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Tiempos oscuros — capítulo 5
- Ya es la hora, ¿estás lista?
Narcissa asintió lentamente y su madre le acarició lentamente la mejilla. Sabía que su hija estaba muy nerviosa y no podía permitir que dejara en evidencia a toda la familia.
-
Narcissa, controla los nervios, eres una Black, ¿recuerdas?
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Bueno, madre, en menos de una hora seré una Malfoy. - Contestó, bajando la mirada.
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Eso no quita que tu sangre siga siendo Black, no lo olvides. - Le recordó. - Esperamos grandes cosas de ti.
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Lo sé. - Asintió lentamente y desvió la vista hacia la silla en la que Bellatrix descansaba. Ella, al entender su mirada, se puso de pie y se acercó a ellas.
-
Madre, ¿podría dejarnos un par de minutos a las dos solas?
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Ya es la hora de la ceremonia.
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No tardaremos, se lo prometo. - Le dedicó una sonrisa tranquila y, finalmente, Druella asintió.
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En cinco minutos os quiero abajo.
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De acuerdo, madre. - Cissy esperó hasta que esto se hubo marchado antes de volver a hablar. - Bella, estoy muy asustada.
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¿Qué te preocupa y no me has preguntado? - Podía hacerse una idea, pero no quería sacarle el tema directamente sabiendo cómo era su hermanita.
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La noche… la noche de bodas. - Confesó, sonrojándose y bajando la mirada.
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¿Lucius y tú nunca habéis…?
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Claro que no. - La cortó antes de que terminara la pregunta, demasiado avergonzada como para escuchar aquello. - Yo soy una buena dama, Bella, y llego doncella al matrimonio como debe ser.
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Lo imaginaba, solo quería asegurarme. - La morena sonrió. - Cissy, estarás bien. Tú solo déjate llevar. Quieres a Lucius, ¿no?
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Claro.
-
Pues la cosa saldrá sola. - Apoyó una mano sobre la suya y le dio un leve apretón. - Venga, tranquila, no es nada que una Black no pueda soportar.
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¿De verdad? ¿No lo dirás solo para tranquilizarme, no?
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No, hablo en serio. - Insistió. - Si es algo que todas pueden soportar, ¿cómo no va a hacerlo una Black? Somos de la realeza, no lo olvides.
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De acuerdo. - Tomó aire un par de veces. - Esta boda saldrá bien, ¿verdad?
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No dejaré que nadie te estropee tu gran día. - Le aseguró Bella. - Así que lo mejor será que a esos cretinos de la Orden del Fénix no se les ocurra aparecer a menos de diez kilómetros de esta mansión.
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Vale. - Sonrió y cogió la mano de su hermana. - Es la hora, deberíamos bajar. No quiero dejar a madre y padre en ridículo llegando tarde.
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Pues vámonos. - Sonrió. - Por cierto, Cissy, estás preciosa.
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Gracias, Bella, tú también.
Las dos salieron entonces de la habitación y se apresuraron al vestíbulo, con cuidado de no pisar sus vestidos. La mayor ayudaba a la novia con la cola, al mismo tiempo que llevaba agarrado su vestido verde. Puso los ojos en blanco sin poder evitarlo, ella jamás estaría hecha para llevar ropajes así, era una mujer de acción. Por suerte pronto terminaron de bajar aquellas escaleras y llegaron hasta el lugar en el que Cygnus Black esperaba a sus hijas.
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Narcissa. - Se acercó a ella y le dio un beso en la mejilla. - Luces radiante, querida.
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Gracias, padre.
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¿Está ya todo listo? - Le preguntó.
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Sí. - Ella asintió lentamente. - ¿Lucius está esperándome?
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Acaba de salir.
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Pues entonces, vamos.
Le hizo un gesto a Bellatrix para que saliera delante de ellos y se aferró con fuerza al brazo de su padre. El hombre cogió su mano con dulzura y comenzó a caminar con un pequeño nudo en su estómago. Narcissa siempre había sido su hija favorita, su pequeña, y solo esperaba que fuera feliz con aquel enlace.
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¿Estás segura de esto? - Murmuró, intentando que solo la chica pudiera escucharlo.
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Sí, padre. - Respondió ella con una sonrisa. - Quiero a Lucius.
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Entonces adelante, únicamente quiero que ambos seáis muy dichosos.
Cygnus sonrió y su hija mayor, que había escuchado su comentario, no pudo evitar bajar la mirada. Con ella nunca habían tenido esa consideración y la habían obligado a casarse con un hombre al que despreciaba. Pero Cissy siempre había sido Cissy. Se obligó a sonreír al salir al jardín y pisar la alfombra que habían desplegado hacia el altar. Lucius, que esperaba junto a sus padrinos, se puso firme y tomó aire al verlos llegar. La marcha nupcial comenzó entonces a sonar, haciendo que todo el mundo girara la cabeza. La rubia sonrió levemente y centró la mirada en su futuro marido, ignorando así las miradas y murmullos de los invitados. Él le dedicó una cálida sonrisa y, cuando finalmente llegó hasta el altar, le tendió una mano. Narcissa soltó lentamente el brazo de su padre e intercambió una última mirada con él. Cygnus volvió a besar la mejilla de su hija antes de entregársela al heredero de los Malfoy.
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Cuídamela.
-
No se preocupe, señor Black, lo haré.
El hombre se sentó junto a su esposa mientras los novios, nerviosos, se giraban hacia el oficiante, dispuestos a dar por fin el "sí, quiero".
- Yo, Narcissa Black, prometo entregarme completamente a ti y serte fiel. Tus alegrías serán mis alegrías y tus penas, mis penas. Prometo cuidarte y respetarte y hacer de tu sangre la mía. Prometo traer aún más esplendor a tu linaje y darte un heredero. Y, finalmente, juro que estos lazos que se establecen hoy serán eternos.
La chica miró a su madre nada más terminar de recitar sus votos, esperando su aprobación. Eran los tradicionales que se recitaban en todas las bodas de familia sangre pura y los habían ensayado juntas una centena de veces en los últimos días. Druella asintió y Narcissa tuvo que contener un suspiro de alivio. Por un momento había temido que los nervios la traicionaran, pero por suerte había recitado la fórmula correcta.
- Yo, Lucius Malfoy, prometo cuidarte cada día y entregarte todo lo que necesites. Prometo ayudarte y convertir tus penas en alegrías, tu llanto en sonrisas. Prometo respetar tu linaje y unir nuestras sangres a favor del mundo mágico. Y, finalmente, juro que estos lazos que se establecen hoy serán eternos.
Él sonrió levemente al recitar, también de memoria, aquellas palabras y apretó un poco las manos de la chica.
- Dicho esto, y si nadie tiene nada que objetar, yo os declaro marido y mujer, señor y señora Malfoy. - Dijo el oficiante. - Puede besar a la novia.
El chico se acercó y rozó los labios de la rubia levemente mientras los presentes comenzaban a aplaudir. Cuando se separaron, sonrieron y se abrazaron. Después de tanto tiempo por fin lo habían logrado.
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Bienvenida a la familia, Narcissa. - Abraxas Malfoy se acercó a ellos y abrazó a la novia. - Hemos depositado muchas esperanzas en ti.
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Le aseguro que estaré a la altura. - Ella sonrió, un poco nerviosa. - Y muchas gracias.
Poco a poco todo el mundo fue acercándose a ellos para saludarlos y felicitarlos por la boda. Una vez hubieron terminado fueron hacia el inmenso salón, que habían preparado para aquel día. Los novios se dirigieron hacia la mesa presidencial seguidos de sus padres mientras los elfos de ambas familias distribuían al resto de invitados en el resto de mesas. Cuando todos estuvieron sentados, tanto Abraxas Malfoy como Cygnus Black se pusieron de pie y brindaron, como era habitual, por la unión de sus familias y dieron una última bendición a la unión de sus hijos. Narcissa buscó entonces, casi sin querer, la mano de Lucius bajo la mesa y entrelazó sus dedos. Él la miró y le dio un beso en la mejilla antes de susurrarle en el oído lo preciosa que estaba y lo feliz que le hacía casarse con ella. Ella sonrió y apoyó su cabeza en su hombro. Le daba igual lo que los demás estuvieran diciendo. Ese día empezaba una nueva etapa y no podía estar más impaciente por saber lo que les deparaba el futuro.
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Ya es la hora, Cissy. - Le dijo Bella en un momento determinado de la noche, cuando ya la mayoría de los invitados se habían marchado y apenas quedaban algunos familiares. La chica estaba sola y charlaba con su primo Regulus, que se marchó con una media sonrisa al entender lo que pasaba. - Madre dice que debes subir.
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¿Tan pronto? - Palideció y sintió una fuerte punzada de nervios en su estómago.
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Recuerda lo que te dije antes, irá bien. - Le aseguró antes de señalarle la salida de la sala. - Vamos, Lucius te espera en la alcoba nupcial.
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No sé dónde está.
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Madre te acompañará.
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¿Qué? ¡No! - Negó rápidamente con la cabeza, arrancándole una pequeña sonrisa a su hermana. - De ninguna manera, qué vergüenza. Llévame tú.
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No puedo.
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¿Por qué?
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Porque las cosas se hacen así. - Se encogió de hombros. - Conmigo fue igual. No te dirá nada, tranquila. Solo te llevará hasta la puerta y se marchará.
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¿En serio?
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Que sí. - Bella asintió. - Anda, vamos. No debes hacerlos esperar más.
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Voy.
La morena la abrazó y Narcissa se relajó unos instantes. Todo saldría bien. Cuando se separaron le dedicó una última sonrisa y salió de la habitación. Su madre, que la esperaba junto a las escaleras, le dedicó un gesto de ánimo antes de pedirle con el gesto que la siguiera. Subieron hasta la planta superior y Druella la condujo en silencio hasta la habitación donde la esperaban. Cuando llegaron, le dio un beso en la frente y le sonrió antes de marcharse, dejándola sola por primera vez en todo el día. Narcissa se quedó unos instantes mirando la puerta, nerviosa y sin saber qué hacer. ¿Llamaba? ¿Entraba? Se suponía que ya era la señora Malfoy y aquella era su casa, que el que estaba dentro era su marido, así que quizás debía entrar sin más. Tomó una bocanada de aire y abrió con decisión. La habitación estaba llena de velas, la cama tenía un fino dosel prácticamente transparente y de color blanco y las sábanas eran de seda de ese mismo color. Lucius la esperaba de pie, en manga de camisa y con el pelo suelto. Le resultaba extraño verlo así y se dio cuenta de que era la primera vez que se quedaban completamente a solas. La sangre subió hasta sus mejillas mientras cerraba la puerta.
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Hola. - Lucius se retorció las manos de forma nerviosa, sin saber bien qué decir.
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Hola. - Respondió ella, acercándose a él lentamente. - Parece que estamos solos.
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Sí. - Él asintió tontamente. Se acercó un poco más a ella, aunque no llegó a tocarla, un poco temeroso de asustarla. - ¿Te ha gustado la boda?
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Mucho. - Contestó ella. - ¿Y a ti?
-
También.
Los dos se miraron a los ojos durante unos instantes y no pudieron contenerse más. No estaban muy seguros de quién había dado el primer paso, pero de repente estaban besándose de forma apasionada, como nunca antes habían podido debido a la continua vigilancia. El rubio hizo que su esposa se girara y le soltó el recogido antes de empezar a besar su cuello, notándola estremecerse entre sus brazos y arrancándole algunos suspiros. Deslizó su mano y bajó la cremallera del vestido de novia, haciendo que este cayera al suelo. Narcissa se dio entonces la vuelta y le desabotonó la camisa, que pronto también quedó en el suelo junto al vestido. No pudo evitar acariciarle lentamente la marca tenebrosa en su antebrazo, con una curiosidad que siempre había intentado ocultar. Lucius sonrió antes de impulsarla hacia arriba, haciendo que enredara las piernas alrededor de la cintura y empezó a besar su clavícula mientras la llevaba a la cama. Pero, justo entonces, la puerta se abrió de par en par. La rubia gritó y su marido, con un movimiento rápido, la bajó, sacó su varita y la escondió tras su cuerpo.
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Sentimos la interrupción, - Rodolphus sonrió de medio lado desde la puerta. - pero necesitamos tu ayuda, Lucius.
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¿Tiene que ser justo ahora? - Preguntó él, apretando un poco la cadera de Narcissa.
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Hay miembros de la Orden del Fénix rodeando la casa y somos pocos, la mayoría ya se han ido, estamos solo Bellatrix, Rabastan, Regulus y yo. Nos doblan en número, te necesitamos.
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Está bien. - Él suspiró, pero fulminó al otro con la mirada. - En seguida salgo, ya puedes marcharte.
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Estoy disfrutando de las vistas. - Replicó con chulería. - Joder, cuñadita.
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Rodolphus aparta los ojos de mi hermana o te los arrancaré.
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Tan simpática como siempre, Bella. - Puso los ojos en blanco, pero cerró la puerta. Lo mejor sería no jugársela.
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Lucius…
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Espérame aquí, ¿de acuerdo? - Acarició su mejilla con delicadeza y sonrió. - No tardaré en volver, te lo prometo.
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Pero…
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Es mi deber, Cissy.
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Ya lo sé. - Ella bajó la mirada y se tragó sus palabras. - Ten mucho cuidado.
El chico se puso la camisa y salió rápidamente del dormitorio tras besarla una última vez. Narcissa se sentó entonces en la cama y se cruzó de brazos. Le habría gustado poder hacer algo, ¿por qué tenían que aparecer en su boda? ¿No podían dejarle siquiera aquel día de felicidad? Todos los días temía por la vida de su hermana y de Lucius, ¿ni siquiera podían dejarlos en paz en ese momento? Suspiró, se puso el camisón de seda y la fina bata blanca que habían dejado para ella en aquel dormitorio y bajó al salón, donde estaban sentados esperando los señores Lestrange, los Malfoy, sus padres y sus tíos.
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Narcissa, no deberías estar aquí. - Dijo su madre rápidamente, nada más verla entrar. - Vuelve arriba.
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No, madre. - Respondió, sentándose al lado de su tía Walburga. - No pienso subir y esperar a mi marido en la cama.
Todos la miraron sin saber muy bien que contestar así que, finalmente, prefirieron guardar silencio. La rubia sintió cómo su tía apoyaba una mano sobre la suya y le dedicó una pequeña sonrisa.
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Volverán pronto. - Murmuró. - No tienen nada que hacer contra nosotros.
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Lo sé, tía.
Esperaron en silencio lo que a todos les parecieron horas hasta que aparecieron en el salón con unos rápidos chasquidos, pero las cosas no habían ido tan bien como habían esperado. Narcissa se levantó del sofá y tuvo que contener un grito al ver como los hermanos Lestrange traían a Lucius, prácticamente inconsciente. Lo dejaron en el suelo y ella corrió hacia él, se agachó a su lado y lo apoyó en su regazo.
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Lucius… - Murmuró, acariciando su pelo mojado de sudor.
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Le han dado de lleno, pero tranquila, podremos curarlo. - Le dijo su hermana mientras ayudaba a Regulus a sentarse. A él también le habían dado en una pierna, pero su herida era mucho menos grave que la del rubio.
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Narcissa, márchate, este no es lugar para damas.
-
Dijo Rabastan, cogiéndola del brazo.
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No pienso moverme. - Se libró de él con un tirón y le dedicó una mirada cargada de furia, a pesar de las lágrimas que habían empezado a descender por sus mejillas. - Es mi marido y no pienso alejarme de él.
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Deja que se quede. - Rodolphus se encogió de hombros. - Las niñas Black son unas cabezotas a las que se les olvida cuál es su lugar.
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Lo primero es que no te consiento ese comentario, Rodolphus. - Lo cortó rápidamente la rubia. - Lo segundo es que yo ahora soy una Malfoy.
Lucius sonrió débilmente al escucharla decir aquello y se aferró con fuerza a su mano. Narcissa bajó la mirada y volvió a acariciar su rostro. Tenía la ropa blanca manchada de sangre, pero eso no le importaba. Solo quería que Lucius estuviera bien. Mientras lo curaban, se prometió a sí misma dos cosas: nadie volvería a verla llorar y, lo más importante, jamás permitiría que volvieran a hacerle daño a su familia.
Hola a todos ^^
Aquí os dejo un nuevo capítulo: ¡la boda de Lucius y Narcissa! Como ya comenté, siempre he creído que los sangre pura eran como una clase de nobleza anclada en el pasado así que todo ha sido por eso muy ceremonial y tradicional.
El encontronazo la verdad es que ha sido un poco desafortunado y le ha fastidiado el final del día a los novios, pero bueno están en guerra y todos sabían a lo que se arriesgaban :(
Espero que os haya gustado y, ya sabéis, dejad vuestros comentarios ;) Yo me quedo con el comentario de Bellatrix sin lugar a dudas xD
Por cierto, ya lo último, he hecho un twitter por si alguien quiere seguirme, ahí informaré sobre las actualizaciones entre otras cosas (como una sorpresa que estoy preparando para mi aniversario en Potterfics ;)). El link está en mi perfil pero, de todas formas, es @ladyluna_10 :)
Muchos besos,
María :)