. - ¡Marqué como veinte tantos en el partido contra Ravenclaw!
-
Marcaste solo siete. - Intervino Peter, frunciendo el ceño. - No seas tan exagerado, Canuto.
-
Eso es una misión imposible, Peter. Es de Sirius de quien estamos hablando, es todo un melodramático. - Lo picó Marlene con una pequeña sonrisa y recolocándose el pelo hacia delante para que no le vieran las marcas.
-
Bueno, pero lo importante es que ganamos el partido, ¿no? - Contestó, sonrojándose levemente. - Además, con nuestra nueva jugada es imposible perder.
-
No te creas, he visto los cálculos que ha hecho Mark Douglas y yo no apostaría por vosotros, la verdad. - Comentó Lily antes de sorber de su taza de té. Remus a su lado estalló en carcajadas y los demás la miraron asombrados. - ¿Qué? Es la verdad.
-
¿Cómo puedes decir eso, Evans? - Sirius negó con la cabeza. - Los números no son nada comparados con el quidditch además, ¿cómo te has enterado de eso?
-
Remus me lo contó y, como me pareció muy interesante, decidimos hablar con él.
-
¡¿Tú también, Lunático?! - Exclamaron al mismo tiempo tanto Sirius como James.
-
Son unos cálculos muy bien estructurados.
-
Y no se los cree ni Anne que es su novia. - El capitán del equipo negó con la cabeza. - ¿Tan poco fe tenéis en nosotros?
-
Oye que yo no he dicho nada e iré a animaros como siempre. - Se defendió el castaño. - Solo me apetecía verlos.
-
Si perdemos será por toda la energía negativa que desprendéis. - Dijo Sirius, haciendo que Marlene pusiera los ojos en blanco.
-
El rey del drama. - Murmuró.
-
Me duele que confíes tan poco en mí, Marlene.
-
Podré vivir con ello y, si no, ya llegaremos a un acuerdo. - Le guiñó el ojo y él sonrió levemente.
-
Te dedicaré la victoria, rubita.
-
Si, cuando ganemos os vais a enterar. - James sonrió con chulería. - Y tendrás que venir conmigo a Hogsmeade, pelirroja.
-
Emm, no.
-
¿Pero por qué no? - Protestó.
-
Venga, Cornamenta, no vas a conseguirlo hoy tampoco. - El mayor de los Black se puso de pie y cogió otra tostada. - Tenemos que irnos, es casi la hora.
-
Sí, vamos.
-
¡Mucha suerte! - Les deseó Peter, emocionado. Era un gran aficionado al quidditch, pero no se le daba demasiado bien. - Sé que ganaréis.
-
Gracias por el apoyo, Pete. Tú sí que eres un amigo, no como otros.
-
Corta el rollo, James. - Remus puso los ojos en blanco. - Anda, suerte. Os veremos en un rato.
Los dos se marcharon, seguidos del resto del equipo de quidditch. Tenían un partido que ganar.
- ¡Y aquí sale el equipo de Slytherin! - Exclamó el comentarista en cuanto los jugadores salieron al terreno de juego. - Las serpientes vienen más dispuestas que nunca a machacar a los leones, pero ellos no van a ponérselo precisamente fácil.
Los chicos entraron con expresión chulesca y empezaron a saludar a sus seguidores y a dedicarles gestos de superioridad a todos aquellos que los abucheaban.
- ¡Y aquí vienen los fieros leones!
El estadio estalló en vítores y ellos empezaron a saludar y lanzar besos. A James y Sirius les encanta ser el centro de atención y no paraban de guiñarle el ojo a sus seguidoras, que gritaban enloquecidas al recibir un poco de atención (cosa que hizo que tanto Marlene como Lily pusieran los ojos en blanco y mascullaran por lo bajo que los dos no eran más que unos chulos petulantes, cosa que hizo reír bastante a Remus).
- ¡Capitanes!
Ambos acudieron al centro del campo, donde el profesor de vuelo los esperaba y se dedicaron miradas de desafío.
-
Quiero un buen partido. - Les advirtió. - Nada de trampas, ni juego sucio, ¿queda claro?
-
Sí, profesor.
-
Por supuesto. - James sonrió. - Los Gryffindor jugamos siempre limpio.
-
Muy bien, pues vamos a ello.
Se estrecharon la mano y se apresuraron a volver con sus respectivos equipos, con los que intercambiaron unas últimas palabras de ánimo.
- ¡Vamos, chicos! ¡A por ellos! - James se subió a su escoba y los demás no tardaron en imitarlo.
Todos volaron al centro y se colocaron en sus respectivos puestos, expectantes. Parecía que el tiempo se había detenido y ninguno podía apartar la vista de la quaffle.
- ¡Vamos!
El hombre lanzó la pelota y todos se lanzaron a por ella.
-
Potter coge la quaffle y se dirige directo hacia los aros, pero Mulciber le lanza una de las bludger y… ¡menudo golpe de Anne Macmillan!
-
¡Venga, Anne, vamos!
La chica asintió y siguió a James, recordando la jugada que habían ensayado y protegiéndolo de cualquier otro posible golpe, que no tardó en llegar. La quaffle se acercó de nuevo y ella la lanzó contra el guardián, que la esquivó rápidamente olvidándose de defender.
- ¡Y Potter anota! ¡10-0 a favor de los leones!
Los dos intercambiaron una sonrisa y asintieron. Aquella jugada les iba a dar una gran victoria.
Regulus volaba sobre el campo buscando la snitch. La nueva jugada que habían ideado James y Sirius estaba funcionando e iban perdiendo 150-70. Si no encontraba la bola dorada les darían una enorme paliza y él no podía permitir eso aunque, siendo sinceros, no tenía la cabeza precisamente en el juego. No podía dejar de darle vueltas a lo que habían planeado hacer después del partido. No era algo demasiado fuerte - desde luego no era como el ataque a McKinnon -, pero aún así estaba preocupado. ¿Qué sucedería si los pillaban? Sabía que la política del director era muy estricta y no quería acabar expulsado por una tontería. Y no se fiaba precisamente del nuevo. Lo pusieron a prueba aquella misma noche en la que se reunieron, Avery le lanzó varias cruciatus para ver cómo se resistía a la maldición y después salieron al bosque y lo obligaron a utilizar esa maldición y la asesina en un par de animales salvajes. El chico había demostrado lealtad y no había dudado ni un instante al lanzarlas y todos lo habían recibido con los brazos abiertos, especialmente porque, tal y como había dicho Avery, era hijo de alguien muy importante y aquello conmocionaría a toda la sociedad mágica. No todos los días el hijo del mismísimo Barty Crouch decidía unirse al lado oscuro.
Pero, aún así - y quizás precisamente por eso -, Regulus no se fiaba de él. ¿Por qué quería unirse a ellos? Ya tenía la vida resuelta y sus padres se oponían por completo al Señor Tenebroso. Quizás aquella era su forma de rebelarse, no había hablado mucho con él, pero parecía odiar completamente a su padre. Solo esperaba que no fuera un topo porque aquello podría terminar muy mal.
-
¡Black! - Levantó la cabeza al escuchar el grito del capitán. - ¿Qué diantres haces? ¡Encuentra la snitch antes de que nos saquen más ventaja, vamos!
-
¿Te crees que esto es fácil? - Puso los ojos en blanco y replicó con chulería. - ¡Ya me gustaría verte aquí en lugar de con tu batecito!
-
¡Encuéntrala!
-
No me das órdenes.
Lo miró de forma desafiante y él bufó y volvió al juego. La mirada Black nunca fallaba. Siguió volando y buscando la pelota. Estaba empezando a desesperarse y ponerse nervioso, aunque no pudo evitar sentir cierto alivio al ver que el buscador de Gryffindor estaba igual que él. Desvió la mirada hacia las gradas y buscó a Dorcas de forma inconsciente. La castaña se mordía el labio y lo miraba fijamente y, al darse cuenta de que sus miradas se habían cruzado, empezó a decir algo, únicamente moviendo los labios y a señalar con la cabeza. Él frunció el ceño, pero miró hacia donde ella le indicaba. Y entonces la vio. La snitch estaba quieta, suspendida en medio de la nada y camuflada en el color dorado de un estandarte de Gryffindor. ¿Cómo no había podido verla? Sin pensarlo, se lanzó hacia allí, atrayendo la atención del comentarista.
- ¡Y parece que Regulus Black ha visto la snitch! - Exclamó. - Va directo hacia un punto, seguido a poca distancia del buscador del equipo contrario. Si atrapa la snitch empatarán y por eso vemos cómo los cazadores y golpeadores se mueven de forma frenética por todo el campo.
James y Sirius intercambiaron una última mirada y decidieron iniciar un último contraataque. Anne lanzó una bludger con todas sus fuerzas contra el buscador de Slytherin, pero Mulciber logró desviarla y Regulus se lanzó para poder cogerla. Se estiró unos últimos centímetros y la atrapó entre sus manos, justo al mismo tiempo en el que se marcaba el último tanto del partido.
- ¡Regulus Black atrapa la snitch, pero James Potter anota! - Gritó el comentarista. - ¡Gryffindor gana por solo diez puntos! Potter es el héroe del partido y salva a su equipo de la derrota. ¡Gryffindor gana!
Todos en las gradas comenzaron a gritar y dar saltos, incapaces de creerse que hubieran ganado realmente. Peter se subió sobre su silla y agitó su bufanda mientras gritaba gritos de victoria y Remus abrazó a Marlene, que había empezado a dar pequeños saltos, y a Lily, que se había quedado boquiabierta.
-
¡Sabía que íbamos a ganar! - Anne se bajó de la escoba y abrazó al capitán de su equipo. - ¡Eres un genio, James!
-
¡Por Merlín, Cornamenta, ese tanto ha sido como un milagro! - Sirius se acercó a él y lo tumbó al suelo de un abrazo que hizo que todo el equipo empezara a reír.
-
Canuto, por favor, aquí no. - Replicó con cierta chulería. Ambos se levantaron y volvieron a abrazarse - Ya sé que soy irresistible, pero contrólate.
-
No te lo creas tanto que sin mis puntos no habría servido de nada, ¿eh?
-
Lo que tú digas. - El chico sonrió. - Voy a pedirle ir a Hogsmeade a Lily.
-
¿Qué?
-
¡Voy a hacerlo! - Exclamó. La adrenalina corría por sus venas y aquella le parecía la mejor de las ideas.
-
Te va a dar calabazas como hace un rato.
-
Me da igual. - Se subió a la escoba y se dirigió hacia las gradas de Gryffindor. - ¡Voy a hacerlo!
Lily, que se dio cuenta de lo que pasaba, se agarró al brazo de Remus y negó con la cabeza. Por favor, aquello otra vez no.
-
No, no, no. - Murmuró por lo bajo.
-
¡Lily Evans! - Exclamó, deteniéndose frente a ella y haciendo que todo el mundo empezase a reír. Ya sabían lo que venía. - ¿Quieres salir conmigo?
-
¡Ya te dije hace un rato que no, Potter!
-
Pero entonces no era un héroe.
-
Ni ahora tampoco. - Replicó, haciendo que las risas aumentaran. - Por haber metido un tanto en el último momento no te conviertes en un héroe.
-
Eso es discutible.
-
No lo es. - La pelirroja sonrió levemente. - Un héroe es aquel que lucha por una causa noble y justa, aquel que se arriesga para salvar a los que quiere. Avísame cuando lo seas.
-
¿Y me darás una oportunidad? - Preguntó, abriendo mucho los ojos.
-
Claro. Podríamos ir a tomar un sorbete de arco-iris a la luna.
-
Ten cuidado, quizás tengas que tragarte en algún momento tus palabras, Evans. - Se acercó un poco más a ella y le dio un beso en la mejilla que hizo que ella pusiera los ojos en blanco. - No pienso rendirme.
Volvió al centro del campo con los demás mientras la chica, completamente roja, negaba con la cabeza y Remus, Peter y Marlene estallaban en carcajadas.
-
¡Te lo dije!
-
Tenía que intentarlo. - Se encogió de hombros.
-
Pero no dejemos que esto nos amargue. ¡Qué empiece la fiesta
Los demás gritaron, dándole su aprobación y salieron del campo rápidamente. No tenían ni idea del caos que iba a desatarse en apenas unas horas.
Siento muchísimo el retraso, he estado un poco ocupada y estancada con esta historia :(
Os aseguro que intentaré no volver a tardar tanto en actualizar y que intentaré subir el próximo el viernes (ya lo tengo pensado así que creo que podré hacerlo) :)
Muchos besos y gracias por vuestro apoyo (no olvidéis comentar, que es gratis :P),
María :)