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Tiempos oscuros — capítulo 32
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No puedo creerme que no les hayan hecho nada. - Sirius almorzaba con sus amigos con la vista fija en la mesa de las serpientes. - Eses cretinos han estado a punto de matarnos a todos y van pavoneándose por ahí como si fueran los reyes de este castillo. Exijo venganza.
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¿Qué has pensado? - James enarcó una ceja con curiosidad. - Hace tiempo que no hacemos una broma a gran escala y las que estamos haciendo este curso me resultan bastante aburridas.
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Todavía no tengo la idea concreta, pero dadme un par de días. - Se dio un pequeño golpecito en la cabeza y sonrió. - Van a arrepentirse de lo que han hecho.
Los dos chocaron los cinco mientras Remus y Peter comenzaron a reír, pero recuperaron la compostura rápidamente al ver acercarse a la profesora McGonagall.
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Señor Black, - Dijo - debe acompañarme al despacho del director inmediatamente.
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Yo no he hecho nada, lo juro, y esta vez de verdad. - Se apresuró a decir, frunciendo el ceño.
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Lo sé, no se trata de usted sino de otro asunto. - La mujer suspiró. - Un asunto familiar.
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Soy mayor de edad y esos dos locos que se supone son mis padres no tienen ninguna autoridad sobre mí. - Añadió rápidamente.
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También lo sé. - McGonagall lo miró unos instantes, sin saber cómo seguir. - Se trata de su tío Alphard.
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¿Le ha pasado algo? - Se puso alerta sin poder evitarlo. Su tío Alphard era el único adulto normal de su familia.
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Venga conmigo, se lo explicaré allí.
Se levantó rápidamente y la siguió, primero fuera de aquella sala, y después por los corredores hasta llegar a la entrada del despacho de Dumbledore. Cuando entró, Regulus estaba ya ahí con el profesor Slughorn. Los dos hermanos se miraron unos instantes, sin saber muy bien qué decir y bastante nerviosos.
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Siéntese por favor, señor Black. - Señaló la silla libre. - Tengo una noticia que comunicarles.
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¿Qué le ha sucedido al tío Alphard? - Preguntó Sirius, sentándose. Su hermano puso los ojos en blanco. Siempre había sido demasiado impaciente.
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Lamento comunicarles que su tío ha fallecido.
Ambos hermanos se quedaron en silencio, sin saber muy bien cómo reaccionar. Regulus asintió lentamente, pero Sirius empezó a mover la cabeza hacia ambos lados de forma rápida.
- No, no. - Murmuró.
Su tío era el único adulto de la familia con el que se podía hablar, siempre que lo había visto metido en algún lío lo había ayudado. Y ahora ya no estaba.
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Deben salir para acudir a su funeral y a la lectura de su testamento. - Continuó diciendo el hombro. - Especificó que todos sus sobrinos debían acudir incluso los que "habían sido borrados".
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O sea Andromeda y yo. - Sirius suspiró y asintió.
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Sus padres deben estar al llegar.
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¿Qué? - Lo fulminó con la mirada sin poder evitarlo. - Yo no pienso ir con esos locos a ninguna parte.
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Sirius. - Su hermano lo miró con los ojos muy abiertos.
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No, me da igual. Soy mayor de edad, ya tengo 17 años, no necesito su permiso para salir de aquí.
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Señor Black, no podemos dejar que salga de aquí sin la supervisión de un adulto responsable.
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En ese caso, no podrá dejarnos salir, director, porque esos dos son cualquier cosa menos adultos responsables. - Se cruzó de brazos. - No pienso irme con ellos.
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Pero son los únicos adultos, ¿o no? - McGonagall lo miró con una ceja enarcada y él captó su comentario en seguida.
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Quiero que vengan conmigo mi prima Andromeda o los señores Potter. - Sonrió y descruzó los brazos. - Cualquiera de ellos es un adulto responsable que me traerá al colegio sano y salvo.
Dumbledore sonrió y asintió lentamente, ante la sorprendida mirada de Regulus. Le parecía increíble que su hermano estuviera actuando así aunque no sabía por qué se extrañaba después de haberse ido de casa. Prefería a los Potter antes que a los Black y eso no era ningún secreto.
Walburga Black no tardó en aparecer. Miró a su hijo mayor con el ceño fruncido, pero suavizó la expresión al acercarse al pequeño.
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Gracias por reunir a los chicos tan rápido, director. - Dijo. - Ahora debemos irnos, vamos.
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Yo no voy a ninguna parte contigo.
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¿Qué manera es esa de hablarle a tu madre?
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Es que tú no eres mi madre, Walburga. - Se encogió de hombros y sonrió con chulería mientras la mujer trataba de mantener la calma.
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No digas tonterías, Sirius. Claro que eres mi hijo, yo te di a luz, yo te he criado. Eres un Black lo quieras o no.
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Creo que eso no fue lo que dijiste el día que me fui de casa. ¿Qué fue lo que me gritaste? ¡Ah, sí!
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No sé de qué me estás hablando. - Lo cortó ella. No quería que el director y los profesores del colegio se enteraran de todo aquello. - Sirius, nos vamos ya. Toda la familia os está esperando y no pienso hacerlos esperar por tus berrinches de niño rebelde y malcriado.
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No pienso moverme.
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Sirius…
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¿Sí? - La miró con chulería. - ¿Qué vas a hacerme? Ya no tienes ningún poder sobre mí. Además, ¿vas a exponerte de esa forma delante de ellos? ¿Vas a decirles lo que pasa cuando un Black no se comporta según lo que vosotros creéis adecuado?
Walburga le sostuvo la mirada, pero guardó silencio. Su hijo tenía razón, no quería exponerse, no podía permitir que se ensuciara de aquella forma el buen nombre de los Black.
- No te lo repetiré más. O vienes conmigo o…
No pudo terminar la frase. La chimenea se iluminó y Euphemia Potter entró al despacho. Miró a su alrededor un momento e, ignorando a Walburga, se acercó a Sirius y lo abrazó.
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He venido lo más rápido que he podido. - Le dijo. - Siento muchísimo lo de tu tío. ¿Necesitas algo, Sirius?
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Que me acompañes a la lectura del testamento y al funeral. - Le pidió, dedicándole una pequeña sonrisa y relajando los hombros. - Necesito un adulto para poder salir del colegio.
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Por supuesto, no hay ningún problema. - Miró a Dumbledore. - Yo me haré cargo de él, no tiene de que preocuparse, director.
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Muchísimas gracias, Euphemia.
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Pues entonces vámonos.
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¡Pero esto es inadmisible! - Exclamó Walburga, furiosa. - Esta señora no puede sacar a mi hijo del colegio.
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Pues da la casualidad, señora Black, de que su hijo lleva meses viviendo en mi casa y es uno más de mi familia. - Enarcó una ceja y la miró de forma desafiante. ¿Aquella mujer se creía realmente que le daba miedo solo por apellidarse Black? Menuda ilusa. - Así que yo me haré cargo de él y quiero que el colegio se ponga en contacto conmigo siempre que sea necesario.
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Lo tendré en cuenta. - Intervino Dumbledore.
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Esto no va a quedarse así. - Miró a Regulus y el chico se puso de pie rápidamente. - ¡Vamos, Regulus!
Se dirigieron hacia la chimenea y se marcharon seguidos, apenas un minuto después, por los otros dos. Cuando Euphemia y Sirius salieron de la chimenea que había en la entrada de aquel cementerio mágico, el chico no pudo evitar suspirar. Estaba un poco nervioso por tener que enfrentarse a su familia después de haberse marchado aquel verano. La mujer, que se dio cuenta de su estado, apoyó una mano en su hombro de forma protectora y le sonrió.
- Vamos juntos, ¿vale?
Sirius asintió y la guió hacia el panteón familiar, donde todos los miembros de la familia eran enterrados. En la puerta estaban ya sus padres, Regulus, sus tíos y sus primas con sus maridos. Narcissa lo miró unos instantes fijamente, aunque en seguida apartó la mirada y apretó con un poco más de fuerza la mano de Lucius.
- ¿Qué…? - El rubio miró en su dirección y enarcó una ceja. - Oh, vaya.
De repente, toda la familia se giró y clavaron en él sus miradas. Sirius tomó aire y dibujó en sus labios una sonrisa irónica y segura. Walburga apretó los labios y Orion lo fulminó con la mirada mientras sus tíos comenzaban a murmurar.
- Hola, chicos.
Cygnus y Druella se quedaron mudos al escuchar aquella voz. Andromeda se acercó a su primo, seguida de Ted que llevaba en brazos a la pequeña Dora. Iba perfectamente arreglada -como solo una Black sabía ir - y, sin embargo, todos podrían decir por su aspecto que no pertenecía a la familia. Llevaba la falda por encima de la rodilla, la chaqueta desabrochada y un ligero toque de colorete en las mejillas. Se acercó a Sirius y lo abrazó con fuerza.
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¿Cómo estás? - Murmuró en su oído.
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Bien, ¿y tú?
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No me quejo. - Cuando se separaron, miró a Euphemia Potter, que la miraba con una pequeña sonrisa dibujada en sus labios e ignorando las miradas que le estaban lanzando sus padres, hermanas y cuñados, le estrechó la mano. - Creo que no nos conocemos, pero me parece que sé quién es usted. Soy Andromeda Tonks, la prima de Sirius.
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Euphemia Potter, su madre adoptiva. - Se encogió de hombros. - Encantada de conocerte, Sirius me ha hablado mucho de ti.
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Lo mismo digo. - Señaló a su marido y a su pequeña con la cabeza y siguió hablando. - Este es Ted y esta nuestra hija, Nymphadora.
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Un placer.
El hombre sonrió y la niña le dedicó una mirada de soslayo antes de lanzar una carcajada y enterrar la cabeza en el pecho de su padre.
- ¿Están ya todos?
Se giraron hacia la puerta del panteón, donde estaba ya el hombre que guiaría la ceremonia. Asintieron y lo siguieron a la parte trasera, donde se celebraría el funeral. Sirius y Andromeda se quedaron atrás y suspiraron.
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Pobre tío Alphard. - Murmuró ella antes de engancharse a su brazo y comenzar a andar. - Era el único adulto de esta familia que no estaba loco.
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Lo sé. ¿Por qué crees que nos ha hecho venir a todos?
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No tengo ni idea, pero supongo que será para que todos sepamos quién es su heredero. - Se encogió de hombros. Su tío no tenía hijos así que lo más lógico sería dejar su dinero a alguno de ellos cinco, aunque con los Black nunca se sabía.
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A Ted esto no le hace ninguna gracia.
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¿Por Dora?
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Sí. - Andromeda asintió. - No quiere que esté cerca de nadie de la familia, cosa lógica por otra parte. A mí también me da miedo que Bellatrix o mis padres intenten hacerle algo.
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La protegeremos, tranquila.
Asintió y los dos se acercaron hasta los asientos que Ted y Euphemia les habían reservado.
- Bien, procedamos ahora a la lectura del testamento.
La ceremonia había terminado hacía media hora y ahora la familia estaba en una pequeña habitación. Había cinco sillas justo al frente que ocupaban Bellatrix, Narcissa, Regulus, Sirius y Andromeda. La más mayor de los cinco estaba cruzada de brazos y bostezaba de forma poco disimulada; la rubia miraba de reojo a su sobrina y le hacía carantoñas, intentando que nadie se diera cuenta; el más pequeño estaba sentado con una pose erguida y miraba atentamente al hombre; y Sirius y Andromeda estan apoyados el uno en el otro, expectantes.
- El señor Alphard Black ha declarado un heredero universal, aunque también ha asignado una cantidad de dinero a otro miembro de la familia y ha repartido algunos de sus bienes entre el resto. - Empezó a decir. - Lega a su sobrino el señor Regulus Black su colección de relojes clásicos, incluido el que le regalaron a los 17 años, el cual el joven podrá recibir en su decimoséptimo cumpleaños; a su sobrina la señora Narcissa Malfoy, nacida Black, lega todas las obras mágicas de su biblioteca personal para que complete de esta forma la biblioteca de la familia Malfoy; a su otra sobrina la señora Bellatrix Lestrange, nacida Black, le lega su cubertería de plata con el escudo de los Black y la vajilla adornada con este mismo diseño; a su sobrina la señora Andromeda Tonks - Pudo escucharse perfectamente cómo los padres de la chica tomaban una bocanada de aire, sorprendidos. - lega todas las obras muggles de su biblioteca personal además de la cantidad de 50000 galones para su futuro y a su hija la señorita Nymphadora Tonks otros 50000.
Andromeda gritó y se llevó una mano a la boca, sorprendida, mientras Ted, detrás de ella, miraba al hombre boquiabierto. ¿De verdad había dicho lo que creía que le había dicho?
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¡Esto es inadmisible! - Exclamó Druella. - ¡Andromeda está desheredada!
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Señora Black, su cuñado lo especificó claramente en su testamento. Quería darle ese dinero a la señora Tonks, me dijo personalmente que ya llevaba un tiempo ayudándola y que quería asegurarse de que nada le faltara si algo le sucedía.
La chica asintió lentamente. Nunca se lo había dicho a nadie para que no llegara a oídos de su familia, pero su tío le enviaba de vez en cuando algo de dinero para que Ted y ella no tuvieran ningún tipo de dificultad económica.
- ¿Me deja continuar, por favor? - El hombre suspiró. - Y finalmente, nombro mi heredero universal al señor Sirius Black.
Un pesado silencio se instaló en la sala. Todos miraban incrédulos al chico que no sabía cómo reaccionar. Euphemia apoyó una mano en su hombro de forma protectora de nuevo y él asintió lentamente. Todo parecía ir a cámara lenta hasta que Andromeda rompió aquel momento.
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¡Lo sabía! - Exclamó. Abrazó a su primo y empezó a reír. - Sabía que no iba a dejarnos tirados a ninguno de los dos.
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¡Impugno este testamento! - Gritó Walburga, furiosa. - ¡Mi hermano jamás haría semejante cosa, jamás mancharía de esa forma el buen nombre de la familia!
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Él no era un traidor. - Añadió Cygnus con seriedad. - Estoy convencido de que sus capacidades mentales estaban alteradas cuando redactó ese escrito.
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Pasó todas las pruebas y se comprobó que se encontraba perfectamente. - Insistió el hombre. - Quería que el señor Sirius Black fuera su heredero universal, lo dejó muy claro desde el primer momento. La fortuna del señor Alphard Black asciende ahora mismo a varios cientos de miles de galeones y todo eso pasará al señor Sirius Black junto con todos los bienes que no han sido legados a sus otros sobrinos.
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Esto es inadmisible. - Walburga se giró y señaló a su hijo de forma amenazadora. - Tú. Eres una desgracia y no te mereces nada de esto.
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Bueno, Walburga, quizás el tío Alphard no comulgaba tanto con vuestras ideas de locos como vosotros creíais, ¿no te parece?
A punto estuvo de abofetearlo al ver su mirada insolente y altiva, pero se contuvo en el último momento.
- Un traidor más.
Se marchó rápidamente de ahí, dispuesta a borrarle de forma inmediata del árbol mientras Cygnus exigía que se le enterrara fuera del panteón de los Black. Sirius suspiró y miró al abogado de su tío.
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¿Y ahora qué tengo que hacer?
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Firmar un montón de papeles. - Contestó. - Espero que tenga tiempo.
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Sí, claro. Todo el que necesite.
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McKinnon, no hace falta que finjas que no estás esperando a Sirius, no soy tonto.
Marlene levantó la cabeza de los apuntes que estaba, supuestamente, estudiando y lo miró con el ceño fruncido.
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No sé a qué te refieres, Potter. - Mintió.
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Claro que sí. Es evidente que estás esperando a que Sirius vuelva, igual que yo. - Se encogió de hombros y señaló el sofá. - Podemos esperarlo juntos.
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Estoy estudiando.
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¿A medianoche? ¿De una asignatura en la que ni siquiera tenemos parciales? - James negó con la cabeza y lanzó una pequeña carcajada que hizo que ella suspirara. - Podemos esperarlo juntos si quieres.
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Yo…
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Como te digo, no soy tonto y conozco muy bien a Sirius. Sé que hay algo que no me está contando y que ese algo eres tú, McKinnon.
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Creo que tanto quidditch te está atrofiando el cerebro, Potter. - Dijo, aunque dejó los apuntes en la mesa y se sentó junto a él. - ¿Te has golpeado la cabeza con algo en el último entrenamiento?
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Muy graciosa.
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Lo sé. - Suspiró. - ¿Dónde están Remus y Peter?
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Los he mandado a la cama, les dije que ya esperaría yo a Sirius. - Explicó. En un par de días volvería a ser luna llena y Remus necesitaba descansar así que lo había obligado a irse a dormir y había dejado a Peter vigilándolo.
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¿Crees que tardará mucho?
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No lo sé. Se marchó hace horas y esto empieza a preocuparme…
La rubia asintió, subió las piernas al sofá y se las abrazó, dispuesta a esperar junto a James hasta que el chico llegara. Por suerte no tardó demasiado. La entrada se abrió y él entró en la Sala Común con apariencia cansada.
- Sirius.
James fue más rápido que ella. Se acercó rápidamente y lo abrazó mientras Marlene los miraba a poca distancia.
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¿Qué ha pasado? - Le preguntó cuando se separaron.
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Mi tío Alphard ha muerto. He estado en el entierro y la lectura de testamento, tu madre ha venido conmigo porque necesitaba un adulto que me sacara de aquí y me he entretenido un poco en casa. Insistió en que cenara algo antes de volver.
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Lo siento muchísimo.
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Gracias y… - Se percató entonces de la presencia de Marlene. La miró fijamente, sorprendido. - Marlene, ¿me estás esperando?
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Bueno, yo… Sí. - Se encogió de hombros, un poco nerviosa. De repente se sentía ridícula. ¿Qué hacía ahí esperándolo? Ni que estuvieran saliendo o algo así.
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Gracias. - Sirius sonrió y ella sintió cómo el pequeño nudo de su pecho se deshacía.
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Siento mucho lo de tu tío. ¿Cómo ha ido todo? ¿Has tenido que ver a tu familia?
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Ha sido una auténtica locura. - Se sentó en el sofá y miró a los otros dos. - Chicos, creo que de repente vuelvo a ser rico.