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Tiempos oscuros — capítulo 33

  • Estoy agotada.

Alice se dejó caer sobre una colchoneta y Frank se acercó a ella con una sonrisa. Acababan de terminar una práctica de tres horas de lucha sin varita y a la chica le temblaba todo el cuerpo.

  • Es normal. - Se sentó a su lado y acarició su mejilla con dulzura. - Yo no sé si seré capaz de llegar hasta el comedor.

  • ¿Y si pasamos de la cena y nos quedamos aquí tumbados?

  • ¿No decías antes que tu estómago estaba rugiendo?

  • Sí, pero estoy demasiado cansada como para moverme. - Se incorporó y se acercó un poco a su novio, que la besó con dulzura antes de quitarse los zapatos y, finalmente, tumbarse junto a ella. - Te quiero, Frank.

  • Y yo a ti, Alice. - El chico suspiró y entrelazó sus dedos. - Te quiero muchísimo, eres el amor de mi vida y, por eso…

Carraspeó y se tumbó de lado mientras ella fruncía el ceño y lo imitaba. ¿Qué se traía entre manos?

  • ¿Sí, Frank?

  • ¿Quieres casarte conmigo?

Lo miró sorprendida, con los ojos muy abiertos, sin saber qué decir. Ellos eran tan jóvenes… ¿Cómo iban a casarse? Y, sin embargo, con todo lo que estaba sucediendo fuera de los muros de la Academia, aquello era lo que más sentido tenía. Lo miró a los ojos unos instantes y volvió a besarlo, aunque ahora con más pasión. Lo quería y sabía que en aquel momento no debían pensarse mucho las cosas.

  • ¿Eso es un sí? - Le preguntó él cuando se separaron, un poco nervioso. Había dudado a la hora de hacerle la pregunta y ahora temía haber cometido un error y que ella se asustara y se alejara de él. Pero ese beso no parecía indicar precisamente aquello.

  • Claro que sí.

  • ¿De verdad? - Ella asintió y él unió de nuevo sus labios. - Menos mal. Aunque no tengo ningún anillo. Quise comprártelo, pero siempre estábamos liados con temas de la Orden y no pude escaparme para hacerlo…

  • No necesito un anillo.

  • Le diré a mi madre que me envíe uno.

  • No quiero que tu madre elija mi anillo. - La chica lanzó una carcajada. - Venga, Frank, no pasa nada. Lo mejor será no gastar el dinero en tonterías. Si vamos a casarnos necesitaremos encontrar una casa y todo eso. No podemos gastar dinero en tonterías.

  • Bueno, pero todavía nos queda este año y otro más aquí. - Se encogió de hombros. - El dinero no es problema y yo quiero comprarte un anillo.

  • Está bien, pero elígelo tú. - Se mordió el labio antes de seguir. - Quiero un anillo elegido por mi futuro marido, no por mi futura suegra. No tengo nada en contra de tu madre, sabes que opino que Augusta es una mujer admirable y fuerte, pero no quiero que sea ella quien lo compre. No sería lo mismo. Quiero mirarlo y recordar lo mucho que me quieres, no el pésimo gusto que tiene tu madre.

  • ¿Crees que mi madre tiene mal gusto?

  • ¿En tu casa tenéis espejos? - Puso los ojos en blanco y volvió a reír antes de besarlo. - Pero no hablemos de eso ahora. Lo importante es que vamos a casarnos.

  • Sí, eso es lo importante.

Y dicho esto unieron sus labios una vez más, decidiendo casi al mismo tiempo que la cena de aquel día podía esperar.

  • Lily es una aburrida. - Protestó Marlene mientras Sirius y ella paseaban por los jardines del colegio. - "Tenemos un examen muy importante en unos días", "no puedo trasnochar", "cumplir 17 no es tan importante, Lene", ¿te lo puedes creer?

El chico lanzó una carcajada. Aquella reacción no le había sorprendido, no sabía por qué a Marlene sí. Estaba claro que Evans no querría hacer una fiesta teniendo aquella prueba de Encantamientos apenas unos días después de su cumpleaños.

  • Era evidente, Marlene.

  • Bueno, pues yo creía que la convencería y ahora no sé qué hacer con todo el alcohol que ya había comprado. - Siguió quejándose.

  • ¿Con todo el alcohol te refieres a las dos botellas de whisky de fuego?

  • Es bastante, ¿no? - Frunció el ceño al ver su sonrisa burlona.

  • Quizás para unos niños de 12 años.

  • ¡Sirius!

  • ¿Qué? - Lanzó una carcajada. - Solo digo la verdad. Que tú no tengas ningún aguante…

  • Perdona, - Lo interrumpió ella - pero tengo mucho aguante bebiendo alcohol, ¿sabes?

  • ¿Ah, sí?

  • Sí. Lo que pasa que no me gusta presumir de ello como a otros.

  • ¿Eso crees? ¿Que a mí me gusta presumir pero que puedes beber más alcohol que yo?

  • Lo has dicho tú, no yo, Black.

  • Te estás metiendo en terreno peligroso, Marls.

  • Me muero de miedo.

  • Bien, tú lo has querido. - Le quitó la bolsa y sacó una de las dos botellas. La abrió y se la tendió. - Las damas primero.

  • Muy bien.

Marlene cogió la botella con decisión y le dio un trago largo bajo la atenta mirada del chico, que sonreía. Notó el licor quemarle la garganta y arrugó un poco la nariz, pero no dijo nada -no quería darle aquella satisfacción a Sirius-. Se la devolvió entonces y él bebió también antes de dársela de nuevo. No hizo ningún gesto raro y ella asintió levemente, impresionada. Siguieron con aquello mientras volvían hacia la Sala Común de Gryffindor. Se turnaban la botella y bebían cada vez tragos más largos, tratando de demostrarle al otro que se equivocaba y que no aguantaba tanto. De vez en cuando le echaban un ojo al mapa para comprobar que nadie los descubría, pero se sentían seguros debajo de la capa de invisibilidad así que poco a poco fueron olvidándose de este y dejando que el alcohol se apoderara por completo de sus mentes. Subieron las escaleras, un poco mareados ya y conteniendo las carcajadas, aferrándose con fuerza a las barandillas cada vez que se movían, por muy leve que fuera este movimiento.

  • Mira, parece que no sabes llegar a la Sala Común.

Marlene lanzó una carcajada que resonó por los pasillos al decir aquello y Sirius la fulminó con la mirada, aunque en seguida comenzó a reír también. Miró a su alrededor y sacó el mapa, que de repente parecía moverse.

  • Sé perfectamente dónde… - Frunció el ceño y achicó los ojos. - No, estos pasillos están mal, aquí no hay ninguna pared.

  • Está detrás de ti, bobo. - Ella volvió a reír, aunque guardó silencio al escuchar unos pasos a su espalda.

  • ¿Quién anda ahí?

Los dos chicos se miraron el uno al otro y contuvieron una carcajada. Él apoyó una mano sobre la boca de ella y lo mismo hizo la rubia. Se pegaron más el uno al otro y esperaron hasta que el anciano conserje hubo desaparecido antes de atreverse a moverse de nuevo.

  • Por qué poco… - Marlene volvió a reír y le dio un beso rápido, que acabó en más carcajadas.

  • Anda, vamos, creo que ya recuerdo dónde estamos.

Los dos recorrieron los corredores que les faltaban y se quitaron la capa frente al retrato de la Dama Gorda, que los miró con el ceño fruncido al verlos.

  • ¿Les parece que estas son horas adecuadas para pasear por ahí? - Negó con la cabeza. - ¡Son las tantas! Podría ser peligroso y seguro que les quitarán puntos, jóvenes.

  • No pasa nada, todavía es pronto. - Replicó Marlene, entre risas.

  • Oh, por Merlín, ¿está borracha, señorita?

  • No, no, solo he bebido un poquitín. Tenía que demostrarle a este de aquí que las chicas también podemos… - Señaló al lado, pero arrugó la frente al ver que él no estaba a su lado. - ¿Sirius?

La única respuesta que recibió fue una carcajada del chico, que se había tirado al suelo. Cogió a Marlene de la pierna e hizo que perdiera el equilibrio y cayera sobre él, de nuevo riendo.

  • Tápese los ojos, señora, porque esto no es apto para gente sensible. - Dijo él entonces antes de besarla con fiereza.

  • ¡Sirius! - Exclamó antes de reír de nuevo y besarlo.

  • ¡Qué vergüenza! - Exclamó la mujer del retrato, cada vez más indignada. - ¡Qué gran falta de respeto!

  • ¡Cállate ya! - Exclamó el chico antes de enterrar una mano en el pelo de la rubia e introducir una mano bajo su falda, decidido a ignorar sus gritos.

  • ¡Avisaré al director o al señor Filch! ¡Esto es inaceptable! ¡Una vergüenza! ¡Una…!

No pudo terminar la frase. De repente la entrada se abrió y James apareció, con la varita en alto y el ceño fruncido. Los miró unos instantes antes de atreverse a hablar.

  • ¿Chicos?

Sirius y Marlene se separaron rápidamente -todo lo rápido que el alcohol les permitió- y miraron a la puerta. Ella se sentó a horcajadas sobre la cintura de él, que echó la cabeza hacia atrás para poder mirar a su amigo.

  • Hola, Jamie.

  • ¿Pero qué mierda estáis haciendo? - Se acercó a ellos y, tras agarrar a Marlene de los hombros, la levantó. - ¿Os parece normal esto? Se escuchaban los gritos del retrato desde nuestro dormitorio. ¿No teníais otro lugar?

  • Ay, Potter, no seas agonía. - Contestó Marlene, abrazándose a él y riendo. - No ha sido para tanto. No iba a dejarle pasar a mayores, tranquilo.

  • ¿Estáis borrachos? - James miró al chico con una ceja enarcada y este, que acababa de sentarse, le enseñó la botella que habían vaciado entre los dos. - Merlín, ¿esto es en serio?

  • La señorita creía que podía seguirme el ritmo.

  • ¡Y puedo hacerlo!

  • Vale, muy bien, lo que sea, pero ahora vamos dentro porque no sé cómo no os han pillado aún.

  • Llevábamos el mapa y la capa. No seas tan exagerado.

  • Sí, eso lo deduje al ver que mi capa no estaba en su sitio. - El chico negó con la cabeza y comenzó a tirar de Marlene hacia el interior de la Sala Común. - ¿Cuánto tiempo lleváis cogiendo mis cosas sin permiso?

  • Un par de meses o así, no lo sé, no llevo la cuenta. - Sirius se levantó de un salto y a punto estuvo de caerse, pero por suerte pudo agarrarse a la pared antes de que esto pasara.

  • Lo sabía, es que lo sabía. - Su amigo sonrió. - La que te espera mañana, Canuto.

  • No, Potter, no puedes decir esto. - Le dijo la chica. - Es un secreto. Es peligroso.

  • Sí, claro, McKinnon. - Negó con la cabeza mientras andaban. - Ya lo hablaremos.

Los tres entraron y la puerta se cerró. James suspiró, algo más tranquilo. Al menos ahí dentro no los pillarían.

  • ¡Me voy a mi cuarto! - Marlene soltó al chico y comenzó a andar hacia las escaleras, pero se cayó de boca antes de llegar a estas.

  • Eh, cuidado, McKinnon.

La cogió y ella volvió a apoyarse.

  • Llamaré a Lily para que me ayude. ¡Lil…!

James le cubrió la boca con la mano, alarmado.

  • ¿Pero qué haces? ¿Quieres que nos mate?

  • Es que quiero subir y sola no puedo y tú no puedes llevarme porque si Lily te ve ahí, te gritará y se despertará todo el mundo.

  • A esa conclusión también había llegado yo, McKinnon. - Suspiró. - Supongo que solo nos queda una opción.

Titubeó unos instantes pero, finalmente, la cogió en brazos. La rubia protestó un poco, pero en seguida volvió a reír y dejó que él la llevara hacia los dormitorios de los chicos, seguidos a pocos pasos de Sirius que mascullaba por lo bajo que "James era un mandón".

  • Lo que tú digas, pero sin mí ahora mismo estaríais probablemente en el despacho de Dumbledore…

Llegaron hasta el cuarto y por fin la dejó en el suelo. Marlene no dudó ni un instante.

  • ¡Me pido la cama! - Gritó mientras corría hacia ella y se tiraba sobre el colchón, despertando tanto a Remus como a Peter.

  • ¿Pero qué…? - El castaño se incorporó y miró a su alrededor sin comprender muy bien qué estaba sucediendo.

  • ¿Marlene? - Peter frunció el ceño. - ¿Qué haces aquí?

  • Me los he encontrado borrachos abajo. - Explicó James. - Me desperté al escuchar unos gritos y resulta que estaban discutiendo con la Dama Gorda. Por suerte los he traído antes de que los pillaran y Marlene va a dormir aquí porque no es capaz de subir a su dormitorio.

  • ¡Y me pido la cama! - Insistió, abrazándose a la almohada de Sirius.

  • ¡No, es mía! - Protestó el chico. - Déjame un hueco.

  • No, ya te dije que no me ibas a tener en tu cama con tanta facilidad, Sirius. ¡Tú duermes en el suelo!

Le tiró una almohada y él refunfuñó un poco mientras los demás los miraban un tanto sorprendidos. A lo mejor iban más en serio de lo que ellos creían.

  • Bueno, parece que Canuto va a dormir a los pies de la cama, como el buen perrito que es. - Murmuró Remus entonces, con una media sonrisa. Los dos chicos se habían quedado dormidos nada más tumbarse y Peter, James y él no podían apartar la vista de ellos. - Estoy deseando que sea de día. Me pido decírselo a Lily.

  • Nos espera una mañana muy divertida desde luego.

  • Buenos días.

  • ¿Pero qué mierda…?

Marlene maldijo e insultó a Remus mientras este reía. Se tapó la cabeza con la sábana y se hizo un ovillo en la cama, incapaz de abrir los ojos. La cabeza la estaba matando, parecía estar a punto de estallarle. ¿Por qué la estaba despertando tan temprano? ¿Qué hacía en los dormitorios de las chicas? Y, de repente, lo recordó todo. Gritó y se incorporó de un salto en la cama. Estaba en el dormitorio de los chicos, en la cama de Sirius y todas las imágenes de la noche anterior se agolpaban en su mente.

  • Yo… Esto no es lo que parece, chicos. - Dijo, tratando de borrar las sonrisas de James, Peter y Remus, que los miraban desde sus respectivas camas.

  • Ya, claro.

  • ¿Qué pasa? - Sirius se sentó en el suelo y se desperezó, tratando de aliviar el dolor de sus agarrotados músculos.

  • Que anoche os pillé muy acaramelados. - James sonrió. - Ya no podéis seguir negándolo.

  • Nos fastidia que no hayas confiado en nosotros, Canuto. - Peter negó con la cabeza.

  • Mirad, tengo la cabeza a punto de explotar y no estoy para sermones -Se puso de pie y se tiró en su cama antes de abrazar a Marlene por la cintura. - así que sí queréis reíros o echarme una charla, lo mejor será esperar hasta esta noche.

  • ¿Qué haces? - La rubia lo miró por encima del hombro, con el ceño fruncido.

  • Dormir. Es mi cama, Marlene. - Contestó con tranquilidad. - Si no quieres dormir conmigo, búscate otro sitio. Me duele todo después de pasar toda la noche en el suelo.

  • Bueno, como quieras, pero si te doy una patada será únicamente culpa tuya.

  • Me arriesgaré. - Sonrió y apoyó la cabeza en su hombro.

  • Qué fuerte es esto. - James sonrió de medio lado. - Yo no me dormiría aún, os espera una última sorpresa.

  • ¿A qué te…?

La rubia no pudo terminar la pregunta. Escuchó un grito de sorpresa y resopló.

  • Venga, ya, Lils, no te hagas la sorprendida. - Comentó antes de que la pelirroja pudiera decir nada.

  • ¡Sabía que estabas con él! - Exclamó entonces. - ¿Por qué no me lo dijiste?

  • Era peligroso. - Marlene bostezó. - La última vez que alguien se enteró acabé herida en un pasillo.

  • Sí, además, os ponéis muy pesados… - Sirius también bostezó. - ¿Podéis dejarnos dormir, por favor?

  • No hasta que nos lo expliquéis. - Lily se cruzó de brazos y apretó los labios. - ¿Qué quiere decir que acabaste herida en un pasillo, Lene?

Ambos resoplaron y se quejaron pero, finalmente, se incorporaron en la cama y les contaron a sus amigos lo que había pasado: cómo se escaparon de Hogwarts para ver a Layla, lo que pasó aquella noche y las siguientes, todo el tema de la apuesta y cómo habían vuelto a liarse después de la fiesta de Slughorn.

  • No se lo diremos a nadie si no queréis. - Murmuró James cuando terminaron. Él también actuaría así si le hubieran amenazado de forma tan directa. - Aunque no es que estéis siendo muy disimulados. Ya se dieron cuenta antes y ahora sois incluso más descarados.

  • Lo sabemos. - El mayor de los Black asintió, preocupado. - Pero es que no podemos evitarlo, nos sale solo.

  • ¿Vais muy en serio?

La pregunta de Lily los pilló por sorpresa y ellos se removieron incómodos en su sitio. Nunca habían hablado de aquello y no estaban muy seguros de qué debían contestar.

  • No…

  • No, claro. - La rubia se mordió el labio. - Es solo que nos gusta estar juntos, Lils. No buscamos una relación, solo pasarlo bien un rato.

  • Nos entendemos.

  • Exacto.

  • Pero quizás haya llegado el momento de dejar de escondernos, ¿no te parece? - Se atrevió a preguntar él. La miró unos instantes con algo similar a la timidez (si es que Sirius Black podía sentir aquello) y entrelazó sus dedos. - ¿Qué me dices, Marls?

Ella lo miró atentamente unos segundos, con la boca abierta. No se había esperado que él le dijera aquello. Sintió cómo sus mejillas ardían al notar las miradas de sus amigos fijas en ella, pero decidió ignorarlos y centrar sus ojos en Sirius, que seguía mirándola atentamente, esperando sus respuestas. Lo meditó unos instantes y, finalmente, asintió y lo besó.

  • Que no podemos darles esa satisfacción.

El chico sonrió y volvió a besarla, ahora con más intensidad mientras los demás reían. Si aquellos estúpidos creían que iban a poder con ellos, estaban muy equivocados.

Siento muchísimo el retraso, de verdad :( Como os dije, estoy un poco estancada en esta historia, pero os prometo que voy a seguirla y que actualizaré como mucho cada dos semanas.

De momento, espero que este capítulo os haya gustado y, ya sabéis, dejad vuestros comentarios que eso siempre anima :)

Un beso muy fuerte y gracias por seguir ahí,

María :)