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Tiempos oscuros — capítulo 31
Los Gryffindor celebraban la victoria en la Sala Común. Había música y bebida y todos se lo estaban pasando genial.
- ¡Vamos, Black, quítate algo más!
Sirius se había subido sobre una mesa y se había quitado la camiseta de forma sensual mientras seguía el ritmo de la música, haciendo que un grupo de chicas enloquecidas comenzara a gritar y dar saltos frente a él. Y eso, en lugar de molestar a Marlene, le estaba encantando. Se unió en seguida a ellas y empezó a gritarle que siguiera con aquello, provocando gritos de aceptación por parte de las otras.
-
¿Quieres que me desnude, McKinnon? - Replicó él, llevando una mano hacia su cinturón.
-
¡Venga, no puedes dejarnos así! - Dijo, retándolo con la mirada. - Vamos, no seas cobarde y quítate esos pantalones de una vez, Black.
-
Bueno, ¿y por qué no subes a echarme una mano si tantas ganas tienes de desnudarme, Marlene?
Hubo más gritos de emoción y él le tendió una mano que ella no dudó en aceptar. Se subió también a la mesa y le desabrochó el pantalón antes de lanzar un grito y levantar el brazo, como si acabara de ganar algo. Sirius se deshizo de estos de una patada y la atrajo hacia él para poder bailar pegados, con sus labios casi tocándose, pero tratando de fingir - o, al menos, tratando de fingir lo máximo que su estado de ebriedad les permitía - que no había nada entre ellos.
Los chicos, que los miraban de lejos, no podían parar de reír.
-
¡Todavía se lían delante de todos! - Exclamó Remus, sin parar de reír.
-
O lo deja completamente desnudo. - Comentó Lily.
-
Sería un espectáculo entretenido sin duda.
-
Peter puso los ojos en blanco.
-
Desde luego, creo que a más de una le daría algo y acabaría por desmayarse. - La chica sonrió. - ¡Y yo no quiero perderme eso!
-
Oye, pelirroja, pues si quieres, yo te dejo desnudarme. - Intervino James, guiñándole un ojo. - Te aseguro que ambos nos lo pasaríamos muy bien y también provocarías desmayos y envidias.
-
Sigue soñando, Potter.
-
Esas escenas son para mayores.
-
Oh, por Dios, cállate. - Se puso completamente roja.
-
Tenía que intentarlo.
Se encogió de hombros y siguió riendo y animando a Sirius a que continuara con aquello mientras Remus y Peter bromeaban con la pelirroja y ella negaba con la cabeza y se mordía el labio.
- ¡Venga, Sirius, tienes que darlo todo! - Gritó.
El chico que lo escuchó, se alejó un poco de Marlene y comenzó a bailar sobre la mesa, haciendo que las chicas gritaran más y la rubia estallara en carcajadas.
Todo parecía ir sobre ruedas pero, de repente, la habitación empezó a llenarse de un humo negro que hizo que todos los Gryffindor se pusieran en alerta. Los más mayores agruparon a todos los pequeños en la zona más cercana de las escaleras, tratando de alejarlos de aquella nube cada vez más espesa.
-
¿Alguien sabe qué es eso? - Preguntó Sirius, buscando su varita en sus pantalones mientras Marlene, a su lado, apuntaba a la puerta con decisión. - ¿Alguien ha estudiado algo parecido en clase?
-
No. - Un chico de séptimo se acercó un poco y extendió una mano con precaución, pero tuvo que apartarla rápidamente al notarla. - Esto es magia oscura.
-
¿Magia oscura? - James frunció el ceño y se acercó.
-
¡No lo toques! - Le dijo. - Intenta adherirse a la piel, no sé muy bien por qué, ni para qué, pero lo mejor será dejar que no nos toque.
-
¿Y cómo salimos de aquí? - Preguntó Peter, un poco temeroso.
-
No podemos, entra por la puerta. - Lily suspiró.
-
Claro que podemos. - El mayor de los Black enarcó ambas cejas y señaló la ventana con la cabeza. - Podemos bajar por ahí.
-
Tardaríamos siglos. - Protestó la pelirroja.
-
No te creas, casi todos tenemos escobas y no es muy difícil bajar. - Dijo. - Es la única opción y no podemos perder tiempo discutiendo, Evans.
-
Sirius tiene razón, por mucho que me cueste admitirlo. - Remus suspiró. - Tenemos que salir de aquí cuanto antes y, lo más importante, tenemos que sacar a los pequeños. Somos prefectos, se supone que es nuestro deber. En cuanto salgamos iremos a buscar a la profesora McGonagall y al director, pero primero debemos sacarlos de aquí.
Lily titubeó unos instantes, pero finalmente asintió al igual que los prefectos de séptimo y quinto. Todos corrieron entonces a por sus escobas mientras la niebla seguía extendiéndose, acorralándolos cada vez más.
-
Creo que deberíamos salir unos cuantos primeros. - Murmuró James, apoyando una mano en el picaporte. - Quizás quien ha hecho esto también ha pensado en las ventanas.
-
Sí, son una vía de escape demasiado evidente.
-
Dijo Marlene, mordiéndose el labio. - Yo me ofrezco voluntaria.
-
Y yo. - Añadió Sirius. - Tú vas, ¿verdad, James?
-
Claro.
-
Yo bajo también con vosotros. - Los tres miraron sorprendidos a Lily, que se sonrojó y se encogió de hombros. - Soy vuestra prefecta.
-
Yo también iré. - Remus suspiró. - No puedo dejar que os matéis sin mí, me aburriría mucho sin vosotros.
-
Yo… - Peter titubeó. Quería ir con ellos, pero era incapaz de volar y sabía que solo los entorpecería.
-
Tú quédate aquí y ve ayudando a organizar grupos. - Dijo James, dedicándole una sonrisa comprensiva. Apoyó una mano en su hombro y le dio un ligero apretón. - Asegúrate que todos los de primero tienen con quién bajar, subiremos a por ti.
El chico asintió, aliviado, aunque sintiéndose un poco aparte sin poder evitarlo.
- Pues vamos allá.
Marlene abrió la ventana y los cinco, tras montarse en su escoba, salieron volando a través de esta. Volaron los unos junto a los otros durante unos instantes sin que nada sucediera hasta que, de repente, un par de rayos salieron de la nada.
- ¡Bajad rápido! - Gritó James, señalando el suelo. - ¡Es una trampa!
Sirius, Marlene y Remus comenzaron a descender rápidamente, pero Lily se quedó quieta, demasiado nerviosa como para poder reaccionar. Siempre le había costado volar y solo se había ofrecido a hacer aquello porque creía que, como prefecta, era su obligación. Se aferró con fuerza a la escoba, mirando aquellos rayos que seguían a sus amigos por el aire, tratando de derribarlos. No sabía si era mejor huir o quedarse quieta, pero en aquel momento no era capaz ni siquiera de decidir.
-
¡Evans! - Exclamó el pelinegro al verla. Voló hacia ella rápidamente y la miró, alarmado. - Tenemos que salir de aquí ya.
-
¡Esos rayos van a perseguirnos! - Replicó.
-
Me tirarán de la escoba.
-
Claro que no, tú solo sígueme.
-
No. - Negó con la cabeza. - Son muy precisos, nos alcanzarán.
-
Claro que no. - Insistió él. - Vamos, Evans, tenemos que ponernos a cubierto.
Comenzó a descender, pero ella no se movió. Aquello era muy sospechoso, ¿por qué no habían aprovechado el momento en el que habían estado charlando? ¿Por qué parecía que solo actuaban cuando se movían? Frunció el ceño, cada vez más segura de que se le escapaba algo y, de repente, supo lo que pasaba.
- Detectores de movimiento. - Murmuró. - No están aquí, ellos no nos están atacando, han dejado estos hechizos preparados.
- Miró hacia los demás y sacó su varita. - ¡Chicos, no os mováis!
Remus, Sirius y Marlene frenaron bruscamente mientras ella lanzaba un par de reductoy acababa con aquello. Sin embargo, James no le hizo caso y continuó descendiendo, atrayendo el último de los rayos hacia él.
- ¡Potter!
No lo dudó. Se lanzó en picado y lo apartó de un empujón, haciendo que ambos estuvieran a punto de caer al suelo.
-
¡¿Estás loco o qué te pasa?! - Le gritó, dándole un golpe en el hombro. - Podrías haberte matado. ¿No me has escuchado o qué?
-
Yo… - Titubeó unos instantes antes de sonreír de medio lado. - Vaya, Evans, te noto muy alterada. ¿Tanto miedo te da perderme?
-
Cállate, imbécil. Es solo que… que soy una buena prefecta y no puedo permitir que uno de mis alumnos se mate mientras está bajo mi supervisión.
-
Sí, claro, eso será. - Sonrió ampliamente y se acercó un poco más a ella. - Tarde o temprano admitirás que estás loquita por mí.
Ella puso los ojos en blanco, pero no pudo añadir nada. Sus amigos se acercaron rápidamente a ellos, para comprobar que estaban bien, y los cinco finalmente descendieron hasta el suelo. Hicieron un gesto a los de la torre, que comenzaron a bajar.
-
Supongo que deberíamos ir ya a avisar a McGonagall. - Dijo Sirius antes de apretar los labios. Sabía perfectamente quién había hecho aquello y no podía evitar sentir una punzada en el estómago al pensar en su hermano.
-
Deberíamos encontrar antes esos detectores.
-
Añadió Marlene. - Quien los ha colocado, debe tener ciertos conocimientos sobre los muggles.
-
Algo muy raro en ese grupo…
-
Bueno, el padre de Quejicus es muggle. - Comentó James.
-
¿Quieres decir que ha sido él? - Lily frunció el ceño.
-
¿Quién si no?
-
No puedes acusarlo sin pruebas, Potter.
-
Y tú no deberías seguir defendiéndolo tan a la ligera, Evans, te recuerdo que no es trigo limpio. - Negó con la cabeza. - Pero, tranquila, no voy a decirle nada a McGonagall de todas formas, no podemos acusarlo a él y sus amiguitos sin pruebas, como bien dices.
-
Bien. - Ella asintió. Aunque Severus y ella ya no fueran amigos, no podía verlo como "el enemigo" o imaginarlo planeando aquellas cosas contra el resto de Slytherin. - No creo que encontremos los detectores así que lo mejor será ir a buscarla cuanto antes.
-
Sí, vamos. - Dijo Remus, dedicándoles una pequeña sonrisa. - Iremos los dos, vosotros tres quedaos aquí controlando la evacuación, ¿de acuerdo?
Marlene, Sirius y James asintieron y los dos prefectos se dirigieron rápidamente hacia el interior del castillo.
En el dormitorio de los chicos de sexto de Slytherin, el grupo que había perpetrado el ataque no paraba de reír. Acababan de volver, lo habían visto todos ocultos cerca de la Torre de Gryffindor. Aquellos necios eran tan predecibles… Sabían desde un principio que intentarían salir por la ventana y que los voluntarios serían los mismos chulitos de siempre: Black, Potter, Lupin, McKinnon y Evans. Aquellos cinco se creían los reyes del mundo y era evidente que saldrían para comprobar que todo estaba bien, que intentarían hacerse los héroes. Por desgracia habían infravalorado a la pelirroja y esta había destruido sus detectores antes de que pudiera hacerles algo realmente.
-
Lo de esos detectores ha sido una idea genial, Barty. Es una suerte que tus padres hayan tenido algún trato con muggles y tú te enteraras de su existencia. - Lo felicitó Avery, con una enorme sonrisa.
-
Sabía que era algo que no se esperarían aunque la sangre sucia es demasiado lista.
-
Debería haberse llevado un buen golpe. - Intervino Mulciber. - Se lo merecía más que los otros por ser una impura.
-
Bueno, otra vez será. - Regulus suspiró. - Estáis seguros de que cubristeis bien nuestras huellas, ¿verdad?
-
Tranquilo, nadie se enterará de que fuimos nosotros. - Barty enarcó una ceja. - ¿Tienes miedo, Black?
-
Soy quien más se juega con vuestras tonterías. - Replicó, fingiendo indiferencia. ¿Pero ese niñato quién se creía que era para hablarle así? ¿Acaso no sabía que a los Black había que tratarlos con respeto? - Vosotros siempre podéis fingir que estabais haciendo tonterías, todavía no sois lo suficientemente maduros como para entrar en la organización, pero yo ya estoy marcado y, si me pillan, estaré en un buen lío y nos pondré a todos en una situación bastante delicada.
-
Regulus tiene razón. - Intervino Severus, tratando de rebajar la tensión que se había instalado entre ambos chicos. - No creo que al Señor Tenebroso le hiciera gracia saber que los aspirantes a mortífagos se pasean pavoneándose y delatándose por las narices del viejo Dumbledore, ¿no creéis?
-
Por suerte, el humo negro se desvanecerá antes de que puedan analizarlo y los detectores han quedado tan destrozados que no podrán encontrarlos. - Dolohov sonrió.
-
¿Creéis que le habrá hecho algo a alguien? - Preguntó Avery.
-
Si es así, ya nos enteraremos. - Contestó el otro. - De todas formas, solo le saldrán sarpullidos y quizás tengan más sueño del habitual, pero poco más. Era magia negra muy básica y los profesores lo confundirán con algún tipo de poción mal mezclada.
-
La cuestión es que les hemos dado por fin su merecido a esos estúpidos y hemos podido poner a prueba a nuestro nuevo miembro de pleno derecho porque, estamos todos de acuerdo en esto, ¿verdad? - Avery los miró a todos, que fueron asintiendo uno a uno, hasta detener su mirada en Regulus, que tenía el ceño fruncido. - ¿Y bien?
Titubeó unos instantes, pero finalmente asintió. No podía decir nada en su contra, había demostrado su lealtad y se veía a leguas que se moría por unirse a los mortífagos. Todos esperaban que él le diera su visto bueno y eso era lo que debía hacer, a pesar de esa sensación de desconfianza que se instalaba en su pecho cada vez que lo miraba. Había algo raro en ese chico y estaba dispuesto a averiguarlo. ¿No decían que había que tener a los amigos cerca y a los enemigos más aún? A lo mejor aquello le convenía para tenerlo controlado y poder descubrir la verdad sobre el hijo de Barty Crouch.
Hola a todos :)
Siento el retraso, pero por fin os dejo un nuevo capítulo de esta historia. Espero no volver a tardar tanto.
Espero que os haya gustado (menos mal que parece que todo ha quedado al final un susto, una pequeña advertencia) y, ya sabéis, dejad vuestros comentarios que son gratis y a mí me encanta leeros y saber qué opináis de la historia ;)
Muchos besos,
María :)